Rafael Sánchez Ferlosio llamaba pecios a todas sus piezas breves o fragmentos inacabados. Yo para no ser menos voy a llamar derrelictos a mis porciones. Todos los derrelictos que forman parte de esta pestaña fueron escritos simplemente porque no funcionaba la televisión o porque me salió de los cojones. La mayor parte de ellos (casi 1500) continúan en la pestaña «Los emails», que es el lugar al que pertenecen, sin embargo me ha parecido una buena idea recopilar algunos aquí, sobre todo los que siendo breves, formaban parte de textos que los reunían. Por supuesto no he acabado con lo que pretendo, por lo que cada cierto tiempo ampliaré la selección. ¿Por qué hago esto? La respuesta es porque necesito justificar las horas que me produce el insomnio, aunque quizá también es porque esta pestaña, que antes estaba dedicada a los enlaces a otros blogs y webs, se ha quedado vacía y sentía la necesidad imperiosa de rellenarla de alguna manera.
(Punición) El espíritu fingidamente linajudo de los Medina-Lopera se manifestaba esplendorosamente cada vez que Don Arturo Medina, el cabeza de familia y determinador-resolutor en jefe, leía la cartilla a alguno de sus muchos y deficientemente remunerados empleados. Aquel día la víctima fue Remigio, el secretario personal de la amante oficial de su primogénito, Salvador. Don Arturo lo acusó de ser tan inútil como una naranja cachorreña y le dió dos horas para salir de la mansión ML. Mientras introducía parte de sus pertenencias en cajas de diversos tamaños y calidades, Remigio meditó sobre las consecuencias de un asesinato rápido y perfecto. Pero no pudo llegar más allá del cortometraje racional que precede a las verdaderas ideas, pues de repente y a cientos de miles de años luz el Gran Dios Azax-ax sucumbió a su falta total de expectativas integrales, decidiendo castigar a los pobladores de 469 planetas sitos en 17 galaxias, con una muerte lenta para regocijo propio y de sus invitados, los dioses menores Senxoz, Granasenxoz, Parasenxoz, Atrasenxoz y Ronsenxoz, hijos de Lonisenxoz y Barisenxaz, señores de los multiuniversos paralelos de la mitad longitudinal irregular plasmática Azax-ax-08rhn. ⧪
(Conciliación) Las fuerzas pacificadoras entraron en la ciudad siendo recibidas por todos los habitantes con cierta vocinglería y los brazos abiertos de par en par. ¿He dicho por todos? ¡NO! Un par de tipejos los recibieron con los brazos semiabiertos y con un brazo abierto y con el otro cerrado respectivamente. Por supuesto en esta relación no tengo en cuenta al manco oficial de la pedanía que como es normal no pudo recibirlos con los brazos abiertos. Ni siquiera con los brazos semiabiertos o semicerrados. Simplemente los recibió dando pataditas rítmicas siguiendo una configuración específica ya experimentada con relativo éxito en ocasiones anteriores. Porque, cada siete u ocho semanas, las fuerzas pacificadoras entraban en la ciudad. Excepto una vez que se equivocaron y salieron de la ciudad sin haber entrado antes. ⧪
(Canción)
Tú me miras,
mientras yo corto el segmento del borde superior del troquel de repujado.
Tú me tocas,
y yo sigo cortando el segmento del borde superior del troquel de repujado.
Me gusta…
Me gusta…
cortar el segmento.
Me enloquece…
Me enloquece…
el borde superior.
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel de repujado… ⧪
(División) Serrano Silvestre era uno de los poquísimos neumólogos que nunca permitió a nadie respirar a menos de 15 metros de distancia. Si alguien inspiraba, aspiraba o incluso resoplaba rebasando ese perímetro de seguridad, era invariablemente apaleado sin consideración por tres de los cuatro matones policlínicos contratados específicamente con tal propósito. El cuarto gorila se dedicaba principalmente a controlar que los otros tres protectores no infringieran la norma de los 15 metros mientras trataban de que los pacientes esperasen sus turnos correspondientes a 16 metros. Sin embargo todo cambió para SS, que es como lo llamaban los auxiliares médicos, cuando una tarde de mayo, y con toda probabilidad debido a un ataque psicótico repentino, se descuartizó a sí mismo en 15 pedazos perfectamente diseccionados. ⧪
(Ratificación) La ratita Pirulina sabía lo que hacía incluso cuando no sabía lo que hacía. Y cuando no sabía lo que hacía, hacía como que sabía lo que hacía. De esa manera ninguna otra rata del nido llegó a saber nunca que Pirulina no sabía lo que hacía incluso cuando sabía lo que hacía. FIN. ⧪
(Inhibición) Recuerdo cuando profeticé que te estallaría un ovario. Y te estalló. Recuerdo cuando vaticiné que te reventaría el otro ovario. Y te reventó. Recuerdo como si fuera ahora mismo cuando tú me pronosticaste que se me incendiaría un testículo. Y fallaste. ¡Aunque se me incendió un ojo! Recuerdo claramente cuando predijiste que me ardería el otro testículo. Y volviste a fallar. ¡Solo se me abrasó un poco el mismo ojo que ya se había incendiado anteriormente. Recuerdo cuando ambos presentimos que nunca más volveríamos a hojear. Y nunca volvimos a hacerlo. Sin embargo seguimos ventajeando, callejeando, bermejeando, pintarrajeando, bojeando, navajeando, pajeando y cambiando las canicas repes por otras que no estuvieran repes. Y recuerdo cuando intuí que tú no existías. Y con toda rotundidad, no existías. Todos esos años había estado metiéndola en ningún sitio. ¡Por eso no me corría! ⧪
(Cogitación)
Me gustaría saber donde venden un medicamento efectivo contra los dolores que provoca la desesperación de la imposibilidad.
A veces, en mitad de una ensoñación producida por asqueamiento, displicencia y abulia, puedo imaginarme un botón en el centro de la nada más absoluta. Cuando es apretado, ese botón tiene el poder de volatilizarme, y evaporado me encuentro mejor porque no existo. Sólo no existiendo se puede comprender el verdadero sentido de la inexistencia. Existir implica execración, ignominia, ruindad y flatos.
El rebuzno….¿es innato o adquirido?
Mientras desayunaba he estado pensando en los elásticos de la ropa interior. Ya sé que no es precisamente un pensamiento a lo Hegel, pero es una forma de hacer rodar al cerebro. Mis reflexiones se han basado en la poca durabilidad de estas gomas, con lo cual he llegado a la conclusión de que los fabricantes de calzoncillos y bóxers son en realidad fabricantes de trapos para el polvo y limpieza del hogar en general.
Todo funciona mal. Mi aburrimiento me ha gritado una idea codificada.
Hoy no me he levantado con el pie izquierdo, tampoco con el derecho. Haciendo gala de mi innata originalidad, he decidido levantarme con la nariz, pero al apoyar el peso de mi cuerpo, ésta se ha fracturado, así que me voy corriendo a urgencias.
Acabo de descubrir la imagen de Jesús de Nazaret en mis gayumbos. Desconozco si es obra de un milagro o de la conjunción de una ventosidad y una casualidad artística. Mañana me pondré en contacto con el Vaticano y la NASA para que empiecen las pruebas pertinentes.
Esta vida es una autentica y real mierda, repleta de gente muy estúpida y virus extremadamente inteligentes.
Ahora mismo no pienso. Pensar es arriesgado y a veces incluso peligroso. Por lo tanto he cambiado el hábito de operar mediante conceptos y razonamientos por el vuelo mental (y sin ayuda de drogas) alrededor de mi habitación.
Después de planchar la ropa, no os olvidéis de tomaros un tranquilizante (o dos).
Busco calzoncillo joven extraviado. Atiende al nombre de «Cuqui». Se recompensará.
Pago facturas, luego existo…
¡Qué equivocada estaba la loba! Resulta que lo que tenía no eran 5 lobitos, sino un falso embarazo.
Son las seis y pico de la mañana. Podrian ser las siete, las ocho, incluso las nueve. Las tonterias que escribo ahora son extensibles a cualquier hora, no dependen del tiempo ni del espacio, pero son mis tonterias. Nihil obstat.⧪
(Canción. Reprise)
Sí, sí, sí.
Sí, sí, sí.
Sí, sí, sí.
Sí, sí, sí (oh yeah)
Sí, sí, sí (oh yeah)
Sí, sí, sí (oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel (sí, sí, sí, oh yeah)
Del troquel de repujado… ⧪
(Omertà)
El Señor no es mi pastor. Todo lo más, mi proxeneta.
El Señor no es mi pastor. Todo lo más, mi proxeneta.
El Señor no es mi pastor. Todo lo más, mi proxeneta. ⧪
(Etnia) Cada día se hacen más de 1000 llamadas por medio del tam-tam en la tribu sudafricana de los Ushasha. De ese centenar, un poco menos de la cuarta parte comunican y los emisores tienen que volver a golpear los tambores una o dos veces más para poder conversar con los receptores. Por supuesto, algunas de esas llamadas son equivocaciones y muchos de los que las reciben suelen enviar a la cueva negra a los que las hacen. La cueva negra es uno de los insultos más horribles que un ushashes puede gritar a otro y solo se permite enviar a ese lugar a alguien si después del improperio se sacrifica una vaca, tres ovejas o nueve zumlans (una especie de ratón zambullidor y circunvolador que llega a pesar 15 kilos) a Mandiana, la diosa de los denuestos y los oprobios. Fue en esa aldea casi perdida donde encontré y me hice amigo del estereotómico hombre Ulahla Sinlahla. Y fue en su choza compartida donde talló mi perfil derecho a partir de un viejo tocón de iroko.
Durante los cinco años que pasé con los Ushashas, y sobre todo con el estereotómico hombre Ulahla Sinlahla, jamás llegué a sentirme solo. Me refiero a solo por dentro, esa infame sensación que poco a poco se transforma en una mano fuerte y aguerrida que te estrangula y que los médicos occidentales definen como ansiedad. Sin embargo tuve que sufrir varias veces de dolorosas purgaciones que me curé con una especie de crema verdiamarilla que el hechicero elaboraba con encéfalos cocodrilianos. ⧪
(Piña colada o el cordero de Dios) Me colé en la casa de los Azúa. Luego me colé en la de los Martínez y en la de los Cleese, los ingleses que habían arrendado el hogar de los Altamira. Durante 3 años me colé en casi todas las casas de mi barrio, aunque nunca robé nada. La verdad es que lo hacía por la sensación de nerviosismo que experimentaba al hacer algo prohibido y que me permitía sentirme vivo. Cuando me cansé de colarme en domicilios, y eso sucedió en mayo, comencé a colarme en tanatorios y en coches fúnebres. Y en septiembre me colé por primera vez en la cama de un ministro sin que ni él ni su mujer repararan en ello. Para diciembre ya me había colado en los catres de todos los ministros y ministrables pertenecientes al partido que gobernaba en aquella época y a menudo sentía que debía llegar más lejos. Por esa razón me colé en el aseo de un miembro de la realeza en el momento justo en que se ponía un enema. La visión me trastornó y decidí prepararme para colarme dentro del hipotético cuerpo de Dios Padre, creador del universo y adorado por más de 2.920 millones de borregos. ⧪
(Sofronia) Me encontraba descortezando un tronco de azarollo, cuando una de las jacas del tío Minervino (creo que la potranca Sofronia) se puso a relinchar. ¡Espera! Quizá fui yo el que relinchaba mientras el tío Minervino descortezaba un tronco de azarollo con la ayuda de su jaca Sofronia. ¿Qué más da? Jamás he descortezado ningún árbol ni he alternado con nadie que se llamara Minervino. Desde luego, he conocido a algunos caballos y a un desorbitado número de burros, pero la mayoría de estos últimos eran bípedos y en lugar de rebuznar intentaban convencer a sus allegados de que el planeta Tierra tiene forma hexaquisoctaédrica. De todas las maneras, voy a usar la primera línea de este texto para construir algo semejante a un cuento montaraz, rústico y agreste. Pero eso será mañana, pues en unos instantes voy a ponerme a seguir unas pautas, o puede que a intentar conseguir unas flautas. ¡Todavía no lo tengo claro! ⧪
(Greg gravis est scriptor o el cordero de Dios, parte II) Mientras trataba de dilucidar si soy un mero calandrajo o simplemente una rara avis, preparada y dinámica, noté como alguien me respiraba en el cogote. En seguida supe quien era, pues su olor nauseabundo similar al que emite la cerveza mezclada con orina con olor a jarabe de arce solo podía corresponder a Fuencisla, la dipsómana del suburbio. Cuando me di la vuelta para celebrar triunfalmente mi inteligencia imaginativa me llevé un chasco, pues en frente se encontraba el espectro de Poncio Pilatos asaz malhumorado que me sentenció a morir crucificado.
Recuerdo con cariño ambos maderos de tilo atravesados, y a los cuatro legionarios, pertenecientes a la misma cohorte, que me clavaron por las extremidades a ellos. Y recuerdo que me entraron unas tremendas ganas de hacer de vientre, por lo cual los soldados me desclavaron y me permitieron graciosamente hacer mis necesidades detrás de un olivo joven. Por supuesto, cuando acabé volvieron a clavarme y situaron la cruz en lo alto de la loma. El resto es historia. ⧪
(Nolo contendere) Me encontraba como pez en el agua rodeado de mujeres desnudas. De pronto, a cada una de esas mujeres sin ropa les empezaron a crecer bigotes y barbas, les desaparecieron los pechos y sus sexos cambiaron drásticamente. Ya no me encontraba como un pez en el agua, sino como Tiburcio «Martín pescador» García, mi compadre hiperheterosexual que falleció debido a un ataque repentino y fulminante de hombría. Mi primer impulso fue transformarme en mujer para así hacer más llevadera esa cadena de alteraciones, pero al final me decanté por cambiar el sueño.
Ahora estaba tumbado sobre tres metros cuadrados de tartalana que me proporcionaban un descanso suave y mullido. Nada me importaba. La luz del sol entraba por las ventanas, convirtiendo mi absoluta relajación en una especie de liturgia solemne. De repente se abrió la puerta y entraron todas las mujeres transformadas en hombres del sueño anterior y me jodieron una vez más la fantasía. ⧪
(Marcas comerciales) Manifestar que mi segunda novela Iniciación, cánticos trascendentales y doble facturación en Walmart es un bildungsroman, es como afirmar que el detector de electrones de la caja del experimento del gato de Schrödinger era de la marca Acme, es decir, una memez de un calibre extraordinariamente poco barruntable. Y aunque mi amor por los felinos está más allá de toda duda razonable, no puedo dejar de defender los productos de la marca registrada por la Fox en los años 30, 40, 50 y 60. Sin embargo eso es lo que afirmó Manuel Ercilurrutigastañazagogeascoa Iruretagoiena, el famoso crítico literario andaluz de origen vasco en su crítica del día 4 de febrero de 2015 en el pseudointelectualoide blog La bitácora de Ercilurrutigastañazagogeascoa, que él mismo administra cuando no está demasiado ocupado sodomizándose a sí mismo con la ayuda de un prolongador plástico, ajustable y telescópico, de su propia invención. Y no lo digo porque sus afirmaciones gratuitas todavía me enfurezcan, sino porque es la verdad. ¡La auténtica! El número de patente de dicho artilugio es 29123 y se comercializa como dispositivo masajeador con la marca Ercilunova. ⧪
(Trastorno de identidad disociativo) Me he dado cuenta de que a mi perro Tin Rin Rin le entusiasma convertirse en el centro de atención cuando está completamente solo. Lo sé porque lo he observado en numerosas ocasiones sin que él reparase en mi presencia. Sin embargo cuando está acompañado de seres, más o menos humanos o de otros chuchos, se comporta como si la existencia perruna fuera demasiado predecible para tener que tomarse la molestia de levantar la trufa de la alfombra cuando recibo visitas. He pensado llevarlo a un nigromante canino, pues estoy convencido de que algo o alguien lo obliga desde dentro a comportarse de esa manera tan ridícula. Si no lo he hecho es porque mis amigos dicen que es imposible que mi perro haga esas cosas, básicamente porque yo no tengo perro. Pero si yo no tengo perro, ¿entonces de quién son las cagarrutas que en numerosas ocasiones adornan el suelo? ¿Mías? ¿Tengo cara de ir defecando sobre la tarima flotante? ¿O acaso tengo una presencia ectoplásmica que odia los inodoros conviviendo conmigo? ¿Y quién se come el pienso de la marca Purina dos veces al día? ¿O quién se tira esos inmundos pedos que me obligan a sacar medio cuerpo por la ventana para respirar un poco de aire puro? ¿Me los tiro yo? ¿Hago todo eso sin darme cuenta? ¿Soy Norman Bates II? ¿Debería cambiar la cortina del cuchillo y comprarme una ducha? ⧪
(El hombre que sueña) El sueño recurrente con Pieyre de Mandiargues disfrazado de berserk inmanente realizándome una vasectomía pseudoeclesiástica está logrando que me replantee seriamente el continuar durmiendo en el futuro. Ayer me desperté empapado, añusgado y repleto de una sustancia amarillenta que a primera vista me pareció bahorrina atrabílica, manufacturada con cierta ternura psicopática y enviada directamente desde el hígado con el único propósito de transformar lo que se suponía debía de ser el mejor día del año en un prontuario de maulas existenciales más o menos desordenadas. Aunque en realidad no debería importarme demasiado porque yo soy otro. ¡Siempre lo he sido! Pero como ese otro es un jodido embaucador de primera nadie se ha dado cuenta todavía. Es cuestión de tiempo que algún listillo o listilla lo demuestre con un puñado de pruebas más o menos irrefutables. Por esa razón he decidido dejar de ser ese desgastado otro que sueña y convertirme en el bogavante principal del plato de marisco variado que preparan en Civera Centro. ⧪
(Grandes extensiones) La decrepitud física del asesino a sueldo al que le debo tres plazos por una muerte violenta es innegablemente visible. La última vez que se acercó a pedirme lo que según él le correspondía me hice el valiente y lo envié a la porra. Supongo que ese destino vacacional no le gustó lo más mínimo porque me amenazó de muerte con una muleta. Ahora estoy esperando al nuevo asesino a sueldo que despachará al antiguo asesino a sueldo. Dicen que es el noveno mejor del continente y el decimosexto del planeta. Aunque para mí no es más que otro neurasténico gabacho y poco o nada me importa que la revista estalinista великие европейские деятели le haya dedicado varias portadas en los últimos años. ⧪
(HDD IDE) Cada vez que desenrosco alguna parte superior siento que es injusto para las partes inferiores. Todas estas últimas partes han sido denostadas injustamente durante décadas por las arandelas sujecionales resistentes a la corrosión o a los productos químicos; sin embargo los productos químicos nunca se han posicionado a ningún lado, escudándose en la ausencia de estamentos, estatutos, disposiciones o incluso códigos. Por lo tanto he decidido que a partir de este momento solo desenroscaré partes inferiores, dejando las superiores para los contratistas, intermediarios y almacenistas. ⧪
(La fille de la grande salope) El estudio del rastrerismo no es una ciencia exacta, pero a raíz de conocer a Dorotea Alcarria, quizá la tipa más despreciable, mezquina, falsa, tramposa, avariciosa, cobarde, desleal, egoísta, hipócrita, vengativa, envidiosa, insoportable, caprichosa, desconsiderada, engreída, despiadada, vanidosa y aprovechada que se ha cruzado en mi camino, se me hizo evidente que debía investigar la materia en profundidad. Sin embargo un repentino ataque de bondad misericordiosa me hizo replantearme la cuestión. Y lo primero que hice como sujeto renacido inclinado a la compasión fue anular el contrato SG-24, por el cual un tipo duro y sin el menor atisbo de humanidad debía entrar en casa de semejante bastarda, untarle la nariz con Loctite Super Glue-3 y pegar tanto a esta como a su dueña a la fachada exterior de la finca a una altura de ±24 metros. ⧪
(Le jour où Dieu a disparu) Me gusta escuchar toser a los vecinos. También me gusta mirar cómo beben los peces en el río, seguramente por ver a Dios nacido. Tanto los unos como el otro, es decir los vecinos y Dios, me importan una mierda psiconeurótica. En realidad todo me importa una mierda, excepto coleccionar sustantivos compuestos pluralizables, como «albiceleste», «sobrepujar» o «salvamantel». Me es indiferente si estos se forman gracias a la unión de dos putos sustantivos, de un puto sustantivo y un jodido adjetivo o de un puto sustantivo y un maldito verbo desnaturalizado y pancista. ⧪
(Quels beaux proverbes!) Ayer fue un día abierto. Abierto a especulaciones. Pero como odio teorizar, hoy será un día cerrado. Cerrado a cal y canto. No pienso dejar pasar ni al aire, que generalmente es bastante fino. Ahora mismo me viene a la memoria el refrán «El aire de Madrid es tan sutil que mata a un hombre y no apaga un candil». Supongo que pasará lo mismo con el aire de Valencia, Badajoz, Guadalajara o cualquier otra provincia española. De la misma manera, ese aire fino además de apagar un candil podría apagar un quinqué, una candileja o incluso un farolillo. ⧪
(Dialogue)
-Alfredito, ¡qué mayor te has hecho! ¿Cuántos añitos tienes?
-Siete…
-Es increíble. ¡Hacía por lo menos dos años que no te veía. ¿Recuerdas quién soy yo?
-Sí. Eres el tito Andrés.
-¡Muy bien! Mira… ¡Esto es mercurio! Lo he sacado de varios termómetros antiguos… Pero qué trato de explicarte, si solo tienes seis años…
-Siete…
-Eso, siete. Pues como te decía, esto es un metal que he sacado de… bueno, no importa. Toma, cógelo.
-Se mueve… se mueve…
-Sí, se mueve, pero no te lo he dado para que juegues, ya eres muy mayor para eso. ¡Tienes ocho años!
-Siete…
-Sí, exacto, ejem. Lo que quiero… lo que quiero es que te metas el mercurio en la boca y te lo tragues…
-¿Que me lo meta en la boca y me lo trague?
-Sí.
-¿El mercario?
-Mercurio. Sí. ¡Cómetelo! Pero no ahora. Luego. Cuando estés con tus papás.
-¿Cuando esté dentro, en casa?
-Sí. Mientras, para que no se se… mientras, mételo en esta cajita. ¡Toma!
-Tito Andrés… tengo que decirte algo…
-Dime, Alfredito…
-Andrés Rubio García, queda detenido. Mire. ¡Me voy a quitar el disfraz! ¿Lo ve? Soy un policía. ¡Y tengo 34 años y medio! Dese la vuelta para que le ponga las esposas. Queda arrestado por el intento de envenenamiento de un niño falso y por el envenenamiento de varios niños verdaderos. Recuerde que usted tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Tiene derecho a consultar a un abogado o a tener a uno presente cuando sea interrogado en las dependencias policiales. Si no puede contratar a un abogado, le será designado uno para representarlo. ¿Lo ha entendido?
-Conque siete, ¿eh? ⧪
(Poésie) Los jueves limpian la escalera. Los viernes, sábados, domingos, lunes y martes los vecinos, visitantes y cobradores la ensucian. El miércoles está tan asquerosa que es imposible enmugrecerla más. Los jueves limpian la escalera. Excepto en el mes de agosto que no la limpian. Sin embargo no se nota. Los vecinos están en sus pueblos, los visitantes visitando a los vecinos en sus pueblos y los cobradores gastándose el dinero en furcias y coñac. Los jueves limpian la escalera. ⧪
(Ça pourrait être pornographique) La raojesta es una de mis posesiones más apreciadas. No existe ninguna más en el mundo conocido. Seguramente porque es una palabra inventada. Sin embargo eso no implica que la trate como a un ser humano. Peino sus vedijas engrasadas, limpio sus comisuras y en algunas ocasiones la castigo por ser mala. Una vez me la metí en la boca pero sabía rara. Supongo que se sintió muy molesta porque me mordió la lengua y desde entonces soy incapaz de pronunciar la palabra «idiosincrasia» sin ocasionar las carcajadas de cualquier persona que esté lo suficientemente cerca. Pero pese a todo, sigo pensando que es una raojesta perfecta. Y quiero que todos sepan que nunca me alejaré de ella, pues solo a su lado siento que este mundo es un lugar realmente maravilloso y que soy un hijo de la gran puta con mucha, mucha, mucha suerte. Me gustaría darle un hijo, pero no sé por dónde… ⧪
(La escisión interior) Estoy bastante harto de deslizarme cuesta abajo. No es que pretenda rodar cuesta arriba, pero conozco a alguien que se quedó paralizado en el mismo lugar durante años hasta que, de repente y sin previo aviso, se volvió a poner en movimiento. Y a partir de ese inesperado reencuentro con la movilidad aparente, el tipo siguió deslizándose, o rodando, o como diantres quieras llamarlo durante casi una década, sin querer o poder o necesitar contenerse. Cuando al fin se detuvo, lo primero que hizo fue acercarse a una cantina, pedir un cocoroco doble y volverse invisible.
Nota:
Nadie sabe cuanto tiempo permanecerá en estado comatoso-etéreo pero los propietarios de la bodega han señalizado el lugar donde se encuentra su cuerpo para que nadie tropiece. ⧪
(Melodía de mediodía)
Naaaaa nanananaaaaaa.
Naaaaa nanananaaaaaa.
Lalalala la la.
Lalalala la la.
Naaaaa nanananaaaaaa.
Naaaaa nanananaaaaaa. ⧪
(Soy soso) Alguien me regaló un maniquí femenino hace algunos años. Cierto día lo vestí con unas bragas de algodón perlé adornadas con lacitos. Unos segundos más tarde se las bajé. Y se las subí. Y se las bajé. Y se las volví a subir. Y se las volví a bajar. Y se las subí. Y se las bajé. Y se las subí. Y se las volví a bajar. Y a subir. Continué bajándoselas y subiéndoselas durante unas cuantas horas hasta que me di cuenta de que lo mejor era contratar a alguien que no tuviera dinero ni para comer para que asumiera el gasto energético, mientras yo dirigía cada uno de los dos movimientos principales. Pero no lo hice porque desgraciadamente me desperté…¡Mierda! ⧪
(Prière du couteau sanglant)
Querido cuchillo de mi vida,
eres frío como yo,
por eso te quiero tanto,
y te doy mi corazón.
Tómalo, tómalo,
tuyo es, mío no. ⧪
(Capítulo 1) El miccionador de Benimaclet había vuelto a hacerlo. La prueba era una buganvilia joven y empapada. En uno de los despachos del cuartel de los picoletos del barrio, un joven sargento llamado Saturnino Espada miraba por la ventana. Al mismo tiempo, su compañero el sargento primero Ataulfo Florete, hijo de inmigrantes italianos, se atusaba el gran mostacho pseudonacionalfranquista mientras un gorrión los observaba con aspecto interesado desde el alfeizar. A ambos los llamaban «Los filosos» debido a sus apellidos. De repente entró por la puerta el capitán Torcuato Tizona y tanto los dos suboficiales como el ave paseriforme se cuadraron con una gallardía que rozaba la virilidad estentórea.
— A ver, ¿qué passsssa aquí?
— ¡Nada, capitán Tizona!
— Sargento Espada, me gusta que siempre sucedan cosas…
— ¡Sí, capitán Tizona!
— Y usted, sargento primero Florete. ¿No tiene nada que decir?
— ¡No, capitán Tan! Quería decir… ejem, capitán Tizona.
— Y tú, Passer domesticus, ¿tampoco tienes nada que manifestar?
— Piu, piu, piu… ⧪
(Liturgia) Recuerdo un riñón… ¿Pero cómo voy a recordar un riñón? Recuerdo un rincón. ¡Un rincón! Recuerdo un rincón. Bueno la verdad es que no recuerdo un rincón. Recuerdo varios rincones. Algunos de ellos eran húmedos y estaban repletos de telarañas. Lo curioso es que no recuerdo a las arañas. Siempre que hay una telaraña hay una araña. En este caso no era así. Como ya he dicho anteriormente, era un rincón húmedo repleto de telarañas sin arañas. El suelo estaba cubierto de hojas agujereadas, sin embargo no había rastro de fauna agujereadora. Ni siquiera árboles. El pino más cercano se encontraba a 23 kilómetros de distancia. Está claro que los kilómetros implican distancia, no anchura o altura, pero quiero que todo en este recuerdo sea perfectamente comprensible para poder ser analizado bajo cualquier tipo de circunstancia. A menudo… A menudo acudía a los rincones con una bolsa de chinchinchones. Nunca he sabido que era un chinchinchón, pero estaban buenos y rimaban con extrema facilidad con el sinónimo menos agradecido del plural del vocablo «testículo». Un chinchinchón proporcionaba una energía de 234 calorías. Dos chinchinchones 468 calorías. Tres chinchinchones 702 calorías. Cuatro chinchinchones 936 calorías. Cinco chinchinchones 1170 calorías. Seis chinchinchones 1404 calorías. Siete chinchinchones 1638 calorías. Ocho chinchinchones 1872 calorías. Nueve chinchinchones 2106 calorías. Suficientes para investigar cada uno de los recovecos, vueltas y recodos que conformaban las paredes alabeadas de las esquinas, aristas y salientes. ⧪
(Ciclo de Jespersen)
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¿Florecilla?
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus!
¡Schützenhaus! ⧪
(El canto del chotacabras) Gracias a la autorización de máximo nivel que en algunas ocasiones me proporciono a mí mismo, soy capaz de conexionar con los planteamientos desechados -pertenecientes a un pasado relativamente reciente- que se parapetan en esa especie de silo subterráneo que es la memoria. El por qué lo hago y si realmente extraigo de ello algún beneficio está todavía por confirmar, aunque de alguna manera siento en lo más profundo de la flexura cólica de mi colon transverso que he de seguir perpetuando ese viejo adagio que dice que todo lo que no está prohibido es obligatorio. Me refiero (aunque me siento incapaz de redactarlo con mejor soltura), a que todavía somos libres de hacer con nuestro cuerpo o nuestra memoria lo que se nos antoje. Y eso, lo mires como lo mires, todavía sigue proporcionando a una cantidad no demasiado desorbitada de monos erguidos algo semejante a un arrobamiento inusual y claramente deseable. ⧪
(Oxímoron) Aceleré pausadamente. Más tarde me detuve con cierta continuidad interrumpida. Del otro coche salió un tipo con cara de pocos enemigos y me reprendió mientras exaltaba mis virtudes como conductor. Nos hicimos amigos… ¡Por esa razón tuve que matarle! Y para no dejar pistas me comí sus intestinos externos que me supieron a lichis. La carcasa de lo que antes había sido un individuo exaltador de valores ajenos inexistentes fue enterrada con toda reverencia dentro de un cúmulo insignificante. No siento tristeza, pero noto como mi empatía se desvincula unificadamente… ⧪
(Lemuria) La exuberancia de mis, llamémosles, distracciones nocturnas, no me priva de conocer de antemano las inconveniencias que me proporcionan las diurnas. Y no es que me considere un ave noctívaga, pero por la noche la mayor parte de la población mundial se esconde en sus casitas (eso incluye a los cenutrios, acémilas, badulaques y anormales profundos) transformando el refulgir y fulgurar prácticamente silencioso de los astros, en algo similar a hacer el amor con siete u ocho mujeres de constitución fisiológica y anatómica totalmente diferentes. ¡Por supuesto con la ayuda de varios kilogramos de citrato de sildenafilo! ⧪
(Lesión subgaleal) Es de día. Por la lucerna entra una humilde brisa. También entran algunas moscas. Las moscas no son demasiado humildes pues algunas lucen en sus patas anillos de oro de varios quilates. Una de ellas, la que parece la jefa, se posa sobre mi nariz y de repente tengo un orgasmo. Luego cambia de lugar y se pone a descansar plácidamente sobre mi párpado derecho. Tengo otro orgasmo. Al cabo de unos ocho minutos, y supongo que enormemente aburrida de tanto reposo, le da por correr sobre uno de mis brazos y yo vuelvo a tener otro orgasmo, esta vez rozando la insuperabilidad que pudiera ofrecer si existiera el puto nirvana. Acudo al médico y le digo que soy multiorgásmico. Él se ríe y bufa con la boca. Yo le contesto gruñendo, rugiendo y berreando. Él replica resoplando, bramando y ululando. De repente un cazador profesional abre la puerta y nos dispara a ambos. ⧪
(El eco de los últimos días) Os doy las gracias por vuestras encantadoras, aunque falsas e histriónicas sonrisas, y sobre todo, por manteneros fieles a los ideales que os proporciona saber que pertenecéis a la raza superior. ¡Pero sin embargo he de enviaros a la mierda! Me gustaría ir a cada una de vuestras jodidas y bien iluminadas casas y escupiros lo que pienso de vosotros, de vuestros padres, hijos y mascotas, pero no puedo ya que solo existo como forúnculo anal. Pronto tendréis noticias de mí. Os lo juro. Ya podéis ir abasteciendo vuestros botiquines de cremas cicatrizantes y antibióticas, aunque yo os recomiendo la pomada Blastoestimulina con extracto de centella asiática. ¡Los diviesos que avisan nunca podrán ser reprochados por traidores! ⧪
(Normas, preceptos y disposiciones) Imagínate una barca sobre el río… ¡No, nada de barcas! Imagina a una pareja de cenutrios en pleno mamihlapinatapai. De repente algo similar a una azagaya omnisciente los traspasa. Un amigo de la dupla intenta liberarlos sujetando el astil y estirando por un lado, pero ambos están muertos. Obedeciendo la Ley 870/1999, el tipo los da de baja del listado oficial de badulaques, la relación estatal que cuantifica e individualiza el número de imbéciles que viven en cada aldea, pueblo o ciudad del país. Cuando termina los papeleos emite un ruidito semejante al que produciría un yak con una lesión en la médula espinal saltando sobre una txalaparta, y que significa que aunque no se siente totalmente complacido, ha hecho lo que el Estado espera de cada individuo decente. ⧪
(Descomposición y gastronomía) Había que encontrar el lugar del desmembramiento. Sin embargo nadie quería encontrar el lugar del desmembramiento. El inspector Sánchez obligó al subinspector Uribe, también llamado «Murciélagus», a que entrara primero y le dijera si ese emplazamiento había sido el lugar del desmembramiento. No, no había sido el lugar del desmembramiento, y si lo había sido, no quedaban pruebas que recoger y analizar, excepto algunos pimientos secos, pues el almacén era un secadero de pimientos veratos.
—¿Pimientos baratos? ¿Y qué más me da si son baratos? ¿Estás tonto, Murciélagus?.
—Señor inspector, he dicho pimientos veratos. ¡Veratos! ¡No baratos!
—¿Qué es un pimiento verato?
—Un pimiento extremeño, señor, que gracias a un proceso muy largo y que desconozco por completo termina como pimentón en polvo.
—¡Pero si estamos en Valencia!
—Seguramente se trataría de contrabandistas valencianos de falsos pimientos veratos, señor.
—Sigamos con lo nuestro, Murciélagus!
Y siguieron y siguieron buscando el lugar del desmembramiento. En realidad siguieron buscando ese lugar durante 35 años, hasta que ambos se jubilaron. Nunca pudieron encontrar el lugar del desmembramiento, pero Murciélagus encontró un cromo muy raro de Pirri, el jugador del Real Madrid, que vendió por una pequeña fortuna en una subasta en Madrigal de la Vera. ¿O fue en Robledillo de la Vera? ⧪
(Demasiado tarde) ¡Me he sentado tranquilamente, pues espero morir muy pronto! Si no muero antes de tres días me veré obligado a salir a comprar algo de comida, algo de bebida y algo de papel higiénico. ¡Y después esperar otros tres días! Podría comprar víveres para cuatro o cinco jornadas pero entonces me cansaría trasladando las bolsas repletas a lo largo del kilómetro y medio que dista desde mi súper favorito hasta mi casa denostada. Eso sin contar que vivo en un cuarto piso sin ascensor. En realidad llevo más de una década esperando morirme. Todo comenzó el día en que mi exmujer se casó con el exmarido de mi exmarido y mi exmarido se arrojó desde un puente y falleció picoteado repetidamente por los patos. Quiero decir… no me importó demasiado que se intentara suicidar, y menos que se lo cargaran los anátidos. Lo que realmente me produjo una gran impresión fue darme cuenta de que en realidad yo no era el macho alfa que creía que era. Si lo hubiese sido nunca me hubiese desposado con un hombre. Yo creo que me equivoqué por culpa de las gafas progresivas, pero no puedo probarlo pues alguien me las robó dos semanas después de la boda (de mi boda con mi exmarido, no de la boda del exmarido de mi exmarido con mi exmujer). Encima cuando mis colegas pertenecientes al CMVPLW (Club de Machotes de Valencia, Pedanías Limítrofes y Waikiki) se enteraron me expulsaron sine die y mi vida dio un giro de 360 grados, por supuesto siempre que hablemos del grado sexagesimal (60 grados si nos referimos a la graduación alcohólica). ⧪
(Flor de hierba) Después de desayunar mi acostumbrado café tocado con dos o tres gotas de un mejunje que preparo a base de efedrina, etomidato y fujo vaginal, abrí la ventana y me dirigí a la chusma que caminaba por la calle.
—¡Escuchadme todos! ¡Hasta que el bosque de Birnam no se mueva hacia Dunsinane, no puedo experimentar ningún temor!
Entonces volví a sufrir esa brutal jaqueca que aventuraba otra terrible recaída. Y terminé en una fría cama aprisionado por dos correas como si fuese la criatura de Frankenstein.
—¿Cómo se encuentra? Soy el doctor Bernabé. Está usted en el Centro de Salud Mental asociado según la dirección postal de su domicilio.
—¡Doctor! ¡Usted es el doctor Bernabé y yo estoy en el Centro de Salud Mental asociado según la dirección postal de mi domicilio!
—¿Cómo se encuentra?
—¿Cómo se encuentra usted, doctor Bernabé?
—¿Recuerda lo que le ha sucedido?
—¿Me ha sucedido algo?
Durante dos semanas no se me permitió salir de la habitación, aunque el último día, mientras esperaba que el doctor Bernabé firmara el alta, me dejaron caminar de un lado a otro del pasillo principal. Allí es donde llegué a la conclusión que dirigió mi existencia a partir de ese momento: por más hierbas que arranque, no se acabarán nunca…⧪
(Pieza teatral de bajo presupuesto)
ACTO I
«¡Soy el empalador sexual, nena! ¡Jajaja, te voy a empalar!»
—¡Odio ese despertador! Podías haber grabado otro mensaje.
—¡Y qué más da, nena! Fue lo primero que se me ocurrió…
—¿Lo primero que se te ocurrió? Es denigrante para mí. ¿Te gustaría que grabase uno que dijese «¡Levanta ya, pichacorta y poco hombre!»
—Caray, nena, no te pongas así. Ya hace casi un año que nos sirve para despertarnos y nunca has dicho nada.
—Por esa razón te lo digo ahora. Estoy harta de empalamientos. Me siento una víctima de Vlad Tepes. ¡Cámbialo ya! ¡Ahora! Cuando salga del váter quiero que esté grabado uno nuevo! ¡Y normal!
—¡Vale, nena! Ahora me pongo a ello.
ACTO II
—A ver… ¡Pónmelo que lo escuche!
«¡In nomine dei nostri satanas luciferi excelsi. Potemtum tuo mondi de Inferno, et non potest Lucifer Imperor!»
—¿Pero qué coño de idioma es ese? No entiendo nada. Casi prefería el otro mensaje. ¿Y por qué has puesto esa voz? ¡Me da miedo!
—Pero nena, yo no se… Yo no he grabado eso. Yo… yo había grabado «¡Nena, te quiero más que a mi mami!». Debe haber sido una interferencia… Espera, voy a ponerlo otra vez…
«¡Satan omnipotens in nostri mondi. Ave Satani, Salve Satani, Ave Satani!»
—¿Ha dicho Satani? ¿Satanás?
—No, nena… creo que era salami…
—¡Ha dicho Satani, lo he escuchado perfectamente! ¡Ponlo otra vez…!
«¡Reinus Glorius en in Terra eregius. Luciferi Imperator omnipotens!»
—¿Pero qué está pasando? ¡Vuelve a poner el mensaje de los empalamientos! Lo prefiero a este!
—Está borrado, nena. Se borró cuando grabé el nuevo. ¡Mierda! Ya no me deja grabar encima. Este cacharro se ha estropeado. De ahora en adelante tendremos que despertarnos con este mensaje!
—¿Pero qué mensaje, imbécil? ¡Cada vez que lo reproduces es diferente! Y es satánico. ¡Dios mío! ¡Y esa voz!
—Pues, nena, tendremos que acostumbrarnos. ¡No vamos a gastarnos 100 euros en otro jodido despertador grabador!
—¡Te acostumbrarás tú! ¡A partir de esta noche tú y ese despertador grabador satánico de 100 euros dormiréis en la salita! ¡Y no quiero escuchar ni un comentario! ¡Y deja de toquetear ya ese trasto!
«¡Satani omnipotens in nostri mondi. Domini agimas Iesus nasareno rex ienoudorum!»
FIN⧪
(Detergente Navarrete)
A la atención del señor Navarrete:
Con referencia a su vacante como representante jabonero publicada en su web Navarrete o la limpieza química y sus misterios el 13 de noviembre del presente año, les ruego consideren, a la vista del asombroso currículum vitae que les adjunto, la posibilidad de una colaboración profesional.
Dada mi formación en el campo de la higiene prostibularia, así como la amplia experiencia adquirida en puestos más o menos similares al ofertado, considero que podría encajar en el mismo. Estoy realmente interesado en participar en su proceso de selección y clasificación, por lo que quedo a su disposición para concertar una entrevista que les permita profundizar tanto en mi formación como en mi experiencia.
Se despide atentamente, otro señor Navarrete,
Greg Navarrete⧪
(Apatía indefinida. Canción)
Rock, rock, rock.
Rock de mis tentativas de cunnilinguuuuuuus (Sí, sí, síiiiiii).
Rock, rock, rock.
Rock de mis espasmos genésicooooooos. (No, no, nooooooo).
La satisfacción es realmente necesariaaaaaaa,
sobre todo para un pobre salido eméritooooooo,
sin embargo me siento flojo y caídooooooo,
y sin fuerzas para…
succionaaaaaaar y
succionaaaaaaar y
succionaaaaaaar y… por eso, este es el…
Rock, rock, rock.
Rock de mis tentativas de cunnilinguuuuuuus. (Sí, sí, síiiiiii).
Rock, rock, rock.
Rock de mis espasmos genésicooooooos. (No, no, nooooooo).
A pesar de tus caricias delicadaaaaaaas,
y del enorme grado de abertura de tus piernaaaaaaas,
no me siento con ganas de exponer mis mucosas lingualeeeeeees,
y mucho menos…
succionaaaaaaar y
succionaaaaaaar y
succionaaaaaaar y… por eso, este es el…
Rock, rock, rock.
Rock de mis tentativas de cunnilinguuuuuuus. (Sí, sí, síiiiiii).
Rock, rock, rock.
Rock de mis espasmos genésicooooooos. (No, no, nooooooo).
Sí, sí, síiiiiii. (No, no, nooooooo).
Sí, sí, síiiiiii. (No, no, nooooooo).
Sí, sí, síiiiiii. (No, no, nooooooo).⧪
(Tristeza) No puedo vender mis calzoncillos calados adquiridos en Galería del Coleccionista. Ni siquiera rebajando su precio a la mitad de lo que pagué por los tres. ¡Sí, tres! Y eso que forman parte de una edición numerada de 500 ejemplares firmada por su diseñador, el renombrado y cotizadísimo Nicodemus Sal «Ya» López. Supongo que tendré que vivir con ellos hasta el final de mi existencia. Ahora descansan junto a un tomate que perteneció a Ringo Starr y por el que pagué la bonita suma de 15000 euros.
¿Por qué nada me saca de esta inmensa abulia que oprime mis días, mis mediodías, mis noches y mis dídimos? Vale, soy anhedónico, y eso obviamente significa que soy un tipo poco hedónico e insuficientemente valorado como sardónico, pero, ¿haber nacido ciertamente rarito implica que todo lo que me rodea, ya sea animado, inanimado, desanimado o incluso reanimado, se coligue en una especie de conjunción infranqueable e impermeable con el único fin de descuajaringarse hasta la extralimitación? He de dejar que todo suceda simplemente porque todo debe pasar. ¿No es posible que algunas de esas cosas o de esos todos que tienen que suceder, antecedan o preexistan? Me evitaría un montón de dolencias psicosomáticas. ¡Y también ese maldito enganche a comprar objetos inútiles en Galería del Coleccionista y demás canales de Teletienda!
Dios está esperando que me ahogue. Sabe que uno mismo no puede hacerse la jodida Maniobra de Heimlich. Es una divinidad lista, pero yo soy más listo, pues he contratado a un susurrador de lombrices en paro como pseudocompresor abdominal. Si Dios quiere verme muerto tendrá que intentar otra argucia altísima y todopoderosa, pues mi política de cookies tiene por finalidad informar de manera clara y precisa sobre las cookies que se utilizan en la página web de… ¿Pero qué cojones
estoy diciendo? ⧪
(Oricalco) Mi gato Platón está mirando por la ventana. Podría decir que está mirando a través de los cristales (sucios) de la ventana pero estaría faltando a la verdad, esa pequeña mamona que nos obliga a adorar a una bruja gorda llamada Conformidad. En realidad Platón no tiene ojos, por lo tanto está mirando por la ventana, aunque en realidad no ve una mierda. De todas formas, si Platón tuviese ojos y quisiera perder su tiempo mirando a través del cristal de la ventana (sucísimo) solo vería una pared. Por esa razón importé un gato ciego de África.
En algunas ocasiones Platón mira por otra ventana. Y sigue sin ver absolutamente nada. A veces yo miro por esta segunda ventana mientras escucho los ronroneos (francamente artificiosos) de Platón y no veo más que la misma pared que se ve desde la otra ventana, ya que ambas ventanas están en la misma habitación. Nunca he intentado mirar por la tercera y última ventana que está en la estancia que hace de váter y cocina. Seguramente porque no soy un tipo fisgón. Prefiero que Platón lo haga por mí y se invente las novedades. Por esa razón importé un gato ciego de África.
Y porque cada vez que me chupa la oreja sé que mi méntula continuará seca. ⧪
(Desolación) En ocasiones pienso que me sería relativamente sencillo intentar convencer a esa facción de mis amigos que cree que mi aislamiento social me está transformando en una planta de interior, de que en realidad sufro un trastorno emocional bastante severo. Te juro por los ribosomas de Abdemelec que estoy preparado para cualquier cosa. Eso incluye subir al edificio más alto de la ciudad, hacerme un selfie en la terraza superior descojonándome de todo y de todos (incluso del poder de la sangre de Drácula) y subirlo a Instagram. Luego, bajar de la jodida edificación con muchísimo cuidado, para acabar la emocionante aventura sentado en la terracita de un bar contemplando pasar a la gente mientras alcanzo el éxtasis con los miles de likes. ¡Mierda! Si me tomo la molestia de subir a la construcción más alta de Valencia, quizá en lugar de bajar con muchísimo cuidado por las escaleras, pues soy claustrofóbico, debería hacerlo por cualquiera de las fachadas. Sin selfies, ni éxtasis, ni likes, y por supuesto, sin el poder de la sangre de Drácula. Solo con la fuerza independiente y autónoma proporcionada por mi propia heterarquía. ⧪
(Hiperventilación) Hace cinco años tome una decisión muy importante: todas mis futuras novias deberían tener problemas oculares. Para ser exactos, más de 10 dioptrías en cada ojo. ¿La razón? Que no puedan o tengan muchas dificultades -incluso con gafas- para ver los pelos que crecen en mis orejas y que certifican que soy asquerosamente viejo. Y eso que cada dos días dedico entre 15 y 20 minutos a arrancármelos con una pinza para depilar de la marca Steinhart, la Rolls-Royce de las pinzas. En realidad me deprime quitármelos, porque de alguna manera siento que me estoy comportando como cualquier otro resignado social, pero también me fastidia que se queden ahí, porque ocultan algunos de los preciosos rasgos de mi fascinante pabellón auditivo. ⧪
(Refocilación) A esta hora del día, creo que valdría la pena detenerme a tomar aliento, eso sí, con un vaso repleto de orujo de hollejo de uva en la mano izquierda, que es la que me tiembla menos, y tratar de terminar este sucedáneo de homilía (¡ja!) homínida (u hominal) francamente (auto) homicida, con un recuerdo afectuoso a Firfedín y Rosopán López Pérez por haber estado siempre, uno frente al otro, colgando dentro del magnífico (really!) saco escrotal durante estos últimos 57 años. ¡Os quiero, tíos! ⧪
(Prelación) Me entristece irme, pero también me entristece quedarme. Podría hacer como que me largo cuando en realidad me escondería detrás de una puerta. La verdad es que me siento triste desde el 14 de enero de 1962. Y en aquella época, aunque ya se habían inventado las puertas, a nadie se le ocurría parapetarse detrás de ellas, a menos que quisiera pegarle un susto a alguien. ¡Podría hacer como que me quedo y marcharme! Sí. Marcharme dando un portazo que desencaje los goznes de la puerta. Pero entonces Gregorio, Gregorio, Gregorio y Gregorio me tildarían de chalado desequilibrado. Y no puedo perder los papeles delante de ellos. Porque ellos son yo. ⧪
(Capitulación) Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. ¡Cuidado! ¡Por allí viene una inestabilidad emocional cuadrada! He de huir lo más rápido posible. ¡Demasiado tarde! Cuadrada. La inestabilidad emocional es cuadrada. Cuadrada. La inestabilidad emocional es cuadrada. Cuadrada. La inestabilidad emocional es cuadrada. ¡Atención! Vuelve otra vez la inestabilidad emocional redonda. La siento dentro de mí nuevamente. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. ⧪
(Eyaculación) ¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhh! ⧪
(Endopterygota) Hace bastantes años que las mosquitas pertenecientes al género Drosophila defecan sobre el grifo de la pila de mi cocina. Al principio no sabía qué eran esos puntitos blancos del tamaño de un cuarto de cabeza de alfiler hasta que un día pillé a una in fraganti. Durante unos instantes estuve tentado de aplastarla con un manotazo, sin embargo le permití que siguiera expulsando tranquilamente sus excrementos. Cuando emprendió el vuelo cogí una servilleta de papel y limpié su deyección. Desde entonces limpio todas las deposiciones, aunque antes las examino minuciosamente para calcular la edad y estado de salud de sus autoras. Llevo un registro sistemático de cada una de sus múltiples motivaciones, de cada cambio de actitud e incluso de sus localizaciones. A veces las alimento con una papilla compuesta por puré de patata, levadura de cerveza, vinagre y agua. Otras simplemente les doy acceso ilimitado al cajón donde guardo la fruta. No les pongo nombre porque sus vidas son extremadamente cortas, pero soy capaz de distinguir entre sus linajes. Recuerdo el día en que un arácnido gordo y lustroso del tamaño de un guisante tirabeque se balanceó como un artista del hambre no necesariamente kafkiano y se zampó a una de mis protegidas. Decir que se apoderó de mí algo similar a ese estado de furia homicida que solo serían capaces de originar la colisión de dos o más bestias mitológicas sería quedarme corto, porque en esos instantes mi deseo de venganza se multiplicó, o se potenció, o se factorizó, o simplemente se reajustó como los átomos de una molécula, y enseguida supe que la araña tenía las horas contadas. Pero por alguna razón que desconozco le perdoné la vida. Después de medirla, pesarla y alimentarla con cochinillas y pulgones le otorgué plenos poderes para hacer y deshacer, así yo tendría mas tiempo para llegar a una conclusión acerca de la… ⧪
(Murria) ¡Algo me está sucediendo! No entiendo demasiado sobre alteraciones químicas, veleidades subliminales o pampiroladas cósmicas, pero sé que la aflicción me está desleyendo por dentro. ¡Nada está donde lo dejé en su momento! O quizá es lo contrario y todo permanece en su emplazamiento primigenio, por consiguiente no ha sido sometido al movimiento circular que transforma los acontecimientos ordinarios en experiencias extraordinarias. Y mientras el tiempo se desacopla del espacio con un movimiento aberrante y omnimodo, yo sigo esperando que suceda algo, cualquier cosa. Pero como todas las jornadas se me antojan semejantes he decidido subir lo más alto posible y desde esa ubicación arrojarme en el interior del… ⧪
(Báratro) Mi areca está torcida. Si no es mi palmera, entonces es la habitación la que está inclinada. También cabe la posibilidad de que sea yo el culpable, pues estoy completamente ajumado. O puede que el planeta se haya ladeado de repente. Incluso es factible que nuestra galaxia en espiral esté comenzando un proceso irreversible. Aunque yo creo que todo se debe a que estoy acostado en posición decúbito prono. Podría estar tumbado en posición decúbito supino o decúbito lateral, pero actualmente no son tendencia. Además mi tabuco es inaccesible y mi sicastenia mítica. De todas formas puedo adelantar que entre mis planes más inmediatos no se encuentra modificar la postura, aunque eso implique soportar los padecimientos intrínsecos del melocotón, que es como el urólogo con aspiraciones de frutero definió el tamaño de mi próstata. ⧪
(Madre o cuando número 1) Cuando lo tuve perfectamente inmovilizado, le bajé los pantalones y los calzoncillos y le introduje el extremo del tubo de un enema compuesto por Vanish Oxi Action, Phoenix Oxy-Clean, QM Cleaner Puli-Oxi y Negro 10B de Amido, que yo mismo había preparado unas horas antes. Tras descargar en su interior los dos litros de líquido negruzcamente pringoso, su cara adquirió un bonito color azul índigo mientras su boca se abría como la de un hipopótamo casmódico que gritaba y suplicaba clemencia por su vida, o lo que quedaba de ella. Pero en aquellos momentos la compasión se me había terminado, así que al mismo tiempo que mi víctima dejaba escapar por el ano parte de la lavativa y por la boca y la nariz algunas porciones de su exenergía en forma semi-sólida y líquida, le aticé tres patadas fortísimas en el estómago con mi botas nuevas Thorogood Men’s adquiridas en Ulanka.
Nada más terminar de martirizarlo me pegué el mostacho nietzscheano, que compré unos meses antes en Amazon, con el adhesivo Mastix Extra Resistente y telefoneé a mi madre…
-¡Diga!
–Mutter ich bin dumm. Mutter ich bin dumm.
-¿Quién es?
-Mami, soy yo. Ich bin dumm.
-Te he dicho mil veces que no me gusta que hables con la boca llena.
–Mutter ich bin dumm. Mutter ich bin dumm.
-¡Yo tampoco te quiero, cariño! ⧪
(Felicidad o cuando número 2) Cuando llamó el cartero no podía articular una jodida palabra debido a los nervios, pero por fin tenía en mis manos el corrector de perineo que llevaba tanto tiempo intentando conseguir. Mi culo está perfectamente estabilizado y mi aparato sexual y mis criadillas mantienen el contorno pese a que ya voy camino de los sesenta años. Sin embargo nunca me gustó mi periné. Y eso que solo podía acceder visualmente a él por medio de complicadas posiciones y con la ayuda de un gran espejo. Ahora me siento completamente realizado y mi existencia no puede más que enriquecerse. ⧪
(Afusión) Me encontraba en la ducha entonando el hit de Karina «Tú serás mi baby»…
«Por eso túuuuu,
tú serás mi babyyyyy,
solo tú mi babyyyyy.
Baby de mi amooooor…
uoh uoh uoh uoh uoooooh».
De repente noté que yo no era yo. Bueno era yo exteriormente pero no por dentro. En mi interior yo era él. Y él no me gustaba nada. Desde luego me gustaba su novia y el dinero que ganaba vendiendo antigüedades por Internet, pero no me gustaba él, ni lo que representaba. Sin embargo, como nadie notaría que yo era él, decidí seguir siendo él y enterrar para siempre mi yo intrínseco, característico y, de alguna manera, esencial, y continuar mi existencia follándome en todas las posiciones posibles a su prometida y disfrutando de sus lujos. Pero… ¿y si él continuaba siendo él? Entonces habrían dos él y uno de ellos tendría un gran problema. Afortunadamente pronto, y con pronto me refiero a mucho antes de la segunda enjabonada, me di cuenta de que quizá todo el embrollo interno era debido a la canción, así que volví a interpretarla, pero esta vez al revés…
«Hooooou hou hou hou hou
roooooma im ed ybaaaaab.
ybaaaaab im út olos,
Ybaaaaab im sáres út,
uuuuú ose rop».
¡Y al momento yo dejé de ser él y me convertí en ella! ¡Pero ella, por fuera! Ahora, mientras escribo esto, trato de ajustarme el sujetador envolvente de encaje para evitar sentirme incómoda. Aunque no me siento del todo mal, no dejo de pensar que es lo que hubiera pasado si hubiera entonado una canción de Frank Zappa o The residents. ⧪
(Adversidad o cuando número 3) Cuando comuniqué a los dueños de la gatita Raquel que nunca volvería a casa (la gatita, no yo) me respondieron que ellos nunca habían tenido ninguna gatita. Ni siquiera un perrito. Estaba claro que me había equivocado. Volví a marcar el número. Y en el instante en que estuve totalmente convencido de que la gatita Raquel había vivido allí les comuniqué que nunca la volverían a ver. Lloraron, berrearon, incluso patalearon. Unos minutos después, el cabeza de familia arrancó el auricular de las manos de su esposa y me preguntó qué es lo que le había pasado a la minina de sus amores. Le respondí que había sido atropellada por 15 vehículos pesados, 12 vehículos ligeros y 6 vehículos especiales clasificados de la siguiente manera:
A-Entre los vehículos pesados: 7 autobuses, 4 camiones y 4 furgonetas de más de 3500 kg.
B-Entre los vehículos ligeros: 3 ciclomotores, 2 bicicletas, 2 quads, 1 motocarro y 1 vehículo de tracción animal.
C-Entre los vehículos especiales:3 tractores, 2 motocultores y 2 máquinas agrícolas remolcadas.
Tras escuchar la lista de vehículos implicados, el cabeza de familia me dio las gracias y colgó sonándose la nariz. ⧪
(Padre) Aunque en el DNI de mi progenitor se podía leer que su profesión era sumiller sexual, en realidad siempre fue representante. Y debió ser uno de los mejores porque durante 18 años seguidos fue nombrado como GMRV (Gran Maestro Representante Viajante), y justo antes de fallecer le fueron entregadas las llaves del gremio de comisionistas, honor que jamás se había otorgado en vida. Aunque la verdad es que nunca lo quise, en ocasiones me siento orgulloso de él, sobre todo cuando asesino y descuartizo a alguien.
Recuerdo un día en que tras despellejar a un jodido mercero llamé por teléfono a casa de mis padres. Quería hablar con mi madre, pero se puso mi padre…
-¿Hola?
-¿Eres tú, papá?
-Supongo que sí, no creo que pueda existir otro tipo con tan mala suerte.
–Vater,ich bin dumm.
–Ich weiß, Sohn… Ich weiß.
-¿Cómo dices?
-Que sé que eres tonto. Lo he sabido desde siempre.
-¿Y por qué no me lo dijiste nunca? ⧪
(Parágrafo I) Escupitajos tendenciosamente similares a los míos (quizá no tan dinámicos y progresistas) han sido esputados a los rostros y cuerpos de infinidad de seres humanos durante milenios. Pero solo mis gargajos son capaces de empequeñecer a cualquiera y enverdecerlo al mismo tiempo. Hasta hace unos pocos años la gente venía a que le escupiese de la manera menos tradicionalista que se me ocurriese, algunos incluso me pagaban por llevar mi marca registrada colgando de un ojo o una solapa. Pero todo cambió hace un año, cuando me diagnosticaron Parotiditis bacteriana. Desde entonces tengo que besar a cada una de mis tres novias y a los prometidos de cada una de ellas con un condón «Durex dame placer» o incluso «Control ultra feel» embutiendo mi lengua. ⧪
(Parágrafo IV) Yo me acosté con Ermengarda de Narbona y con su hermana Ermesinda. Ocurrió hace casi mil años, pero no en Narbona, sino en Beziers. El rasgo estilístico mas importante que me definía por aquellos tiempos era el gabán largo que se extendía por debajo de mis rodillas y que me otorgaba un aspecto ciertamente patricio, aunque por entonces yo ya era y me comportaba como un auténtico fils de pute. Un día, no recuerdo si fue en 1177 o 1178, caminaba cabizbajo por una empinada callejuela de Limoux cazando gatos, cuando de repente se cruzó por delante un tipo de aspecto afeminado y enfermizo que me dijo que era el nieto de Guido Bordel de Payns. Cuando le dije que me cagaba en toda la estirpe de los de Payns, el sujeto se transformó en un gato español del siglo XVI y eructó de una forma bastante poco musical a la luna, lo que me pareció extraño pues eran aproximadamente las dos del mediodía. Lo que sucedió después no se lo creería nadie, ni siquiera mi forma congenial del siglo XXI, por lo que intentaré pasar directamente al parágrafo VI. (NOTA: Los parágrafos II, III y V, en estos instantes se encuentran destemplados). ⧪
(Parágrafo VI) Cuando me limpié la axila derecha me sentí reconfortado. Cuando me limpié la axila izquierda volví a sentirme reconfortado, aunque un poco menos que con la axila derecha. Luego me bajé los pantalones y los calzoncillos e intenté lavarme alguna zona difícil y peligrosa, pero no pude. Después de meditar durante lo que me parecieron 25 minutos pero que en realidad ni siquiera llegaron a los 24, decidí quitarme por completo tanto los pantalones como los calzoncillos. Los primeros fueron depositados reverencialmente sobre una silla de madera y mimbre, y los gayumbos, simplemente los encalé encima de la nevera con un rápido movimiento de brazos tipo «primer draf de la NBA». Me sentí tan satisfecho de la acción baloncestística que volví a ponerme los pantalones, esta vez desenrollándolos sin reverencias de la silla de madera y mimbre y bajé a la calle a buscar a alguna mujer que quisiera subir a ver los calzoncillos. Pero no pude invitar a ninguna, pues cuando reaccioné y reparé en la imbecilidad de mis acciones anteriores me transformé (otra vez) en gato español del siglo XV y me enzarcé en una pelea con dos gatas apátridas que se querían repartir el territorio. ⧪
(Parágrafo VII)
1-A menudo Martita tocaba la guitarra con los pies. Y no lo hacía nada mal, aunque cuando intentaba poner un acorde con cejilla cierto olorcillo a queso mozzarella inundaba la sala de música. Porque Martita solo tocaba en la sala de música.
2-A menudo Martita se introducía ocho o nueve Financiers en la boca y se ponía a hacer la tonta emitiendo sonidos que recordaban a las ventosidades vaginales. ¡Pero los emitía con la boca! Sin embargo era capaz de cantar canciones complejas con el chichi, por supuesto siempre que se amplificaran los sonidos con un micrófono de condensador Shure. Porque Martita solo utilizaba los mejores equipos profesionales.
3-A menudo Martita restringía las cookies. Una vez mientras restringía varias cookies a la vez le cayó un color desestabilizado a partir de una metodología desigual y le fracturó dos huesos de la mano. Porque Martita solo se drogaba con los mejores psicotrópicos.
4-Yo quiero a Martita. Me gustaría aprisionarla junto a una salida de incendios. De paso me llevaría uno o dos incendios al trabajo. Soy bombero. Me llamo Arnaldo y nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia.
5-Sigo queriendo a Martita. Me encanta ver cómo le rebotan las tetas cuando se enfada. Me gustaría crear una réplica de sus protuberancias mamarias en barro. Me llamo Arnaldo, nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia y me encantan las manualidades.
6-En ocasiones dudo de que mi amor por Martita sea tan respetable como ella se merece. Daría una oreja por sentir lo que ella siente; por no ser capaz de ver lo que ella no puede ver, ni siquiera imaginar; por tener un tapón cósmico que me protegiera la nariz cuando toca la guitarra con los pies. Me llamo Arnaldo, nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia y me encantan las manualidades, pero odio a muerte el queso de búfala campana. ⧪
(Parágrafo VIII) Mis indecisiones son relativamente anónimas. ⧪
(Parágrafo IX) Cada vez que entro en la habitación que me sirve de librería mis ojos se posan sobre un tomo de lomo azul que descansa sobre uno de los anaqueles. Le llamo el gran (pesa casi dos kilos y tiene mas de 3000 páginas) libro cri-cri, pues cada vez que lo abro emite una especie de sonido lastimero semejante al ruido que producen los grillos macho al frotar las alas. Porque Gregorio, que es como me llamo, solo lee o abre libros en la sala de los libros.
1-Aunque quiero a Martita con todo mi corazón, siento algo muy profundo por Gregorio que me empieza a trastornar. Me llamo Arnaldo, nací cerca de la cristalería Franzán y Juesa, la que está situada en cierta calle de Valencia y me encantan las manualidades, pero odio a muerte el queso de búfala campana de la misma manera en que amo a ese tipo que tiene un libro cri-cri. ⧪
(Parágrafo X) ¿Recuerdas el día en que Ermen, que es como llamábamos a Ermengarda de Narbona se sintió tan indispuesta como los parágrafos II, III y V? Yo sí. Bueno, yo no. ¿Tú sí o tú no? Espera, no me respondas. ¡Por allí viene Arnaldo! ¡Ojalá no pueda vernos!
1- 1-A menudo Martita suministraba. No tengo mucha idea de qué es lo que Martita suministraba, pero sé a ciencia cierta que suministraba. También abastecía y proporcionaba. Porque Martita solo hacía lo que ella creía que era lo mejor que podía hacer en esas determinadas circunstancias.
2-Si tuviera que elegir entre la vida o la muerte, preferiría la muerte, porque la vida sin Martita, aunque sea con ese tipo llamado Gregorio que de repente ha dejado de gustarme, no es vida. Tampoco es muerte, mas bien oscuridad indisociable o algo parecido, pero… ¡Chitón! ¡Se acercan Ermengarda de Narbona y su hermana Ermesinda. ⧪
(Parágrafo XI) Mis indecisiones siguen siendo relativamente anónimas, pero el abismo tenebroso que las embadurnaba ha implosionado como un estertor. ⧪
(Parágrafo XII) Escupitajos ten si a los mí (qui no tan di y pro) han si es a los ros y cu de in de se hu du mi. Pe so mis gar son ca de em a cu y en al mis ti. Hasta hace unos pocos años la gente venía a que le escupiese de la manera menos tradicionalista que se me ocurriese, algunos incluso me pagaban por llevar mi marca registrada colgando de un ojo o una solapa. Pe to cam ha un añ, cu me di Parotiditis, Parotiditis, Parotiditis. Des en ten que be a ca un de mis tres no y a los pro de ca un de e con un con «Durex dame placer» o in «Control ultra feel» em mi len. ⧪
(Sin título 1) Mi mejor amigo murió hace 130 años. Su nombre era Ainonehuuuuua, aunque yo casi siempre lo llamaba Chanchanchachachaichainaop o Chanchanchachachaichainaopo. Él odiaba cualquier nombre o apodo y prefería que lo llamásemos chafando el pie de una vieja. Por esa razón se extinguieron las ancianas. Estuvimos sin abuelas y, lo que es peor, sin poder llamarle a él, cerca de de 40 años, hasta que el exhijo del antiguo exalcalde importó varios cientos de viejas en diferentes estados de decrepitud. A partir de ese día volvimos a poder llamar y por tanto preguntar a Ainonehuuuuua (AKA Chanchanchachachaichainaop o Chanchanchachachaichainaopo) cuestiones relevantes e inherentes a nuestra propia naturaleza. Pero el cambio duró poco, pues las viejas empezaron a calzar zapatos reforzados con punteras de seguridad extraordinariamente resistentes a los pisotones, con lo cual ya nunca chillaban de dolor y Ainonehuuuuua (AKA Chanchanchachachaichainaop o Chanchanchachachaichainaopo) no podía saber que le llamábamos para preguntarle cuestiones relevantes e inherentes a nuestra propia naturaleza. ⧪
(Sin título 2) Cada vez que invito a queso fresco a una rubia me salen eritemas. Y si el queso o la rubia son de la parte meridional del país, le salen eritemas al queso, a la rubia o incluso a una gran proporción de los habitantes de las provincias periféricas del mediodía geográfico. Las inflamaciones cutáneas nunca suelen acabar en cuidados intensivos, por lo que sigo importando toneladas de quesos frescos, pero también de cuajadas, y en ocasiones, requesones. Sin embargo cada vez que invito a yogur a una rubia no sucede nada. Se limpia la boca con mi camisa o canesú, me da las gracias y se vuelve en busca de alguien que la invite a queso fresco. Lo sé porque después de tantos años en el negocio he llegado a un punto en que me siento como un dios en estado de fermentación bendita. Ah, sí, he dicho canesú. Y lo mantengo. ⧪
(Sin título 3)
Las gacelas tienen dos narinas.
Dos narinas tienen las gacelas.
Si no tuvieran dos narinas,
ya no serían gacelas.
¡Serían monstruos deformados!
Los monstruos deformados no tienen narinas.
No tienen narinas los monstruos deformados.
Si tuvieran dos narinas,
Ya no serían monstruos deformados.
¡Serían gacelas de Cuvier o incluso impalas!
Las gacelas y los impalas tienen dos narinas.
Dos narinas tienen las gacelas y los impalas.
Si no tuvieran dos narinas…
ya no serían gacelas ni impalas.
En realidad todos los seres disponemos de dos narinas por donde entra aire, y en ocasiones, cocaina o mosquitas despistadas. La canción anterior es un suplemento especial al párrafo siguiente, mucho mucho mucho más jugoso… ⧪
(Sin título 4) John Wheeler dio nombre a los agujeros negros. Gregorio López a las grietas negras. Una grieta negra es una rendija por donde se puede ver desnudarse a una o varias extraterrestres sin que ellas reparen en que un obseso sexual terrícola, reprimido y peligroso, las está contemplando e incluso grabando, y que en cualquier momento esas imágenes pueden estar disponibles en los telediarios, Orgasmatrix, xHamster o Youporn. Ahora bien, aunque una grieta negra es similar en concepción a un intersticio negro, no lo es en su constitución, por lo que deberíamos intentar distinguir entre ambas hendiduras siderales. Para profundizar en el tema recomiendo el libro Nuez rancia: ¡seguro que es de la marca Hacendado! del profesor Similar a él. No es coña, el tipo se llama así, doctor Similar a él Vega Contreras. ⧪
(Sin título 5) La imagen que tenemos hoy del refajo añejo que perteneció a María Magdalena y que se conserva en el museo de refajos añejos de Ciudad del Vaticano, es la de una faldita de paño, que según la técnica de datación del carbono 14 fue lavada en dos ocasiones en un periodo de 18 años. La primera, en el lago Tiberiades durante el año 8 de nuestra era y la segunda en una acequia dos años y tres meses más tarde. No obstante, esa ausencia higiénica demostrada no impide que miles de devotos hagan cola para acariciar el espejo que la protege. Según el secretario Cavalcanti, nuncio del Obispo Porchetta, el espejo protector debe ser a su vez protegido con otro espejo protector. Para ello la Santa Sede ha convocado un concurso de cristaleros en la Piazza San Pietro el segundo día del primer mes del próximo semestre. ⧪
(«Res, non verba».Cantón el Viejo) Este párrafo consta solo de palabras (169 para ser exactos) y carece por completo de hechos. Pero, ¿por qué me río ante esta deliberada falta de circunstancias? No podría responder a esa cuestión. A veces me río y no sé por qué me río. En otras ocasiones me carcajeo, me desternillo o me descuajaringo por algún estúpido motivo. Y cuando intento analizar la razón de dicha hilaridad, pocas veces llego a una conclusión que me satisfaga plenamente. Reír es como azufrar. Azufrar es un ridículo sinónimo de sulfatar que a su vez significa impregnar, por lo tanto reír es como impregnar, empapar, mojar o aguachinar. Quizá por esa razón cada vez que me río la gente se aleja despavorida de mi lado. ¡Supongo que a nadie le debe gustar ser anegado en saliva! Y más si ese nadie resulta ser un «alguien» como yo, es decir, un sujeto alevoso e iracundo, que disfruta -tal vez excesivamente- cada vez que un físico teórico eminente pronostica el cercano final de lo que conocemos como civilización. ⧪
(«Etiam capillus unus habet umbram suam».Publilio Siro) Una sombra nunca puede producir otra sombra a menos que hayamos mezclado varias dosis de dietilamida de ácido lisérgico, dimetoxianfetamina y lisinato de ibuprofeno. En cuanto al cabello… bueno, desde que perdí los míos nunca he vuelto a hablar de esos mamonazos y hoy no va a ser una excepción. Por lo tanto, y para que el párrafo alcance por lo menos una extensión de cinco o seis líneas, voy a tratar de escribir sobre cualquier cosa. «Cualquier cosa» era un tipo vivaracho. En realidad se llamaba Norberto pero le agradaba que la gente se dirigiera a él con su apodo escolar. Cierto día, mientras se tomaba una bebida de cualquier cosa en un bar conoció a «Cualquiera de las cosas» o Serafina, como fue bautizada por sus progenitores. Ambos hicieron migas rápidamente hasta que un descuidero hambriento se las robó en un descuido. Cuando repararon en el hurto, ni siquiera se molestaron lo más mínimo y él volvió a pedir lo mismo mientras ella prefirió que el camarero la sorprendiera gratamente. Pero el camarero no pudo impresionarla gratamente, ni siquiera satisfactoriamente, pues sufrió un repentino angor pectoris y falleció tirado en el suelo como un vulgar mocho Vileda. ⧪
(«Vitanda est improba siren desidia».Horacio) Sin embargo yo adoro haraganear. Mis amigos dicen que, aunque soy uno de los más grandes haraganes que han conocido, vagabundeo francamente mal y merodeo todavía peor. Algunos van incluso más lejos y se pierden por el camino. Otros están convencidos de que mejoraría con un buen entrenamiento. Pero yo digo que si he nacido para aprender, lo haré sin la ayuda de terceros ni cuartos, quintos, sextos, séptimos, octavos, novenos (bueno… lo dejaré aquí). ¡Recordad! Nadie daba un duro por mí la primera vez que ganduleé, sin embargo he llegado a las cotas más altas que un vago competente y capacitado puede alcanzar sin llegar a ser profesional. ⧪
(«Non omnis moriar».Quinto Horacio Flaco) Morir del todo se me antoja una mentecatez y una patochada. Lo mejor sería no morir nunca, pero si no existiese otro remedio, entonces lo mejor para la raza humana sería morir por fracciones corporales o etapas temporales, pues de esa manera ralentizaríamos el fallecimiento durante dos o tres semestres. Aunque si la cuestión radica en A (vivir) o B (morir) yo prefiero la C y sugiero la D. Nunca me ha gustado que me den a elegir entre varias opciones, sobre todo si ambas son de una previsibilidad tan elementalmente despachurrante y tan mínimamente desconcertante. Todo esto me lleva a pensar en Jonás Martinez -que tras 50 años ejerciendo como guarnicionero decidió dejar de vivir sin pasar por todo lo que implica la muerte- o en Jonas Martinez, sin ninguna relación con el anterior, que no decidió nada, sobre todo porque era un conejo de la raza Lapin Chèvre que ejercía de mascota familiar en un domicilio particular de la calle Sta. Nicanora de Eleusipo. ⧪
(Pensamiento distanciado, excesivo y ampuloso número 1) Lo primero que he hecho esta mañana nada más levantarme de la cama ha sido jamelajar la jima. Llevo varios años tratando de dotar de un significado al verbo jamelajar y al sustantivo jima, pero hasta el momento no he sido capaz de conseguirlo. Sin embargo sigo jamelajando de vez en cuando. Sobre todo cuando me siento tan conturbado que ni siquiera soy capaz de imaginarme como un puntito diminuto entre otros puntos más o menos grandes que pasean por las mismas calles y las mismas aceras. ⧪
(Pensamiento distanciado, excesivo y ampuloso número 2) Dicen que cuando alguien se muere se pone azul. También dicen que cuando yo me muera me pondré rojo y negro, como la novela de Stendhal. ¿Quién lo dice? Lo dice Greg, que en realidad es el único que verdaderamente me conoce y se preocupa por mí, y desde luego, el tipo más coherente que existe y que es obligado a existir (y a existir y a existir y a existir y a existir y a existir y a existir y a existir y a existir) continuamente. ⧪
(Pensamiento distanciado, excesivo y ampuloso número 3) Hace algunos años yo era conocido por ser una mala persona. En estos instantes de mi vida soy conocido por ser una buena persona. Espero que en un futuro próximo se me conocerá y apreciará por ser una persona regular, es decir, lo suficientemente buena y mala como para no destacar entre el resto de personas. Porque cuando muera, si es que eso sucede alguna vez, la mayor parte de la gente que me ha tratado ni siquiera formulará una jodida frase sobre mí. En realidad eso me satisface, porque cada vez que uno de mis amigos o conocidos muere no expreso ni una maldita puta frase sobre ellos. Por lo menos cara a la galería. Lo que sucede dentro de ese órgano muscular donde se parapetan los sentimientos es algo íntimo y subjetivo que me pertenece.⧪
(Pensamiento distanciado, excesivo y ampuloso número 4) Cuando la cremallera de mis pantalones de cuero se abre en súplica e ilumina con cierta satisfacción inmunda lo que se esconde en el interior, es el momento en que comprendo que Dios vive en mi cipote. Y en el cipote de cada hombre que posea uno o dos cipotes. Y mientras alguien, en algún lugar bastante alejado de cualquier rastro de cipotes, prepara la panacea para mitigar las miserias e infortunios de algunos de los otros cipotes, yo pienso en hojas. ¿Te has parado alguna vez a preguntarte por qué razón cada hoja cae de una manera diferente? Por lo menos te habrás parado alguna vez a pensar en cipotes. Y a puntuarlos del 0 al 5. Y a rememorar el sabor de la descarga seminal que rezuma de la mayoría de ellos. Me refiero a que algunos cipotes no necesitan eyacular para llegar al orgasmo. ¡Me gusta ver cómo caen las hojas! Y me encanta recogerlas de tres maneras. La primera agachándome. La segunda obligando a agacharse a alguien. La tercera pagando a uno o varios individuos para que se agachen y las recojan para mí. Cuando elijo la tercera manera me siento obligado a redactar ciertas normas para que la recogida, acumulación y posterior criba se efectúe dentro de unos parámetros establecidos. ¿Te das cuenta de cómo funciona mi cabeza? He comenzado escribiendo sobre cómo jamelajar las jimas y termino dictando preceptos. ⧪
(Todestriebe) La monstruosidad existencial se intensifica, se reproduce. No se trata de una especie de revelación eventual, sino algo que lleva décadas gestándose. Noto cómo esa intensidad imprecisa se desarrolla en mi interior, respira mi aire, me induce a comportarme de una manera heterodoxamente malsana y me obliga a cantar «Madrecita María del Carmen» de Manolo Escobar más de 50 veces cada día. Por esa razón he decidido volver a intentar autoeutanasiarme. Y digo volver a intentar porque ya he tratado de quitarme de en medio en tres ocasiones en los últimos seis o siete meses. Mi primer intento, metiendo la cabeza en un cubo repleto de pirañas hambrientas, no dio resultado, pues el tipo que me las vendió y me aseguró que me desgarrarían la carne, los ojos y hasta el cerebro, me engañó y me despachó un par de kilos de carpas rojas que lo único que hicieron en mi rostro fue llenarlo de defecaciones y escamas. La segunda tentativa, que por cierto estaba extraordinariamente diseñada, salió incluso peor, pues los dos tipos a los que prometí pagarles 30000 euros si me liquidaban sin dolor se asesinaron mutuamente media hora antes de llevar a cabo el encargo. La tercera intentona estaba destinada al fracaso desde el primer instante, por esa razón me vi obligado a suspenderla cuando todavía no había pasado de un mero bosquejo deficientemente estructurado.
Hay quien está convencido de que el suicidio es un acto ruin y cobarde. Los hay también que piensan que quitarse la vida desprende honorabilidad por los cuatro costados. Yo, yo creo que la privación voluntaria de la vida es como hacerse un tatuaje de un glande ajeno en el glande propio, es decir, una extravagancia tan sobresaliente que, debido a su propia descomunalidad y la dificultad intrínseca que conlleva medir algo casi infinito o ilimitado, se transforma en un suceso donde lo que realmente impera es la libertad personal y el amor (o la fe) hacía eso que alguien denominó como «la oquedad subyugante», que no es más que otra manera de llamar al vacío, ya sea absoluto y definitivo o simplemente relativo y circunstancial. ⧪
(In nemese ne fidem habeatis) El más grande de los maestros psicópatas nacionales fue Atenógenes Ortuño (1823-1877), que hizo de la aldea castellonense, Arteas de la Sal, su territorio de caza durante 17 años. Ortuño había nacido en un pueblecito sito a unos cinco kilómetros de distancia, por lo que pensó que sería un buen lugar para poner en marcha su obsesión persistente. Lo que no meditó demasiado a fondo es en el índice demográfico de la aldea que en aquella época era de 38 habitantes. Por esa razón, cuando detuvieron a Ortuño en 1876 solo quedaban tres residentes en Arteas de la Sal, que desde entonces pasó a llamarse Arteas sin la Sal. Atenógenes Ortuño fue acusado de 35 asesinatos y ajusticiado en el garrote vil por el verdugo valenciano Estanislao Calatañazor. Desde entonces casi nadie se acerca a dicha comarca, y es una lástima, pues me consta que en el único bar de la aldea se sirve uno de los mejores guisados de conejo de monte que se pueden degustar en toda la comunidad; y que de la fuente de sor Teresita brota un agua ferruginosa bicarbonatada cálcica nitrogenada que cura la sífilis y la disentería porcina con solo un par tragos. ⧪
(La solución 298) Nunca he necesitado hacer movimientos raros con el trasero para sentir que poseo uno. Como le sucede a casi todo el mundo, este culo me sirve para sentarme y evacuar. Pero no siempre que me siento depongo. En ocasiones la función natural de excretar se desvirtúa, y es entonces cuando todo lo que una vez significó algo, de repente, carece de sentido. ¡Todos los dioses y todos los demonios! ¡Todas las sonrisas y algunas caras más que dignas! Todo lo que un día esperamos que no llegase nunca: el estreñimiento.
Pero desde que tomo Farmi-Patil 298 en pastillas, una cada ocho horas, me siento otro hombre. Farmi-Patil 298 es un complejo laxante diseñado por un elefante indio. No estoy de broma. Todo sucedió hace unos 15 años, cuando un mahout de 32 años llamado Nimai Chowdhury que tenía serios problemas para defecar se comió por error, o quizá porque no tenía otra cosa que llevarse a la boca, las hojas del arbusto preferido de su paquidermo Kalu. Esa misma noche, cuando llegó a su hogar, que no era más que una mugrienta choza, Nimai evacuó tres veces en menos de cinco minutos. Y lo que le pareció más importante en ese instante: sin dolor, sudor o sangre. Al día siguiente mientras se dirigía al Ghat relacionó la ingesta de la planta con su magnífica descarga de la noche anterior y volvió a masticar algunas matas. Por la noche cagó como nunca había cagado y en su mente surgió una idea: la solución 298. Nadie sabe qué representa dicho número, pero actualmente, Nimai Chowdhury, es el quinto hombre más rico del planeta según la revista Forbes. ⧪
(Gracias por la información) Es evidente que cada vez que intento sonreír en público muere un cocodrilo poroso en alguna parte de Sri Lanka, Nueva Guinea o el norte de Australia. Actualmente la población de este reptil peligroso y gigantesco no está en peligro de extinción, por lo que puedo seguir intentando esa sonrisa que ilumine a los que estén presentes durante algún tiempo. La próxima vez que lo intente será el 19 de octubre a las 17:00 horas en la confluencia de las calles Mistral y Murta. Todo el que quiera presenciar el suceso está graciosa y cordialmente invitado. ⧪
(Anomia) Creo que todo lo que… no sé… es como si… Martín se me acercó y… bueno no estoy seguro de que fuera Martín… ni de que se me acercase. Es posible que fuera su hermano… aunque creo que Martín no tiene hermanos… solo gatos… seguramente se me acercó un gato y yo le atosigué un poco. Antes me gustaba atosigar a las mascotas… ahora ya no… ahora solo… solo atosigo a los insectos… sobre todo a los mosquitos que me chupan la sangre. ¡Ahora lo recuerdo! No fue ni Martín ni el jodido gato de Martín quien se me acercó. Fue… fue un mosquito con ánimo de dejarme seco… lo recuerdo perfectamente lejano… pero lo recuerdo… yo… yo le pegué un puñetazo mientras chupaba de mi vena del brazo… y me rompí el brazo. ¡Claro! Eso fue lo que sucedió. ¡Por eso lo llevo en cabestrillo! Luego el mosquito… sí, el mosquito que salió indemne de mi maniobra de ataque se largó… sí… y regresó con algunos colegas y se me posaron en varias partes de mi… de mi cuerpo… y me chupaban… me chupaban… y yo me defendía… a puñetazos… claro… ¡Por eso estoy en cuidados intensivos! ¡Qué bien lo he resuelto! ¡He solucionado mi propio caso! Me siento… me siento bien… sí. Creo que todo lo que… no sé… es como si… Martín se me acercó y… bueno no estoy seguro de que fuera Martín… ni de que se me acercase. Es posible que fuera su hermano… aunque creo que Martín no tiene hermanos… solo gatos… seguramente se me acercó un gato y yo le atosigué un poco. Antes me gustaba atosigar a las mascotas… ahora ya no… ahora solo… solo atosigo a los insectos… sobre todo a los mosquitos que me chupan la sangre. ⧪
(Aleph) Desde hace 250 días, cada vez que salgo a la calle me gasto 250 euros, por lo que mi cuenta bancaria se ha reducido considerablemente y mi saldo actual es de 250 euros. Es decir, el equivalente o la posibilidad de una única salida a la calle. Y creo que aprovecharé esa última salida para unirme a una seta. Perdón, quería decir secta. Se llama El dicasterio de los 450 milagros de Anselmita, la oveja consagrada de Yahveh y aunque creo que no admiten a nadie por encima de esa cantidad, tengo grandes posibilidades de ser aceptado porque a día de hoy solo quedan 249 adeptos. Uno de ellos se largó hace un mes por desavenencias con la mujer de la limpieza. Yo me he enterado gracias al corredor de faltriqueras de mi corredor de faltriqueras que tiene una sobrina que casualmente es esa señora. ¡Es maravilloso poder obtener información privilegiada! Me siento como si perteneciera al HaMosad leModi’in ulTafkidim Meyuhadim. ⧪
(Beth)
Mercadona, Carrefour y DIA, son unos tontoooos, los treeees…
Lidl, Eroski y Alcampo, son unos tontoooos, los treeeees…
Consum, Cash fresh y Supeco, son unos tontoooos, los treeees…
Maxidía, Upper y Maskom, son unos tontoooos, los treeees…
Gadis, Vidal y Charter, son unos tontoooos, los treeees…
Hiperdino, Ulabox y Ahorramás, son unos tontoooos, los treeees…
(Canción de los clientes semitas unificados cabreados) ⧪
(Gimel) Al principio no le dí demasiada importancia, sobre todo porque aparte de mí, no creo que nada en este planeta tenga la más mínima significación. Pero cuando a un vecino de la finca de enfrente le desapareció el bote de supositorios de glicerina, me di cuenta de que el aviso de la Policía Nacional con el que estaba empapelado medio barrio no era una maldita broma.
«Les rogamos desconfíen de un supuesto técnico que llama a su puerta declarando ser de cualquier servicio oficial. Lo único que este facineroso pretende es robarle sus botes de supositorios de glicerina y para ello no dudará en dejar fuera de circulación a cualquier persona que se encuentre frente a él.»
Al enterarme de ese y otros sucesos obrados pretendidamente por el mismo malhechor, decidí introducirme los ocho que quedaban en el tarro. En ese instante llegué a la conclusión de que era mejor usarlos, aunque no fuera estreñido, que dejar que me los robasen. Lo que sucedió al cabo de media hora solo puedo definirlo como una intoxicación o inficionamiento y los efectos secundarios como una especie de alienación y esquizofrenia, pues estuve cerca de ocho horas cagando sin parar. Pero mientras cagaba veía una especie de flashes de color hez oscura pertenecientes a un cuerpo muy enfermo revoloteando alrededor de mi cabeza mientras una de ellas cantaba algo así como » Mierda eres y en mierda te convertirás» al mismo tiempo que las restantes le contestaban con una especie de «Chuchua, chuchua, ah, ah».
Cuando desperté todo era marrón verdoso. ⧪
(Daleth) A primera vista mi determinación es inquebrantable, pero si te acercas un poco notarás que mi determinación es claramente vulnerable. Sin embargo, si me miras desde 500 metros de distancia ni siquiera me verás a mí, y mucho menos a mi determinación. Por el contrario, mi indeterminación es vulnerable a cualquier distancia. Incluso si me miras mientras practicas posturitas raras o poco femeninas. Es increíble esto de las demostraciones. Por eso siempre estoy demostrando algo. Me gusta demostrar. Y mostrar. Hace algunos años me detuvieron por mostrar algo. No te voy a decir qué. Pero me quedé muy satisfecho de mostrar lo que mostré. Algunos de mis amigos siguen intentando convencerme de que no debí mostrar lo que mostré, pero yo estoy totalmente convencido de que cada uno de mis actos son necesarios para que el mundo ruede y no se produzcan incendios. Cada vez que no muestro ni demuestro se quema un edificio. Es absolutamente demostrable, aunque también inexplicable. ⧪
(Heh) Según el mapa ya falta poco para llegar a alguna parte. El problema es que esa alguna parte se llama Jaracecimunci y dicen que sus habitantes son bastante hostiles. Me han dicho que para comunicarse con ellos hay que hacerlo en la posición de descanso del pelícano, es decir, sobre una pierna. Los jaracecimuncianos consideran una afrenta que alguien se sostenga con ambas extremidades y no dudan en meterse los dedos en el ano y agarrar pedazos de heces para arrojarlos sobre los que les hayan insultado desobedeciendo sus reglas. Por lo tanto, este quinto párrafo debería ir debajo del tercero, ya sabes, el de los supositorios de glicerina, ya que ambos tratan temas relacionados con las funciones corporales excrementales y sus bienaventurados misterios, pero me ha parecido que como mi determinación es inquebrantable debería quebrantarla en algún momento y he decidido quebrantar y destrozar el orden lógico de las cosas (y de los párrafos). ⧪
(Vav) Estoy totalmente convencido de que la oscuridad es el requisito esencial para pegarse un trompazo. Y nadie puede impedir que llegue a otra conclusión. Ni siquiera sobornándome con trinero. El trinero es semejante al dinero pero solo se utiliza en el país de los tres tristes tigres que traviesos triscan sobre el trigal. Y no creo que ningún ser bípedo sea capaz de convertirse en trípedo para llegar a ser admitido por los tres grandes jueces -que hacen y deshacen- de los tres tristes tigres que traviesos triscan sobre el trigal. Yo sí soy uno de esos afortunados, por esa razón trisco, aunque no en un trigal, ya que en mi barrio solo hay maizales. Bueno también hay imbéciles, pero esa clase de gente abunda en todos los barrios. Por desgracia. ⧪
(Zayin) La armonía sube, la armonía baja. Y cuando tiene tiempo se jacta de su propia capacidad para reponerse de los mareos. Porque subir y bajar sin interrupción, además de ser una auténtica gilipollez, agobia y produce ciertos malestares. Quizá por esa razón, la armonía debería dejar de subir y de bajar y contentarse con ir de un lado a otro. Mientras ella se lo piensa, yo mastico la brisa, que es tan fría como la elegancia de una gran duquesa. ⧪
(Heth) Recuerdo cuando inicié la deconstrucción de la construcción. De la misma forma soy capaz de recordar de qué manera deconstruí la deconstrucción inicial. Lo que no recuerdo es la razón que me impulsó a acometer semejantes proezas. Mañana o quizá pasado mañana intentaré construir lo que pueda quedar de lo que fue una bonita construcción antes de ser avasallada por las dos deconstrucciones. No es que esté en contra de deconstruir, sino que creo que es más sencillo dejar que la construcción sea deconstruida de forma natural. Sin embargo, todo lo que pueda pensar en estos instantes seguramente será rebatido por mí mismo en cualquier otro instante. ¡Creo que necesito que uno o varios periquetes me deconstruyan siguiendo las normas y los razonamientos de todos y cada uno de los brevísimos espacios temporales! ⧪
(Primera parte de la primera parte) En realidad lo peor casi siempre suele ser lo mejor. Pero hasta el momento en que algún ser más inteligente que todos nosotros y procedente de otra galaxia muy muy muy lejana nos regale o venda a buen precio alguna especie de instrumento o utensilio medidor que nos indique que lo que es mejor es ciertamente mejor y lo que parece peor es con toda probabilidad peor, no seremos capaces de distinguir entre ambos términos. Mientras eso sucede, yo me dedico a regar aproximadamente una vez a la semana -y siempre desde arriba- a todos los ejemplares que poseo de Pilea peperomioides, releer una y otra vez Crimen y castigo de Fiódor Dostoyevski (en la traducción de José Fernández), tocar mis siete guitarras acústicas (y el ukelele) y escuchar las Gymnopedie 1 y 3 de Erik Satie. A veces, si me sobra un poco de tiempo, intento practicar las asanas Maksikanagasana, Eka Hasta Vrksasana, Ganda Bherundasana y Achilipú a pu a pu.
Y aunque creo que soy demasiado viejo para llegar a ese punto en el que uno mismo se permite el lujo de mandar todo lo que conoce y a todos a los que conoce al jodido carajo o a la puta mierda (lo que esté mas lejos), he decidido seguir escribiendo los peores textos que sea capaz de concebir. Ya sabes: nosotros escribimos, nosotros decidimos. ⧪
(Primera parte de la segunda parte) Para jorobar un poco voy a transcribir a continuación una serie de pequeñas meditaciones que fueron garrapateadas para mi blog y que por un motivo u otro nunca me decidí a postear. Las razones por la cuáles nunca las publiqué son meramente demenciales, es decir, debido a la demencia senil que creo que me afecta. Lo que está claro es que no tienen nada que ver con lo que algunos anafrodisiacos sin aprisco donde cobijarse llamarían «excusa autobiográfica». Si me he decidido a hacerlas públicas hoy es porque todas tocan temas sexuales de una forma u otra, y hoy tengo un día repleto de lascivia reprimida. ¡Pero sobre todo, porque odio tirar párrafos enteros a la papelera de reciclaje! ⧪
(Segunda parte de la segunda parte) Tengo una jofaina. Cuando la utilizo para tirarme agua por encima de la cabeza sé. ¿Qué es lo que sé? No sé. Pero sé. ¡Te lo aseguro! Es muy extraño. Sin embargo cuando en lugar de la jofaina utilizo un jarrón de plástico, un vaso o cualquier otro recipiente, entonces no sé. ¿Qué es lo que no sé? Pues si sé o no sé. Saber que sé o que no sé es algo que me produce cierta indisposición protuberante o mamaria. Quiero decir, cuando eso me sucede, cuando sé que sé o que no sé, me resulta imposible ser amamantado. Sin embargo las mujeres a las que pago para ese fin tienen que cobrar sus honorarios. ⧪
(Tercera parte de la segunda parte) Descubrí que era capaz de estimular -a distancia- el clítoris de cualquier mujer, o lo que es lo mismo, por medio del poder sin límites de mi mente, cuando tenía unos 20 años. Desde entonces lo practico a menudo y cada vez lo hago mejor. Lo que más me satisface de mis extraordinarios poderes es tener la posibilidad de proporcionar grandes orgasmos en el momento menos esperado. Es posible que sea un poco gamberro, no lo discuto, pero me encanta observar la cara que ponen las víctimas agraciadas mientras están hablando con los amigos, paseando por la calle o comprando kiwis en Mercadona. Solo una vez me pasé de la raya. Sucedió hace un año. Por alguna razón que desconozco le proporcioné a una señora de unos 45 años una cantidad indeterminada de orgasmos continuados (creo que 37) mientras tomaba un café con leche -o quizá un cortado de máquina- en una cafetería. ¿El resultado? Un rostro mas feliz que el de un quokka. ¿Se puede pedir más? Deberían otorgarme el premio al trabajador del año, sin embargo la poli comienza a sospechar que detrás del aumento descontrolado de espasmos orgásmicos en el barrio de Benimaclet se oculta algo muy muy turbio. ⧪
(Cuarta parte de la segunda parte) Cuando era un niño bastante pequeñajo le toqué su cosita a una niña también muy pequeñaja que era mi vecinita. Se la toqué dos veces porque solo sabía contar hasta ese número. Ella a su vez me tocó mi cosa cinco veces. Estaba claro que ella era más inteligente a pesar de tener ambos la misma edad. Dos décadas después volvimos a encontrarnos por casualidad, nos hicimos amigos y amantes y le volví a tocar su cosita 37 veces en la primera sesión amatoria. Estaba claro que había avanzado mucho con las matemáticas. Sin embargo ella, en lugar de devolverme el tocamiento en un número similar o superior, me miró a los ojos y me dijo que no sabía tocar su cosita, que no hacía falta llegar a una cantidad tan desorbitada y que ella me enseñaría cómo se tocan esas cositas. Y me enseñó. Se tumbó sobre una alfombra y me enseñó. Se sentó sobre una silla y me enseñó. Se puso a hacer el pino y me enseñó. Luego se dio la vuelta y siguió enseñándome. Y al final aprendí tanto que acabé internado en un centro para el tratamiento y rehabilitación de la adicción al sexo. Allí permanecí cuatro meses hasta que me expulsaron por no intentar tocar la cosita a la esposa del director mientras este miraba y se excitaba. Ahora camino sin rumbo por las calles. Ya no me interesan las cositas, ni siquiera las cosas. ¿Sabes? Todo lo que existe, podamos o no verlo, son cosas. ⧪
(Quinta parte de la segunda parte) Hace algunos años conocí a una chica a la cual le gustaba que le metiera por su vagina figuras de santos talladas en madera. No estoy de broma; ni siquiera tratando de ser grotesco. Es la pura verdad. Solíamos vernos los viernes y los sábados, por lo tanto todos los jueves acudía a una tienda donde vendían artículos religiosos y compraba una talla. El problema era que mi amiga no quería que repitiera nunca con un santo o una santa, así que llegué a convertirme en el mejor cliente de ese establecimiento. Cada vez que entraba por la puerta, el propietario salía de su despacho a recibirme mientras se santiguaba. Luego me invitaba a tomar un café casero que él mismo preparaba y me ponía al día sobre las ultimas noticias ecuménico-piadosas. Por supuesto él pensaba que yo era algo similar a un beato bonachón. Con el tiempo llegó un punto en que mi habitación parecía una iglesia. Un día intenté contar la cantidad de figuras e imaginería religiosa que tenía, pero no pude acabar pues perdí la cuenta cuando llegué al número 509. Pasaron un par de años y mi relación sacra-sexual con esa muchacha llegó a su fin. Un día mientras decidía qué cojones hacía con toda esa mierda mística de artesanía, se me ocurrió que quizá el tipo que me las vendió podría comprarlas otra vez a un precio más o menos comercial y de esa manera ganaríamos todos, así que me dirigí a su establecimiento y ante mi asombro se quedó toda la colección por un precio realmente justo. A día de hoy ignoro en qué hogares se encontrarán dichas esculturas. Lo único que puedo agregar es que nunca limpié ninguna de ellas, aunque afortunadamente, dicen que el flujo vaginal no huele una vez evaporado. ⧪
(Sexta parte de la segunda parte) Yo siempre follé bien. Por esa razón cuando la fiscalía me acusó de ser un muermo sexual decidí saltar hacía los asientos donde se encontraban todas mis amantes para rogarles que retiraran las denuncias. Pero no pude llegar demasiado lejos, dos miembros de la Policía Judicial (que por cierto pertenecían al género femenino) me agarraron con fuerza de los brazos mientras la taquígrafa me arreaba una tremenda patada en los testículos y los espectadores aplaudían con vehemencia. Lo que todos ellos desconocían era que yo estaba allí para transformar sus existencias. Lo que sucedió a continuación es de una demencia tan absolutamente abrumadora que he decidido escribirlo en un documento anexo a este y que solo podrá ser examinado cuando libremente me diluya en ácido fluoroantimónico. ⧪