{"id":1940,"date":"2015-12-13T09:20:00","date_gmt":"2015-12-13T09:20:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-30T11:35:19","modified_gmt":"2022-06-30T11:35:19","slug":"email-del-13-de-diciembre-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldespotricadoranhedonico.es\/index.php\/2015\/12\/13\/email-del-13-de-diciembre-2015\/","title":{"rendered":"Email del 13 de diciembre 2015"},"content":{"rendered":"<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/2.bp.blogspot.com\/-w0jBZhi7Cms\/Vm04DeNXZRI\/AAAAAAAAIXI\/74KN6wxTHRc\/s1600\/ssssssssssssssss.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"280\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/ssssssssssssssss.jpg?resize=400%2C280&#038;ssl=1\" class=\"wp-image-1941\" width=\"400\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: xx-small;\">Theodor Severin Kittelsen. <i>Creepy, crawly, rustling, bustling<\/i> (1900)<\/span><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>\nNos vimos por \u00faltima vez hace 319 a\u00f1os. En esa \u00e9poca, el se hac\u00eda llamar Alonso Sol\u00eds y Torregosa. Recuerdo como si fuera ayer la conversaci\u00f3n que mantuvimos y la forma en que la luz que se filtraba por la cortina de una ventana incid\u00eda sobre su rostro. Fue all\u00ed, en medio de la nada y del todo, donde decidimos dejar de vernos en el tiempo. Su reciente papel de m\u00e9dico del rey Carlos II no le hab\u00eda otorgado la pompa que esperaba. El monarca segu\u00eda sin tener descendencia y las promesas se volvieron en su contra. Mientras trataba de llegar a una conclusi\u00f3n, yo decid\u00ed viajar hacia delante. Mi destino era cualquier a\u00f1o del siglo XXII. No me importaba la edad ni el sexo. Lo \u00fanico que necesitaba era que mi nuevo Yo fuese maligno. Quer\u00eda experimentar las sensaciones que provocan la perversidad y la depravaci\u00f3n. Sin embargo hab\u00eda un problema: el subternancio no funcionaba correctamente y la traslaci\u00f3n tendr\u00eda sus riesgos. Pero antes de continuar con la narraci\u00f3n, permitidme explicaros que es un Subternancio&#8230;<\/p>\n<p>En un principio iba a llamarse Ubersetor, pero pronto nos dimos cuenta que al pronunciarlo pon\u00edamos unas caras muy raras, como de alguien que traga semen con cuidado para que no se caiga al suelo ni una sola gota, as\u00ed que decidimos cambiarlo a lo primero que se nos ocurriera. Y lo primero que se nos ocurri\u00f3 fue Subternancio, que es un vocablo bastante horripilante y feo. Pero creo que me he adelantado. He explicado cual era el nombre de la m\u00e1quina que inventamos para trasladarnos por los siglos, pero he omitido descuidadamente exponer el c\u00f3mo y el por qu\u00e9, y esto no es digno de alguien que est\u00e1 convencido de que es superior al resto, o a las tres cuartas partes de la fracci\u00f3n que queda de un todo, o al fragmento indeterminado que se asocia a la generalidad o al conjunto. \u00bfPero a que ven\u00eda \u00e9sto? \u00a1Ah, si! La verdad es que tengo serios problemas con la memoria. Puede que la culpa sea de los malditos c\u00f3cteles a base de <i>Seroquel<\/i>, <i>Geodon<\/i>, <i>Abilify<\/i>, <i>Clozaril<\/i> y <i>Eszoplicona<\/i> con los que me atiborraban en el frenop\u00e1tico. No s\u00e9&#8230;\u00bfdeber\u00eda? \u00a1Es todo tan sumamente enrevesado.<\/p>\n<p>Alonso era alto. No tanto como un tapir, pero m\u00e1s que un lebrel irland\u00e9s. Su rostro era opaco, por esa raz\u00f3n hab\u00eda que mirarlo entornando los ojos. Sus orejas ten\u00edan forma de asa y los l\u00f3bulos inmensos que colgaban como d\u00eddimos denotaban materialismo y superficialidad. Cuando preguntaba algo sol\u00eda echar la cabeza hacia atr\u00e1s mientras que con la mano derecha se rascaba la pierna izquierda. A veces, sobre todo cuando contemplaba sus l\u00fanulas agrisadas, se echaba a llorar y yo ten\u00eda que convencerlo de que a pesar de la edad y de sus m\u00faltiples circunstancias, \u00e9stas todav\u00eda eran blancas y que si \u00e9l las ve\u00eda de color ceniza era, seguramente, debido a un leve problema ocular. Recuerdo una tarde en que se empe\u00f1\u00f3 en morder unos zapatos. Los zapatos llevaban pies dentro, y los pies iban unidos a un cuerpo. El cuerpo era inmenso y estaba rodeado de filamentos delgados y algo parecido al vello amedulado y sin pigmento. No s\u00e9&#8230; \u00bfdeber\u00eda? Las palabras no sirven de mucho si no hay alguien dispuesto a escucharlas.<\/p>\n<p>Dios tiene escamas y cuernos. Cuando le atosigan con un palo, arroja fluidos por la boca. Yo lo he visto. Puedo jurarlo. Y cuando de entre las luces del ocaso que rielan resplandecientes surja una garra externa, ser\u00e1 el momento de empezarlo todo. Y cuando su unguis queratinoso toque nuestra inmarcesible carne imp\u00eda y profana, ser\u00e1 el instante de terminar lo que hemos empezado. Porque no se puede acabar si antes no se ha comenzado. No se puede maltratar si antes no se ha mimado. Y cuando todo lo que hemos temido se transforme ante nuestros cansados ojos en j\u00fabilo y exultaci\u00f3n, sabremos que la mitad de nada sigue siendo demasiado poco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Theodor Severin Kittelsen. Creepy, crawly, rustling, bustling (1900) Nos vimos por \u00faltima vez hace 319 a\u00f1os. En esa \u00e9poca, el se hac\u00eda llamar Alonso Sol\u00eds y Torregosa. 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