{"id":2000,"date":"2015-07-03T08:03:00","date_gmt":"2015-07-03T08:03:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-30T11:35:35","modified_gmt":"2022-06-30T11:35:35","slug":"email-del-3-de-julio-2015_3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldespotricadoranhedonico.es\/index.php\/2015\/07\/03\/email-del-3-de-julio-2015_3\/","title":{"rendered":"Email del 3 de julio 2015"},"content":{"rendered":"<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/4.bp.blogspot.com\/-exgdF9dOxPM\/VZZButz4deI\/AAAAAAAAIRc\/8SU7HiODCGg\/s1600\/Ley-Mordaza-1.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"275\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/Ley-Mordaza-1.jpg?resize=400%2C275&#038;ssl=1\" class=\"wp-image-2001\" width=\"400\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: xx-small;\">An\u00f3nimo<\/span><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>\nAhora ya no queda nadie. Algunos no existen y el resto simplemente se deja ver de vez en cuando. Los que se fueron lloraron en los hombros de los que se quedaron o de los que no pod\u00edan irse. Todos necesitaban un cambio de vida. Los que huyeron, pero regresaron al no encontrar un motivo, sintieron que hab\u00edan cometido un error de proporciones considerables y partieron de nuevo. Mientras se alejaban, un sue\u00f1o cay\u00f3 del cielo y sepult\u00f3 sus esperanzas. Los encargados de enterrarlas las bendijeron y ocultaron cada una de sus promesas incumplidas bajo un dosel de madreselva y lavanda. Mientras cantaban los himnos aprendidos a base de cachetes en la nuca, una sensaci\u00f3n de ahogo se apoder\u00f3 de cada uno de ellos. El m\u00e1s viejo se atus\u00f3 la barba y pari\u00f3 un deseo con vehemencia antes de fijar su vista sobre la l\u00ednea del horizonte.<\/p>\n<p>Ahora ya no queda nadie. Los pocos que eran alguien, cualquiera o algunos, tienen miedo. Los goznes de las puertas de sus hogares se han petrificado y los rayos del d\u00eda ya no caldean los visillos de sus ventanas. Mar\u00eda, Sol, Carmen y Consuelo est\u00e1n sentadas sobre la tierra, que una vez fue suelo. Sus manos temblorosas intentan extraer el calor del sinsentido aferr\u00e1ndose al pasado, de la misma forma que un lagarto se agarrar\u00eda a una piedra para intentar pasar inadvertido. Cuando se miran a los ojos una niebla densa oculta sus emociones, sus pretensiones y cualquier hecho, palabra o aspiraci\u00f3n que se le parezca. Ya no hay tiempo para rezar, para santificar, para expresar los anhelos o convertirlos en futuro. Ya no existen las sonrisas, ya no existen los abrazos. S\u00f3lo perviven el fr\u00edo y la oscuridad. La noche perpetua y los demonios que nos acechan.<\/p>\n<p>Ahora ya no queda nadie. Todos los que formaban parte de la comunidad se han arrancado los ojos. No pod\u00edan mirar donde les apetec\u00eda, por lo tanto pensaron que ya no los necesitaban. \u00a1Ya no eran \u00fatiles! Cada una de las sillas, sillones, camas o artefactos que sirven para descansar han sido sacrificados en la pira de fuego. Ya no queda tiempo para la constricci\u00f3n. S\u00f3lo queda tiempo para aguantar las continuas vejaciones. Ya no quedan momentos para la oraci\u00f3n. s\u00f3lo quedan peque\u00f1os instantes; fotograf\u00edas veladas o carcomidas. Todos los que se fueron y todos los que se quedaron siguen sinti\u00e9ndose diferentes, aunque ya no son los mismos. Y los que ni siquiera salieron de sus casas. Y los que no pod\u00edan abrir las puertas. Los que cerraron los portillos, los tragaluces. Los que se ocultaron en los rincones. Los que se estiraron el cabello mientras se escond\u00edan de su propia cobard\u00eda. Y los que se miraron en los espejos. Y los que se encerraron en los graneros. Los que lloraron l\u00e1grimas fingidas. Los que parieron criaturas adulteradas. El resto, el remanente o la diferencia. Los despojos, la basura y los vestigios. Los sacrificios, las epifan\u00edas y los compromisos. El perd\u00f3n, el sayal y el cuchillo.<\/p>\n<p>Ahora ya no queda nadie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>An\u00f3nimo Ahora ya no queda nadie. Algunos no existen y el resto simplemente se deja ver de vez en cuando. Los que se fueron lloraron en los hombros de los que se quedaron o de los que no pod\u00edan irse. Todos necesitaban un cambio de vida. 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