{"id":3628,"date":"2022-10-11T16:40:21","date_gmt":"2022-10-11T16:40:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eldespotricadoranhedonico.es\/?p=3628"},"modified":"2022-10-11T16:40:21","modified_gmt":"2022-10-11T16:40:21","slug":"email-del-11-de-octubre-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldespotricadoranhedonico.es\/index.php\/2022\/10\/11\/email-del-11-de-octubre-2022\/","title":{"rendered":"Email del 11 de octubre 2022"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-afd0ba2e wp-block-columns-is-layout-flex\" style=\"padding-top:0px;padding-right:0px;padding-bottom:0px;padding-left:0px\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"padding-top:0px;padding-right:0px;padding-bottom:0px;padding-left:0px\">\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-medium\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"317\" height=\"400\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/elmundoperfecto1985VictoriaContreras.jpg?resize=317%2C400&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-3629\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/elmundoperfecto1985VictoriaContreras.jpg?resize=317%2C400&amp;ssl=1 317w, https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/elmundoperfecto1985VictoriaContreras.jpg?w=555&amp;ssl=1 555w\" sizes=\"auto, (max-width: 317px) 100vw, 317px\" \/><figcaption>Victoria Contreras. <em>El mundo perfecto<\/em> (1985)<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><\/h4>\n\n\n\n<div style=\"height:15px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la etapa m\u00e1s prematura de su crecimiento consciente el ser humano se considera eterno por naturaleza: fantasea con la idea de que nada tiene l\u00edmite y que su cuerpo no morir\u00e1 jam\u00e1s. Esta imagen sugerida por los sentidos, que carece de objetividad real y que poco o nada tiene que ver con el conocimiento puro y racional, pronto se altera y transmuta en una especie de percepci\u00f3n antag\u00f3nica que, la mayor parte de las veces, s\u00f3lo sirve para distorsionar la eterna conexi\u00f3n del ente con su propia esencia. Cuando esto sucede, lo que es, existe o puede existir deja de tener importancia; de repente, ese conjunto de sensaciones, pensamientos y emociones preeminentes y divinas, aunque totalmente ficticias, nos alejan de la presencia del yo. Desconocemos que cualquier cambio puede llevarse a cabo \u00fanicamente en el ahora. Cualquier otro modo de proceder constituye una injerencia. Aferrarnos al statu quo de que siempre somos ni\u00f1os no es sino una racionalizaci\u00f3n evocadora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Intentamos tomar contacto con nuestras emociones bloqueadas y lo \u00fanico que conseguimos es perder el control intelectual y sumirnos en una etapa de gimoteos continuados y confusos, obviando que somos una parte del todo, y que ese todo s\u00f3lo se puede definir como casualidad. El resto es puro caos. Pero es dentro de los par\u00e1metros del desorden y el desconcierto, donde parece que nos encontramos m\u00e1s c\u00f3modos. Fabricamos embustes con el \u00fanico prop\u00f3sito de convencernos, y cuando esas patra\u00f1as son demasiado considerables, las ocultamos en recipientes inestables, protegidas de cualquier atisbo racional que pudiera poner fin a la m\u00edmesis parad\u00f3jica en que hemos convertido nuestras realidades concretas. Carecemos de proposiciones pero defendemos hasta el \u00faltimo aliento cada una de nuestras in\u00fatiles abstenciones. El simple deseo de tener raz\u00f3n ha llevado a una gran parte de la raza humana a abundar en la incongruencia, el desprop\u00f3sito, la incoherencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero volver con mi mam\u00e1. Ella me mimaba y le daba sentido a mi desconcierto existencial. Recuerdo que mi padre sent\u00eda celos de m\u00ed, yo me mor\u00eda de envidia al ver la vida que llevaba nuestra perrita, Carlotta, y \u00e9sta suspiraba por parecerse al periquito que manten\u00edan en una jaula de acero los vecinos de enfrente. Los vecinos recelaban de cualquier cosa que no sirviera para ganar dinero y el portero sospechaba de cada uno de nosotros. Pero nosotros \u00e9ramos ellos y ellos pretend\u00edan ser todos, o por lo menos, una parte divisible del total. El total era parcial, por lo que algunos viandantes se quedaban estupefactos, pero la vida manten\u00eda un pulso firme, general y absoluto, y las peque\u00f1as bagatelas nunca exced\u00edan su tama\u00f1o (el que ocupa un simple momento determinado en el tiempo). Dar\u00eda lo que fuese para volver hacia atr\u00e1s, sin tropezarme con un a\u00f1o bisiesto, aunque con los ojos firmes en el horizonte y en la l\u00ednea que traza para diferenciar lo de aqu\u00ed con lo de all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero volver con mi mam\u00e1. Ella sab\u00eda donde se met\u00eda alent\u00e1ndome para que hiciese lo que ella siempre hab\u00eda querido hacer, pero que no hizo por temor al verbo hacer y a cada una de sus temibles conjugaciones. Alguna vez lo intent\u00f3, pero como no sab\u00eda desistir o insistir, el proceso la sum\u00eda en un aburrimiento emocional que he heredado. \u00a1S\u00ed! Nosotros \u00e9ramos ellos. Ellos procuraban mirar en otra direcci\u00f3n cuando las gotas de lluvia se colaban en el interior por las ventanas. Las ventanas eran de madera de pino y requer\u00edan una mano de pintura al a\u00f1o. La pintura costaba bastante dinero. El dinero no serv\u00eda para nada. La nada era apreciable cuando nos parapet\u00e1bamos tras las cortinas. Las cortinas necesitaban una buena limpieza, pero la lavadora hac\u00eda tanto ruido que le produc\u00eda unas terrible migra\u00f1as a mi abuelo que viv\u00eda a siete manzanas de distancia. La distancia equivale a la longitud del segmento de la recta que une dos puntos. Cada punto no es m\u00e1s que un concepto primario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero volver con mi mam\u00e1. Ella se relam\u00eda las heridas que produce vivir sin ninguna raz\u00f3n aparente. Yo me relamo porque ella se relam\u00eda. Yo me relamo porque ella se relam\u00eda\u2026 Se relam\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la etapa m\u00e1s prematura de su crecimiento consciente el ser humano se considera eterno por naturaleza: fantasea con la idea de que nada tiene l\u00edmite y que su cuerpo no morir\u00e1 jam\u00e1s. 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