{"id":762,"date":"2020-01-30T17:54:00","date_gmt":"2020-01-30T17:54:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-30T11:28:51","modified_gmt":"2022-06-30T11:28:51","slug":"email-del-30-de-enero-2020","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldespotricadoranhedonico.es\/index.php\/2020\/01\/30\/email-del-30-de-enero-2020\/","title":{"rendered":"Email del 30 de enero 2020"},"content":{"rendered":"<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/1.bp.blogspot.com\/-4HKsjXCHzT0\/XjMWDuH35oI\/AAAAAAAAiIg\/9pNFMJZqmHAPGujOBB3OGV3Xyz802F0NgCLcBGAsYHQ\/s1600\/Gustave_Caillebotte%252C_c.1880%252C_L%2527homme_au_balcon%252C_Man_on_a_Balcony%252C_oil_on_canvas%252C_116_x_97_cm%252C_private_collection.jpg?ssl=1\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" data-original-height=\"1600\" data-original-width=\"1201\" height=\"400\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gustave_Caillebotte252C_c.1880252C_L2527homme_au_balcon252C_Man_on_a_Balcony252C_oil_on_canvas252C_116_x_97_cm252C_private_collection.jpg?resize=300%2C400&#038;ssl=1\" class=\"wp-image-763\" width=\"300\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: xx-small;\">Gustave Caillebotte. <i>Man on a balcony<\/i> (1880)<\/span><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>\nMe encontraba sentado en un banco urbano de madera pensando en mis conflictos interiores en forma de desasosiegos permanentes, cuando alguien detr\u00e1s de m\u00ed grit\u00f3: \u00ab\u00a1el dinero no huele!\u00bb Gir\u00e9 el torso y la cabeza en un \u00e1ngulo perfecto de 90 grados y dirig\u00ed la mirada hac\u00eda el lugar donde cre\u00ed que proven\u00eda la sentencia, pero no vi a nadie. Mientras trataba de discernir si en realidad hab\u00eda escuchado algo o todo era fruto de mi cerebro consumido y desconcertado, escuch\u00e9 por encima de mi cabeza una risa callada que en ese instante me record\u00f3 a la que emitir\u00eda un botijero piporrero cuando le comunican que ha sido nombrado coadyuvador en una canciller\u00eda. Cuando levant\u00e9 la mirada pude ver a un tipo mir\u00e1ndome bastante afectadamente desde un balc\u00f3n. Su aspecto era el de un anciano cualquiera, solo que este pose\u00eda una mirada perturbadora que durante un breve instante lleg\u00f3 a incomodarme. Cuando baj\u00e9 la cabeza para demostrarle que no solo no quer\u00eda saber nada de \u00e9l, sino que adem\u00e1s odiaba cualquier tipo de risa, sonrisa, risotada o carcajada, su voz volvi\u00f3 a tronar: \u00abcr\u00e9eme, el dinero no huele. Te lo digo porque hace un rato he visto c\u00f3mo sacabas un billete de 10 euros de tu monedero y lo acercabas a la nariz.\u00bb \u00ab\u00a1Y a usted qu\u00e9 co\u00f1o le importa lo que yo haga con mis jodidos billetes! Adem\u00e1s no estaba oli\u00e9ndolo, sino rasc\u00e1ndome el labio superior con \u00e9l\u00bb respond\u00ed mientras miraba fijamente a sus ojillos de mustela. En ese instante, cuando esperaba que me contestara con otra especie de aforismo rimbombante, escuch\u00e9 una voz c\u00e1lida femenina de no m\u00e1s de 20 a\u00f1os desde el interior del domicilio: \u00abcielo, \u00bfpuedes subirme la cremallera?\u00bb La verdad es que imaginarme a un carcamal moralejero con una chavala tan joven, aunque esta fuese una profesional, no me puso de mejor humor. Y \u00e9l me ley\u00f3 el rostro: \u00ab\u00a1es mi loro gris de cola roja, Manolito. El cabr\u00f3n solo vive para dejarme en entredicho.\u00bb Cuando le respond\u00ed que me importaba muy poco lo que hiciera en su intimidad, el supuesto domesticador de psittaciformes se meti\u00f3 dentro y cerr\u00f3 tan fuerte la puerta del balc\u00f3n que por un instante cre\u00ed que medio edificio podr\u00eda venirse abajo&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;\u00a1No! \u00a1No, no y no! \u00a1En realidad nunca me siento en bancos urbanos, ya sean de madera, de pl\u00e1stico o de acero galvanizado! Y el \u00fanico conflicto interior que actualmente me quita algo el sue\u00f1o es saber si cuando cumpla los 85 a\u00f1os mi cada vez m\u00e1s peque\u00f1ajo, aunque permanentemente juguet\u00f3n miembro viril seguir\u00e1 poni\u00e9ndose tan tieso como una patata frita cortada en bast\u00f3n, en cerilla o en <i>Pont neuf<\/i>. \u00bfY la historia del viejo y su mantra \u00ab\u00a1el dinero no huele!\u00bb? \u00a1De pena! \u00a1Si el pobre Vespasiano levantara la cabeza! O lo del loro y la cremallera&#8230; \u00a1Joder, siento ganas de automutilarme! \u00a1Pero ten\u00eda que escribir algo para este maldito blog! Yo mismo me met\u00ed hace casi 10 a\u00f1os en la ratonera, y ahora los ratones no aceptan otra clase de envite. Podr\u00eda cerrarlo y dedicarme a lo que verdaderamente me interesa que es no hacer nada en absoluto. Pero incluso no haciendo nada tendr\u00eda la sensaci\u00f3n de que hago algo. Es&#8230; es bastante complicado de explicar. En realidad, me gustar\u00eda que nadie hiciera nada, y que el planeta que ahora conocemos y por el que estamos dispuestos a todo para que implosione lo m\u00e1s pronto posible, continuara teniendo alguna oportunidad.<\/p>\n<p>Sin embargo estoy dispuesto a jurar o prometer por el sagrado bocio del Gran Chimpanc\u00e9 Maturano Matur\u00edn III, monarca de las justificaciones confusas y de los trastornos org\u00e1nicos dolorosos, que ma\u00f1ana con toda probabilidad publicar\u00e9 otro esperpento menesteroso como el del primer p\u00e1rrafo. O puede que incluso peor redactado, pues los viernes suelo darle al triqui-triqui en forma de licor de orujo como si no existiese un ma\u00f1ana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gustave Caillebotte. 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