{"id":932,"date":"2019-09-08T06:45:00","date_gmt":"2019-09-08T06:45:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-30T11:29:46","modified_gmt":"2022-06-30T11:29:46","slug":"email-del-8-de-septiembre-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldespotricadoranhedonico.es\/index.php\/2019\/09\/08\/email-del-8-de-septiembre-2019\/","title":{"rendered":"Email del 8 de septiembre 2019"},"content":{"rendered":"<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/1.bp.blogspot.com\/-KVhbuBGETp4\/XXSiwM7QfVI\/AAAAAAAAhBc\/uThNE1ibOYU6vlxViHzhnKmOmgNb2rAZwCLcBGAs\/s1600\/Charles%2BMartignette.%2BCrack%2BDetective%252C%2Bpulp%2Bcover%2B%25281943%2529.jpg?ssl=1\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" data-original-height=\"964\" data-original-width=\"700\" height=\"400\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eldespotricadoranhedonico.es\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/Charles2BMartignette.2BCrack2BDetective252C2Bpulp2Bcover2B252819432529.jpg?resize=290%2C400&#038;ssl=1\" class=\"wp-image-933\" width=\"290\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: xx-small;\">Charles Martignette. <i>Crack Detective, pulp cover <\/i>(1943)<\/span><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>\n<i>Los casos de El churrero casta\u00f1ero ambulante Garc\u00eda P\u00e9rez: El caso de las dos canciones.<\/i><\/p>\n<p>\n\u2014Era un ni\u00f1o bastante travieso. Supongo que como todos los chiquillos a esas edades. Cuando me rega\u00f1aban mis padres sol\u00eda quedarme en mi cuarto jugando con los madelmanes, pero en ocasiones abr\u00eda la ventana y contaba la gente que pasaba por debajo. Cada vez que pasaba la cabeza n\u00famero 11, ya fuera de un se\u00f1or, una se\u00f1ora, un anciano, ya sabe, yo le echaba un gapo. A veces fallaba el intento, pero con la pr\u00e1ctica llegu\u00e9 a convertirme en una escupidor profesional con un \u00edndice de acierto que rondaba el 100%. En ocasiones algunas de esas dianas m\u00f3viles notaba que le hab\u00eda ca\u00eddo algo y miraba hacia arriba pero siempre, y repito siempre, se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez, segu\u00edan su camino. Quiz\u00e1 llevaban mucha prisa o puede que creyesen que era el excremento de un ave. Nunca lo supe. \u00a1Hasta el d\u00eda en que cumpl\u00ed 11 a\u00f1os! Lo recuerdo como si fuera ayer. Y todav\u00eda se me eriza el vello. Mire, se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez, mire mis brazos&#8230;<br \/>\n\u2014Con-ti-n\u00fae, por favor&#8230;<br \/>\n\u2014Ese d\u00eda, quiero decir, despu\u00e9s de que terminara la fiesta de cumplea\u00f1os y de que se marcharan con sus padres mis compa\u00f1eros del cole, le ped\u00ed a mi madre que me dejara terminarme las dos o tres raciones del pastel antes de la cena. Ella, por supuesto, me dijo que ya hab\u00eda comido demasiado chocolate y que ya me lo zampar\u00eda al d\u00eda siguiente. Yo me encabrit\u00e9 y termin\u00e9 castigado en mi cuarto y jugando a mi juego de la ventana a toda prisa pues quedaban un par de horas de luz a lo sumo. Era julio. Julio de 1977. Escup\u00ed a diez, posiblemente 11 personas y luego me tumb\u00e9 sobre la cama. Recuerdo que pens\u00e9 en el numero 11 y cuando me cans\u00e9 de ese pensamiento num\u00e9rico medit\u00e9 acerca de lo que suceder\u00eda el d\u00eda en que alguien subiera con el sombrero mojado en una mano a ajustar cuentas con mi madre por haber parido a un hijo tan repugnante.<br \/>\n\u2014\u00bfLe sucede algo? Le a-ca-ba de cambiar la cara. \u00bfEst\u00e1 en con-di-cio-nes de seguir el relato, se\u00f1or Lorenzo Al-cai-de?<br \/>\n\u2014S\u00ed, se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez. Lo \u00fanico que recuerdo es que despert\u00e9 atado sobre el suelo, pero no estaba en mi cuarto. Mir\u00e9 alrededor y no reconoc\u00ed la estancia, vac\u00eda por completo de muebles u objetos. Grit\u00e9 pidiendo ayuda a mi madre y a mi padre, pero nadie me hizo caso. De repente entr\u00f3 un hombre vestido de negro de pies a cabeza con una capucha cuyos dos agujeros para los ojos me recordaron unas canicas. El tipo, que ten\u00eda una fuerza descomunal, me levant\u00f3 a pulso y me traslad\u00f3 a otra habitaci\u00f3n cuyos \u00fanicos muebles eran dos sillas y una especie de madera clavada a un lado de una de las paredes y que ten\u00eda cuatro argollas.<br \/>\n\u2014Sin-ce-ra-men-te, se\u00f1or Alcaide, dudo que esa his-to-ria, realmente es-pe-luz-nan-te sirva para ayudarnos con este caso, pero le ruego que con-ti-n\u00fae&#8230;<br \/>\n\u2014El tipo me at\u00f3 con las argollas y comenz\u00f3 a hablarme. Su voz era nasal y extra\u00f1a. Una de esas voces que nunca se olvidan. Me dijo que la tarde anterior, mientras caminaba tranquilamente por la calle de los Santos le cay\u00f3 algo en la cabeza. Algo caliente y repugnante. Luego, mientras hac\u00eda unos movimientos realmente raros con las manos me pregunt\u00f3 si conoc\u00eda esa calle. Yo le dije que era la calle donde viv\u00eda y el respondi\u00f3 con un \u00abaj\u00e1\u00bb que me dejo petrificado. En ese instante entr\u00f3 otra figura vestida de negro y con la capucha ladeada. Por la forma de su cuerpo coleg\u00ed que era una mujer. En sus brazos tra\u00eda una chaqueta. El hombre se la quit\u00f3 de las manos con muy poca delicadeza y me la acerc\u00f3 hasta la cara. Yo lloraba pero \u00e9l segu\u00eda intentando que la chaqueta traspasara mi cabeza. Al final estall\u00f3 y gritando como un poseso me acus\u00f3 de haberle escupido a su chaqueta. Su chaqueta nueva. A su chaqueta reci\u00e9n comprada en Galer\u00edas Preciados. Despu\u00e9s, su rabia se transform\u00f3 en paz y me dijo que mi castigo ser\u00edan dos canciones. Yo no entend\u00eda nada. La mujer sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n y regres\u00f3 al poco tiempo arrastrando un carrito de madera con un tocadiscos y dos peque\u00f1os altavoces. Luego sali\u00f3 el hombre y volvi\u00f3 a entrar con un vinilo sencillo de 45 RPM en las manos. La mujer lo cogi\u00f3 reverencialmente, lo coloc\u00f3 sobre el tocadiscos, se agach\u00f3, enchuf\u00f3 este a la luz, sali\u00f3 del cuarto y cerr\u00f3 la puerta.<br \/>\n\u2014Es-pe-re, se\u00f1or Al-cai-de. Le traer\u00e9 un vasito de agua&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1No! Necesito continuar. El tipo&#8230; el tipo puso en marcha el aparato y una extra\u00f1a m\u00fasica que en esos instantes me record\u00f3 a la que tocaban los grupos en las verbenas de mi pueblo comenz\u00f3 a inundar el cub\u00edculo. Por supuesto, era un pasodoble. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde descubr\u00ed su t\u00edtulo: <i>Churumbeler\u00edas<\/i>, de Emilio Cebrian.<br \/>\n\u2014\u00bfChu-rum-be-le-r\u00edas?<br \/>\n\u2014Churumbeler\u00edas, se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez. No llevar\u00eda el disco ni cinco segundos en marcha cuando este&#8230; este enfermo mental, se puso a bailar de una manera afectad\u00edsima. Cada vez que las notas enf\u00e1ticas resonaban, \u00e9l me pegaba una hostia manteniendo el ritmo perfectamente. A veces me golpeaba en la cara, otras en el est\u00f3mago e incluso en.. en los test\u00edculos. Cuando termin\u00f3 la canci\u00f3n, entr\u00f3 su compa\u00f1era, y aplaudi\u00f3. Su aplauso era como el de una ni\u00f1a muy peque\u00f1ita a la que acaban de regalarle una mu\u00f1eca nueva. Todav\u00eda puedo verla aplaudiendo. Despu\u00e9s del aplauso el tipo me agarr\u00f3 del pelo y me grit\u00f3 que esa hab\u00eda sido la primera canci\u00f3n y que ahora ven\u00eda la segunda. La mujer quit\u00f3 el disco del fon\u00f3grafo y sali\u00f3 con \u00e9l. No tard\u00f3 ni un minuto en regresar con otro. Lo puso sobre el plato del tocadiscos y le dio al play al mismo tiempo que entraban seis figuras vestidas igual que ellos y una s\u00e9ptima vestida de rojo. Esta \u00faltima, que era otra mujer, se sent\u00f3 sobre una de las sillas mientras el tipo, la tipa y el resto de psic\u00f3patas danzaban la segunda canci\u00f3n.<br \/>\n\u2014\u00bfEra otro pa-so-do-ble?<br \/>\n\u2014No. Esta vez fue un bolero. Nunca descubr\u00ed su t\u00edtulo. La cosa&#8230; la cosa, se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez fue igual que con el pasodoble. Todos bailaban y me pegaban. Bailaban y me pegaban. Al fin termin\u00f3 la jodida m\u00fasica y el tipo me dijo que ya hab\u00eda pagado el precio. Sin embargo la mujer roja se levant\u00f3 de un salto de la silla y pidi\u00f3 un peque\u00f1o bis. El jefe se lo pens\u00f3 durante tres o cuatro segundos y acept\u00f3. Otra vez lo mismo. Todos volvieron a bailar y me volvieron a pegar. Esta vez incluso la bruja de rojo se acerc\u00f3 y me meti\u00f3 su dedo indice en un ojo.<br \/>\n\u2014Es in-cre\u00ed-ble lo que me esta con-tan-do.<br \/>\n\u2014Lo siguiente que recuerdo es que la cara de un polic\u00eda estaba pegada a la m\u00eda mientras me preguntaba si me encontraba bien y d\u00f3nde viv\u00eda. Durante un par de d\u00edas los polis hicieron como que cre\u00edan mi historia, pero al poco tiempo nadie le dio importancia. Se supone que yo me hab\u00eda escapado de casa enfadado porque mi madre no me hab\u00eda dejado comer la tarta y me hab\u00eda perdido y ca\u00eddo. \u00bfSe lo puede creer? As\u00ed sucedi\u00f3 todo. Pasaron algunos a\u00f1os&#8230; para ser exactos 11. Me encontraba en casa de unos amigos cuando por alguna raz\u00f3n me entraron ganas de asomarme a la ventana de la salita. Mientras contemplaba a los puntitos pasar por debajo se me ocurri\u00f3 escupir a uno de ellos. Luego entr\u00e9 en la habitaci\u00f3n de mi compa\u00f1ero y seguimos con nuestras cosas. Le digo, se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez lo mismo que le cont\u00e9 antes: lo \u00fanico que recuerdo es que despert\u00e9 atado sobre el suelo de una habitaci\u00f3n que me recordaba al de otra habitaci\u00f3n del pasado. De hecho era la misma habitaci\u00f3n y la figura de negro de pies a la cabeza que me observaba embutido en las argollas era la misma que casi me mata unos pocos a\u00f1os antes. Su cabeza se acerc\u00f3 a la m\u00eda y su misma voz nasal me record\u00f3 que las casualidades existen y que el mero acto de <i>ser <\/i>y <i>estar<\/i> ya es de por s\u00ed una casualidad. Luego me relat\u00f3 una historia sobre alguien que en una ocasi\u00f3n hab\u00eda encontrado a su hermano 11 veces, o algo parecido, y en cada una de esas 11 veces lo hab\u00eda perdido tres veces. El cuento me pareci\u00f3 una especie de delirio de borracho y as\u00ed se lo dije.<br \/>\n\u2014Su-pon-go que le volver\u00eda a a-zo-tar&#8230;<br \/>\n\u2014No. En lugar de eso llam\u00f3 a la otra psic\u00f3tica y compa\u00f1era de martirio que entr\u00f3 con el carrito preparado y un disco en marcha funcionando. \u00a1Reconoc\u00ed inmediatamente la canci\u00f3n! Era <i>Hilo de seda<\/i> de los Pekeniques. Mientras ambos danzaban y me pegaban, el tipo me record\u00f3 que el castigo volv\u00edan a ser dos canciones.<br \/>\n\u2014Es to-tal-men-te incre\u00edble&#8230; Siga, siga, se lo ruego en-ca-re-ci-da-men-te.<br \/>\n\u2014Cuando la \u00faltima nota del tema se desvaneci\u00f3, el tipo se qued\u00f3 como petrificado y en \u00e9xtasis, mientras su cong\u00e9nere abr\u00eda la puerta y entraban las seis figuras de negro y la enjuiciadora rojiza, que como en la anterior vez se sent\u00f3 en una de las dos sillas. La m\u00fasica comenz\u00f3. El baile comenz\u00f3. Los golpes comenzaron. La melod\u00eda me sonaba por entonces y me sigue sonando hoy en d\u00eda, aunque todav\u00eda no he llegado a saber su t\u00edtulo y autor. Solo recuerdo que la canci\u00f3n era larga. \u00a1Muy larga! Supongo que recib\u00ed tantos golpes que en un momento dado perd\u00ed el conocimiento. Cuando lo recuper\u00e9, la verduga de rojo discut\u00eda con el resto sobre la posibilidad de pedir uno o dos bises. Lo que sucedi\u00f3 a continuaci\u00f3n&#8230; nunca&#8230; nunca pude recordarlo. Cuando abr\u00ed los ojos estaba en un hospital y una monja llena de arrugas me sonre\u00eda.<br \/>\n\u2014Su re-la-to, se\u00f1or Alcaide es sensacional. Y a-te-rra-dor. \u00bfPero sigo sin ver una concordancia con el a-se-si-na-to a sangre fr\u00eda que usted llev\u00f3 a cabo ayer?<br \/>\n\u2014Se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez. Usted tiene fama como churrero casta\u00f1ero y como investigador aficionado. La prueba es que la Polic\u00eda de cualquier provincia de cualquier autonom\u00eda le deja participar en sus casos. Desde luego de modo extraoficial&#8230;<br \/>\n\u2014Por su-pu-es-to. Pero no com-pren-do d\u00f3nde quiere usted llegar a parar&#8230;<br \/>\n\u2014Supongo que siendo tan respetado debe ser una persona completamente abierta&nbsp; a las circunstancias que se esconden dentro de cada caso.<br \/>\n\u2014Bueno, se\u00f1or Al-cai-de, as\u00ed es&#8230;<br \/>\n\u2014Ayer por la tarde me encontraba en ese bar&#8230; en ese bar&#8230; donde yo&#8230; donde sucedi\u00f3 todo. Conmigo estaba Felipe. Supongo que ya lo habr\u00e1n interrogado.<br \/>\n\u2014\u00a1E-fec-ti-va-men-te!<br \/>\n\u2014Bien. Antes de acudir al bar yo&#8230;<br \/>\n\u2014\u00bfS\u00ed?<br \/>\n\u2014Unas horas antes. Yo&#8230; \u00a1Pues eso! Me aburr\u00eda y hab\u00eda abierto la ventana del comedor de mi casa. Es un octavo piso, sabe.<br \/>\n\u2014\u00bfNo me di-ga que volvi\u00f3 a ha-cer-lo?<br \/>\n\u2014Me aburr\u00eda. Ya hab\u00edan pasado muchos a\u00f1os desde el segundo encuentro&#8230; \u00a1Lo siento! Solo escup\u00ed una vez. Me fije en la trayectoria del esputo y en la persona que lo recibi\u00f3 sobre la espalda. Luego, por la tarde, como usted ya sabe, qued\u00e9 en el bar con mi colega. Todo transcurr\u00eda con completa normalidad y nos est\u00e1bamos divirtiendo un mont\u00f3n. De repente un hombre de unos 70 a\u00f1os y una mujer un poco m\u00e1s joven se sentaron en la mesa contigua. Durante un rato no dejaron de mirarme pero pronto se pusieron a conversar. \u00a1Esas voces! \u00a1Le juro por lo m\u00e1s sagrado que esas voces eran las de ellos! \u00a1Eran mis captores! \u00a1La pareja de jefes supremos que me martirizaron dos veces seguidas en dos ocasiones separadas por el tiempo \u00bfNo se da cuenta? Las casualidades. \u00a1Las putas casualidades! Cada vez que escup\u00eda desde una ventana&#8230; el gargajo&#8230; el gargajo ca\u00eda sobre este tipo. Ayer por la ma\u00f1ana lo volv\u00ed a hacer y ahora estos dos vengadores&#8230; estaban a mi lado. \u00bfNo lo comprende? Dos m\u00e1s dos son cuatro. Era cuesti\u00f3n de minutos que todo volviera a repetirse. \u00a1Los bailes! \u00a1Los golpes! \u00a1Las canciones! \u00a1Los seis danzantes! \u00a1Y la reina roja!<br \/>\n\u2014Com-pren-do&#8230;<br \/>\n\u2014Por esa raz\u00f3n agarr\u00e9 con fuerza el cuchillo con una mano y el tenedor con otra, me dirig\u00ed hacia ellos y termin\u00e9 tronch\u00e1ndolos como a dos mu\u00f1ecos de pl\u00e1stico. Mientras les clavaba los cubiertos por todas las partes de sus cuerpos no dejaba de preguntarles d\u00f3nde estaban la reina roja y el resto del grupo de danzadores.<br \/>\n\u2014Se\u00f1or Lorenzo Alcaide. El hombre al que usted propin\u00f3 76 cuchilladas era mudo. Su mujer, que recibi\u00f3 un total de 24 pu\u00f1aladas, era ciega. Ambos se hab\u00edan reunido en ese establecimiento para celebrar sus bodas de plata.<br \/>\n\u2014Se\u00f1or Garc\u00eda L\u00f3pez&#8230;<br \/>\n\u2014Es&nbsp; P\u00e9rez Garc\u00eda&#8230; quiero decir, ejem&#8230; Gar-c\u00eda P\u00e9-rez.<br \/>\n\u2014Se\u00f1or Garc\u00eda P\u00e9rez. \u00a1Le digo que eran ellos! \u00a1Le juro que eran ellos! Les escuch\u00e9 hablar! \u00bfC\u00f3mo que era mudo? \u00a1Esto es un complot! \u00a1Una confabulaci\u00f3n!<br \/>\n\u2014No es ninguna con-fa-bu-la-ci\u00f3n, se\u00f1or Alcaide.<br \/>\n\u2014\u00a1Lo es! \u00a1Lo es! Ya lo entiendo todo. \u00a1Ahora lo veo claro. \u00a1Usted es la reina roja! \u00a1Usted es la reina roja! Oh Dios m\u00edo de mi vida. \u00a1Nadie puede ayudarme! \u00bfEs que ning\u00fan maldito hijo de puta va a ayudarme?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Charles Martignette. Crack Detective, pulp cover (1943) Los casos de El churrero casta\u00f1ero ambulante Garc\u00eda P\u00e9rez: El caso de las dos canciones. \u2014Era un ni\u00f1o bastante travieso. Supongo que como todos los chiquillos a esas edades. 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