
Tengo 60 años. A menudo me pregunto cuál es el acto más extravagante y extraño que he cometido en todo este tiempo. La respuesta siempre es la misma. Todo sucedió hace algunas décadas. Un día en que me encontraba más aburrido que de costumbre me metí en una iglesia y luego en un confesionario y me hice pasar por sacerdote. La primera persona que vino a confesarse era una mujer de mediana edad que me reveló alguno de sus últimos pecados. Tras ella se arrodillaron otros pecadores de ambos sexos y vomitaron toda su mierda. A todos les proporcioné unas penitencias adecuadas y terminé absolviéndolos. Me disponía a salir del confesionario cuando se arrodilló un tipo raro con una voz más rara todavía.
TIPO RARO: Ave María Purísima.
YO (UN TIPO MENOS RARO): Ejem, …sin pecado concebida.
TIPO RARO: En el nombre del Padre y del Hijo… y también del Espíritu Santo.
YO: El Señor esté en tu, ejem, corazón. Confiesa tu mier… tus pecados, hijo mío…
TIPO RARO: Verá, padre… Yo… El martes, no, no, el miércoles, me encontraba intentando calibrar un presostato cuando sentí la necesidad compulsiva de interrumpir la calibración.
YO: Continúa, hijo mío…
TIPO RARO: Una vez suspendida me sentí un jodido pusilánime y reanudé mi trabajito con el interruptor de presión. Sin embargo de nuevo apareció ante mí esa maldita obligación coercitiva y volví a detener la ocupación. Estuve así, reanudando y paralizando, hasta que llegó un punto en el que me importaba una mierda disfórica…
YO: ¡Esa boquita!
TIPO RARO: Perdón, padre. Como le decía, llegó un punto en el que me importaba poco o nada el presostato y decidí que lo mejor para calmar mis nervios sería rebanar el cuello de alguien…
YO: ¿Cómo dices?
TIPO RARO: ¡Como lo oye, padre, así que me dirigí al parque y le metí 76 puñaladas a un sintecho. Lo hubiera acuchillado muchas más veces pero sentí la misma necesidad de interrumpir el ensañamiento. ¿Me escucha, padre?
YO: Cre… creo que sí…
TIPO RARO: Luego me dirigí a una fuente pública y me lavé las manos, pero no quedaron limpitas del todo por la puta necesidad de interrupción de los cojones. Sí, ¡de los cojones! Intentando que nadie reparara en las manchas rojizas que se repartían por mi ropa me encaminé a un puticlub en el que sabía que había putas que estaban de oferta ese día, pero por supuesto no llegué. Luego me tumbé boca abajo en un banco cerca de una acera. Me hubiera gustado tumbarme boca arriba pero sabía que si lo hacía se interrumpirían mis movimientos y me quedaría de lado.
YO: Creo que me tengo que ir, hijo… He de comprar macarrones y…
TIPO RARO: La realidad… la maldita realidad me recuerda continuamente quién soy… ¡y quién no soy! Mi vida está tan vacía como las de cualquiera de ustedes, curas, monjas y religiosos del montón. Por eso he venido a que me escuche. ¡Y me va a escuchar! Ya he matado varias veces, poco me importa clavarle el destornillador que llevo en el bolsillo en un ojo.
YO: Tran… de… debes tranquilizarte, hijo… ¿mío? ¡Y yo… yo también! ¿Por qué no vas a tu casa y rezas 25 padrenuestros y 15 avemarías… Bueno, po, podemos dejarlo en dos y dos… ¿te parece?
TIPO RARO: Mi padre pegaba a mi madre. Mi madre me pegaba a mí. Yo pegaba a nuestro perro, Siro. Mi padre también nos pegaba a mí y a mi perro, Siro. Mi perro Siro le mordió una vez en la rodilla a mi madre. Mi madre me culpó a mí. Yo le pegué un buen palizón a Siro. Siro se meó en los calzoncillos de mi padre recién comprados. Los calzoncillos amarillearon. Mi padre se volvió loco y a partir de entonces se hizo ladrón, pero solo robaba calzoncillos…
YO: Verás, hijo…
TIPO RARO: Cuando cumplí los 18 me largué de esa casa y empecé a trabajar en Galerías Preciados. En la sección de ropa interior masculina. Todos los días pasaban por mis manos cientos de calzoncillos y mis recuerdos familiares se hicieron insoportables. Un día en que ya no pude aguantar más estrangulé a unas bermudas azules con tan mala suerte que me vieron dos compañeros y el encargado. Me despidieron. A partir de entonces mi vida ha ido cuesta abajo. ¿Sabe, padre? hay una parte de mí superior, infinita, tenebrosa y desconocida…
Mientras el tipo continuaba con su perorata gimoteante yo me escabullí como pude y tratando de no ser visto y salí del Templo de Dios. Me apoyé sobre la verja que rodeaba la parroquia y traté de encenderme un cigarro, pero mis manos bailaban como una cacatúa. De repente levanté la mirada y vi salir a ese… a ese repugnante asesino. Cuando logré tranquilizarme un poco, y a pesar de que siempre me había considerado un ateo redomado, decidí volver a entrar y confesarme. Confesar que hacía un ratito había confesado a un psicópata.
YO: Ave María Purísima. Sin pecado concebida.
PÁRROCO: Perdona, pero la segunda parte la he de decir yo.
YO: Perdone drape, di digo padre. Estoy muy nervioso.
PÁRROCO: Comencemos otra vez.
YO: Ave María Purísima.
PÁRROCO: Sin pecado concebida. Cuéntame tus pecados…
YO: Padrehaceunratoheconfesadoaunasesinoselojuropordios
PÁRROCO: Por favor, Despacio. Tranquilízate. Confesarte no te va a doler nada, te lo aseguro.
YO: Hace un rato entré y me metí y se arrodilló él y tenía un destornillador y…
PÁRROCO: O te calmas o te largas. Así de clarito.
YO: Pedra, papa… padre, hace un rato me colé y me metí en ese confesionario de allí, el tercero por la izquierda. Me hice pasar por sacerdote y confesé a varios, ejem, feligreses…
PÁRROCO: ¿Pero qué cojones…? Perdón. Perdón. ¿Pero qué me estás contando?
YO: Se lo juro, padre…
PÁRROCO: ¡Aquí no jura nadie! Continúa…
YO: Pues eso, confesé a varias mujeres y les impuse las penitencias…
PÁRROCO: ¿Les impusiste las penitencias? ¡Nunca había escuchado nada parecido! ¿Qué penitencias?
YO: Bueno a una 30 padrenuestros. A otra 15 padrenuestros y 30 avemarías. A otra…
PÁRROCO: ¡Basta! ¡Basta!
YO: Pero las penitencias no son lo que me quita el sueño…
PÁRROCO: Vaya, así que imponer penitencias te reconforta…
YO: Padre, ¡escúcheme! Luego, cuando me iba a marchar vino un tipo extraño que confesó que acababa de matar a alguien y que era una pena de tío porque no podía acabar lo que empezaba…. y yo me volví loco. ¡Me volví loco, Padre!
PÁRROCO: A ver si lo adivino. Te dijo que estaba arreglando un cacharro o algo parecido y no podía acabar por culpa de sus cambios impulsivos, ¿no? Luego añadió que siempre que acababa matando a alguien era porque era la única manera de tranquilizarse. ¿Es así? Y más tarde expresó su deseo de irse a un club de alterne para…
YO: Dios mío. Creo que estoy volviéndome loco… ¡Usted! ¡Usted Padre es también un asesino! ¡Todos son unos asesinos!
PÁRROCO: Deja de decir animaladas. Y compórtate. ¡Estamos en un templo cristiano, no en un mercadillo de baratillo! A ver, ese hombre era alto, calvo y llevaba barba blanquecina y rala, ¿no es así?
YO: ¿Co, co, co, cómo lo sasabe, sa, sabe?
PÁRROCO: Ese pobre hombre se llama Bartolomé y… bueno… no está bien. Hace muchos años que no está bien. En su juventud fue actor. Y dicen que de los mejores. Sin embargo su vida cambió. Alguien, nunca se supo quién, le intentó estrangular con su propia ropa interior. ¡Como lo oyes! Y casi lo consigue. Desde entonces ha estado entrando y saliendo de pabellones psiquiátricos. A menudo viene por aquí y se confiesa. Siempre la misma confesión. Nosotros le dejamos y lo absolvemos. Al fin y al cabo cuesta tan poco absolver en esta vida.
YO: Me…
PÁRROCO: ¿Me?
YO: ¿Me está diciendo que todo ha sido una especie de montaje psicótico?
PÁRROCO: No. Le estoy diciendo que ese pobre hombre necesita ser escuchado. Y que aquí lo escuchamos. ¡Siempre!
YO: Me…
PÁRROCO: ¿Me?
YO: Me largo de aquí. Están todos locos. ¡Nunca debí venir a confesar a nadie!
Sigo teniendo 60 años. Bueno ahora tengo sesenta años y un par de horas más. Y continúo siendo un maniático del orden, cinomaniático, feo y poco locuaz, que padece del colon sigmoide. Me gusta vestir descuidadamente aunque siempre me gasto un pastón en sombreros que nunca me pongo. ¿Eso me hace más vulnerable? ¿Eso me hace más vulnerable? Por favor, que alguien me explique si eso me hace más vulnerable…