Email del 31 de Julio 2011
Te voy a relatar mi sueño de hoy:
Me encuentro sentado en un banco del parque cuando de repente 22 chicas se ponen a bailar y cantar la canción de Tampax justo detrás de mí. El baile me violenta y decido trasladarme al Fnac a comprar un libro. Una vez allí, dos policías que salen de la nada me transportan corriendo y de los brazos rápidamente al wc, mientras uno de ellos me susurra al oído: «con micralax esto no te hubiera pasado». Una vez dentro del excusado aprovecho para mirarme al espejo, pero sólo se refleja la imagen de una maruja con rulos en el pelo que me dice medio cantando: «Wiiiiipp expreeeeeess». A estas alturas del sueño me despierto sudoroso y con dolor de tronco linfático y no puedo seguir pegando ojo.
Cualquier psiquiatra que se precie me diagnosticaría un exceso de anuncios televisivos, el problema es que no veo la tv, por lo menos conscientemente, pero sí suelo tenerla encendida a veces mientras hago cosas por la casa. Es increíble el poder de nuestro cerebro, que absorbe información inútil incluso en estado de reposo vegetativo, que es el estado en que mi cortex se sume cuando limpio, barro y adecento mi sweet home. Por lo menos debería dar gracias a ese Dios inexistente por no haber soñado con pérdidas de orina o pegamento para dentaduras postizas; aunque a veces he soñado cosas peores. Una noche soñé que me casaba de penalti con una mosca ninfómana que escuchaba a todas horas a Julio Iglesias.
A veces me pregunto si detrás de los sueños existe verdaderamente un significado aplicable a la conducta individual. Según Freud, la respuesta es un simple pero directo adverbio afirmativo, pero yo difiero con esta eminencia. Los sueños sólo son el resultado de una digestión; no es lo mismo soñar con amazonas desnudas con sus cuerpos cubiertos de aceites corporales que hacen brillar sus perfectas y bronceadas dermis que soñar con María dolores de Cospedal en posición de decúbito supino mientras Esteban González Pons oficia una misa negra con una daga en la mano derecha. El primero sería el fruto de una frugal pero sabrosa ingesta de tortilla, ensalada, kiwis y agua mineral ferruginosa, mientras el segundo seguramente estaría inducido por comer a horas intempestivas dos platos de cocido madrileño, 3 filetes de ternera casi crudos, 4 naranjas de la China y 3 vasos de vino rosado de brik marca Don Simón.
Como tu CI es altísimo, casi rozando el cenit celeste, estoy seguro de que comprenderás este pequeño razonamiento acerca de los sueños y sus consecuencias, el papel que en ellos desempeña el hipotálamo y sobre todo el poco valor testimonial que representan.
Email del 31 de Julio 2011 Leer más »







