febrero 2012

Email del 29 de febrero 2012

René Magritte, Le masque vide. 1928

Querida amiga:

Un conocido mío dotado de una pertinaz sequía intelectual me ha desafiado a que esté 3 meses sin hablar, y como no me gusta llevar la contraria a ningún animal y para demostrar(me) que puedo estar a su ¿altura?, he decidido aceptar el reto. Total, siempre he pensado que la comunicación verbal nos embrutece y que sin duda alguna ganamos un montón cuando permanecemos con las bocazas selladas. De ahora hasta finales de mayo sólo voy a comunicarme por medio de anagramas con el resto de mortales, exceptuándote a ti, pues no te vas a librar tan fácilmente de esta serie de emails sin rumbo aparente, pero escritos de una manera perfectamente comprensible.

Como me gusta estar preparado para esta clase de vida moderna, vacía y al mismo tiempo desquiciante, he diseñado varios anagramas en una serie de tarjetas de 15×10 cm para ir a comprar y relacionarme con la plebe sin tener que articular palabra alguna.

Por ejemplo, para pedir el pan en el horno quedaría algo así:
«Interrogativamente defensora cross spray plan sus»
(Por favor, me das tres panes integrales y un croissant.)

Si tuviera que comprar calzoncillos en la merceria el resultado sería este:
«Desoxirribonucleico trasplantada aquello colon zam lo»
(Quiero dos calzoncillos tipo boxer marca Unno de la talla 56.)

O si por una de aquellas necesitara injuriar a un gilipollas de esos que abundan tanto le pasaría la tarjeta en la que muy claramente se puede leer:
«Cefalorraquideo desechable gamma miss semi psi»
(Eres más imbécil que los amigos fachas de mi padre.)

Como verás lo tengo todo muy bien planeado y supongo que con las casi 400 fichas que me he fabricado puedo llegar hasta la fecha límite de la apuesta sin que me encierren en un frenopático estatal o lo que es peor, me otorguen el premio Nobel de  las ciencias sociales. De momento, la única prueba que he hecho no me ha salido mal. Ha sido hace unas dos horas con la señora que limpia el patio. Te transcribo la conversación, si es que puede llamarse así. Has de tener en cuenta que yo no he articulado palabra, sólo he entregado tarjetas, recuérdalo…

SEÑORA DE LA LIMPIEZA (Cantando): Lorailoooooo, qué limpito me queda el pasamanoooooooos….
YO: ¡Bidon esa su! (Buenos días)
SEÑORA DE LA LIMPIEZA: ¿Cómoooooo?
YO: ¡Bidon esa su! (Buenos días)
SEÑORA DE LA LIMPIEZA: ¿Se encuentra bien? ¿Por qué me da estos papelitos raros?
YO: Esternocleidomastoideo independientemente abarquillada amurallar apiñar haya ira puf uña u (Cada día limpia peor. En la esquina inferior de mi puerta hay una telaraña del tamaño de un trolebus).
SEÑORA DE LA LIMPIEZA: ¿Se está quedando conmigo? Yo no sé inglés….
YO: Anticonstitucional condensabilidad encapricharse arsenal rele ese e (La inherencia conceptual no abstrae la realidad tal y como la conforman nuestros pensamientos).
SEÑORA DE LA LIMPIEZA: ¡Jesús!
YO: Comprendida foque que he vi e (Perdón, me equivoqué de ficha) Despersonalizacion estalagmita papeleo emu (No pienso pagar este mes la cuota de la limpieza).
SEÑORA DE LA LIMPIEZA: Perdone señor, pero usted está majara.
YO: ¡Bidon esa su! (Buenos días).

Mientras me alejaba, he visto cómo la mujer se santiguaba y eso me ha recordado que tenía una ficha con insultos para el párroco de la iglesia de mi barrio, así que me he dirigido hacia ese infecto lugar y he depositado una tarjeta en el buzón de la sacristía. En la nota podía leerse:
«Misericordiosamente descargador dije judo haz ohm phi (Deje de sodomizar muchachitos grandísimo hijo de perra).»

Bueno, eso es todo por hoy, mañana será otro día; si me encuentro despejado y sexi te contaré cómo ha terminado la jornada y si todavía conservo todos los dientes en su sitio.

Besos y abrazos.

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Email del 27 de febrero 2012

Glenn Brown, Assylums from mars.  2008

Hola amiga mía:

Pronto empezará esa fiesta absolutamente despreciable y fascista eufemísticamente denominada fallas -aunque entre mis amigos y yo la conocemos como «Reich valenciano» o BAT (Buñolada aceitosa totalitaria)-, en la que como todos los años la capital y algunos pueblos se entregarán a los falleros para que hagan lo que quieran con las calles y se pasen la libertad individual de los vecinos que habitan en ellas por el arco del buñuelo o por el forro del refajo. Dentro de unos pocos días todo o casi todo estará permitido, sobre todo si perteneces al clan que venera, reverencia e idolatra esta celebración desvirtuada.

El verdadero problema existe para el inmenso número de habitantes que trabajamos y deseamos dormir placenteramente sin que los gritos de éxtasis estultícico producidos por las acémilas asistentes a las verbenas garrulas y anacrónicas enturbien nuestros sueños hasta las seis de la madrugada. O que después de intentar dormir dos tristes horas somos despertados por una miasma de oligofrénicos babosos y sus buenos amigos, los petarditos y masclets, en una especie de orgía cenutria a la que graciosamente bautizan como «despertá». O que no podemos bajar a nuestras mascotas o abuelas a darse un paseíto por miedo a que los pongan en órbita de un cohetazo.

Si las molestias sólo fueran las anteriormente citadas aún podríamos callarnos y dejarles conmemorar su «semana de los cristales rotos» tragando saliva y al mismo tiempo trankimazines con tila mientras tratamos de evadirnos de su grotesco nirvana particular por medio de la meditación trascendental acelerada o el yoga avanzado y con tapones para los oídos. Pero todos sabemos que la liturgia de la peineta es mucho más que eso; es machismo desmesurado, esa clase de actitud que excita a las féminas pertenecientes a la congregación, muy estimuladas por una beata, hipócrita, puritana y castrense ofrenda de flores agostadas y mucilaginosas a una virgen que no existe, mientras se afanan por fabricar lágrimas amañadas que ofenden a la dignidad humana y su supuesto status de animal evolucionado. Es el aroma de fritanga buñolera exasperante que inunda las calles y que perdura durante meses; aunque a ellos y ellas de alguna forma, les pone cachondos y les sirve para justificar su existencia, al resto de los mortales nos enferma y nos hace replantearnos el pertenecer al género Homo sapiens. Son los concursos de paellas callejeras -y su basura después-, cabalgatas insufribles, contaminación acústica insoportable, calles cortadas, suciedad, vómitos, orines y destrucción sistemática del «mobiliario urbano» de la conciencia ciudadana como forma de vida y dogma de fe, que transforma lo que fue una antigua y espontánea celebración pagana en un esperpento franquista que se reinventa constantemente y se alimenta de su propia porquería. Es autoritarismo, fanatismo, sectarismo, partidismo, favoritismo y otros muchos ismos, pero también intransigencia, intolerancia, obstinación y cobardía; en definitiva: gasto público absurdo e imbecilidad galopante a partes iguales.

Los residentes que no tenemos suficiente dinero para emigrar a Australia esos fatídicos días, o a los que sencillamente no nos da la gana evacuar la ciudad porque un inmenso puñado de fervientes inadaptados Josefinos quieran hacerla propia con la fuerza que les proporcionan los estamentos políticos, tenemos el derecho inapelable y la obligación moral de salir a las calles, sorteando con cuidado el fuego y la subnormalidad, y hacer valer nuestros derechos -también por las vías legales-, esos que hasta hoy mismo no nos pertenecen, simplemente por estar en desacuerdo con la forma extrema de solemnizar una inmensa mentira.

Saludos.

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Email del 26 de febrero 2012

Georgia O’Keeffe, Black Iris II. 1927

Amiga:

Ayer te comenté que iba a dedicar más tiempo a hablar con mis plantas y eso es lo que hice practicamente toda  la tarde y esta mañana durante un par de horas. Ha sido una conversación compleja, pues las Crassulas y los Sedums se han quejado con comedimiento y al mismo tiempo con energía inusitada acerca de la falta de agua y sobre todo la mala calidad de esta. Por otra parte y, me imagino que por llevar la contraria, los Senecios me han echado en cara que no son unos vulgares helechos y que si sigo empapándolos de la forma que lo hago me obsequiarán con un bonito Fusarium o una encantadora Phytophthora que me pondrá las cosas verdaderamente enrevesadas. Y es que cada familia es un mundo y ninguna está contenta con mis tratamientos invernales. Las Echeverias y los Kalanchoes han callado, seguramente por educación, y la Yucca se ha negado a dirigirme ni una mísera palabra. Menos mal que las Tillandsias han argumentado con cierto entendimiento no exento de ironía que mis cuidados han sido extraordinarios y los Aeoniums han secundado sus palabras, porque si no ahora mismo me encontraría en un estado semiparanoico indescriptible. Resulta complicado cuidar de doscientas macetas, sobre todo en un clima tan cambiante como el que tenemos este invierno en esta zona del mapa, por lo que creo que lo mejor será apuntar cuidadosamente los datos de riego y abono individualmente en una libretita de anillas para no volver a cometer los mismos errores.

En cuanto a las plantas de interior, mantengo una ligera controversia con las orquídeas que, ensimismadas en su hipnótica belleza y aprovechando la humedad imperante en la cocina, que es donde las cobijo, han decidido por unanimidad crecer preciosas y sublimes magnificando la fealdad del banco de mármol que las soporta, con  un sinfín de exóticas flores de todos los tamaños y sin rebajarse a pedirme absolutamente nada a cambio. Por otra parte las Chamaedoreas y las Dracaenas no dejan de lamentarse de su suerte, pues piensan que sólo tengo ojos para las Marantas y Calateas y que junto a los Potos y Ficus son los patitos feos de la colección y que ya no significan gran cosa para mí. ¿Y sabes qué? Creo que todas, absolutamente todas, tienen algo de razón, pues la abundancia de problemas, algunos pequeños y poco ruidosos y otros de un tamaño considerable y que se incrustan directamente en mi estómago, me impiden dedicarles el tiempo que estas amigas increíbles se merecen.

¡Queda tan poco para que caiga la primavera! No puedes llegar a imaginarte cuánto espero ese momento; estoy bastante cansado y deprimido por la falta de horas de luz y, sobre todo, por tener que llevar un montón de prendas de algodón o lana para proteger mi cuerpo del irritante e higrométrico frio. Necesito sentir el sol con toda su majestuosidad infinita; necesito contemplar a la gente caminando hacia ninguna parte vestida con todos los colores del arco iris. Estoy dispuesto a sufrir los picores epidérmicos que me produce el polen, estoy dispuesto a sufrir el calor pegajoso y muchas veces repugnante que encharca nuestros pensamientos e incluso la ropa, pero quiero que regrese el verano, por supuesto pasando por la primavera, y quiero que se queden para siempre o por lo menos que permitan al otoño comportarse de una forma más suave o benigna y que entre las tres estaciones impidan el paso al frío, a la nieve, a las ventiscas indefinidas y a la lluvia impetuosa y tenaz. Me encantan las tormentas, pero sólo cuando se producen en el estío y, me siento capaz de aguantar algún chaparrón extremo siempre que no me haga tiritar de frío o destroce las frondas de mis culantrillos o como vulgarmente se denominan, cabellos de Venus.

Besitos.

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Email del 25 de febrero 2012

Wilhelm Hammershøi, Interior of 30 Strandgade, 1906

Amiga:

Estoy en medio de lo que supongo se podría definir como una especie de fase pre-depresiva, por eso mis emails se distancian en el tiempo. Todos, absolutamente todos, hemos pasado una etapa parecida, algunos después de saborearla han decidido meterse de lleno en ella y transformar su existencia en algo mucho peor de lo que hasta entonces era. No es mi caso, estoy convencido de que saldré de esta mierda mucho más fortalecido y completo, con más energía y con algo de optimismo mejorado. Voy a dedicar todo mi tiempo libre a hablar con mis numerosas plantas, y sobre todo, a acabar el libro en el que estoy trabajando. Se titula «Trilogía aparentemente circunstancial» y, como su propio nombre indica, consta de tres sub-libros: 1) «Diario de un espástico emocional», 2) «Diario equipotencial» y 3) «Diario ad líbitum de un comedor ortoréxico de croissants». Los dos primeros diarios son serios y tratan sobre mi vida actual y la forma en que necesito sea mi futuro más próximo; el tercero es en clave de humor y versa sobre las formas en que transformo inconscientemente mis desgracias en lloriqueos continuos y somatizaciones constantes. Las tres subpartes están escritas, por supuesto, en primera persona y repletas de ensoñaciones, pseudo-filosofía y anhedonía. He elegido un fragmento de «El valle de los avasallados» (horrible traducción castellana para un título sensacional), primera novela del sublime Réjean Ducharme como prefacio para los tres textos, uno tan maravilloso que incluso me hace daño recordarlo:

«Sólo encuentro momentos verdaderamente felices en la soledad.
Mi soledad es mi palacio. Ahí tengo mi silla y mi cama, mi viento y mi sol. 

Cuando estoy sentada fuera de mi soledad,
estoy sentada en el exilio, estoy sentada en un país engañoso».

En estos instantes me siento como Bérénice, la niña prodigio protagonista de la novela de Ducharme, aunque sin su inconmensurable talento pero con su mismo «origen perdido y agresivamente apátrida». Supongo que como todos los que aún intentamos pensar un poco, sólo soy una víctima de los tiempos, que cambian a una velocidad de vértigo, pero no para bien, de eso estoy completamente convencido.

Desde que me conoces, sabes que tengo una parte interior que tiende al misantropismo más extremo como única forma de supervivencia; puedes llamarlo «instinto disfónico asténico» o simplemente tacharme de niñito mimado, perdedor y gimoteante, ambas definiciones son correctas y las acepto sin compasión. Lo que tengo claro es que he nacido en una época  a la que no pertenezco. Soy un accidente  en el espacio-tiempo, un error de concepción, el fracaso del sueño de mis parientes, amigos, conocidos o enemigos, porque ni siquiera en el papel de adversario he sabido desenvolverme. En resumidas cuentas: me siento incapaz de entender nada, ni siquiera cuando intento incrustarme en mi desgastado interior o, por supuesto, en el de los seres que amo o desprecio.

¿Cómo puedo entender esa pasmosa bipolaridad que alimenta con inusitado desdén mis intenciones más íntimas, mutándolas en sentimientos abstractos de culpa, conducta inestable y desconexión social? ¿Acaso trato por todos los medios de convertirme en un maniático individual como escape a una forma de vida en sociedad repleta de posesiones, engaños y traiciones, de la que reniego con todas mis fuerzas? Quizá debería desratizar mi cerebro, quizá debería fumigar mi ……. ¡quizá!

Mientras tanto, los días se descuelgan del calendario con una fuerza que me desanima, pues todos son una réplica exacta del anterior y aunque algunas veces percibo entre las sombras un intersticio de claridad combativa, lo relego al principio del final porque sencillamente no es del color y no tiene la textura o forma que me habían prometido y que propiciaron mi salida del útero. ¡Las promesas sólo existen en la percepción equivocada!

Besos.

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Email del 21 de febrero 2012

Lucio Fontana, «C S Attesa» 1965

Querida camarada:

Hasta ahora la comunidad valenciana era recordada, además de por la horchata, la paella y sus naranjos, por los casi 20 años de gobierno fascista -que entre otras muchas miserias nos ha regalado una cohorte de chorizos y ladrones con licencia para arramblar y derecho de absolución garantizado- y su sistemática destrucción de todo lo que oliese a verde o antiguo en favor de la horripilancia arquitectónica elevada a su potencia más pija y demencial. Pues bien, a partir de ayer se nos recordará tambien por la feroz represión ejercida por una policía dócil, obediente y falta de escrúpulos y por su delegada del gobierno… (AUTOCENSURADO).

Pegar a niños de menos de 20 años con porras, pelotas de goma y ferocidad inusitada debe poner cachondos a cierto tipo de estamentos inmorales. Y lo digo por los que dieron la orden y los que defendiendo sus tristes nóminas la ejecutaron. Por un momento me pareció que vivíamos con Franco y los derechos individuales y colectivos seguían prohibidos bajo pena de arresto, paseíllo o garrote vil.

Lo que más me molesta de esta situación es que los miserables que protagonizaron este descalabro a inocentes hoy aún siguen en sus puestos, incluso el desquiciado mando policial que tachó de «enemigos» a los manifestantes; lo que de verdad me jode de todo este atajo de ignorantes es que el señor Rajoy, líder de ese partido de salvación nacional con águila transmutada en gaviota y acostumbrado a esconder la barba debajo del ala al menor problema, ni siquiera va a regañar a esos políticuchos de tercera categoría que escudados en sus victorias en las urnas y repletos de cobardía e ignorancia están DESTROZANDO el lugar donde yo nací y todavía vivo, avasallando sin pudor ni recato a sus habitantes… (AUTOCENSURADO). Y que conste que no soy un chauvinista recalcitrante: tú me conoces, siempre me he considerado hijo del planeta antes que valenciano o español y siempre me sentiré mas alienígena que terrícola, pero después de la vil y repugnante represión de las últimas jornadas he decidido volver a la lucha.

En estos momentos siento una rabia tan extrema y peligrosa que incluso me impide escribir con precisión mis sentimientos acerca de toda esta mierda y los culos que la producen, por lo que voy a tratar de calmarme e implorar a la justicia ASTRAL, que estoy convencido de que existe, venganza a sangre y fuego. Como lo oyes…

Besos.

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Email del 18 de febrero 2012

Martin Kippenberger, Ohne Titel (de la serie “Le Radeau de la Méduse”), 1996

Amiga:

Hablar sobre las emociones o sobre el estado psico-fisiológico de la gente se antoja un trabajo arriesgado, incluso inútil, diría yo. Pero a veces se hace necesario desnudarse interiormente y aunque la finalidad esencial sea crecer como individuo, a nadie le interesa hacer un chequeo completo de su microprocesador, pues algunos incluso desconocen que lo tienen y a los pocos que se atreven a tocarlo les invade un miedo cerval sólo de pensar que es necesario mantenerlo libre de polvo y partículas que puedan alterar la atención y la memoria; esa memoria inundada de recuerdos falsos y esperanzas pendientes o descontroladas que alimentan al monstruo que todos, sin excepción, admitimos de buena gana dentro.

Nos entusiasmamos cuando hablamos sobre nuestra inteligencia pero somos unos completos paletos a la hora de discutir sobre los cocientes emocionales: es como si careciera de utilidad organizar las respuestas de los distintos sistemas biológicos. Por eso nos sentimos tan avasallados tratando de establecer nuestra posición con respecto al entorno que nos rodea, en el cual vivimos y morimos y donde cada día se levanta un telón imaginario fabricado con una terrible combinación de agresividad innata, estulticia moral y llanto impulsivo.

Sigo esperando que suceda algo, cualquier cosa. El último suceso diferente no ha estado a la altura de mis inquietudes y cuando algo así sucede, de alguna forma, retrocedemos varios peldaños en la escalera que sube a alguna parte ¿o es a ningún lugar? Existen infinitas formas de supervivencia emocional, pero todas tienden a fallar cuando coexisten el miedo y la cobardía. Ser humano implica confusión, caos, aturdimiento. No existir es posiblemente la única solución factible, el único remedio ante tantas disyuntivas asimétricas, tantos callejones zigzagueantes que no tienen salida, sólo entrada. Y ésta es arriesgada y permisible, verosímil y oportuna.

Incluso los días en que puedo ver una luz brillando en el horizonte, reniego de ella, pues no es más que un espejismo, una ilusión óptica que, lejos de abrir una nueva promesa esperanzadora, arremete sin compasión contra la realidad maquinal que trabajosamente construyo para cualificar esa maniaca atracción o fe horadada que ya no existe. Por eso vivo con las luces apagadas, tratando de disfrazar la angustia con una serie de comienzos repetidos, que transmutan los remordimientos convirtiéndolos en explosiones errantes que se magnifican a través de un espacio-tiempo que se difumina.

Cada maldita jornada tiene su propio rictus, su propia mueca; algunas están claramente forzadas, pero unas pocas son divinas y se quiebran aplastadas por la ira. ¿Debería morderme la lengua y silenciar el lúgubre monólogo mientras el núcleo de la conexión se hace trizas? ¿Inundaría de apetitosa credibilidad  a mi enfermo subconsciente si me arrastrara por la mugre que dejan tras de sí ciertos movimientos arbitrarios, ciertas causas contagiosas? A veces siento que no sirvo para nada…

Besos.

PD:

Algunos sucesos se viven como terapia, a veces incluso por el placer morboso de experimentar un poco de dolor. Muchos de ellos nos liberan de las cadenas que nosotros mismos y con deleite indescriptible hemos creado, pero otros, los más terribles y dañinos, se incrustan de forma permanente en nuestras emociones, invitándonos al desconsuelo y al desmoronamiento inutil, ese que de alguna forma nos engrandece y proporciona cierto sentido a nuestras vidas. Equivocarse es una característica humana, pero repetir el error es sencillamente un acto hostil que siempre e inevitablemente se cobra un alto precio: la apatía total y ruin como forma de cómoda justificación existencial.

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Email del 17 de febrero 2012

Pablo Picasso, «Dos mujeres corriendo por la playa» 1922

Amiga mía:

Hace 300.564 años y 17 días un prehumano bastante cubierto de pelos elásticos, resistentes, y porosos, -aunque esto último no importa demasiado- se rompió una uña mientras jugaba al prefútbol con una piedra que previamente había sido seleccionada por su falta de aristas y su forma redondeada; desde entonces, muchos otros individuos peludos o calvos se han roto diversas partes de su desgalichada anatomía intentando hacer deporte, simplemente para sentirse mejor internamente o porque han escuchado en alguna parte que alarga la vida y reduce el estrés. La última vez que hice algo que remotamente podría llamarse ejercicio fue a los 16 años, cuando tuve que salir corriendo detrás de una trucha ladrona que acababa de robarle un gato lustroso a mi madre mientras preparaba la cena, ¿o fue al revés? No importa. El caso es que desde aquel día no he vuelto a salir disparado detrás de ningún bicho, humano o cosa, ni siquiera para huir de algunas mujeres completamente obnubiladas por mi belleza natural y mi don de la palabra que intentaban poseerme por unas horas a cualquier precio.

Que me disguste moverme más de la cuenta no quiere decir que no admire a ciertos atletas de élite cuando demuestran sus cualidades por la televisión. Me encanta el atletismo, sobre todo cuando se caen al suelo y se les queda una cara de ameba abrumada; disfruto con los chefs creativos y su pomposidad extrema porque, aunque creo que la cocina creativa no está de momento catalogada como deporte, me parece un ejercicio físico de primera magnitud… ¿o no es gimnástico el uso de nombres kilométricos para designar a una puta comida? Pero creo que me estoy saliendo del tema y no debería: siempre que me sucede esto, algunos amigos envidiosos me tachan de post-chimpancé y acabo teniendo que esconder los cacahuetes en el armario empotrado para poder defenderme de las acusaciones sin que la sangre llegue al rio.

Tengo amigos que corren todos los días, que aprovechan cualquier jornada libre para hacer puenting, rafting, skydiving o cualquier deporte de esos que se denominan «de riesgo» y terminan con el sufijo «ing». Algunos incluso, si se encuentran especialmente ahítos de dinamismo optimizado, se arrojan de un avión a 1500 metros de altura (creo que se llama paracaidismo) sin miedo a que la vejiga se les prolapse; otros se visten con un traje de neopreno que no les realza la figura en absoluto y se sumergen en el mar dispuestos a molestar a los peces, pulpos y cangrejos o se suben a una tabla de planchar mientras intentan deslizarse sobre las olas, por supuesto después de pasar por la peluquería y haberse tintado de rubio oxigenado el cabello (y las ideas).

Como ser medianamente civilizado, puedo llegar a admitir que el ejercicio físico es importante para la salud, pero personalmente me decanto por la gimnasia mental y sus múltiples variantes. Me interesa poseer una mente ágil y un cerebro musculado y fibroso, pues es la única manera que tengo de entender la factura de la luz sin sufrir una apoplejía. De momento, creo que ya he pensado suficiente escribiendo este email tonto y simplón.

Saludazos.

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Email del 16 de febrero 2012

Simon Schrikker (2010)

Querida:

Algo se mueve en las calles, todos lo podemos sentir, aunque algunos más que otros. La rabia, frustración y dignidad apaleada deben ser vengadas y no podemos demorar la guerra; hay que desalojar de nuestro universo a los miserables que vilmente han hipotecado nuestro futuro. No importa la forma, sólo el resultado. Sabemos que actualmente no existe la justicia, pues ésta ha acabado corrompida y se encuentra en fase terminal. En el aquí y ahora de nuestra existencia, la ley pertenece al pueblo avasallado y es la unión de la gente hastiada la que debe impartirla o nunca volveremos a soñar libres….

Al mismo tiempo que nos tomamos la revancha, deberíamos poner donde se merecen algunos estamentos sociales que pertenecen al pasado o incluso al Medioevo; tú ya sabes a qué me refiero. No tendremos otra oportunidad. Si perdemos el envite, seremos pasados por las  armas inmorales de los que viven rodeados de oro a costa de los que malviven enfangados. No podemos seguir comportándonos como unos imbéciles; tenemos que dejar de poner el culo y salir a la calle a luchar por lo que nos pertenece.

Particularmente, me importa bien poco el destino de los opresores; no existen suficientes arboles altos y resistentes para colgarlos por el cuello. Nunca he visto un cadáver balanceándose al viento, pero te confieso que me gustaría contemplar los cuerpos encadenados de estos semidioses corrompiendo parte del aire, el aire que ellos, en su infinita generosidad, creen que nos han regalado.

Habrás notado que mis últimos emails no se caracterizan por el humor y la ironía. No pienses que se me ha acabado la chispa, pues todavía la tengo e incluso se incrementa día a día. El problema es que me siento cansado de tragar tanta mierda y necesito participar en el gran cambio que (supongo) se avecina. Por supuesto, no voy a dejar de comportarme como un cínico redomado ni siquiera en estas circunstancias. Sigo pensando que formamos parte de una raza de cobardes prostituidos y que preferimos mantenernos al margen, si eso significa salvar nuestras piscinas.

No puedo despedirme sin hacerte partícipe de un chiste de cosecha propia: ¿en qué se parece el culo de un bulldog francés a la cara de Angela Merkel? Cuando sepas la respuesta me la envías urgentemente por conducto reglamentario.

Saludazos.

Email del 16 de febrero 2012 Leer más »

Email del 14 de febrero 2012

Pyramid of Capitalism System. 1911

Amiga mía:

Que entre los animales sociables, el ser humano es quizá el más ruin y despreciable, ya lo sabemos todos; conocemos sus dotes innatas para el engaño o la adulación, percibimos su inmisericorde maldad cuando miramos algunos ojos muertos, sin vida, incapaces de derramar lágrimas de forma empática. Entendemos el asesinato como medio para poner fin a algo que es insoportable, pero al mismo tiempo nos arrodillamos para adorar a un puñado de dioses vulgarmente manufacturados y a los que sumisamente bañamos en ruegos, oro y fe infantil a cambio de dolor, aflicción y narcóticos.

El día en que un mono espabilado se irguió -quizá con la vana esperanza de agarrar una nube-, la evolución, en su infinita grandeza creativa, se detuvo porque ya no podía subsanar un error tan trascendentalmente definitivo y, desde entonces, la transmutación lenta pero implacable sigue el curso de la casualidad variable, y ésta es cruel e inflexible. El porvenir está agotado; mientras nos escondemos en guetos mentales construidos especialmente para la ocasión, soñamos con la llegada de un nuevo amanecer dorado y esplendoroso en el que podamos ser libres para alzar de nuevo los lamentos estériles al firmamento. Pero ese día no llegará mientras no desalojemos de este planeta a los estólidos, crápulas, bastardos e hijos de puta que lo envilecen.

En una sociedad feliz y moderna que intente rodar segura e indolente, no hay cabida para la mierda; los banqueros-usureros, políticos corruptos y dictadores a sueldo deben ser exterminados con la fuerza que proporciona la unión de los desheredados, o ellos acabarán arrastrándonos a su juego degradado e ineficaz: malvivir en un estado de confort rodeados de posesiones y esperando con la pasta en la mano al camello que proporcione el fármaco ilegal. Si no salimos a la calle pronto, en todas las partes del mundo y con la misma consigna libertaria, dejaremos de pertenecer a una raza de supervivientes y nos transformaremos en una de rameras sin escrúpulos, cuyo salvador omnipotente será del color de la riqueza, sin alma, sin sentimientos, sin pasado, obviamente.

A ti te sucederá a cada instante. Caminas por la calle y escuchas los gemidos de la gente harta de toda esta patraña en la que nos han metido los mismos que ahora quieren cobrarnos los costes. Soportarás lamentos y desdichas que incluso aumentarán de tamaño cuando los compares con los propios, pero…. ¿notas la llegada de un cambio inminente? ¿Crees que la gente está preparada para salir a las calles y vivir durante un tiempo en barricadas alimentándose de ilusión y autoconfianza? Espero que lo que tiene que suceder no se demore demasiado, pues mientras el reloj de la indecisión alimenta sus heridas, siempre, en algún lugar, hay millones que necesitan…(a rellenar por el lector).

Besos.

Email del 14 de febrero 2012 Leer más »

Email del 13 de febrero 2012

Georg Grosz, «Street scene» (1925)

Querida:

Esta semanita de frío polar y constante me ha permitido hacer las paces con los calcetines, peucos, calzones de lana y al mismo tiempo con un pequeño electrodoméstico bastante denostado por las marujas profesionales (de ambos sexos) llamado «quita pelusas». Ese bonito aparato, que tiene el tamaño de un desmán de los pirineos y que gracias a la energía que le suministran un par de pilas LR 20 tamaño “D” consigue afeitar casi completamente las molestas y antiestéticas bolitas que tanto afean el lucimiento de las prendas de marca, ya sabes, esas que ayudan a subir mi autoestima hasta niveles insospechados, mientras arrastran por los suelos la de los vecinos menos pudientes que comprueban el nivel y la categoría con los cuales me obsequió hace un montón de años la madre naturaleza.

Supongo que estarás de acuerdo conmigo, por lo menos parcialmente, en que la elegancia es algo innato en ciertos humanos avanzados, y no una característica adquirida, como sucede con los herpes genitales o las paperas, por citarte un par de ejemplos claramente comprensibles. De todas formas, nunca olvido que la misma idiosincrasia que incrementa mi ego en las ocasiones en que éste se siente abatido y solitario, algunas veces puede llevarme hasta un estado de paroxismo en el que lo único que tiene sentido entonces es sentirme por debajo, varios metros por debajo, del resto de individuos que comprenden el vulgo o la plebe humana, esa especie de congregación donde se acoge a cualquier tiparraco obtuso siempre que sepa firmar un cheque y donde una idea importante es una idea meditada en el váter.

Supongo que a estas alturas del email no sabrás distinguir si lo que te escribo es un ejercicio sarcástico, aunque torpemente redactado, o simplemente un ataque de malamente fingida egolatría que puede acabar con la poca credibilidad que me queda. Una cosa es cierta: vivir inmerso en esta sociedad de cobardes y vendidos está pasándome factura. Incluso a veces pienso que lo mejor sería tumbarme en la cama y dedicarme a leer el Pronto o el Hola para aprender y, sobre todo, ponerme a la altura de los tipos y tipas que tanto desprecio.

Desde Desorden, capital de Caoslandia, se despide el enviado especial más cínico, ecléctico y al mismo tiempo dinámico de la entropía admisible.

Besos y abrazos (cuestan lo mismo).

Email del 13 de febrero 2012 Leer más »