Email del 30 de noviembre 2011
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| Simon Schrikker, «NT» (2007) |
Querida camarada:
Estarás de acuerdo conmigo en que esta letrina en la que vivimos llamada sociedad -y digo sociedad y no mundo- se auto regula constantemente por medio del miedo. Vivimos rodeados de ladrones de alto standing que diseñan el futuro según sus preferencias. El resto traga saliva de la misma forma que una ramera inconsciente tragaría semen de un auténtico desconocido, sin importarle el estado de salud del mismo. Esta inmunda colectividad de seres que se venden constantemente por acumular posesiones está condenada a la extinción más salvaje que el planeta haya conocido en sus 4500 millones de años de existencia. La culpa de todo es mía y de todo aquel que no haga algo por cambiar las circunstancias.
Nos golpean a todas horas, pero preferimos poner la otra mejilla; violan nuestra dignidad, pero creemos que es parte del precio que hay que pagar por mantenernos vivos. Nos encanta sentirnos pisoteados porque así tenemos una justificación que nos adormece, pero mientras nos pisan, las manecillas del reloj universal siguen moviéndose y cualquier día puede ser el definitivo.
¿Cómo es possible que suceda todo ésto y no nos importe su significado? Porque somos humanos, animales de la peor calaña, envilecidos a base de regalos, narcotizados por el dios dinero, capaces de descuartizar a nuestros semejantes por un mísero galón; pero no olvidemos que las medallas con que nos gusta vernos reflejados en el espejo, son impuestas por el poder de la iniquidad, el mismo que nos quiere destruir y se alimenta de nuestros lamentos.
Y para terminar con tanta desgracia planetaria, otra desgracia más pero ésta, doméstica:
Hace aproximadamente un par de horas me he clavado unos cinco centímetros de palillo en el perineo. Iba a introducírmelo en la boca para limpiar los restos de comida del almuerzo cuando mi cerebro ha cambiado por sorpresa la orden. No sé cómo voy a sentarme de ahora en adelante, pero lo que tengo claro es que no voy a ir al hospital para que me lo extraigan. No quiero que ningún médico o enfermera o ATS se descojone a mi costa durante decenios. Para quitar hierro al asunto, he pinchado una oliva rellena en el extremo del palillo que sobresale, pero ha sido una soberana tontería pues mi perro no ha parado de meter su morro entre mis piernas intentando comérsela. El problema es que al tercer intento se ha metido en la boca otra cosa que colgaba cerca y se agitaba de lado a lado mientras yo corría y saltaba desesperado intentando alejarme de sus ataques. En fin… a partir de ahora, si quedamos, ya sabes que este mundo no me gusta… y que también viene mi perro…
Besos
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