septiembre 2011

Email del 30 de Septiembre 2011

Otto Dix, «El vendedor de fósforos» (1920)

Querida:

Me han ofrecido un trabajo de susurrador de centollos y no sé si debería aceptarlo. Aunque de todos es conocida la claridad y perfecta vocalización de mi laringe, no estoy convencido de que sea un curro con futuro. Aunque a decir verdad, y tal como está hoy en día la coyuntura laboral, me pregunto si aparte del oficio de enterrador o chapero existe alguno que tenga porvenir. Por una parte, me excita musitar palabras de aliento en la oreja de un crustáceo, pero por otra, no creo que ningún cangrejo, por grande que sea, merezca tal suplicio. Y menos si el bisbiseo es para convencerlo de que se deje freír en una caldera de agua hirviendo.

Como te conozco más que tu madre y tu ginecólogo juntos, estoy seguro de que para ti es mejor un trabajo deshonesto antes que uno inexistente; es preferible poder pagar las facturas con dinero ganado penosamente antes que dedicarse a atracar ancianas en la calle, más que nada porque las abuelas no llevan más que rosarios y escapularios en el bolso y, hoy por hoy, no existe una casa de empeños que te pague más de 1.50 euros por uno, por muy antiguo que sea o exquisitamente trabajado que esté.

Imagínate por un momento que de repente la crisis desaparece y hay siete millones de puestos de trabajo vacantes; cada uno de nosotros puede elegir entre un sinfín de profesiones, aunque nadie esté demasiado cualificado para ejercerlas. ¿Qué profesión elegirías tú? Después de meditar semejante imbecilidad he llegado a la conclusión de que donde mejor destacarían mis dotes musicales y mi innata actitud abierta y conductual sería trabajando como afinador de birimbaos con lengüeta de acero.

Pero dejemos por un momento de soñar despiertos; estamos en crisis y ésta ha venido para quedarse durante un par de décadas. ¿Cuál es la solución para poder comer alubias un par de veces a la semana sin tener que robarlas en el mercado central? La respuesta es realmente difícil, incluso creo que cualquier tipo con dos dedos de frente preferiría emplumarse con brea antes de tener que contestarla. Personalmente, creo que la única solución factible es el auto-envenenamiento con sosa cáustica, pues hasta que algún valiente opine lo contrario, la muerte te exime de complicaciones y sobre todo de facturas indeseadas.

No recuerdo en estos momentos qué filósofo escribió que la vida era semejante a acostarte con una puta desdentada; aunque la cita me parece un poco denigrante para las prostitutas sin dientes, creo que en el fondo es correcta y esencialmente sincera. Poco importa la dignidad o el pundonor cuando constantemente uno se pregunta: ¿y mañana qué?

Un besazo sifilítico

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Email del 29 de Septiembre 2011

Eugène Delacroix, «La liberté guidant le peuple» (1830)

Querida amiga, colega y compañera:

Hace aproximadamente 10 años que no sigo a ningún sacerdote. Ya sabes que no soy un detective privado ni nada de eso, pero antes me encantaba hacerlo y no te puedes llegar a imaginar las cosas que pude ver y oír. Podría fácilmente redactarlas en dos voluminosos libros que se deberían titular: «Sotana y condominio» y «Sotana y condominio II (El regreso). El primero de estos dos volúmenes estaría dedicado a los bienes materiales, que por cierto no son pocos, y a la absoluta falta de fe que profesa un tanto por ciento bastante elevado de ese gremio; el segundo sería más libidinoso y estaría constituido por las apetencias sexuales, bastante depravadas, de estos «santos» de la espiritualidad en cuando se quitan el alzacuellos.

Tu sabes lo que pienso de los tipos que generalizan; conoces mis sentimientos hacia ellos y siempre has estado de acuerdo en que son lo más ruin y obtuso que existe. Por eso quiero que trates mis próximas palabras desde el punto de vista de alguien que no generaliza pero al que le gustaría ver a todos los salvadores de almas a una distancia de 8000 km de él. Está claro que también me gustaría que los reyes, príncipes, condes, archiduques y todo ese berenjenal de títulos conquistados en épocas oscuras ni siquiera vivieran en el continente que habito yo. Estoy completamente seguro de que ambos, religiones y monarquías, tienen sus horas contadas; es casi seguro que mis ojos no verán sus necesarias caídas: todavía creo en la humanidad y en la gente inteligente. No hace falta andar ni diez metros para saber que la mayoría piensan así; por supuesto cenutrios meapilas hay en todos los lados y, como no tienen muy claro su papel en esta sociedad -que debería ir hacia adelante y no parecerse al contoneo sensual de una cangreja sifilítica-, prefieren que la Historia no avance, pues si lo hiciera, ellos deberían volver al liquido amniótico, por otra parte, la piscina de la que nunca debieron dejarles salir.

A veces,  cuando oigo hablar a algunos políticos retrógrados y mentirosos -y no sé por qué digo «oigo» pues a algunos me es imposible entenderlos, bien porque cecean o bien porque hablan como si hubieran prestado el hipotálamo a la ciencia-, siento pena. Esa pena se transmuta en berrinche cuando alguien me recuerda que en pleno siglo XXI aún existen  más de 10 familias reales en Europa. Pero ese berrinche no es comparable con la sensación que experimento cuando leo (y parece ser que esto ocurre todos los días) que un pedazo de carne eclesiástica ha violado a un niño de 4 años y que el Papa sentado plácidamente en su poltrona mira hacia otro lado, seguramente hacia el canal celestial en la tv más cercana a su despacho.

¿Por qué permitimos que suceda esto? ¿Es necesario que sigamos comportándonos como viejos masoquistas delante de los que pretendidamente manejan el «garrote» del poder? Si la mayor parte de seres humanos que habitan este continente somos laicos y antimonárquicos, ¿por qué no podemos salir a la calle y exigir nuestros derechos, que por otra parte son fundamentales, sin recibir hostias o citaciones del juzgado? ¿dónde queda nuestra libertad personal, ese utópico derecho con el que se supone que nacemos?

Francamente, para algunos puede que este mundo sea el mejor de los mundos posibles, pero es un pensamiento estúpido, pues no conocen ningún otro. Lo único que a mí se me antoja cuando veo crecer en las calles el magma de la sumisión es que no debe existir mucha diferencia entre nuestro siglo y la oscuridad de la época medieval, y esto, además de un hecho comprobable, es una desgracia reprobable.

Siento haberme puesto tan serio

Besos

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Segundo email del 29 de septiembre 2011

 

Pablo Picasso, «Guitarra, partitura y vaso» (1912)

Otra lista (¡Oh no!)

La mayor parte de mis amigos o incluso conocidos saben cuáles son mis obsesiones: la muerte, el aislamiento, la estulticia humana, los calzoncillos tipo bóxer y, sobre todo, las listas. Diseñar y redactar una lista me produce el mismo placer que besar a una serpiente de cascabel: aunque en el fondo nunca animaría a nadie a que le diera un morreo a un ofidio solenoglifo, sí que ayudaría a quien quisiese escribir su primer inventario. Como hoy he dormido cubierto por una sabana por primera vez desde mayo, he decidido crear una sobre los mejores álbumes musicales de la Historia, por supuesto, para mí y para el duendecillo extraterrestre que cohabita mi cuerpo y que me roba las nueces cuando me preparo una ensalada Waldorf.

No hace falta que repita que redactar una lista es sinónimo de pre-andropausia (en el caso de los hombres) y que posiblemente es el trabajo más inútil que existe si exceptuamos el de desenterrador. Por alguna extraña razón, seguramente basada en hechos que me sucedieron en la adolescencia temprana, tengo una tendencia desquiciada a concebirlas y trasladarlas al papel; es como una especie de trastorno obsesivo compulsivo que no me produce daño o dolor y que algunas veces incluso me alivia y reconforta.

Esta es mi lista de los 20 mejores álbumes (en algunos casos, obras) del siglo XX:

01 – Petrushka (Ígor Stravinski, RUSIA)
02 – Concerto for piano and strings & Requiem (Alfred Schnittke, RUSIA)
03 – Opus clavecembalisticum (Kaikhosru Shapurji Sorabji, UK)
04 – The drift (Scott Walker, US)
05 – Moondog (CBS) (Moondog, US)
06 – Imaginary Landscape N.1, (John Cage US)
07 – Ionisation (Edgard Varese, US)
08 – Universe in blue (Sun Ra, US)
09 – Over (Peter Hammill, UK)
10 – Uncle meat, (Frank Zappa, US)
11 – Trout mask replica (Captain Beefheart, US)
12 – Bitches Brew  (Miles Davis, US)
13 – In C (Terry Riley, US)
14 – Bish bosch (Scott Walker, US)
15 – Forever changes (Love, US)
16 – Good morning (Daevid Allen, AUSTRALIA)
17 – I´m gonna take your home (Yahowa 13, US)
18 – Animal lover (The Residents, US)
19 – Plastic Ono Band (John Lennon, UK)
20 – Pawn hearts (Van der Graaf Generator, UK)

Es casi seguro que si la redactara pasado mañana tras someterme a un TAC, algunas referencias cambiarían, pero no más de cinco o seis, por lo que tiendo a pensar que es una lista fiable sobre mis eclécticos gustos musicales. Si algún lector después de repasarla siente repentinas ganas de ir a hacer de vientre significa que o bien no está de acuerdo, o que las dos ciruelas que se comió para desayunar hacen su efecto. Para el primer caso, mi consejo es que me llame imbécil y ególatra, para el segundo, que se compre una caja de Zelmac y se tome dos comprimidos.

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Email del 26 de Septiembre 2011

Van Gogh, «Starry night» (1881)

Querida amiga (en lo bueno y en lo malo):

Al final voy a tener que creer en las apariciones marianas, pues esta noche se me ha aparecido en sueños Mariano Riojales, ya sabes, el kiosquero del barrio. Me traía el periódico Público, 5 chicles sueltos  y un helado de chocolate, que es lo que yo suelo comprar. Todos sabemos que los sueños no son más que representaciones absurdas fabricadas por el subconsciente, pero este era diferente, pues Mariano iba vestido de Heliconia Rhizomes y hablaba en tailandés. Como mi capacidad para los idiomas complicados es prácticamente nula, no entendía ni una sola palabra. Afortunadamente el sueño venia subtitulado y eso facilitó bastante la comprensión, aunque había algunos pequeños errores sintácticos, como por ejemplo confundir «Anagnórisis» con «Hipófisis» o «Tumefacción» con «Morcilla de arroz». Después de exigirme que le pagara en baths tailandeses, con lo cual tuve que desplazarme en calzoncillos a un banco para que me cambiaran los euros, el sueño se terminó. Al despertarme, y mientras recapacitaba sobre la completa irracionalidad de la fase Rem, reparé en que dentro de la leñera había leña y sobre la chaise-longue una avutarda disecada; el problema es que yo nunca he tenido leñera ni chaise-longue así que intuí que estaba en otro sueño. Esta vez, por suerte era uno lujoso y repleto de ostentación. La mayoría de muebles eran de aspecto fastuoso y toda la estancia estaba limpia e inmaculada. Mientras recorría las habitaciones, de repente surgió de la nada un tipo que medía 143 cm y me preguntó si me importaría que me mordiese los testículos, pues le apetecía mucho. Anonadado, le contesté que sí me importaría, aunque si me pagaba 3000 euros igual me lo pensaba. En ese momento salí definitivamente del doble sueño; estoy seguro de ello porque sobreimpresas en las ultimas imágenes se podía leer la frase: «USTED ESTÁ ABANDONANDO EL SUEÑO, POR FAVOR NO SE OLVIDE EL PELUQUÍN «.

¿Crees que estoy para que me encierren? ¿Debería asaltar un frenopático y atrincherarme? La verdad es que estoy muy preocupado, hasta mi cutis suave y luminoso, hoy está grisáceo y áspero como el culo de un orangután. A veces pienso que llega mi fin, que estas visiones no son más que el cortometraje del principio y que cuando empiece la película ya seré un fiambre tirado en la mesa ventilada y con elevación automática del forense; y todavía no estoy preparado para visitar los campos de amapolas que dicen tapizan el suelo del cielo. Necesito un poco de tiempo, cincuenta años más. Un montón de banqueros dependen de mí y no puedo dejarlos tirados.

Amiga, tú siempre me has comprendido, incluso cuando he rozado la demencia suprema, como aquel día que te supliqué de rodillas que te casaras con un pollo de Mercadona. Necesito que me escribas y me des tu bendición, ya sabes que así me tranquilizo (por unas horas).

Besos y abrazos.

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Email del 25 de septiembre 2011

 

Caspar David Friedrich, «Arco Iris sobre un paisaje de montaña» (1809-1810)

Bérénice (La canción del eremita. Parte II)

Tú me conoces, sabes que no soy un cobarde; es posible que a veces lleve demasiado lejos ese juego en el que nunca hay vencedores llamado Misantropía; es posible que mi corazón huraño y mi cerebro retraído y melancólico, desgastados por soportar miles de conversaciones estériles, hayan sucumbido ante el poder de la falsa irresolución como última forma de subsistencia, pero no soy un cobarde. No soy un cobarde. No soy un cobarde.

De todas las migajas del cielo roto, destruido por los rayos, truenos y relámpagos que yo mismo he forjado, de la mitad de los lamentos ambulantes repletos de blancos y punzantes remordimientos, de cada una de las sonrisas necias y ruines que he dibujado en la arena ficticia de mis ensueños verdaderos, en todos esos momentos, he aspirado esa mezcla de fluidos sin moléculas que podrían matar a los angustiados, a los atormentados, a los avasallados. Pero, en mi caso, sólo han servido para crear un monstruo irreal que arremete contra los engendros y endriagos que maldicen ocultos en mis adentros.

No soy un cobarde. Es posible que lo fuera en otra existencia, es posible que lo sea en mi próxima reencarnación. No soy un cobarde. No soy un cobarde, pero de entre toda la mierda y la suciedad que comprimen mis pensamientos, hay uno anclado en alguna parte de la irrealidad absoluta que, con ojos sangrantes clama ante el temor a que un dios creado por los hombres diseccione mi ilusión menguante. Nadie puede tapar el grito de mi imprudencia; nadie puede llamarme perturbado mientras sonríe; nadie puede señalarme con un dedo vesánico cubierto de bilis que maceraba en el caldero de una bruja. Puedes escupir en mi rostro, puedes arañar mis opiniones, pero no puedes llamarme cobarde. No soy un cobarde. No soy un cobarde.

En algún lugar de ningún sitio existe una pequeña sonrisa; la guardo allí porque es mi tesoro más preciado. Algún día la desenvolveré con cuidado y la llevaré conmigo a todas partes. Pero hasta que suceda, ese milagro pertenece a un personaje de ficción llamado Bérénice Einberg. Ella tenía razón. Ella tenía razón. No soy un cobarde. No soy un cobarde.

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Email del 24 de septiembre de 2011

 

Caspar David Friedrich, «Monje a la orilla del mar» (1809)


Aislamiento (La canción del eremita. Parte I)


 «Al pasar los cuarenta años, todo hombre que posea alguna capacidad intelectual, es decir, todo hombre que tenga un poco más de inteligencia que la concedida por la naturaleza a las cinco sextas partes de la humanidad, difícilmente dejará de presentar algunas señales de misantropía.»
(Arthur Schopenhauer)

No es fácil oponerse a una idea cuando ésta ronda por la cabeza como una especie de invocación incesante; la complicación surge cuando después de haber sopesado las posibilidades se tiende a escoger la peor, simplemente porque es la más lógica o porque es la que se hubiera elegido en otras circunstancias más favorables. Optamos por la sensatez en lugar de la necesidad y, mientras comprendemos que todo forma parte de ese juego de los errores que pueden costar un alto precio, asumimos el riesgo porque nos parece lejano en el tiempo.

Mientras la comunicación intrapersonal se resuelve con un mismo emisor-receptor que se vende a la idea menos reconfortante de su propia paranoia, el intercambio interpersonal sufre las consecuencias de esa libertad suprema que transforma el aislamiento cenobítico en necesidad forzosa y que en cierto modo no es más que el sacrificio supremo de las mentes lúcidas.

En la vida de cada individuo, inteligente, enajenado o cenutrio, existe un momento en el que urge tomar una decisión que pueda aliviar esa pesada carga que, disfrazada de futuro, acecha en los recovecos e intersticios del espacio-tiempo. Algunos eligen lo único que conocen, la interactuación con semejantes; otros, bastante más creativos y de mente más extasiada, lo contrario, es decir, la soledad absoluta como forma de subsistencia. Tanto una como otra al final acaban en el mismo peldaño: la desesperación y la agonía; pero mientras la primera no es más que una inútil manera de prostituir la dignidad por medio de falacias y engaños inyectados directamente en las venas cerebrales, la segunda sustituye, y en algunos casos, incluso transforma, esas mentiras delirantes en confortables aunque arriesgadas apariencias.

Si tuviera que volver a nacer o reencarnarme en otra vida, preferiría hacerlo en forma de animal: ratón, liebre o cangrejo, me es indiferente; si pudiera elegir cómo pasar lo que me queda de esta, sin duda, mi elección estaría supeditada al aislamiento como forma de abstraerse de la desolación, pero eso, eso es otra historia…….

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Email del 22 de Septiembre 2011

El Greco, «El entierro del Conde de Orgaz» (1586-88)

Querida amiga y mártir confesional:

Nunca he hecho testamento. Tampoco creo que lo haga en un futuro, pues no tengo demasiadas cosas valiosas para legar ni hijos que puedan pelearse y romper relaciones por mis pertenencias. Lo que si tengo, y además es una buena colección, son facturas impagadas, las cuales donaré como penitencia a ese partido integrado por desesperados e inútiles con ganas de gobernar y sin programa válido llamado PP. Creo que todos los «rojos» o de pensamiento progresista deberíamos hacer lo mismo; para algo deberían servir estos últimos años infames repletos de voces ceceantes y barbas mucilaginosas insertadas a fuerza de odio y rencor en ciertas cadenas de tv hiper-conservadoras y en un número realmente abundante de periodicuchos neofascistas.

Puestos a imaginar, y dado que siempre me ha sobrado ingenio y creatividad, voy a tratar de «diseñar» un hipotético testamento sin valor más allá de las puertas exteriores de mi habitación. Allá voy:

Yo, GREGORY PEZ, español, DNI nº 19.249.???, domiciliado en la calle Tercera República, de la ciudad de Valencia, identidad que acredito ante el escribano público EUSTAQUIO FLORES SILVESTRES, deseando testar en forma ológrafa, DECLARO:

I – Que nacido el día 14 , del mes de ENERO de 1962 , soy hijo de la señora MC y el señor GL casado en algún lugar, nupcias inexistentes e hijos sin engendrar.

II – Que siendo vecino de la localidad mencionada anteriormente, declaro que poseo los siguientes bienes:

a) Una casa-habitación, donde resido, con los muebles de aglomerado chapado que la adornan.
b) Un par de guitarras acústicas de marcas de prestigio y cubiertas de polvo y suciedad.
c) Una colección de cilicios de diferentes épocas que están guardados en la Caja de Seguridad del Banco BANKIA, sucursal 32, que lleva el número 25.492,  y una de cuyas llaves se encuentra en mi Caja de latón fundido y patinado.
d) Una colección de facturas devueltas impresas en papeles de calidades diferentes y colores dispares.
e) Una extensísima colección de CDs y DVDs que harían felices a cualquier clase de persona totalmente infeliz.
f) Una colección de ansiolíticos y antidepresivos suficiente para dopar a la población de Calcuta durante 10 años.
g) Un baberito color rosa y varios pecherines de ganchillo.
h) Un triciclo robado trabajosamente a un infeliz mocoso cuyos progenitores me resultan odiosos.
i) 263 plantas crasas y 25 de interior.
j) Un ventilador marca Selecline modelo Freshair cromado y con 3 velocidades.
k) Multitud de libros en rustica o cartoné, preferentemente de filosofía.
l) Unas bragas que pertenecieron a Marilyn Monroe, compradas en una subasta en Sotheby’s en 1987.

III.– Que no adeudo suma alguna a nadie con excepción de las deudas que figuran en el voluminoso Libro Inventario, ya mencionado.

IV– Que instituyo a mis amigas y amantes como únicas y universales herederas.

V– Que lego la colección de cilicios antiguos mencionada en el punto c) del título II, a la Sociedad Española de Cacofonías Coaxiales, para que la venda en pública subasta y con el producto de dichos fondos cree una fundación destinada a la formación y capacitación de estudiantes universitarios en la disciplina cacofónica. La fundación deberá llevar el nombre que elija la Asociación legataria en Asamblea General de Asociadas, no pudiendo denominarse con mi nombre en ningún caso. En caso de que la Asociación no cumpla con el deber de crear la fundación, el presente legado será revocado y el mismo pasará a engrosar el acervo hereditario a repartir entre mis herederas.

VI– Es mi deseo, que al fallecer se me entierre en el Cementerio del satélite natural de Ío (Júpiter), en la bóveda construida a tal efecto, prohibiéndose en mi velatorio el envío de flores y sepultándoseme con mi pijama de ositos verdes.

VII– Que nombro albacea a un ser inexistente, domiciliado en ninguna calle de ninguna ciudad del planeta Tierra para que se cumplan mis disposiciones de última voluntad.

VIII– Revoco todo otro testamento que hubiere hecho antes de ahora, debiendo prevalecer estas disposiciones, que son la expresión de mi última voluntad. Y no teniendo más que disponer firmo este testamento, escrito en mi PC portátil marca Sony Vaio el 22 del mes de septiembre del 2011, en la ciudad de Valencia;

Gregory Pez

Espero que el día en se lean mis últimas voluntades sea un miércoles; adoro ese día de la semana, seguramente porque fue un miércoles la fecha en que aprendí a pelar cigalas con tenedor, causando el asombro y la admiración de la persona que me enseñó dicho arte.

Sería de agradecer que después de las exequias mi padre bailara un Gopak o baile tradicional cosaco y mis enemigos se sometieran voluntariamente a una electroconvulsoterapia (ECT) en un hospital de la Seguridad Social.

Un beso cándido y un abrazo malicioso.

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Email del 21 de Septiembre 2011

Miquel Barceló, «Tinta» (1985)

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.
(Orson Welles)

Cada vez que me siento a intentar escribir, me entran unos terribles dolores de estomago; a veces, incluso tengo que levantarme y vomitar o acostarme boca abajo mientras invoco a los demonios del averno. Esa tortura psicosomática desaparece invariablemente cuando guardo las hojas, bien sea papel o Word 2009. A veces pienso que en lugar de intentar escribir debería dedicarme a asar castañas; una buena ración de castañas, y siempre desde el punto de vista nutricional, aporta carbohidratos, proteínas, grasas, celulosa, almidón y fibra.

La verdad, no sé porque te cuento esto, no pensaba llenarte la cabeza con los pros o contras del Castanea sativa y sus frutos benditos, sino con mis quejumbrosos y humillantes lamentos y lloriqueos. Si tocar un instrumento musical es increíblemente difícil y dominarlo una hazaña -por favor cuando me refiero a instrumento no tengo en la cabeza la dolçaina, esa cosa que cuando soplas hace unos ruidos semejantes a los que haría una comadreja cuando le intentas introducir un didjeridu por el orificio anal-, imagínate lo que puede llegar a ser escribir como Borges, Faulkner, Joyce o Kafka, sólo por ponerte algunos rápidos ejemplos.

Estoy seguro de que si le dedicase 15 horas por jornada, siete días a la semana, y tuviera 30 vidas de 90 años cada una, disponibles, podría llegar a ser una especie de versión masculina de Corín Tellado o simplemente un Marcial Lafuente Estefanía del «filosofhumor». El problema es que antes de parecerme a estos dos individuos preferiría ser un supositorio de glicerina y me sentiría totalmente satisfecho si alguien con serios problemas de estreñimiento me usara como desatascador.

Pensar es fácil, obtener ideas muy sencillo, no se necesita una musa ni nada por el estilo, es cuestión de calentar las neuronas; otra cuestión muy distinta es plasmar esas ideas al papel. Te aseguro que sería el hombre más feliz del mundo si pudiera traspasar mis pensamientos al papel en blanco y el resultado se acercara a un 20 % de lo que tenía en mente. No sé si me explico, pero no voy a tratar de razonártelo, tú eres adulta y posees un cerebro privilegiado.

Ayer me informé sobre el precio de las castañas y el de los asadores, hoy preguntaré cómo cojones se carameliza una manzana. El futuro llama a mi puerta, pero en estos momentos voy en pijama.

Un beso, cielo.

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Email del 20 de Septiembre 2011

Cueva de Altamira. (15.000 a.c. Paleolítico Superior)

Querida amiga

Las noticias de los periódicos llegan a ser desbordantes, sobre todo si el croissant que te sirven de desayuno pertenece a una década anterior. De entre todas las noticias, sucesos e informaciones veraces, contrastadas, inútiles e inventadas hay una que hoy me ha alegrado el día. La copio textualmente:

 – Un equipo de científicos del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Missouri ha descubierto un fósil de pedo homínido con más de quinientos mil años de antigüedad y perteneciente al Homo Heidelbergensis. La ventosidad se encuentra magníficamente conservada y, según las palabras del doctor Horacious Maxwell, conservador de fósiles del instituto smithsonian, «su estudio significará el  principio del final en cuanto a los trabajos sobre los gases que expulsa el ano». Es increíble pensar que tras cientos de análisis se podrá llegar a conocer, entre otras cosas, la edad, sexo, altura y constitución del sujeto emisor. También será posible averiguar otros aspectos de su vida y de sus inquietudes, como por ejemplo, si pertenecía a una tribu, y en ese caso, podríamos saber con total seguridad, el nombre de la misma, cuánto medía su jefe y el número de veces que se espulgaba al día.

Los científicos explican que, al estar tan excepcionalmente conservado, hay una posibilidad de llegar al interior y oler los efluvios que desprenda, lo cual nos desvelaría un sinfín de respuestas sobre las bacterias y levaduras simbióticas que viven en el tracto gastrointestinal. El doctor Stanley Maxwell, expulsado recientemente de la Universidad de Wisconsin (parece ser que fue descubierto mientras sodomizaba a un esqueleto de Megatherium Altiplanicum) ha sido contundente en sus palabras: «Si nadie quiere hacerlo, yo me ofrezco voluntario para olfatear la ventosidad cuando pueda ser extraído su aroma. La ciencia no debería temer nada y yo, como abanderado de los mártires científicos, estoy dispuesto a todo». –

La verdad es que después de leer semejante información, he decidido sustituir el café con leche por una cazalla, además creo que voy a llamar a mi jefe para explicarle que la sobredosis de Flatoril que ingerí ayer me ha producido unos efectos secundarios horripilantes y que tengo que ir con urgencia a mi whiskeria favorita.

La vida es dura y eso lo sabemos todos… o quizá no todos, pues el kiosquero de mi barrio, Gabriel, opina que no es dura sino insoportable y cruel, lo cual es un cambio importante en el razonar humano. Sin ir más lejos, mientras trato de escribir estas roídas líneas, intento pensar si hoy voy a necesitar uno o dos panes integrales, o si es mejor comprar cinco y meter cuatro en el congelador.

Es increíble la cantidad de pensamientos que pueden pasar por nuestro cerebro en un sólo minuto y es extraordinaria la forma en que nuestra razón se los quita de encima en menos tiempo; nuestra sesera es perezosa y no le gusta demasiado ponerse a trabajar, sobre todo si la cabeza que la protege es la de un zopenco con cara de vinagre, que se dedica a la construcción como forma de ganar dinero y a la destrucción cuando regresa a su casa con su atemorizada mujer y sus tres hijos engendrados por medio de la violencia sexual.

Hace algunos años, conocí a un tipo que ladraba para pedir las cosas, así que se me ocurrió regalarle un hueso el día de su cumpleaños; pues bien, parece ser que mi gesto le llegó tan adentro que le produjo una especie de cistitis emocional, y mientras estuvo en mi casa no dejó de marcar todas las puertas y de acercarme la cabeza para que se la rascara. Cuando, cabreado de fregar pis, le recordé que ya era muy tarde y que su mujer estaría preocupada, me mordió en el tobillo y se largó gimoteando, no sin antes dejarme como recuerdo un par de pulgas en los flecos del sofá.

Creo que me estoy enrollando y empiezo a divagar; sé que cada segundo que pierdes leyéndome es un segundo que podrías haberle dedicado a tu vibrador eléctrico y no quiero provocar una pelea entre vosotros dos. Desafortunadamente, yo sólo utilizo la mano para producirme placer, pero como últimamente estoy bastante nervioso y tiemblo prefiero contratar a una fontanera: así puedo matar dos pájaros de un tiro… y al precio que está hoy la carne aviar………..you know what I mean.

Un abrazo y 31 besos.

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Email del 19 de Septiembre 2011

Claude Monet, «L’automne à la Seine à Argenteuil» (1873)

Hola querida:

Se acerca el otoño, puedo notarlo en la temperatura. Las moscas medio locas no paran de posarse en mi cara, saben que todo se acaba. Mis plantas ya no me piden con insistencia más agua sino que se dedican a crear las últimas flores, cada vez más pequeñas, que al final del ciclo y como siempre sucede, son arrastradas por el viento. Como las noches son frescas, duermo con la ventana cerrada, lo que impide que oiga los ronquidos pastosos de los vecinos. Todas las sensaciones que tuve hace doce meses vuelven a repetirse en mis sentidos, esas mismas evocaciones, casi siempre exactas y fugaces, son idénticas año tras año. El paso del tiempo no sólo no las transmuta, sino que no evolucionan ni progresan, conformándose con pequeñas modificaciones prácticamente inapreciables pero con los mismos síntomas e iguales manifestaciones.

Todas las mañanas me miro en el espejo y esbozo una pequeña sonrisa, me cuesta formarla pero me miento en mis adentros y al final lo logro; es un gesto forzado pero ritual; es mi forma de comunicarle al otro yo que se refleja que no soy un extraño, pero a veces la melancolía y las horas de ensueño me pasan factura y de mis labios sólo sale un minúsculo estertor de pánico que, desesperado, muerde mis tripas y con desconfianza impostada se escabulle por el retrete.

Siempre he creído que soy lo que alguien quiso y no pudo en otra existencia. Puede parecer una perogrullada digna de una mente abúlica y trastocada, pero en mi caso es una impresión real; existe porque se alimenta y la puedo ver crecer. Mientras madura, se transforma con máscaras de irrealidad aparente que mimetizan el asco por medio de innumerables dosis de miedo, que repercuten en cada una de las falsas e inútiles representaciones por las cuales finjo que todavía estoy vivo.

Te mentiría si negase el hecho de que, algunas veces, mientras ruedo insomne por el catre, alzo las manos y busco entre los intersticios del aire un agujero que me saque de esta cotidianidad que me enferma y me enloquece. A veces el miedo me paraliza y me impide hurgar, pero no me importa demasiado; sé que los deseos, anhelos y turbaciones deben mezclarse en el inconsciente para resurgir como despojos en la absoluta soledad que pertenece a este universo.

Un beso afectuoso de un besador aficionado.

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