Email del 21 de Septiembre 2011

Miquel Barceló, «Tinta» (1985)

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.
(Orson Welles)

Cada vez que me siento a intentar escribir, me entran unos terribles dolores de estomago; a veces, incluso tengo que levantarme y vomitar o acostarme boca abajo mientras invoco a los demonios del averno. Esa tortura psicosomática desaparece invariablemente cuando guardo las hojas, bien sea papel o Word 2009. A veces pienso que en lugar de intentar escribir debería dedicarme a asar castañas; una buena ración de castañas, y siempre desde el punto de vista nutricional, aporta carbohidratos, proteínas, grasas, celulosa, almidón y fibra.

La verdad, no sé porque te cuento esto, no pensaba llenarte la cabeza con los pros o contras del Castanea sativa y sus frutos benditos, sino con mis quejumbrosos y humillantes lamentos y lloriqueos. Si tocar un instrumento musical es increíblemente difícil y dominarlo una hazaña -por favor cuando me refiero a instrumento no tengo en la cabeza la dolçaina, esa cosa que cuando soplas hace unos ruidos semejantes a los que haría una comadreja cuando le intentas introducir un didjeridu por el orificio anal-, imagínate lo que puede llegar a ser escribir como Borges, Faulkner, Joyce o Kafka, sólo por ponerte algunos rápidos ejemplos.

Estoy seguro de que si le dedicase 15 horas por jornada, siete días a la semana, y tuviera 30 vidas de 90 años cada una, disponibles, podría llegar a ser una especie de versión masculina de Corín Tellado o simplemente un Marcial Lafuente Estefanía del «filosofhumor». El problema es que antes de parecerme a estos dos individuos preferiría ser un supositorio de glicerina y me sentiría totalmente satisfecho si alguien con serios problemas de estreñimiento me usara como desatascador.

Pensar es fácil, obtener ideas muy sencillo, no se necesita una musa ni nada por el estilo, es cuestión de calentar las neuronas; otra cuestión muy distinta es plasmar esas ideas al papel. Te aseguro que sería el hombre más feliz del mundo si pudiera traspasar mis pensamientos al papel en blanco y el resultado se acercara a un 20 % de lo que tenía en mente. No sé si me explico, pero no voy a tratar de razonártelo, tú eres adulta y posees un cerebro privilegiado.

Ayer me informé sobre el precio de las castañas y el de los asadores, hoy preguntaré cómo cojones se carameliza una manzana. El futuro llama a mi puerta, pero en estos momentos voy en pijama.

Un beso, cielo.