febrero 2011

Email del 22 de febrero 2011

 
Edward Hopper, «Cinema in New York» (1939)
 
Las 18 de mi vida
 

Como tenía tiempo, me he dedicado a pensar cuáles son mis películas favoritas de la historia del cine. Por lo menos las 18 por las que ha valido la pena nacer. Podría haber hecho una lista con 100, pero por alguna extraña razón soy fan del número 18. Ahí va mi lista:

– Sátántangó (1994) Béla Tarr
El caballo de Turín (2011) Béla Tarr
El Espejo (1975) Andrei Tarkovsky
Madre e hijo (1997) Aleksandr Sokúrov
Cuentos de la luna pálida (1953) Kenji Mizoguchi
Sacrificio (1986) Andrei Tarkovsky
Campanadas a medianoche (1965) Orson Welles
Persona (1966) Ingmar Bergman
El intendente Sansho (1954) Kenji Mizoguchi
Tres colores: rojo (1994) Krzysztof Kieślowski
Cuentos de Tokio (1953) Yasujiro Ozu
Harakiri (1962) Masaki Kobayashi
El espíritu de la colmena (1973) Víctor Erice
Ordet (1955) Carl T. Dreyer
Al azar, Baltasar (1966) Robert Bresson
Un año con trece lunas (1978) Rainer Werner Fassbinder
El ángel exterminador (1962) Luis Buñuel
El año pasado en Marienbad (1961) Alain Resnais

Esta lista no está creada por el vano y demente propósito de ostentar mi cultura cinematográfica. Tampoco tiene nada que ver con su concepción el golpe que me dieron en la cabeza con los fórceps en enero de 1962. Simplemente lo escribo porque lo siento… ya sabéis que ir en contra de los propios sentimientos puede generar cierto tipo de debilidad genital.

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Email del 17 de febrero 2011

Ángeles Santos. Un mundo (1929)

Querida, unas cuantas meditaciones:

Me gustaría saber donde venden un medicamento efectivo contra los dolores que provoca la desesperación de la imposibilidad…

En este mundo hay dos clases de personas: los desventurados y los mentecatos. Todos pertenecemos a uno de estos grupos. Los primeros tratan por todos los medios a su alcance de ponerse  a salvo de los segundos, mientras que estos últimos para sobrevivir necesitan martirizar, torturar y sacrificar a los desventurados, también llamados desdichados, desgraciados o resignados. Si no perteneces a ninguna de estas categorías es porque no existes. Si no existes, estás muerta. Los muertos son los triunfadores axiomáticos de la contienda entre la necedad y la pervivencia; el anatema empírico de la inane irrelevancia.

Busco calzoncillo joven extraviado. Atiende al nombre de «CUQUI». Se recompensará.

Cuando paseo por la calle y veo niños jugando, no puedo dejar de sentir un escalofrío recorriéndome la columna vertebral. Intento restablecer mi actitud positiva, pero son humanitos y eso conlleva una serie de circunstancias agravantes; por esa razón, y aunque intento mirar a otro lado, no puedo dejar de preguntarme: cuando crezcan, ¿serán descuartizadores, políticos, violadores, curas, homicidas? Las preguntas sin respuestas nunca se acaban.

Todo funciona mal. Mi aburrimiento me ha gritado una idea codificada.

A veces, en mitad de una ensoñación producida por asqueamiento, displicencia y abulia, puedo imaginarme un botón en el centro de la nada más absoluta. Cuando es apretado, ese botón tiene el poder de volatilizarme; y evaporado me encuentro mejor porque no existo. Sólo no existiendo se puede comprender el verdadero sentido de la existencia. Existir implica execración, ignominia y ruindad.

Tengo torticolis. Mi reino por un Myolastan. Nunca volveré a intentar girar la cabeza 360 grados. Lo juro.

Mientras desayunaba he estado pensando en los elásticos de la ropa interior. Ya sé que no es precisamente un pensamiento a lo Hegel, pero es una forma de hacer rodar al cerebro. Mis reflexiones se han basado en la poca durabilidad de estas gomas, con lo cual he llegado a la conclusión de que los fabricantes de calzoncillos y bóxers o slips son en realidad fabricantes de trapos para el polvo y limpieza del hogar en general. Adendum: un amigo me recomienda que «me compre gayumbos de mi talla y no los desgome emulando a calorros paqueteros».

Después de planchar la ropa, no os olvidéis de tomaros un tranquilizante (o dos).

Tengo dos moscas en casa, y son mis amigas. Me siguen a todas partes, celebran mis ocurrencias con ese típico zumbido mosquil, me acarician a todas horas con verdadera sensualidad y cuando estoy depresivo bailan para animarme. Ya no necesito el amor humano, pues tengo a mis dípteros, que llenan mi vida y la hacen mínimamente soportable.

¡Qué equivocada estaba la loba! Resulta que no tenía cinco lobitos, sino un falso embarazo (también llamado pseudociesis).

Hoy no me he levantado con el pie izquierdo, tampoco con el derecho. Haciendo gala de mi innata originalidad, he decidido levantarme con la nariz, pero al apoyar el peso de mi cuerpo, esta se ha fracturado, así que me voy corriendo a Urgencias.

Dos kilos de patatas. Dos kilos de tomates Kumato. Leche de soja. Media docena de huevos. Yogures con bífidus activos. Pan integral de molde. 

¡Acabo de doblar los calcetines, los calzoncillos y las camisetas con el poder y la fuerza de mi mente! Ya no necesito usar las manos, bueno sí, para firmar los cheques sin fondos y clavar las agujas en el muñeco de trapo que representa a… ¿A quién? ¿A quién? 

Pago facturas, luego existo… 

Esta mañana muy temprano he oído un ruido seco que procedía de la casa de mis vecinos. Creo que era un disparo, pero no he llamado a la Policía, pues tenía miedo de hacer el ridículo. ¿Y si era una flatulencia proveniente de algún vecino? Espero haber obrado correctamente.

Durante un par de minutos he creído ser Yoko Ono.

Epistemológicamente hablando, los conocimientos que la mayor parte de Homo sapiens tienen sobre filosofía son comparables a los de cualquier especie de Macrocheira, es decir, nulos. Incluso me atrevería a asegurar que dicho artrópodo posee más entendimiento sobre metafísica, lógica, gnoseología y ética que el noventa y tantos porciento de la gente que conozco o he conocido, lo cual me lleva a una terrible conclusión: ¡es tan reconfortante esfumarse!

El rebuzno….¿es innato o adquirido?

He tenido un sueño extremadamente agradable: todos los médicos del mundo se hacían el harakiri con sus bolígrafos de 4 colores. Desde ese momento, las enfermedades dejaban de manifestarse, pues no puede existir afección si no hay curación.

Son las siete de la mañana y llevo levantado desde las seis y media, aunque eso no importa demasiado.. Mis vecinos del primero llevan más de media hora escuchando reggetón, ese género musical inventado por algún subhumano en su etapa mas psicótica. Que conste en acta que soy una jodida víctima y que voy a deslizarles por debajo de la puerta ácido nitroso (2 HNO2 ? NO2 + NO + H2O).

Ahora mismo no pienso. Pensar es arriesgado y a veces incluso peligroso. Por lo tanto he cambiado el hábito de operar mediante conceptos y razonamientos por el vuelo mental (y sin ayuda de drogas) alrededor de mi habitación.

He descubierto la imagen del Nazareno en la zona baja de mis calzoncillos Calvin Klein. Desconozco si es obra de un milagro o de la conjunción de una ventosidad y una casualidad estética. Mañana me pondré en contacto con el Vaticano y la NASA para que empiecen las pruebas pertinentes.

Odio comprar en Mercadona, odio comprar en Día, odio comprar en los supermercados; me pierdo con tantas marcas. A veces me dan ganas de tirar los estantes y una vez en el suelo todos los productos, ponerme a saltar sobre ellos. Y si viene el gerente a leerme la cartilla… bueno pues también saltaría sobre él.

Voy a crear el PAD (Partido de la Anchoa Descocada) y aunque no soy político profesional (afortunadamente), estoy seguro de que puedo hacerlo mejor que la totalidad de farsantes que nos representan (o quieren representarnos). Si quieres ser un militante de mi partido, sólo tienes que comprar (o robar) una anchoa en la pescadería y tirársela a la cara al politicastro que tengas más cerca. Cuando te pongan en libertad, automáticamente pertenecerás a mi asociación y me ayudarás a pagar mis facturas.

Son las seis y pico de la mañana. Podrían ser las siete, las ocho, incluso las nueve. Las tonterías que escribo ahora son extensibles a cualquier hora, no dependen del tiempo ni del espacio, pero son mis tonterías. Nihil obstat.

El 97 porciento de asesinos descuartizadores prefiere la marca de cuchillos Steel antes que ninguna otra; el tres porciento restante se inclina por desmembrar con la boca, aunque para poder hacerlo se necesita una buena dentadura, por eso el 87 porciento de ese tres porciento recomienda lavarse los dientes con Signal. ¡Y el culo con un jabón neutro!

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