agosto 2011

Email del 31 de agosto de 2011

 

 Andy Warhol, «Campbell Soup Cans» (1952)
La contención y el crepitamiento o la pareidolia de la vesania

NOTA: Este despotricamiento es acerca de la demencia humana y sus consecuencias, de ahí el estilo perturbado, disparatado; en definitiva, este artículo, texto o apunte, como quieras llamarlo, está dedicado a ti, por ser descendiente directo de aquel mono que, intentando coger un mango de un árbol, irguió su columna vertebral…

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Si tienen algo bueno las vacaciones veraniegas es que la mayor parte de la gente que durante todo el año se ha quejado de su extremada pobreza, se larga de la ciudad por un mes; este bendito alejamiento me permite entre otras cosas dormir sin la molestia de los ruidos ocasionados por las malas digestiones de mis vecinos. Que no oiga sus ruidosas flatulencias nocturnas implica que pueda dedicarme por entero a pasar las horas sin luz natural dedicado a mis necesidades, a mis menesteres, que son innombrables salvo para algunos amigos que conocen la forma de comportarse de mi cerebro y que lejos de escandalizarse apoyan mis manías insensatas, fomentan mis excentricidades y, en definitiva, dejan que yo sea mi propio enemigo, aun a sabiendas de que, de alguna extraña manera, ellos mismos pueden ser golpeados por la vara que rige y gobierna mis singularidades.

Como dicta una ley esencial no escrita por mano humana, todo positivismo liberado desencadena una fuerza negativa suficiente como para destruir los deseos mas imprudentes; o, como lo escribiría un torpe adorador de las filosofías orientales que sin embargo ha nacido en occidente: Yin y Yan, o la dualidad de la existencia y lo existente. Ciertamente, nunca me he caracterizado por aguantar demasiado las estupideces o a la gente que con poco (o mucho) esfuerzo las fabrica; es más, se podría decir que en este aspecto rozo el totalitarismo, aunque mi corazón es rojo y sangra cuando lo pinchan y aunque me expulsaron del partido comunista por no pagar 17 mensualidades.

Volvamos al tema de las vacaciones estivales. Pensemos en el Yang de un hecho derivado de estos días de asueto, ocio y descanso; reflexionemos sobre el infame acto del regreso y la variedad de psicopatías que implica. Voy a tratar de imaginar un cerebro humano recién llegado al asco y a la repugnancia que dejaron atrás hace solamente unas pocas semanas: observo la corteza cerebral escocida;  contemplo el tálamo y el hipotálamo aparentemente intactos; examino con fruición la glándula pineal y el cerebelo; la médula oblonga y el cuerpo mamilar me preocupan, pero es el giro cingulado, es decir, el controlador de las emociones o la memoria el que verdaderamente me interesa. Intentaré ser más claro y conciso con mis conclusiones…..

Todos los años desde que tengo uso de razón se repite un singular ritual entre los humanos más proclives a la vacuidad absoluta y los fabricantes de artilugios para rellenar esa oquedad mental. Ese ceremonial enajenado tiene una fecha y un propósito: la fecha es septiembre y el propósito quitar el dinero a los que se lo dejen quitar, de una manera legal, falsamente moral y con algunos pequeños retazos de lo que algunos denominan «clase». Me estoy refiriendo al fenómeno de las editoriales que utilizan la llegada de la estulticia en masa y relajada para bombardearla con estúpidas colecciones, interminables fascículos y ofertas de lanzamiento.

El año pasado me llamaron la atención las colecciones de de rosarios dedicados a los santuarios marianos más importantes del planeta y la de ganchillo fácil con los regalos pieza a pieza semanales de una porción de colcha vintage; todavía siento ganas de reírme hasta la extenuación cuando pienso en la clase de gente que puede comprar estas sandeces. La lista de coleccionables por etapas es interminable, vomitiva y decadente. Estos tipos de Salvat o empresas similares no tienen un ápice de originalidad en sus propuestas, más cercanas al medioevo que al siglo XXI, dirigidas sobre todo a un público marujil que se alimenta de programas de televisión y que rara vez utiliza la razón.

Puestos a hostigar a los cenutrios, hagámoslo de una manera coherente con el nivel de enajenación que trasmiten de padres a hijos: vamos a publicar colecciones rompedoras y vendibles. Aquí van unas ideas potencialmente comercializables:

COLECCIÓN DE TAMPONES DE FAMOSAS:
Esta colección poco higiénica pero realmente atrayente se compondrá de 235 fascículos, 234 tampones usados de famosas (Lady Gaga, Carmen de Mairena, Madonna, Alyssa Milano entre otras) y 12 expositores acristalados. Cada tampón será suministrado en una bolsa sellada con un acta notarial que justifique su valor.

COLECCIÓN DE CILICIOS CRISTIANOS:
Magnífica y elusiva colección de 175 replicas de cilicios pertenecientes a los siglos XVI, XVII y XVIII. Cada mes, y de regalo, se suministrarán pequeños pedazos de piel pertenecientes a santos famosos y cotizados como San Vicente Ferrer, San Acacio de Amida, san Fidel de Sigmaringen, San Régulo de Senlis, etc.

COLECCIÓN DE FLEMAS:
Aunque los mocos suministrados no pertenecen al famoseo, esta colección hará las delicias de cierto sector de enfermos mentales en fase terminal. La colección estará compuesta por 11.856 fascículos y sus correspondientes flemas. El origen de estas últimas es un misterio.

Otras colecciones futuras en las que se está trabajando:

-COLECCIÓN DE VELLOS CORPORALES DE ASESINOS CONFESOS.
-COLECCIÓN DE ESCAPULARIOS MANUFACTURADOS CON PIEL DE PREPUCIOS.
-COLECCIÓN DE PLATIJAS DISECADAS.
-COLECCIÓN DE CARCINOMAS EPITELIALES Y FORÚNCULOS CUTÁNEOS.
-COLECCIÓN DE INSTANTANEAS DE TURIFERARIOS GALLEGOS.
-COLECCIÓN DE TESTICULOS DE ANIMALES MAMIFEROS DEL MUNDO.
-COLECCIÓN DE CARIES DENTALES MULTIFACTORIALES.

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Email del 30 de Agosto 2011

 George Grosz, «Los pilares de la sociedad» (1926)

Queridísima compañera:

Hace un rato, mientras paseaba por las calles de mi barrio en un vano intento por rebajar barriga o mondongo, como gustes llamar a mi panza cada día más Falsttafiana, me ha parecido ver una cara conocida hurgándose la nariz con vehemencia en la puerta de un bar de mala muerte. Al principio me he quedado pensando, pues ese semblante de hiena sablista me sonaba, pero después de poner a trabajar el microprocesador de mi cortex he llegado a la conclusión de que el fulano que buscaba petróleo en su napia no era otro que Esteban González Pons, o por lo menos se le parecía. Completamente subyugado por la idea de que este elemento de la derecha más rastrera e inquisidora, se encontrara manchando las aceras de mi barriada con sucios y secos mocos verdes o secreciones flemáticas fascistas, algo ha removido mi característica cachaza mediterránea y he optado por entrar en el barucho, sentarme en la barra y desde allí estudiar al personaje. La frente Frankesteinera se asemejaba a la de Pons, los ojos vidriosos y farsantes se parecían a los de Pons, la nariz de Cynara Cardunculus (vulgo alcachofa) era semejante a la de Pons, los labios, más parecidos a los de Madame Blavatsky que a los de un humano masculino, eran clavados a los de Pons, sus orejas desproporcionadas eran un calco de las de Pons… pero no era Pons. En conjunto, su cabeza resultaba menos horrorosa y proclive al vómito que la de Pons y su cuerpo estaba mejor formado que el de Pons, pues sus extremidades eran simétricas y guardaban cierto equilibrio natural. Después de escrutarlo durante 15 minutos, de mala gana llegué a la conclusión de que este fulano no era el vicesecretario general de comunicación del PP. De todas formas hice una prueba: grité su segundo apellido mientras tosía, pero la réplica de facha seguía intentando llegar al cerebelo usando los orificios nasales como atajo.

¿Te imaginas que este ser escarbador por naturaleza, hubiese resultado ser Don Esteban? Lo primero que hubiera hecho es cuadrarme delante suyo y, con el brazo levantado en una posición agradable para sus ideas, cantarle el «cara al sol» en una versión en compás de 2/4 y estamparle en la cara un plato de tortilla de patata y cebolla del día anterior, que descansaba triste encima del mostrador mientras servía de pista de aterrizaje para siete moscas lustrosas y un tábano famélico. Hubiera acabado en la cárcel rodeado de guiris con caras de espanto, pero la sensación experimentada no hubiera tenido precio. No todos los días un rojo puede restregar una omelette española a un ideólogo de la intolerancia más abyecta.

Corazón, como republicana convencida, estoy seguro de que comprenderás mis palabras, duras pero absolutamente necesarias para todo lo que tenga que ver con el PP, ese partido cloacal que sin ideas piensa gobernar este país que ya no tiene futuro.

 Un besazo.

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Email del 25 de Agosto 2011

 Victoria Contreras, «Mediasnoches» (1990)

Hoy es el día en que he decidido dejar de comprar y comer pasteles y bollos de panificadora industrial o incluso de horno tradicional. He acabado con otro defecto insalubre y dañino con lo cual, este año, ya son 11 los vicios que he erradicado; mi cuerpo serrano puede estar contento y repleto de dicha pues cuando reniegue del último (el sexo), ya no habrá nada que martirice mi vida vacía, mustia y amargada.

No quiero que entiendas mal mis propósitos, pues en el caso de la bollería era una necesidad y estoy verdaderamente complacido con mi fuerza de voluntad. Una vez conocí a una chica que me contó lo que le había sucedido a su ex novio y ese recuerdo no demasiado lejano es el que me está ayudando a desengancharme de los azúcares y grasas saturadas. Te cuento: Salva, que así se llamaba su pretendiente, llevaba más de 15 años comiendo desaforadamente pasteles, bollos, helados, y repostería en general sin que sus análisis sanguíneos reflejaran ningún dato alarmante; pero cierta mañana funesta mientras se dirigía ufano y risueño a su trabajo, intentó mear en la oreja de un policía y fue arrestado. En los calabozos fue interrogado por un psiquiatra acerca de su malsano proceder y el respondió que tenia la vejiga llena y no podía aguantarse. A raíz de este hecho y de sus contestaciones se le condenó a pasar 2 años en una clínica urológica sin posibilidad de reducción de condena. Te cuento esto porque mi amiga está totalmente convencida de que enloqueció por culpa de su adicción a la repostería; por lo tanto, y si sus deducciones son correctas, es posible que mi renuncia a dicho hábito sea la segunda cosa mejor que he hecho en mi vida (si exceptuamos la vez que le subí la sotana a un cura y le pinté de azul eléctrico sus partes nobles).

El problema que conlleva extirpar un mal hábito es la sensación de vacío existencial que suele inundar la mente y el cuerpo del valiente que se atreve a llevarlo a cabo. En mi caso, estoy sufriendo un pequeño desorden interior nada preocupante, pues los ruidos habituales de mi estomago se han tornado en rebuznos desordenados, que de ninguna manera interfieren en el devenir habitual de mi existencia diaria. ¡Si!, ya sé que sólo llevo 4 horas sin mi edulcorada y zalamera droga, pero conozco mi cuerpo y me siento repleto de fuerza y respeto por mi mismo; me siento tan animoso y sereno que incluso he contemplado la posibilidad de embrear y emplumar a un político de derechas y atarlo a un semáforo.

Bueno, cariño, ya te he contado mis últimas tentativas por llevar una vida corta pero sin achaques; ahora tengo que dejarte, me espera mi inquieto sofá y un capítulo de mi serie de sucesos favorita. Un besazo muy fuerte, higiénico y bienintencionado.

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Email del 23 de Agosto 2011

 Velázquez, «Retrato de Inocencio X» (1650)

Hola, querida:

A veces leo cosas en los noticieros que me dejan anonadado o descompuesto, tal es el caso de esta noticia aparecida en el mejor periódico digital español: un obispo justifica la pederastia porque hay niños «que provocan». Después de leer las dementes y execrables palabras de Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, tras las justificables náuseas, lo primero que me ha pasado por la cabeza han sido unas terribles ganas de colgar del cuello a este tipo hasta que muera. El problema es que está castigado el maltrato a los animales y este tipo es peor que un repugnante gusano. Con estas palabras se está justificando, por lo cual se deduce que él ha abusado de niños, o por lo menos lo ha deseado con todas sus fuerzas. Además de atrasados, enfermos y psicóticos, esta gente cree que tiene el derecho de pernada con todos los críos que por cualquier razón pertenecen a su parroquia. No les basta con estafar, engañar, mentir, chantajear; no tienen suficiente con siglos de asesinatos, violaciones y torturas a sus espaldas, encima tenemos que escuchar sus vomitivas salidas de tono y aguantar a su «capo di tutti capi» estéril y senecto de visita en una de nuestras capitales. ¿Hasta dónde vamos a consentir que esta secta legal se salga con la suya? ¿Todavía estamos en el Medioevo? ¿Vamos a tener que esperar mucho hasta que podamos salir a las calles y vengarnos de tantos siglos de tiranía eclesiástica? Sinceramente, si esto no sucede en un plazo de dos a tres años, dadas las circunstancias, creeré que el ser humano es un borrego que necesita seguir líderes espirituales y que se regocija de las perversiones y de la mentalidad depravada de los que se auto tildan de pastores de almas.

Te habrás dado cuenta de que este es el primer mail que te envio donde no existe ni una sola línea de humor absurdo, pues ya es bastante absurdo que permitamos a estos fulanos salirse con la suya. Cada vez que pienso en la libertad individual me entran ganas de vomitar. La libertad del individuo no existe, es una quimera que se desvanece, una ilusión pre-establecida, una ficción que se auto-escribe; si no ponemos fin a esa vesania, el terror de las religiones no acabará nunca.

Besos

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Email del 22 de Agosto de 2011

 Edouard Manet, «Le suicidé» (1877-81)
Querida amiga,

Bostezo continuamente, el último me ha desencajado la mandíbula unos minutos; no sé cuánto tiempo aguantaré esta existencia aburrida donde las únicas cosas que me sacan del tedio y simplemente porque me cabrean hasta puntos insospechados, son las facturas del banco. Pero de momento no me está permitido asesinar al director de la sucursal, ni siquiera golpear a uno de los empleados, el más cafre de todos, ese que defiende la existencia de las bancas como saneadoras de la economía y que casi se cuadra cuando el director de la sucursal se rebaja a hablar con él.

Acabo de regresar de mi paseo matutino y todo es igual que ayer y antes de ayer; a veces creo que cada día nuevo no es más que una repetición de otro pasado. En el horno he tenido que esperar a que una abuela jorobada y con un moño, seguramente robado a la reina Victoria, se dignara acabar una demencial conversación con la dependienta sobre la forma de pelar los pimientos sin romperlos; ambas, realmente animadas con su intelectualidad, han seguido con su coloquio sin importarles lo más mínimo que la cola de clientes indignados alcanzara la puerta. Más tarde, en el popularmente llamado «todo a 1 E» o vulgarmente «el chino» he presenciado una pelea verbal en mandarín entre los conyugues propietarios; como la bronca se animaba y no me hacían ni puto caso, he tomado notas y te transcribo la conversación al castellano: ya sabes que domino las lenguas orientales, las lenguas muertas, las bífidas,  e incluso el murciano:

CHINA: Te pasas todo el día tumbado en la cama y no me ayudas nunca.
CHINO: ¿En la cama? Eso si es bueno, es un colchón de playa…
CHINA: Bueno ¿Y qué más da? No me ayudas, me siento sola como una puta de Macao, deberías suicidarte…
CHINO: ¿Si me suicido, quién va a conducir la furgoneta?
CHINA: Pero si nos la robaron hace 2 meses.
CHINO: Recuerdo el día en que te conocí, entonces no eras una bruja como lo eres ahora…
CHINA: ¿Yo una bruja? Mira quien fue a hablar. Te recuerdo que hasta hace un par de años no sabias escribir tu nombre ni con plantilla, mentecato.
CHINO: Eres una bruja.
CHINA: Y tú un vago fimósico y andropausico.

Después de salir del comercio de los discutidores con una caja de guantes de látex despachada de mala gana por la bruja de ojos rasgados, me he dirigido con ímpetu y gallardía hacia la frutería, pero el contemplar la fruta que exponían debajo de un sol de justicia me ha hecho desistir de adquirir un mísero kilito de manzanas, así que he decidido largarme a casa y escribirte este mail.

Cuando me muera o fallezca, lo que ocurra antes, quiero que tú, como amiga íntima, dispongas de todo tal como he dejado escrito en mis últimas voluntades. Te recuerdo esto porque no estoy dispuesto a aguantar esta desgana, este hastío durante mucho más tiempo. Aunque tu memoria es mítica, voy a tomarme la libertad de recordarte cómo quiero que sea mi funeral y sobre todo, cómo deben ser respetadas mis postreras disposiciones:

1) No quiero velatorio, en lugar de exhibirme maquillado como si fuera un maniquí de la tienda Tommy Hilfiger, prefiero que se expongan unos calzoncillos del siglo XVII. Cuando llegue el momento te enviaré dicho calzón, por cierto comprado en Ebay a un precio desorbitado.
2) Mi cuerpo ha de ser incinerado. La música que debe sonar mientras el horno queme mis restos debe ser «Había una vez un circo» de Gaby, Fofó y Miliki (con Fofito). La gente (por llamarlos de alguna forma) que asista a mis exequias pre-crematorias podrá picar de una bandeja repleta de conguitos y ositos de regaliz. Mis cenizas deberán reposar en una caja de tampones marca Tampax, y ésta enterrada en el campo debajo de una olivera centenaria.
3) Quedará totalmente prohibido, incluso para mis padres y hermanos mostrar compungimiento o desesperación, siendo premiada cada carcajada que produzcan sus bocazas con 100 Euros de mi cuenta personal.
4) El cuarto día del cuarto mes después de mi deceso se celebrará una misa falsa en una Iglesia verdadera. Tanto los curas falsos como el público verdadero deberán asistir desnudos, excepto el sacerdote ficticio que podrá oficiar en negligée.

Esto es en pocas palabras lo que deseo que suceda. Dejo en tus limpias manos todo el proceso, pues estoy convencido de que darás hasta la última gota de tu sangre del grupo A para que nada se tuerza y mi pseudo-alma descanse tranquila y relajada donde quiera que descansen las pseudo-almas.

Un besazo

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Email del 21 de Agosto 2011

Jacques Louis David, «La mort de Marat» (1793)

Querida amiga:

Cuando estoy depresivo o cuando las cosas no funcionan como era de esperar, siempre viene a mi memoria una frase de mi amigo David Lisardo: «Lo disfuncional alimenta». Cuando lo conocí, hace más de 30 años, David era tanatopractor de équidos; algunos años después, dejó ese trabajo y se metió en un ataúd de madera de roble con un tapizado abullonado y forma semiredonda, pues falleció al intentar contener la respiración cuando asistía como público a un concurso de flatulencias. Aunque no te he hablado nunca de él, más que nada porque me gusta recordarlo con su sonrisa babosa en la cara y no con el color amarillento que le dió el tanatopractor de humanos, puedo asegurarte que hasta el día de hoy ha sido mi máxima influencia; su serie de escritos sobre la naturaleza e idiosincrasia de la coliflor todavía no han sido superados y me honra que en la dedicatoria para la primera edición estuviera mi nombre detrás del de sus perros «Incitatus», «Yago» y «Pimentón».

Te cuento estos recuerdos básicamente porque tengo la necesidad de contárselos a alguien y, hoy por hoy y si exceptuamos a las dos moscas comunes que revolotean por mi habitación, tú eres mi única amiga y la única de las tres que sabe escuchar sin emitir un zumbido de aprobación gratuito, pues ya sabes que odio que alguien me dé la razón por el mero hecho de quitarse un pelmazo de encima (o de debajo).

Podría contarte cómo me siento; podría relatarte lo que pienso en estos instantes, pero la pereza es superior a las ganas y a la fuerza de voluntad, por lo que he optado por dejar que tú misma te lo imagines. Ahora voy a tumbarme en la cama con el ventilador dirigido a mis axilas; tendré que forzar la postura y es posible que mi espalda sufra, pero no me importa demasiado; a los que debería importarles es a los fabricantes de desodorantes que juran y perjuran que funcionan durante 48 horas, pero esa es otra historia…

Un beso desde la demencia interior.

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Email del 20 de Agosto 2011

 

Jean Dubuffet, «Site avec 2 personnages» (1975)

Querida:

Como conozco tus inclinaciones a la psicología moderna y tu apetito voraz por las veleidades del subconsciente paso a relatarte mi último y más desconcertante sueño:

Parece ser que trabajo de investigador privado y recibo un mail ofreciéndome empleo. Me dirijo hasta la panificadora industrial más grande del país y su director general me explica que alguien ha estado descornando los croissants y, como un croissant sin cuernos es como «una mujer sin pechos» según sus propias palabras, me insta urgentemente a que averigüe quién es el demente descuartizador de su infecta bollería grasosa. Después de pensármelo un microsegundo, le comunico que rechazo su ofrecimiento argumentando que cada croissant tiene 560 calorías y que personalmente soy un defensor a ultranza del desayuno tradicional. Resignado, me argumenta que las calorías son buenas para que los endocrinos se ganen decentemente la vida, pero que si no quiero aceptar su trabajo lo comprende y me desea lo mejor para mi futuro. Aún no ha terminado de chocarme la mano cuando de repente se convierte en un calcetín sudado y desaparece por el conducto de la ventilación. Asustado, intento salir de esa sala corriendo pero mis pies están en huelga y me comunican telepáticamente que no darán ni un paso mientras no les prometa que los masajearé una vez cada 15 días con crema humectante de importación. Les prometo que estudiaré sus reivindicaciones si me sacan de ese lugar a trote, pero se niegan en redondo, con lo cual tengo que hacer el pino y salir andando con las manos.
Una vez de regreso en mi despacho y después de haberme lavado a conciencia las extremidades superiores,  siento unas terribles ganas de prepararme unos higos en almíbar pero como no es temporada de brevas me disparo un tiro en una oreja.

Más o menos en este momento me despierto bastante consternado y sudoroso. Me imagino que tras leer mi alucinación querrás buscarte otras amistades; no te lo reprocho, yo mismo me doy miedo y si no me descerrajo un verdadero tiro es porque la única pistola que poseo es transparente y está rellena de chuches. ¿Crees que debería acudir a un catedrático en psiquiatría? Si la respuesta es afirmativa no te molestes en enviármela, mejor remítela urgentemente al Vaticano.

Besos

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Email del 11 de Agosto 2011

 Balthus, «La chambre» (1954)

Hola nuevamente, querida:

Acabo de pegar un repaso al periódico de hoy mientras almorzaba y me he sorprendido bastante al leer la tercera noticia por importancia del día: la primera, como no podía ser otra, la salud de la bolsa europea, sobre todo la española que se encuentra en un estado semi comatoso de difícil solución. La segunda explicaba la razón de los disturbios callejeros en algunas capitales inglesas y la tercera, la que me ha sacado del letargo mañanero y ha logrado que se me atragante el croissant: «El precio de los consoladores ha bajado en los dos últimos años un 35 %».

Puede parecer excesivo que un suceso tan húmedo comparta cabecera con la bolsa y los disturbios, pero si lo analizamos detenidamente y con la mente abierta podríamos llegar a la conclusión de que es la respuesta definitiva a la crisis mundial. ¿Qué importa que el Ibex se arrastre cual serpiente amonada? ¿Qué más da que tus acciones en Botijos SA o Gayumbos Inc estén a un paso de la debacle total? Cuando llegas a casa lo primero que haces es sacar brillo a tu dildo de importación, ese juguete que cuando te hace llegar al orgasmo reproduce a un volumen inusitado la canción «Soy minero», avisando al vecindario que en tu piso vive un comunista.

Estoy casi seguro de que los próximos avances científicos en cuestión de software serán exclusivamente dedicados al sexo. En algún lado he leído que una empresa rusa está diseñando una mano articulada recubierta de látex de la mejor calidad, que saldrá de la pantalla de cualquier Pc o Mac cuando le des la orden, agarrará el pene con suma delicadeza y lo moverá al ritmo caribeño de un merengue o un cha cha cha, haciendo que las puertas del éxtasis lleguen a la corteza cerebral del individuo que, por supuesto, haya comprado el programa, de una manera más sencilla, barata y anónima. La cuestión es: ¿Sería posible una versión de la mano con música de Igor Fyodorovich Stravinsky? ¿Y si alguien es más egoísta y quiera que salgan dos o tres manos, o un pie?

En cuestión de sexo las innovaciones siempre son arriesgadas, pero ninguna como las que diseña desde hace un lustro la empresa nipona «Nobi Chuan An». Ellos fueron los primeros que comercializaron el pene micrófono y el reloj vagina-cucú, y los verdaderos inventores de la boca succionadora que al mismo tiempo que masturba y succiona el semen lo transforma en sake de 85 grados, aunque la versión española sustituye el sake por horchata.

Particularmente soy un tipo bastante tradicional y me gusta masturbarme con un rosario atado fuertemente al glande o con una foto de una pintura que represente a María Magdalena y Judas Iscariote en actitud lasciva, procaz e impúdica. Como tengo una imaginación erótica y rijosa por naturaleza, no olvides que fui 10 años a colegios católicos, no me será difícil llegar a un orgasmo del tamaño del edificio de la Opera de Sidney, que redimiré cómodamente por el sacramento de la confesión y con un coste relativamente bajo, pues siete «Credos» y 8 «Padre nuestros», no suponen un verdadero impedimento para mi moral religiosa claramente afectada.

Un besazo, rebonica.

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Email del 10 de Agosto 2011

Egon Schiele, «La madre muerta» (1910)

Querida, tengo un problema:

Si hay algo peor que ser madre, desde luego es ser abuela, pues a la fase materna, esa que convierte a una mujer inteligente en idiota, mentecata y simplona por unos meses, hay que sumarle el déjà vu que experimenta la madre de la madre por volver a ser mamá. Te explico: tú sabes que de mi ventana exterior a la ventana de los vecinos de la otra finca no hay ni 20 metros, por lo que puedo verles y oírles como si estuvieran en mi propia habitación. Desde hace un mes, mi vecina ha sido visitada por su hija y su recién nacida morcillita, pues no sé si es varón o hembra y en cualquier caso me da igual. Esta abuela no demasiado vieja pero con un timbre de voz terriblemente repugnante me deleita 3 veces al día con la misma serie de rebuznos dirigidos a su nieto, ya sabes, esa clase de gilipolleces que los adultos ofrecen a los bebés cuando quieren que de mayores sean psicópatas: «pero qué cosa tan bonitaaaaa», » mira mi niño que ojazooooos tiene», «¿cómo se ríe el nene cuando le toco por aquiiiiii?» o «que culito más sucio, pobrecito míooooooooo».

Durante estos días de letanías demenciales he ido observando la cara del bebé y, a estas alturas, estoy en condiciones de asegurar sin el menor riesgo a equivocarme que ya es diabético del tipo 2: ningún páncreas soporta tal ristra de memeces sin reventar. Tú me conoces y sabes que si me quejo no es por el bebé, ¿qué importa un futuro asesino diabético más?, me quejo por mi salud pues si cierro la ventana para ensordecer la inmundicia prefabricada que sale de la bocaza de esa señora, corro el riesgo de morir abrasado de calor; recuerda que aunque mi ventilador es de buena marca y tiene tres velocidades el sol valenciano es terrible y demoledor; pero si dejo abierta la ventana unos días más sé que puedo acabar mordiendo los testículos de un perro en la calle, cosa que jamás me perdonaría.

¿Qué opciones tengo?:

A) Matar a la abuela.
B) Secuestrar al bebé.
C) Tirarme por la ventana.

La alternativa A es claramente arriesgada, si fallo a la primera tendría que soportar sus berridos de pejelagarto y eso sería mortífero para mis oídos y podría causarme un aneurisma cerebral; la B por el contrarío es fácil de poner en práctica pero imposible para mi corazoncito; si raptara al bebé, podría mantenerlo a base de comida de gatos unos días, pero luego tendría que llevarlo a una protectora de animales; además, si exterminamos a los perturbados antes de que cometan sus crímenes….¿a qué se dedicaría la policía, a bailar salsa? De momento la opción C es mi preferida, pues al mismo tiempo que pongo fin a mis suplicios puedo intentar que al chocar mi cuerpo con los adoquines desgastados del suelo mi sangre salpique y les ensucie el alfeizar de la ventana.

Esta tarde meditaré fríamente este asunto y la forma de salir de él. Si no vuelves a recibir un mail mío es porque he optado por la última opción; si eso sucede, te lego todas mis facturas impagadas de los años 2009 al 2011.

Un beso

Email del 10 de Agosto 2011 Leer más »

Email del 7 de agosto 2011

James Ensor. «Máscaras peleándose alrededor de un ahorcado» (1891)

Lucha de clases en la estantería

Imaginaos unos grandes almacenes, sección ropa interior de caballero. Varios calzoncillos cuelgan de unas bonitas pero poco funcionales mini perchas en un mismo estante. Todos sabemos que los gayumbos no hablan, pues no poseen laringe, pero dejad volar vuestra imaginación (por lo menos los que aún tenéis este bendito don):

BOXER 1: ¡Buenos días a los nuevos!
BOXER 2: Hola, ¿Que tal se está aquí? ¿Llevas mucho tiempo en esa percha?
BOXER 1: ¡Tres temporadas! Tengo un defecto de fábrica en la bragueta y no hay forma de darme salida.
SLIP: Además es de nylon y abrasa los genitales, por eso nadie lo quiere.
BOXER 1: Tú cállate, llevas aquí el mismo tiempo que yo y excepto un chulo de playa que ceceaba nadie te ha planteado como primera opción.
SLIP: Por lo menos yo estoy confeccionado con 70 % de algodón y pertenezco a una marca líder mundial en ventas; cada vez que leo el nombre de tu etiqueta me entran ganas de soltar un botón. ¿Dónde se ha visto una marca llamada «Sedox»? Ni siquiera un puto calzón largo de felpa osaría llamarse así.
BOXER 2: Bueno chicos, vale ya, estamos aquí para fascinar al personal, dejad ya de…
SLIP: ¿Fascinar al personal? Hablas como una braga de seda, ¿Cómo se puede ser tan afectado y repipi?
TANGA: ¡Bastaaaa! ¿No se puede dormir tranquilo aquí o qué? Dejad de auto doraros la píldora. Al final todos acabamos manchados de mierda por alguna sucia ventosidad no anunciada, así que dedicaros a lo vuestro que es colgar de vuestras perchas hasta que algún carpintero os compre.
BOXER 1: Mira quien fue a hablar, Don poca tela.
BAÑADOR BERMUDAS: Hola
SLIP: ¿Tú qué haces aquí?
BAÑADOR BERMUDAS: Perdonad la intromisión, la culpa no es mía, es de esa dependienta flaca, creo que todavía no sabe distinguir entre la clase alta y el vulgo más ruin y me ha colgado con vosotros, de todas formas siempre podéis aprender algo de diseño y colorido.
BOXER 1: Decidme que estoy soñando y que este panoli sólo es el resultado de una mala cosida. ¿Te crees superior por llevar unos estampados gays?
BAÑADOR BERMUDAS: ¿Estampados gays? ¿Al diseño fashion en esta estantería se le llama diseño gay? Creo que voy a gritar a ver si algún dependiente con estudios me lleva de camino a mi sección. ¡Socorrooooooo, socorroooooooo!
SUSPENSORIO: Nunca había oído unos diálogos tan cafres y rudos como los que me estáis ofreciendo. Ya me resulta bastante duro compartir espacio con prendas rebajadas tres veces, como para encima tener que aguantar tanta cháchara. Callaos ya o me descuelgo.
SLIP: Descuélgate de una vez y ojalá te pise una gorda mientras estás tirado en el suelo.
BOXER 2: Creo que aquí hay demasiada violencia. Lo siento chicos, yo soy de importación, no estoy acostumbrado a insultar y ofender. En mi país de origen todos somos muy educados y no…
SLIP: ¿Dónde te han fabricado? ¿En una jabonería? ¡Capullo!
BOXER 2: Me confeccionaron en Puerto Rico aunque el algodón fue importado del Mississippi…
SLIP: ¡Missipollas!
TANGA: Jajajajaja, buen chiste ordinario y arrabalero.
BOXER 2: Se dice pene, además no voy a entrar en vuestro juego, ¿sabéis? tengo estudios…
SUSPENSORIO: Una vez fui vendido a un exportador de berenjenas que me…
SLIP: Me importa una mierda quien te compró…
BOXER 1: ¿Te compraron y te devolvieron? Nunca había oído nada igual.
SUSPENSORIO: Como os decía: una vez fui vendido a un exportador de berenjenas que me…
BAÑADOR BERMUDAS: ¡Socorroooooo, socoroooooo!
SLIP: ¡Cállate ya! Pareces unos pantis sin refuerzo.
BOXER 2: Comportémonos por un instante como prendas de boutique y escuchemos lo que trata de decir el suspensorio.
SUSPENSORIO: Gracias, una vez fui comprado por un…
SLIP: Por un importador de berros, si eso ya lo habías dicho antes.
SUSPENSORIO: Exportador de berenjenas que me…
BAÑADOR BERMUDAS: ¡Socorrooooooo, socorroooo, sacadme de aquiiiii, socorrooooo!
SLIP: Yo también quiero salir de aquí. ¡Socorrooooooo!
BOXER 2: ¿Dónde he ido a parar?.  ¡Por favooooor, dependienteeeees, ayudaaaaaa!
BOXER 1: Eso, largaos, este estante es mío.
SUSPENSORIO: No se si lo sabíais, pero una vez fui vendido a un exportador de berenjenas  que me….

Email del 7 de agosto 2011 Leer más »