Email del 23 de Agosto 2011

 Velázquez, «Retrato de Inocencio X» (1650)

Hola, querida:

A veces leo cosas en los noticieros que me dejan anonadado o descompuesto, tal es el caso de esta noticia aparecida en el mejor periódico digital español: un obispo justifica la pederastia porque hay niños «que provocan». Después de leer las dementes y execrables palabras de Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, tras las justificables náuseas, lo primero que me ha pasado por la cabeza han sido unas terribles ganas de colgar del cuello a este tipo hasta que muera. El problema es que está castigado el maltrato a los animales y este tipo es peor que un repugnante gusano. Con estas palabras se está justificando, por lo cual se deduce que él ha abusado de niños, o por lo menos lo ha deseado con todas sus fuerzas. Además de atrasados, enfermos y psicóticos, esta gente cree que tiene el derecho de pernada con todos los críos que por cualquier razón pertenecen a su parroquia. No les basta con estafar, engañar, mentir, chantajear; no tienen suficiente con siglos de asesinatos, violaciones y torturas a sus espaldas, encima tenemos que escuchar sus vomitivas salidas de tono y aguantar a su «capo di tutti capi» estéril y senecto de visita en una de nuestras capitales. ¿Hasta dónde vamos a consentir que esta secta legal se salga con la suya? ¿Todavía estamos en el Medioevo? ¿Vamos a tener que esperar mucho hasta que podamos salir a las calles y vengarnos de tantos siglos de tiranía eclesiástica? Sinceramente, si esto no sucede en un plazo de dos a tres años, dadas las circunstancias, creeré que el ser humano es un borrego que necesita seguir líderes espirituales y que se regocija de las perversiones y de la mentalidad depravada de los que se auto tildan de pastores de almas.

Te habrás dado cuenta de que este es el primer mail que te envio donde no existe ni una sola línea de humor absurdo, pues ya es bastante absurdo que permitamos a estos fulanos salirse con la suya. Cada vez que pienso en la libertad individual me entran ganas de vomitar. La libertad del individuo no existe, es una quimera que se desvanece, una ilusión pre-establecida, una ficción que se auto-escribe; si no ponemos fin a esa vesania, el terror de las religiones no acabará nunca.

Besos