Email del 29 de mayo 2018
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| Pierre Alechinsky. Seen in Profile, Sticking Out Tongue (Tireur de langue profilé) (1964) |
Hola:
La opacidad privativa del Yo (sin el Mí y el Mío) suele degenerar en algo similar a una especie de luminosidad aherrojada, pero armónica y suntuosa al mismo tiempo. Sin embargo, estoy totalmente convencido de que aunque lo intentara durante treinta o más días, sería incapaz de reescribir una memez como la anterior, por eso me siento satisfecho. Soy el campeón de las locuciones vacías y sin sentido. ¡Y mejoro con el entrenamiento! Mi intención era construir cinco o seis frases de ese estilo, enviártelas y salir corriendo, pero he decidido salir por la claraboya.
Greg
PD:
Si te apetece venir a mi casa a barrer y fregar el suelo, quitar el polvo de los muebles, las arañitas de las paredes, limpiar por completo y en profundidad la cocina y el aseo, poner un par de lavadoras y zurcir unos cuantos vaqueros, por supuesto gratis, y mientras yo miro con aire pretendidamente solemne o agradecido -como tú prefieras-, me pegas un toquecito o dos, ¿vale?. Después de dejarme la casa como una patena podría contarte algunos de mis problemas y un par de secretos. No sé. Siento una extraña sensación de tristeza recorriéndome las narices. Ni siquiera insultar a los imbéciles me estimula. Si no te apetece venir a mi casa para convertirte en el paradigma de la subyugación imprecativa durante cuatro o cinco horas, no vengas. No me importa convivir con la suciedad. No creo que la porquería sea capaz de asesinar a alguien. Solo las personas necesitan matar a otras personas y, en ocasiones, algunas perdices. Sí, ya sé lo que estarás pensando: si soy capaz de convivir con la mugre, ¿por qué intento que vengas a limpiar mis pertenencias? Bueno, yo soy así. Mi dualidad cósmica es un hecho comprobado. Además me gustan los vocablos que terminan en «encias», como inmunodeficiencias, interdependencias, intrascendencias o desasistencias. ¿Pasa algo? Pero podríamos llegar a una especie de pequeño entendimiento. Quiero decir, tú limpias mi cochambre y yo te lo agradezco de corazón. Incluso podría derramar unas lagrimitas y dejar que me contaras unas cuantas contrariedades -absolutas o relativas- mientras te envuelvo en un abracito tan falso como la bolsa de cuero donde guardaba las monedas ese tipo llamado יהודה איש־קריות. ¡Joder, solo me tengo a mí! Yo soy mi propio amante, pero al mismo tiempo soy mi ramera preferida y me cobro un plus por depravación cuando pretendo hacerme una postura extraña. Obviamente también soy mi proxeneta y me pego unas palizas de muerte. Y mi banquero. Y mi médico. Y mi antivirus, así que me actualizo automáticamente para ofrecerme la mayor protección posible. ¡Y me paso las normas de la jodida RAE por los testículos! Y cuando lloriqueo tapono mi nariz con efedrina. Y cuando salto por los sofás espumarrajeando por la boca me meto un chute de bromuro de metilnaltrexona. Y a partir de ese instante ya nada me importa, porque me encuentro muerto y, obviamente, muchísimo mejor.
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