mayo 2018

Email del 14 de mayo 2018

Philip Guston. Daydreams (1970)

Querida:

Estoy de píe y giro al contrario. ¿Soy un derviche girador? No creo, pues existen otros muchos lugares y momentos. Aunque si quieres que te sea sincero, todavía sigo soportando esa maldita sensación de molestia en el estómago, porque me doy cuenta de que no soy capaz de comprender una jodida mierda de lo que sucede alrededor. A veces incluso creo que con la edad entiendo todo menos. Pero no trato de gritar mi profundo malestar a cualquiera que pueda escucharme, solo quiero que nadie me importune mientras doy vueltas. Cuando giro siempre tengo la sensación de que se abren todas las puertas. Y es en esos instantes cuando todo me importa un carajo. Porque mientras cierro los ojos y me impulso hacia el lado izquierdo todas las pequeñas cosas que antes me producían conflictos ahora pertenecen a la danza. Y la danza forma parte de esa inercia histórica y recurrente que tiene el poder de aniquilar cualquier forma de pensamiento ajeno. Trataré de explicártelo de una manera más comprensible. Supón que sales por la puerta y el principio de oscuridad se arroja sobre tus ojos. Entonces piensas, «¿cómo es que está atardeciendo tan pronto? Seguro que la tarde esconde algo». Das la vuelta y vuelves sobre tus pasos. Cierras la puerta y enciendes la luz eléctrica. De repente todo lo que pudo ser deja de representar una amenaza, porque lo que verdaderamente deseas es volver a participar de lo que conoces bien, aunque no te represente. Aunque no te represente. Ese es el quid de la cuestión. ¡La esencia, el motivo! La causa y el fondo como sustantivo. Todo lo demás, no son más que moléculas insuficientes, restos de demasiadas carencias, que en su infinito camino hacia el demasiado poco absurdo «ningún lado», se estrellan en la vana y hueca insustantibilidad de tus emociones. Es en esos instantes cuando decides que, al fin y al cabo, no salir fue una buena jugada, magníficamente rediseñada y con un final tan predecible como el de un estúpido sueño.

G

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Email del 10 de mayo 2018

Utagawa Kunisada. Ichikawa Danjuro VII in his dressing room (1827)

Amiga mía:

De las siete personas que visitan mi blog regularmente, seis piensan que debería ponerme en manos de un psiquiatra y una que necesito urgentemente la ayuda de un buen peluquero. Por esa razón acabo de cambiar de odontólogo y he suspendido de empleo y sueldo por 12 meses a mi proxeneta habitual. Mi dentista antiguo coleccionaba chalets que le financiaba yo por medio de las continuas ortodoncias; y mi chulo, un día y sin previo aviso, dejó de insultarme y se dedicó a componer canciones espirituales sin estribillos. Pero no quiero contarte lo magnífica que es mi existencia o demostrarte lo magnífica que es mi existencia, ni siquiera convencerte de lo magnífica que es mi existencia. Lo que realmente quiero es que se termine de una jodida vez mi magnífica existencia. Y tú has sido la elegida para que eso suceda. Solo tienes que asesinarme. ¿Serías capaz de taladrarme ambos ojos con el palito de un Chupachups? Sé que me quieres y que harías cualquier cosa por mí. Después de taladrarme los ojos con el palito del Chupachups podrías comerte el Chupachups o regalárselo a un niño. Si te preguntas por qué he elegido una forma de muerte tan dolorosa e inhumana tienes la respuesta garabateada en un papel dentro del bolsillo de uno de los pantalones Levís 511 que cuelgan en mi vestidor. De paso podrías plancharme la camisa de lino que está tirada encima de las perchas. Quiero que me entierren con esa camisa. Me la regaló Dios el día que se apareció ante mí. Yo quería que me ofreciese las Tablas de la Ley, pero él prefirió renovarme poco a poco la guardarropía. Ah, necesito que le digas al tanatopractor o a la tanatopractora que cuando me tinte las cejas no use el color negro, ya que entonces parezco una vieja dama de la aristocracia latifundista. Y también que compres un calzoncillo sin sisas. No quiero largarme al otro mundo con molestias en las ingles. Y bueno, creo que no me dejo nada. ¡Ah, sí! Quiero que arrojes mis cenizas desde la cima del pico Uhuru en el monte Kibo, en pleno Kilimanjaro. Y que mi última ex lea mi panegírico. Lo escribí ayer y me siento muy orgulloso de su valor literario. Lo tienes en el bolsillo del camisón que cuelga al lado de mis pantalones Levis 511 que a su vez cuelgan en mi vestidor. ¡Todo cuelga en mi vestidor! Excepto mi vestidor, que siempre permanece impasible y absolutamente verticalizado, quizá esperando una manita de pintura acrílica que nunca llegará.

Para terminar con este postrero email y, sobre todo, para acabar con todo y con todos, quiero explicarte dónde se encuentra la puta mierda. Te he dibujado un mapa. Lo encontrarás en el bolsillo de mi chupa de polímero sintético preferida que se encuentra -¿lo adivinas?- colgada en el compartimento secreto de mi vestidor. Cuando lo encuentres quiero que memorices el recorrido y lo comuniques a cualquier persona, animal o cosa que haya tenido que ver conmigo en los últimos 56 años.

Te querrá (si cumples sus designios):

Greg

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Email del 9 de mayo 2018

M.C. Escher. Dream (1935)

Querida:

Esta noche he soñado que tenía una almorrana muy gorda y tan grande que colgaba entre las nalgas. Sé que no me vas a creer, pero es absolutamente cierto. Tan cierto que nada más despertarme he sentido la necesidad de meter la mano y comprobarlo. A veces los sueños pueden llegar a ser muy reales y se necesitan varios minutos para volver a la realidad. El problema ha sido que al meterme la mano para verificar si existía o no esa madre de todas las hemorroides, he sentido una especie de placer sicalíptico recorriendo cada poro de mi cuerpo. Un placer que todavía perdura porque, aunque ya hace más de tres horas que me despabilé, no he sido capaz de retirar la mano de… ejem, donde tú ya sabes. Lo único que he podido hacer ha sido cambiar de mano para poder escribirte este email. Creo que toda esa gente que afirma que el ser humano es básicamente rectal tiene razón. Me he convertido en un tipo anal (¿o quizá asnal?) y sigo siendo la hostia de heterosexual, pero lo que verdaderamente me preocupa es si seré capaz de sacar la mano de ahí algún día, pues el placer es tan inmenso y adictivo como el que proporciona restregar la parte protegida por la cremallera de los pantalones sobre una superficie metamórfica demasiado poco pulida. ¿Crees que si salgo a la calle con el brazo metido por la parte trasera de los vaqueros causaré alguna forma de repulsión que haga que la gente me considere un ser asqueroso, despreciable y ruin? ¿O por el contrario, el vulgo considerará mi maniobra como algo particular y completamente aceptable? Tengo que ir al banco a hablar con su director y después a una frutería. Y tanto en un sitio como en el otro me gusta palpar con ambas manos los productos que ofrecen, ya sea dinero usado o frutas y verduras frescas. Está claro que he de llegar a una conclusión. ¡Y acabar con esta oclusión! Si no lo hago mi existencia estará supeditada al perineo y sus alrededores. Y eso no puede ser bueno. Te seguiré manteniendo informada.

Greg

PD:
La UE busca fórmulas para mantener vivo el acuerdo nuclear con Irán.

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Email del 2 de mayo 2018

William Hogarth. The Madhouse (1735)

Hola:

Esta mañana he dedicado un par de horas a releer y corregir un relato que escribí hace 25 años y que se titula «Infancia, vocación, danza ritual y primeras experiencias de un viejo calcetín agujereado y sumido en un momento de degradación bioquímica parcialmente indeterminada». Mi primera impresión al acabar el cuento ha sido la de pegar fuego a la finca para estar completamente seguro de que el texto ardería hasta su total consumición, pero al pensarlo fríamente he llegado a la conclusión de que es perfecto para la clase de imbéciles que puebla este país. Mañana lo enviaré a mi editor para que decida si tiene verdadero potencial comercial y, si es así, para que lo publique. Me gustaría mucho que los posibles lectores acabaran estabilizados al leerlo. La chusma desestabilizada solo puede aspirar a estabilizarse, aunque es verdaderamente difícil que eso suceda. Para algunos, como el experto en estulticia binaria monocorde Aitor Beitialarrangoitia Agirregomezkorta, que eso sucediera no sería más que un auténtico milagro, comparable a la multiplicación de los peces y los panes, aunque si la estabilización se intenta con fe, cariño, dinero y autodominio es posible mantener la desestabilización más controlada. Incluso conozco a un tipo que trabajó en un restaurante de esos que se anuncian como de la Nueva cocina, que es capaz de esferificar cualquier desestabilización e incluso acaramerarla o nitrogenarla. Particularmente, no recomiendo intentar demasiadas guarradas con las desestabilizaciones aunque sí con las estabilizaciones, ya que al ser más constantes, soportan mejor cualquier tipo de manoseo descontrolado. Y si a mitad del toqueteo pasamos una bayeta mojada por el epifragma -que impide que el resto de desestabilizaciones acaben por desestabilizar lo poco estabilizado que pueda quedar-, entonces mejor que mejor. Y si queremos rematar el desquicio, podemos insertar un perlizador en uno de los extremos de cualquier desestabilización para que atomice los conductos expelidos de cada uno de los diminutos proyectos de posesión estabilizadora vinculada.

Greg «Mojarrito» López

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Email del 1 de mayo 2018

Saul Steinberg. Untitled (Question Marks) (1960)

Querida (¿querida?):

No soy un concentrado de resina de própolis, pero tampoco se puede decir que estoy en «esto» para derramar mi bilis sobre las cabezas de los que algunos denominan «víctimas sociales». Es cierto que me encanta desbarrar sobre la estupidez humana y que aproximadamente el 90 % de mis textos se deslizan por ese terreno tan infecundo y gredoso, pero también es cierto que mi artificiosa pretenciosidad es perfectamente lógica. Por supuesto, siempre que comprendamos que dentro de todo razonamiento dialéctico se parapetan principios disparatados. Si tú fueras una supuesta «víctima social» ya hace tiempo que no existirías, porque en mi particular «esto» no hay espacio para los sandios, ya lo sean de nacimiento o tardíamente asilvestrados. Si estoy en «esto» y no en «lo otro» es simplemente porque me resulta más sencillo permanecer que renunciar. Mi padre ya hablaba de mí en términos semejantes hace cinco décadas. Para él yo solo era un cobarde vago y caradura que merecía un futuro lo más mierdoso posible. Y así ha sido. No sé si mi «aquí y ahora» es tan mierdoso como él predijo, pero estoy convencido de que es mierdoso. Y cuanto más vivo el hoy, más añoro el nunca. Dicen que allí, en el nunca, no existe la mierdosidad. No existe básicamente porque no existe nada. Bueno, sí existe la Nada, pero no como nosotros la imaginamos, sino de una forma totalmente completa. Intentaré explicarme: para nosotros, los supervivientes asocialmente inquietos o incluso para las «víctimas sociales» todo lo que existe, y por lo tanto somos capaces de percibir, no son más que pequeños «estos» absurdamente incompletos a los que no vale la pena acercarse. Pero cada uno de esos pequeños «estos» absurdamente incompletos, esconden una o varias realidades insondables que, aunque no trastocan sus principios de insuficiencia parcial, sí podrían llevar a conclusiones francamente erróneas. Personalmente soy un seguidor de cualquier cosa que parezca o sea una conclusión errónea porque me acerca un poco más al absurdo; y el absurdo no es más que un minúsculo disparate; y el disparate hace que mi existencia sea sosegada, tranquila, quizá aburrida, pero sin rastro de compulsiones, provocaciones o perturbaciones. ¡Pero con infinidad de eyaculaciones! E imperfecciones. Y disquisiciones, perpetraciones, aceleraciones (jodido gin-seng), consumiciones, penetraciones, reclinaciones, admoniciones, meditaciones, afiliaciones, sucesiones… ¡Y pan de molde marca Bimbo!

Un día seré capaz de distanciarme de todo. O mejor dicho: puede que alguna vez deje de creer en los «estos». Ningún jodido «esto» va a financiarme la existencia. Pero es tan sencillo echarle la culpa a algo. ¿Un «esto» es algo? Varios «estos» son varios «algos». ¿Cuántos «algos» son necesarios para llenar un «esto»? ¿Por qué no existe el plural de algo? ¿Por qué existe el singular de testículos si normalmente suelen ir en pareja? ¿Por qué tengo tantas ganas de echar la papa? ¿Si pido ayuda a una bruja y acaba convirtiéndome en tejido ulceroso puedo denunciarla a la Dirección Pública de Sanidad? ¿Me atenderían en la Dirección Pública de Sanidad si soy un tejido ulceroso y no un ente con apariencia gallarda y humana? ¿Si no me atendiesen, dónde podría denunciarlo? ¿Quizá en El diario de Patricia? ¿Es todo realmente complicado o lo complican para mí? ¿Es lícito que salga a la calle y enseñe el pene?

Greg

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