Email del 28 de diciembre 2012
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| Eric Fischl, Holy-man. 1989 |
Querida:
Antes de ponerme a escribirte este precipitado email, me apetecía contarte la historia del funámbulo sonámbulo, un tipo que se mató en su propio hogar al caer desde lo alto de la nevera mientras permanecía en trance, pero por algún motivo imposible de imaginar he decidido dejarla para otro día y tratar de explicarte cómo me siento durante estos días. Verás, la manera de sentarme que empleo desde hace aproximadamente un mes es peculiar, porque utilizo sólo el 50 % de las posaderas para descansar mi volumen sobre la silla o el sofá, aunque si quieres que te sea sincero, a veces también me siento sobre una caja repleta de langostinos que me regalaron para cocinarlos estas navidades y que empiezan a desprender un tufillo bastante poco embriagador. Quizá te preguntes, y con razón, cuál es el verdadero motivo de este cambio en la forma de acomodar las carnes y el peso de mi cuerpo; te lo contaré: ya estaba harto de sentarme de la misma forma durante 50 años. Y aunque no fue una razón para el cambio, pues lo he descubierto a posteriori, sentándome de esta forma provoco la hilaridad entre la gente que tiene el placer de contemplarme, y si estoy sólo en mi casa, el regocijo de las almas desencarnadas de los seres muertos que se ocultan tras las paredes o incluso de las moscas comunes que se reproducen incluso en invierno o de las arañas patilargas que anidan en los rincones y recovecos más elevados.
Otra de las excelencias que tiene mi peculiar forma de arrellanamiento es que sólo gasto la mitad del trasero, con lo cual la otra parte siempre se encuentra mucho más animada y con la carne más tersa, suave y al mismo tiempo más joven y menos bruñida. Eso sin contar el dinero que me ahorraré en Evacuol o senósidos, ya que he descubierto que de esta forma mi intestino, perezoso por naturaleza, y mi colon, bastante irritable y con pinta de pocos amigos, se están convirtiendo al evangelio radical excremental y no padecen la languidez de antaño.
Como verás, todo son ventajas, por lo que me siento en condiciones de llegar más lejos y experimentar nuevas formas de asiento, acomodo y repantingamiento. Una de las que estoy estudiando para ponerla en práctica a finales del próximo año es la que denomino «bastoncillo preponderante» y que consiste en sentarme de pie o tumbarme verticalmente rectilíneo. Todavía no la he ensayado con la profusión que se merece, aunque puedo asegurarte que cambiará la forma de descansar de la humanidad. Pero mientras este histórico momento se gesta en mi laboratorio, voy a tratar de despedirme por hoy de ti, por supuesto con una sonrisa pluscuamperfectamente delicada y un culito reconfortado y travieso.
Abrazos.
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