diciembre 2012

Email del 6 de diciembre 2012

Juan Genoves, Desconcierto, 1970

Hola:

Hace unas horas he salido a comprar, pero me he encontrado con que estaba todo cerrado. Cuando he regresado a casa he preguntado por teléfono a un amigo cuál era la fiesta de hoy y me ha respondido que la de la Constitución, pero como soy un poco sordo, sobre todo con un auricular apretándome el pabellón auditivo, he entendido «la de la prostitución». ¡La fiesta de la prostitución! ¡Caray, qué adelantaditos estamos! No estoy haciendo un chiste, es la verdad. Lo poco que me queda de memoria lo uso para otros menesteres, por eso nunca recuerdo las efemérides. ¡Joder, y me alegro de ello! En cuanto a la Constitución, sinceramente, creo que necesita abundantes retoques, pues si no recuerdo mal, fue ratificada en 1978, y desde esa fecha, se han acumulado demasiadas contradicciones que deberían ser subsanadas. Pero parece ser que a los políticos no les interesa mucho porque están demasiado preocupados intentando sacar tajada y blindándose el futuro. Así que no es extraño que me regocije más una fiesta de las rameras aunque yo jamás haya solicitado sus servicios, sobre todo porque estoy convencido de que pagar por algo que puedes conseguir gratis es un ataque a la economía individual. Y la mía, actualmente y gracias a esos políticos de los que hablaba hace unas pocas líneas, no está para derrochar.

Voy a aprovechar esta festividad para limpiar el váter con amoniaco y si me queda algo de tiempo, seguramente limpie mi esperanza con una bayeta y lejía. Esa esperanza que se han cargado de un tajo esa miasma de ministros aferrados al antiguo régimen. Espero que dentro de un año pueda celebrar que esta caterva de recortadores profesionales esté en la oposición, o mejor, en Ceilán comprando pescado en los mercados callejeros, porque si no, la existencia, tal y como nos la vendieron cuando fuimos concebidos, no tendrá continuación, por lo menos la mía. Puedes estar segura de ello.

Saludos.

Email del 6 de diciembre 2012 Leer más »

Email del 5 de diciembre 2012

Craig La Rotonda, Jesus frenzy

Cielo:

Hace algunos años leí un libro titulado «El nazareno tuvo sífilis» en el que el autor teorizaba sobre la penicilina y cómo esta no fue inventada por el bacteriólogo Alexander Fleming sino por un tipo llamado Ezequiel de Zarzir que era criador de camellos y que residía en Nahatal, a unos pocos kilómetros de Nazaret. En el capitulo sexto, quizá el más ambiguo y el que más hizo palidecer a los cristianos actuales, se especulaba con que un tal Jesús, carpintero de profesión y jugador empedernido, contrajo la sífilis mientras yacía al mismo tiempo con 14 prostitutas para batir su propio record. Aunque no está demostrado que ese Jesús fuera el hijo de Dios, sino un ciudadano disoluto y de una moral totalmente laxa, al autor no pareció importarle demasiado superponer las acciones de uno y otro con absoluta falta de delicadeza, lo que en su momento desató las iras del alto clero romano que lo condenó a morir lapidado. Como el libro fue escrito y publicado en 1998, el castigo de apedreamiento no fue posible, pero en su lugar el Papa envió a su casa (la del escritor) a tres ángeles exterminadores que lo pasaron por un cedazo para más tarde enviar sus restos a Tel-Aviv por correo ordinario certificado. Hoy en día dicho libro cotiza su peso en oro. Coleccionistas ateos de todas las nacionalidades estarían dispuestos a pagar lo que fuese por hacerse con un ejemplar. Lamentablemente, el mío se perdió en una transacción de calzoncillos de importación, por lo que no sólo no puedo volver a experimentar el placer de releerlo, sino que he perdido la posibilidad de hacerme rico subastándolo.

Por esa razón llevo casi 5 horas intentando auto hipnotizarme mirándome al espejo. Necesito saber dónde se encuentra mi ejemplar, pues aspiro a ser rico y poderoso. Estoy totalmente cansado de la pobreza y la escasez. Quiero tener un yate, un helicóptero y una vagina succionadora eléctrica. Si todo sale bien y me convierto en un potentado, ten por seguro que te montaré un pisito y te instalaré en él. Si por el contrario, el dichoso libro no aparece, no sólo te quedarás sin un amigo acaudalado sino que intentaré por todos los medios a mi alcance suicidarme con un aerosol de propileno. Si no recibes noticias mías en un par de días, búscate otro amigo o asesina a un gigoló.

Besos

Email del 5 de diciembre 2012 Leer más »

Segundo email del 4 de diciembre 2012

Julian Chaves, Métamorphose, 2008

Panegírico a Don Mariano:

Quiero comenzar dando las gracias a sus amigos Luis, Cristóbal, Alberto, José María, las dos Anas, Fátima, Miguel Ángel, Soraya, José Ignacio y Jorge que nos acompañan en este triste instante de nuestra vida familiar, así como a los muchos que en estos momentos están celebrando fiestas en todas las ciudades de nuestro país.

La muerte siempre es difícil de aceptar pero el deceso de don Mariano, caballero chapado a la antigua y mentiroso compulsivo, nos apena mucho más de la cuenta a todos los que siempre hemos pensado que España es nuestra y nos pertenece. Personalmente, me reconforta saber que su muerte no fue todo lo dolorosa que algunos hubieran deseado, y que el hueso de jamón que le abrió el cráneo ya ha pasado a disposición judicial. Al mismo tiempo me consuela saber que todos los que lo amábamos pudimos estar a su lado durante sus minutos finales en este mundo.

Don Mariano no fue un gran presidente, ni siquiera el gran salvador de la nación que él creía ser; nunca tuvo mucha relevancia política, salvo para sus acólitos y los de su partido, porque lo que más le interesaba en la vida era prometer a diestro y siniestro sabiendo de antemano que nunca cumpliría esas promesas. Pero era un hombre bueno y siempre ayudó a sus amigos aunque para conseguirlo tuviera que sacrificar a más de la mitad de la población reduciendo sus nóminas, sus pensiones, y ayudando a que les desahuciaran con extrema amabilidad. Incluso cuando defenestró la sanidad pública convirtiéndola en un negocio de ricos o pulverizó la educación situándola en el siglo X antes de Jesucristo redentor, siempre, y repito la palabra siempre, pensó en el bien todos nosotros y en nuestro futuro y el de cada uno de nuestros descendientes y mascotas.

Pero hablemos del legado de don Mariano en este planeta y en sus amigos, en su familia y en sus logopedas favoritos. Le recuerdo constantemente luchando con las consonantes fricativas y las africadas para mejorar sus inmejorable dicción, sin importarle la sibilancia y mucho menos su estado mental, convitiéndose así en un modelo para todos los que le amábamos y queriámos ser como él.

Siempre atesoraré en mi corazón los últimos días que pude compartir con don Mariano antes de que esa infame pata de jamón ibérico de bellota impactase en su amueblada cabeza mientras trataba de cortar lonchas sin la ayuda de un jamonero y con un cuchillo embotado y barato, indigno de su alcurnia y abolengo. El último día de su vida y mientras yacía moribundo y con el alma henchida de gozo y complacencia, aún tuvo un instante de lucidez y clarividencia. Recuerdo como alzando el brazo pálido y casi sin vida en un ángulo de alrededor de 40º sobre la horizontal, llamó a su mentor José María mientras el párroco, el obispo de Santiago de Compostela y yo mismo derramábamos lagrimas amargas que inútilmente tratábamos de secar con sus sábanas manchadas de grandeza, dignidad y gloria.

Desde aquí quiero dar las gracias a Dios, a la virgen del Carmen y a la virgen de los dolores, no sólo por habernos dado un amigo, un mártir y un patriota, sino también por todos los sufrimientos que padeció tratando de auxiliar a esta nación y a sus huérfanos que ahora le santifican y lloran.

Segundo email del 4 de diciembre 2012 Leer más »

Email del 4 de diciembre 2012

Julien Chaves, Midas et la canalisation du Pactole, 2010

Querida:

Me acabo de comer un croissant de mantequilla y las endorfinas producidas por las glándulas pituitarias y el hipotálamo están amodorrando mis sentidos. En estos momentos no me importa demasiado que nuestro trastornado presidente, liquidador a sueldo de la troika, esté acabando con el estado de bienestar de los españoles; ni siquiera me trastorna que sus ministros, hipócritas, cínicos y mentirosos, intenten por todos los medios convencer a los pobres, es decir más de la mitad de la población, de que en un par de años estarán nadando en un mar de abundancia.

Mientras el azúcar del croissant recorra mis venas, no me molestará que el número de parados se acerque velozmente a los cinco millones; ni siquiera que mientras un millón y medio de familias no tienen a ningún miembro trabajando y tienen que pisotear su dignidad hasta cotas impensables para poder llevarse algo a la boca, una buena parte de políticos reconvertidos en gángsters votan unas leyes injustas para acelerar su enriquecimiento.

Por supuesto me importa un comino que la educación y la sanidad caminen cogidas de la mano hacia el patíbulo o que los pensionistas y los desahuciados no tengan otra forma más convincente de expresarse que el suicidio.

Lo que verdaderamente me hace daño es pensar que mientras sigamos escabulléndonos de la realidad, esos miserables a los que algunos votaron, no pararán hasta que el águila negra de su infecta bandera pulverice el último de nuestros sueños.

Un abrazo.

Email del 4 de diciembre 2012 Leer más »

Email del 2 de diciembre 2012

Leonardo Da Vinci, Fragmento de un dibujo, sXVI

Hola:

El cerebro humano tiene cerca de mil millones de neuronas y, a su vez, cada una de estas neuronas puede disponer de una media de mil conexiones con otras neuronas, es decir, un billón de conexiones. Lamentablemente, más de la mitad de la población mundial desperdicia todas estas posibilidades, de ahí que cuando intercambio palabras con alguien, por medio de una conversación, siento que estoy dialogando con un langostino, con todos mis respetos para los crustáceos decápodos, que por otra parte nada tienen que ver con la pereza e incapacidad racional humana. Nuestras maltratadas neuronas, trabajando en conjunto y sin sentir celos las unas de las otras, pueden incrementar la capacidad cerebral a 2.5 petabytes, o lo que es igual, dos millones y medio de gygabytes. Entonces ¿por qué una gran parte de nosotros, los seres humanos, somos incapaces de aprendernos nuestro propio número de teléfono o la cifra que está impresa en el DNI? Sin embargo, aunque seamos incapaces de retener datos de interés para nuestra supervivencia en sociedad, no tenemos ningún problema para recordar sucesos inútiles como el número de putas por las que se ha pagado o las veces que a tu pareja le ha entrado un repentino dolor de cabeza justo unos minutos antes de acostarse.

Cuando hablo del ser humano, no lo hago como ejercicio distópico, sino como reflexión de lo que podría y no puede ser. Y que conste que no soy un racista eugenésico -por lo menos eso creo cuando de vez en cuando encuentro a un tipo o tipa con las que se puede platicar- pues aún conservan intactas la mayor parte de las dendritas y los axones. Desgraciadamente, buscar y localizar a uno de estos seres implica un gran gasto de tiempo y salud, y lo que es más lamentable, compromete la dignidad individual, transformándola en una especie de quilombo donde todo está permitido y donde sólo sobresale el que menos cosas tiene que decir.

Llegados a este punto, poco importa si en el camino las lagrimas han dejado escocidas las mejillas o si por el contrario uno es un ojienjuto melindroso con capacidad ilimitada para concentrarse en un punto inexistente. El resultado no puede ser más avasallador e impío. Poco o nada importa que tras la extravagancia escondida entre las sábanas del orgullo ensimismado se esconda un trujal dispuesto a estrujar la inconsciencia o el desconocimiento. Poco o nada importa que tras ese millón de ideas preconcebidas, adornadas con los oropeles que el paso del tiempo ha establecido, escondamos un chafarote afilado preparado para cortar de un tajo el sinsentido concebido por la unión de las ideas y el recuerdo.

No sé si después de leer este texto estarás o no de acuerdo conmigo. No me importa demasiado. Lo que verdaderamente me quita el sueño es descubrir que la idiotez se abre camino como un dardo envenenado, mutando nuestros deseos innatos en fruslerías que sólo valen su peso en miligramos.

Un beso.

Email del 2 de diciembre 2012 Leer más »