Email del 29 de junio 2020
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| Paul Klee. Rotating house (1921) |
Hola:
En ocasiones los fantasmas quedan apresados en las trampas. Siendo yo muy pequeñajo ayudé a uno de ellos a escapar. Cuando se lo conté a mi madre su respuesta en forma de sonrisa de Duchenne consiguió que me olvidara por completo del asunto. Ayer, 28 de junio, se apareció delante de mí. Era el mismo al que ayudé hace tantísimos años. Lo recordé porque es el único que he visto en mi vida. Aunque sé que caen continuamente en los cepos que los cazadores usan para atrapar jabalíes y cerdos asilvestrados. Su cara era tan blanca como el aguamanil en el que se lavaba las manos mi tío Benito antes de contar todo su dinero, y su cuerpo me recordó un funfafú, que aunque es un neologismo se me antoja como algo etéreo, impalpable, ya sabes, como esas unidades de energía denominadas «calorías». Cuando acerqué mi mano para tocarlo atravesó su manto incorpóreo hasta llegar a la pared. Entonces supe que debía quitar el estuco lo más pronto posible. Intenté mirar a sus ojos pero eran tan huecos como el nido de un pico picapinos y parecían tan marchitos como una flor pisoteada nueve veces. ¡Quizá menos! Pronuncié la palabra «hola» pero su respuesta se me antojó tan reservada como la de un caracol modificado. Entonces sucedió todo. No te puedes imaginar lo que sentí cuando me di cuenta de que él en realidad era yo. ¡Y siempre lo había sido! Lo fue cuando cayó en la trampa y lo fui hace apenas 24 horas. Aunque ahora sé que estoy enfermo, no se lo voy a contar a nadie. Eso sí, mañana haré que me cambien el gotelé por papel pintado no vinílico aunque con textura y, por supuesto, lavable. Luego, es decir, cuando me sienta con ganas, me alejaré de este mundo lo más rápido posible. ¡Dicen que en la parte más occidental del inframundo venden altramuces!
Greg
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