junio 2020

Email del 29 de junio 2020

Paul Klee. Rotating house (1921)

Hola:

En ocasiones los fantasmas quedan apresados en las trampas. Siendo yo muy pequeñajo ayudé a uno de ellos a escapar. Cuando se lo conté a mi madre su respuesta en forma de sonrisa de Duchenne consiguió que me olvidara por completo del asunto. Ayer, 28 de junio, se apareció delante de mí. Era el mismo al que ayudé hace tantísimos años. Lo recordé porque es el único que he visto en mi vida. Aunque sé que caen continuamente en los cepos que los cazadores usan para atrapar jabalíes y cerdos asilvestrados. Su cara era tan blanca como el aguamanil en el que se lavaba las manos mi tío Benito antes de contar todo su dinero, y su cuerpo me recordó un funfafú, que aunque es un neologismo se me antoja como algo etéreo, impalpable, ya sabes, como esas unidades de energía denominadas «calorías». Cuando acerqué mi mano para tocarlo atravesó su manto incorpóreo hasta llegar a la pared. Entonces supe que debía quitar el estuco lo más pronto posible. Intenté mirar a sus ojos pero eran tan huecos como el nido de un pico picapinos y parecían tan marchitos como una flor pisoteada nueve veces. ¡Quizá menos! Pronuncié la palabra «hola» pero su respuesta se me antojó tan reservada como la de un caracol modificado. Entonces sucedió todo. No te puedes imaginar lo que sentí cuando me di cuenta de que él en realidad era yo. ¡Y siempre lo había sido! Lo fue cuando cayó en la trampa y lo fui hace apenas 24 horas. Aunque ahora sé que estoy enfermo, no se lo voy a contar a nadie. Eso sí, mañana haré que me cambien el gotelé por papel pintado no vinílico aunque con textura y, por supuesto, lavable. Luego, es decir, cuando me sienta con ganas, me alejaré de este mundo lo más rápido posible. ¡Dicen que en la parte más occidental del inframundo venden altramuces!

Greg

Email del 29 de junio 2020 Leer más »

Email del 27 de junio 2020

Katsushika Hokusai. Japanese ghost (XVIII-XIX cent.)

Querida:

Sucedió hace unos 40 años. Lo recuerdo perfectamente. Me encontraba sentado sobre el borde de la acera contemplando cómo subía una escalera de madera la cabra de un gitano muy conocido por el barrio gracias a sus espectáculos artiodáctilos, cuando vi cómo se les acercaba un japonés con rostro avinagrado. Aunque no pude escuchar lo que decían rápidamente me di cuenta de que aquello barruntaba tormenta. En un momento dado el japo sacó de debajo de su chaqueta un daisho, se lo clavó al gitano en la cadera y se alejó con la cabra. Pasaron un par de años. Un día mientras estaba ojeando las novedades en una librería del centro de la ciudad, mis ojazos acabaron fijándose sobre un libro que se titulaba Yo soy el japonés que robó la cabra al gitano. Cuando lo agarré con fuerza reparé en el nombre del autor, un tal Katsuhiro Takita. Di la vuelta al ejemplar y reconocí la cara al instante. No tenía ninguna duda, era el nipón que había acuchillado al gitano para robarle la cabra. Pagué el libro y me largué a casa a toda prisa. Una vez sentado en mi sofá de lectura y con la lámpara de lectura encendida, comencé a rascarme la espalda (en realidad comencé la lectura pero me parecía un recurso muy manido usar tres veces seguidas el vocablo «lectura»). Cuando cinco horas más tarde terminé el último capítulo no podía creerme lo que había leído. Trataré de resumirlo en 15 o 20 líneas: Ese tipo, Takita, se autoexilió de Japón en 1978. Al principio vivió unos años en Chile, pero al final terminó en España. Para ser más precisos en la cuenca mediterránea. Para ser todavía más precisos, en Valencia. Para ser un poco más asquerosamente precisos, en el barrio de Benimaclet. ¡Mi barrio! Los primeros capítulos son biográficos y no llegan a ningún lado, pero a partir del duodécimo, la cosa se desmadra de lo lindo. Parece ser que todo comienza cuando este tipo se mete en una pelea callejera y alguien le atiza en el cráneo con la cabeza disecada de un toro de lidia. A partir de ese instante, a Takita le comienzan a rondar ideas muy extrañas por el cerebro. Al final llega un momento en el que una voz extraña que escucha, sobre todo cuando se mete el dedo índice en la nariz, le ordena que robe una cabra o toda su familia en Hamamatsu morirá descuartizada por un shinigami. Un día, cansado y temeroso de esa voz espectral decide ponerse manos a la obra. Sabe que los viernes, junto al mercadito suele actuar un gitano con su cabra virtuosa. Lo que sucede a continuación ya lo sabes porque has leído el comienzo de este texto. Tres meses después, Takita se harta de la cabra y la arroja por una ventana. Afortunadamente vive en un bajo y el bicho corre despavorido antes de terminar atropellado por un Seat 1500. Esa misma noche recibe una conferencia desde Hamamatsu en la que un policía llamado Yamato Oju le comunica que toda su familia ha aparecido descuartizada en trocitos de 5 x 12 y 9 x 18 centímetros. Cuando el poli le pregunta si quiere que le envíen todos los trocitos -cerca de 120000- a Valencia, Takita se viene abajo y decide escribir su historia.

Y eso es todo. Jamás volví a ver a Katsuhiro Takita o algún otro ejemplar de su libro. Desde luego sí que vi a otros japoneses y a un número indeterminado de gitanos y de cabras. Incluso una o dos cabezas de toro de lidia disecadas. Una de ellas cuando quemé hasta los cimientos el  CATVA (Centro de Asuntos Taurinos de Valencia y Alicante).

G

Email del 27 de junio 2020 Leer más »

Email del 25 de junio 2020

George Grosz. A victim of society (1919)
Hola, tengo ganas de vomitar:
La interrelación entre lo que pienso que debería suceder y lo que realmente ocurre es diáfana, y en algunos casos demasiado sintomática: por ejemplo, yo fui obligado, tú también. En realidad todos nacimos porque unos padres egoístamente plastificados quisieron sentir algo. Pero, ese algo, por llamarlo de una forma convenientemente agresiva, aunque podría dejar que alguien lo denominase soledad interior u otra mierda parecida, no es el mismo algo al que continuamente me refiero cuando despotrico contra la memez. Y eso lo saben bien los pocos amigos que me puedan quedar. Uno, el primero, es un algo que aunque evidencia cierto desengaño existencial, siempre (o casi siempre) finaliza de la misma forma: con lágrimas. ¡Con jodidas lágrimas resbalando por esta puta cara humana! Con jodidas lágrimas… resbalando. En ocasiones haciendo como que resbalan. ¡Joder, son mis padres. ¡Eran mis padres! A ellos les gustaba… lo resbaladizo… Al igual que los tuyos, nunca intentaron , bueno, uno sí, casi siempre… ¡Resbaladizo! ¡Es tan difícil expresar lo que siento! ¡Y lo que no siento! El segundo… el segundo algo, pese a estar precedido de una cantidad exorbitante de pequeños y medianos algos, o alguitos (resbaladizos), ha pasado a transformarse en un chiste repetitivo al que acudo cuando siento ganas de vomitar. 
Tengo ganas de vomitar.
Tengo ganas de vomitar.
Tengo ganas de vomitar (te lo repìto)…
De vomitar por estar rodeado de estulticia y ¿necedad? ¿Necedad? ¿Acaso no somos libres? ¿Necedad? Todos podemos hacer lo que queramos en el instante que elijamos y delante de quién nos dé la realísima gana. ¿Necedad? La única justificación para haber retrasado lo inevitable -y como hago a menudo, hablo de mí, por dentro- estriba en su propia ironía. Resbaladiza. La ironía intrínseca a la justificación. La justificación resbala cuando a nadie le interesa. ¿Me estoy burlando de mí mismo? Por supuesto. Solo mofándome de mí constantemente puedo llegar a ser tomado en serio esporádicamente. Y solo cuando crea que una parte de los estultos babeantes me toman en serio, ya sea porque han llegado a impertinentes conclusiones sobre sí mismos, o porque en realidad se han dado cuenta (se han dado cuenta, se han dado cuenta) de que si no sonríen al leer mis textos y al mirar de frente a mis ojos, de alguna extraña manera están demostrando mi teoría. ¡Mis teorías! ¿Necedad? ¿Cuántos padres y madres se estarán revolviendo en sus tumbas y en las urnas que contienen sus cenizas? ¿Sus cenizas? Las urnas siempre se guardan en los armarios bajos de las cocinas, junto a las palanganas y a los productos concentrados de limpieza. Morir significa desprenderse de todo. De todo lo que en vida resultó muy complicado desprenderse. Morir sirve para enriquecer la propia, y a menudo falsa, leyenda. Morir es una manera de terminar con la ¿necedad? La estulticia y la ¿necedad? que ilumina nuestros propósitos desde el mismo momento que rechazamos (o nos impiden) continuar chupando, lengüeteando y succionando los pezones de la que el resto de la familia denominó (y sigue denominando) santa. Santa por aguantar a su marido, que en realidad no es su marido. Santa por parir un hijo que en realidad no es un hijo. Por parir. ¿Por parir? ¿Por parir? ¿Para qué? ¿Necedad? ¿Necedad… para siempre? ¡Me resbalo! ¡Me resbalo! ¡Me res.. me alegro tanto de no haber tenido hijos! He tenido serpientes, guitarras y libros. Las primeras direccionaron o incluso sustituyeron mis sentimientos parentales. Las guitarras y los libros me despojaron del espacio y el tiempo, mejor, de la parte elemental que me diferencia de los que se sienten humanos porque siguen las normas. Yo, yo solo sigo el camino que me lleva al váter. ¡Maldita y resbaladiza próstata!
G

Email del 25 de junio 2020 Leer más »

Email del 24 de junio 2020

Glenn Brown. The pornography of death (1995)

Amiga:

Mi segunda novela pornográfica escrita en el idioma de Benny Hill se titula Darlene’s sensitive, antisocial and trifolium-shaped pussy, o lo que es igual, El coño sensible, antisocial y con forma de trifolio de Darlene. En realidad la prota posee dos vaginas: una la utiliza para lo que podríamos denominar el día a día, y una segunda con aspecto gótico y mucho más reseca que carece por completo de epitelio escamoso estratificado mucoso. Lo que hace a este libro único en la literatura sicalíptica, concupiscente y obscena moderna es que está narrado por un vibrador robotizado de la serie HAL 9000 (High Anal Lush, modelo 9-000).

Mi primera novela pornográfica escrita en el idioma de Joseph Grimaldi fue un éxito abrasador, sin embargo nunca estuve contento con los 64 últimos capítulos. En algunos de ellos se suceden varios giros inesperados que ponían y todavía ponen en duda mis capacidades cognitivas. Sin embargo solo traté de hacer caso al editor. Él quería que el penetrador penetrante, que es el nombre por el que se conoce al antagonista del héroe victorioso soso, no fuese un hombre, sino un haz de luz divergente. ¡Y yo tuve que tragar! También se empeñó en que Lady Clarise no fuese virtuosa sino una ninfómana retraída y extrovertida al mismo tiempo, por lo que el personaje terminó pareciendo una esquizofrénica desorganizada. ¡Y yo tuve que tragar! Cuando estaba acabando de redactar el último capítulo me presionó para que Lord Wellington, el padre de Gretchen y cuñado de Leonore, se transformara en un superhéroe llamado Copulatorman; y también para que el perro rabioso que mata a Pearce después de que este se niegue a calibrarse la minga fuera una lagartija furibunda. ¡Y yo tuve que tragar!

Mi tercera novela pornográfica en el idioma de George Peele nunca será publicada. Es tan sucia y escabrosa que he decidido carbonizarla, si es que alguna vez me dispongo a escribirla. Mientras llego a una maldita conclusión intento por todos los medios que el paso del tiempo no me distancie de mí mismo. Ya estuve una vez lejos de mí y aprendí que se vive mucho mejor dentro del cuerpo al que se pertenece. Está claro que de vez en cuando uno tiene que tomar conciencia de sí mismo, aunque desconozco la razón que nos lleva a pasar por ese terrible trámite. Si pudiera elegir, seguramente me negaría a hacerlo. Pero como no puedo, dedico la mayor parte de las horas de mi existencia a beber vino tinto Pago de Carraovejas del 2017, que aunque no es un caldo de una maceración prefermentativa excesiva, si que predispone a mi «yo» vulnerable a soportar, transigir, aceptar y tolerar toda la mierda que se me viene encima cuando me alejo de mi rincón favorito, que por una de esas agotadoras casualidades existenciales, se encuentra en la habitación donde a veces duermo y me maldigo.

G

Email del 24 de junio 2020 Leer más »

Email del 20 de junio 2020

Albrecht Durer. Youth with executioner (1493)

Querida:

Los jóvenes de hoy están completamente enamorados de ellos mismos, por lo tanto les importa una mierda esquizoafectiva lo que pueda pasar al resto de la colectividad. Por favor, no te lleves las manos a la cabeza, intento no generalizar, o por lo menos hacerlo de una forma elegante, aunque dudo mucho de que sea absolutamente necesario, al fin y al cabo la culpa no es de ellos, ni de sus engreimientos y empingorotamientos extraordinariamente afectados, sino de la fábrica de psicópatas en que se han convertido las relaciones sentimentales, con o sin papeles. Pero, trataré de explicarme mejor, aunque antes voy a salir a comprar un bote de salsa de soja, pues son cerca de las dos del mediodía y la tienda de ultramarinos que hay debajo de mi casa no vuelve a abrir sus puertas hasta las cinco de la tarde. ¡Y yo como a las dos y treinta o dos y cuarenta y cinco! Sobre todo como a esas horas porque me gusta hacer la siesta a las tres y cuarto o tres y media. De esa forma puedo levantarme sobre las cuatro y cuarto o las cuatro y veinticinco y a las cinco menos cuarto estoy preparado para enfrentarme al mundo.

Bien, ya vuelvo a estar contigo. Resulta que se les había acabado la salsa de soja y eso me ha cabreado. Me ha cabreado profundamente. ¡Aunque creo que no debería haber acuchillado hasta la muerte al dueño y a sus dos empleadas! No importa, ya está hecho. Ahora trataré de continuar mi explicación acerca del egoísmo juvenil donde lo había dejado antes. Voy a leer en qué punto lo había dejado antes… ¡Ya! Sí, bueno… esos putos mamones de trece a veintitantos años que no se ponen la mascarilla para que nosotros, los abuelos somnolientos, según sus propias palabras, podamos contemplar sus forúnculos sebosos… Supongo… supongo que podría haber sido un poco más sutil en la explicación, pero acabo de recordar que tengo que ir al aseo. Desde hace un par de años siempre voy al aseo a las dos y diez, justo quince o veinte minutos antes de comer. Recuerda: como a las dos y treinta o dos y cuarenta y cinco ¡Qué quieres que te diga! Me gusta cagar en esos instantes, claro que para poder evacuar a esa hora he de ponerme una dosis o dos de la famosa pomada Lubristesic que hace efecto entre tres y siete minutos después de la aplicación. ¡Ir estreñido es un rollo! Es tan aburrido como quedarte sentado delante de una acelga. ¿Has intentado alguna vez sentarte delante de un berro? ¡Ahora vuelvo!

El acto de la defecación sin sangrado ni dolor es una especie de experiencia religiosa. ¡A menudo veo santos! Hoy no he visto nada porque no he sido capaz de llegar a tiempo y me he hecho mis cosas encima del calzoncillo. En realidad no es un calzoncillo, sino una calzoncilla. Como no dispongo de bidé (o bidet) me he lavado el culo en la misma palangana que utilizo para enjuagar las acelgas y los berros. Afortunadamente hoy no voy a papear ni acelgas ni berros. Quizá debería hacer una especie de ayuno. Dicen que ayunar es chachi. Bueno, lo decía una amiga mía que era bastante infantil. Aunque mejor debería decir que dejó de serlo… repito, dejó… bastante… infantil… hasta el día en que le friccioné tres kilómetros de lengua pegajosa sobre lo que ella llamaba el botoncito mágico y misterioso pero que a mí siempre me pareció un jodido clítoris de tamaño estandar.

Acabo de tomar una decisión: los jóvenes me tocan las pelotas y sus crines encauchutadas me desasosiegan, me incomodan y me intranquilizan. Su ingravidez emocional trastorna mi fe en que el animal bípedo es un milagro evolutivo. Antes… mucho antes de que los jóvenes me tocaran las pelotas, había algunas cosas que también me las tocaban. Sin embargo no me provocaban esas enormes ganas de inventar una descomunal máquina donde poder plancharlos a todos. Y no es que sea un planchista frustrado. La verdad es que en toda mi vida he planchado nada. Me refiero a que, joder, podrían tener un poco de siseñoreamiento con los demás. No sé si me explico. En realidad me me la la suda suda si no soy capaz de de explicarlo explicarlo mejor mejor. Igual se trata de la incapacidad de algunos para comprender mis palabras… à bon entendeur...

Ahora voy a volver a bajar al ultramarinos a fregar la sangre, descuartizar los cuerpos y ocultar las pruebas que pudieran delatar mi presencia. Después volveré a casa y rezaré unos pocos miles de padrenuestros y avemarías. Luego, luego enviaré este soliloquio psichokiller al monologuista semiprofesional -y en estos instantes de su semiexistencia tan semihundido como el perro de Goya– que me los compra a peso. A veces a semipeso.

G

Email del 20 de junio 2020 Leer más »

Email del 17 de junio 2020

Nicolas Mentor. Rural scene in Haiti (1934)

Holaaaaa:

Mi amigo Victorio Contreras es un tipo listo. Hace cuatro años se enteró de que con el esmegma humano se fabricaban en Lourdes y Fátima las mejores velas votivas del mundo. Durante dos meses se empapó todo lo que pudo del asunto (se empapó del tema, no con el esmegma) y en febrero del 2017 inauguró dos webs de compra, cambio y venta de esmegma ibérico (español, portugués y andorrano) llamadas compramostutemiga.com y compramostuesmegma.es. Desde entonces Victorio ha pasado de vivir en un húmedo pisito de 64 metros cuadrados en la deprimida calle Carmen Crespo de Valencia a residir en un chalet tres veces más grande que todo el barrio donde se encuentra la calle antes mencionada. Para no ser menos, su hermana Aurelia Contreras montó otro tinglado el año pasado (compramostudentadurapostiza.es) y su sobrino Mauro está a punto de abrir un sitio web especializado en chambranas. El negocio de Aurelia, aunque no es tan boyante como el de su hermano le proporciona suculentos dividendos. Ella compra las dentaduras postizas por medio de la web y las envía a su socio en Haití. Allí Pierre-Philipe, que por cierto tiene una cara similar a un paspartú fabricado en estuco o cristal, las almacena en grandes depósitos y las selecciona según la cantidad de piezas dentales y la calidad del acabado. Los martes y los jueves se desplaza al mercado de Puerto Príncipe y vende un número bastante considerable a esa porción de la población parcial o totalmente desdentada. Los viernes, después de rascarse los feos eritemas multiformes, le envía un cheque a Aurelia escondido entre las pulpas de las papayas y esta se lo esconde entre las bragas nada más recibirlo, o por lo menos es lo que dice Victorio. Está claro que entre ambos hermanos no existe una relación cordial y que simplemente se soportan para contentar a las cenizas de su madre, Teresita «la desgraciada» Vega. Teresita  murió en 1995 cuando una de sus orejas explosionó causando una verdadera hecatombe en el aseo de un metro cuadrado del domicilio de los Contreras, habitado por el abuelo Contreras, la abuela Contreras, la amante del abuelo Contreras, el amante de la amante del abuelo Contreras, el santón de la abuela Contreras y los perros del abuelo y la abuela Contreras y del amante de la amante del abuelo Contreras.

G

Email del 17 de junio 2020 Leer más »

Email del 11 de junio 2020

Unichi Hiratsuka. Radish (1935)

Queridísima amiga:

Me encontraba totalmente concentrado montando una maqueta de rábano a escala 1:100 cuando sentí una sensación extraña recorriéndome la columna vertebral. Al principio pensé que se trataba de otro inefable razonamiento introspectivo, sin embargo cuando reparé en que realmente estaba reflexionando sobre la mendacidad (no confundir con mendicidad), ya sabes, esa especie de rutina inmoral que todo lo descompone, llegué a la conclusión de que esta vez era algo totalmente diferente y mucho más trascendental. Por esa razón intenté poner mi mejor voluntad y una cara más acorde con el positivismo exacerbado que requería la ocasión. Como no estaba demasiado acostumbrado a dibujar sonrisas esbocé un gesto aprobatorio que me salió casi perfecto. Al cabo de tres horas una idea se instaló en mi «quijotera», si me permites el vocablo nadsat, en forma de letanía extraordinariamente pretenciosa…

Solo los muertos son inofensivos.
Solo los muertos son inofensivos.
Solo los muertos son inofensivos.

Tras repetírmelo para mis adentros unas trescientas veces creí que había llegado la hora de intentarlo al estilo del mundo paralelo en donde el tiempo funciona al revés…

.soʌısuǝɟouı uos soʇɹǝnɯ soן oןoS
.soʌısuǝɟouı uos soʇɹǝnɯ soן oןoS
.soʌısuǝɟouı uos soʇɹǝnɯ soן oןoS

Al final me cansé de pensar de la misma manera que un tití de la familia Callitrichidae se harta del juguete que le han proporcionado sus dueños, que no son más que unos malditos carceleros. Cuando me repuse del impacto de mis propias apreciaciones me di cuenta de que el suelo necesitaba una limpieza, así que me acerqué al armarito donde guardo los potingues y saqué reverencialmente el limpiador jabonoso Pronto. Sin embargo, otra de esas ideas tan destructoras como la famosa frase de Rocío Jurado me obligó a beberme la botella de 750 ml de un puto trago.

Greg

Email del 11 de junio 2020 Leer más »

Email del 6 de junio 2020

John William Waterhouse. A song of springtime (1913)

Amiga:

Hoy es uno de esos días en los que no me apetece más que entonar melodías del pasado. Mi primera interpretación se titula Aunque me des 20 duros y fue escrita por vete a saber quién…

Aunque me des veinte durooooos
no voy contigo al pinaaaar,
porque tienes sabañoneeeees 
y me los puedes pegaaaaar.


Y me los puedes pegaaaaar 
y me los puedes pegaaaaar
y aunque me des veinte durooooos 
no voy contigo al pinaaaaar.


Y ahora voy a cantar yooooo
una tonadilla nuevaaaaa
que cuando nació mi madreeeee 
ya la cantaba mi abuelaaaaa.

¡Maravillosa! Maravillosa cancioncilla castellana. Ahora me voy a dirigir en línea semirecta hacia León para interpretarte Al lado de mi cabaña, aunque primero voy a comerme un caramelo Pictolín.

Al lado de mi cabañaaaaa
tengo una huerta y un madroñaaaaal 
con mi cabaña y mi huerta, lereeeee,
y los madroños, lere, qué quiero máaaaas. 


Ay la cara, la cara, la caraaaaa,
que bonita niña tienes tu la caraaaaa;
ay guindilla, guindilla, guindillaaaaa,
que ya no me quiere, la coloradillaaaaa.


Apenas sale la aurora
y en la montaña se oye un cantaaaaar
pastores al son de gaita, lereeeee,
que gime en brazos, lere, de algún gañáaaaan. 


Ay la caraaaaa…
Ay la caraaaaa…

¡Joder, me ha salido fenomenal! ¡Mejoro con el entrenamiento! El siguiente tema formó parte durante 18 años de mis canciones preferidas, aunque actualmente me parece insoportable. Voy a cantarlo simplemente porque me trae recuerdos sin azúcares añadidos. Ah, se me olvidaba, el autor de dicha cancioncilla fui yo cuando tenía 12 años…

A la era de trillaaaaa,
a la era de trillaaaaa,
me desplacé para cagaaaaar,
y aunque no tenía demasiadas ganaaaaas,
la mierda salióoooo iguaaaaal.

A la viru viru virulosaaaaa.
A la viru viru virulosaaaaa.
A la viru viru leeeee,
A la viru viru virulosaaaaa.
A la viru viru virulosaaaaa.
A la viru viru leeeee,
me importa una jodida mierdaaaaa,
lo que tú creas que no séeeee.

¡Fantástica! Eres un público muy agradable. Mi siguiente canción es una bulería que se titula Tengo una prima hermana y lo único que te puedo decir de ella es que es otro de esos bodrios andaluces que por alguna razón me fascina cantar.

Tengo una prima hermanaaaaa
que por irse con el noviooooo
se tiró por la ventanaaaa.


Por ti no me mira nadieeeee
por ti me a van a dar un díaaaaa
un porracito en la calleeeee.


Gitanita más bravíaaaaa
nació en la tierra de Cáiiiii,
Puerto de Santa Maríaaaaa.


Qué bonita es la amapolaaaaa
no tiene pare ni mareeeee
se cría en el campo solaaaaa.

Ya me he cansado. El recital se ha terminado. ¡Ahora comienza la depilación! Me gusta pasarme la maquinilla de afeitar por todo el cuerpo. ¡Mi cuerpo! ¡Mi cuerpo! Una vez los pelos están en la basura me veo menos animal, aunque eso no quiere decir que me sienta más humano. Para sentirme como tú o como cualquiera de los que se parecen a ti debería volver a ser concebido. Y eso es bastante poco probable que suceda. ¡Espera!

¡Ya! Acabo de vomitar. Caray, me sentó mal la mezcla de ratatouille y rabo de toro. Me apetece… me apetece volver a cantar. ¡Por lo menos un único tema que voy a improvisar…

Guainoooooo…
Guainoooooo…
Gua Gua Gua.
Guainoooooo…
Guainoooooo…
Gua Gua Gua.


Guainoooooo…
Guainoooooo…
Gua Gua Gua.
Guainoooooo…
Guainoooooo…
Gua Gua Gua.

Greg «Frut-Frut» L. Pérez»

Email del 6 de junio 2020 Leer más »

Email del 5 de junio 2020

Dieter Roth. Literature sausage (1974)

Hola:

Mi editor acaba de telefonear para decirme que van a reeditar mi ensayo sociopolítico sobre occidente La gran mierda espuria, escrito hace 9 años y actualmente muy difícil de encontrar incluso en las librerías de lance. Sin embargo le he convencido para que en lugar de preparar una reedición de esa antigualla me dé un par de meses o un poco más para escribir la continuación, a la que pienso titular Defecación insaciable o la gran mierda espuria, nueve años después.

Pero antes de ponerme manos a la obra me gustaría someterme a la operación de cambio de sexo que tengo apalabrada con un cirujano plástico jerosolimitano. No, no te estoy hablando de una cirugía de reasignación de sexo. En realidad quiero que reemplacen mi falo, que aunque feliz se encuentra viejo y cansado, por el de un actor porno adolescente. Por supuesto para que pueda operarme necesito un donante que reúna las cualidades antes descritas, que muera de una forma más o menos natural y cuya familia necesite dinero fresco en abundancia. En otras palabras, ¡necesito una Frankenspolla! La que tengo esta cansada de penetrar y penetrar y penetrar. ¡Y de chichisbear, repartir dingolondangos e inyectar felicidad y sperme de très bonne qualité a más de 45000 mujeres en cinco continentes! Entre ellas, una marquesa hipertrófica, tres monjas de la congregación  de las Benedictinas de la Adoración Zigzagueante, una asesina en serie hiperrefléxica, ocho consejeras del extinto partido de ultraderecha Fuerza Nueva (aunque soy de izquierdas, siempre he tenido una extraña obsesión por cepillarme a mujeres fascistas) y 76 clavariesas pertenecientes a 75 cofradías o archicofradías diferentes.

Supongo que tras la intervención quirúrgica escribiré mis primeras experiencias con la «Prometea» y luego me retiraré a meditar sobre cualquier cosa, en cualquier posición corporal, de cualquier forma y en cualquier lugar. Pero hasta que llegue ese momento tengo que ponerme a redactar Defecación insaciable. Y como tú sabes, escribir me resulta especialmente insoportable. Me encanta pensar argumentos y desarrollarlos mientras un sanitario homologado (o una sanitaria discriminada) me chuta varias dosis de anfetamina pura diluida al 7.5%. Pero eso de ponerse delante de una hoja en blanco para dar forma a lo que he estado ensamblando en alguna parte recóndita del cerebro repercute seriamente en mi salud. Sin embargo estoy enganchado. Quiero decir… de alguna extraña manera necesito hacer aquello que me mata. Siempre he sido así. Siempre he sido asín según mi tía-abuela Anatolia. Por cierto, Anatolia estudió siete carreras y se doctoró en cinco de ellas. Aunque tres cuartos de la mitad de una décima parte de mi familia intentó por todos los medios que aparcara el «asín», nunca lo consiguieron. De hecho su primogénito, Anatolio, escribió una tetralogía que en los años cincuenta fue muy apreciada en círculos disjuntos titulada Asín contramarchaba asín asín, asín contramarchaba que yo la vi.

Greg

Email del 5 de junio 2020 Leer más »

Email del 4 de junio 2020

Theophile Steinlen. En communisme (1906)

Recuerdo que estaba mirando el escaparate de una librería cuando de repente escuché una serie de gritos que en un principio me parecieron expulsiones ruidosas de fluidos eupépticos amplificados con un equipo Zapco zx o Digital Designs. Sin embargo, cuando me giré lo único que pude ver fue la figura de un tipo con aspecto de piraña enloquecida que se acercaba a mí corriendo. A partir de ese momento solo recuerdo que unas manos del tamaño de un cortauñas descomunal intentaban estrangularme. Intentaré transcribir lo que sucedió por medio de nuestro propio diálogo.
LOCO: ¡Eres un maldito desgraciado!
YO: Aggggggg.
LOCO: ¡Jodido malparido!
YO: Aggggggg. Aggggggg.
LOCO: ¡Malasombra! ¡Pavitonto! ¡Zamacuco!
YO: Aggggggg. Aggggggg. Aggggggg.
LOCO: ¡Desgraciado mamón! ¡Tarado! ¡Carajaula! ¡Tocapelotas!
YO: Por… por favor… su… suélteme…
LOCO: ¡Sacamuelas! ¡Tolai! ¡Sabandija! ¡Carapapa! ¡Pitañoso de los cojones!
YO: ¿Pero qué le he hecho yo? Aggggggg. Aggggggg.
LOCO: ¡Mamonazo! ¡Pelazarzas! ¡Huelegateras! Lamepuertas! ¡Escolimoso asqueroso! ¡Chirimbaina! ¡Calzamonas!
YO: ¡Socorroooooo!
LOCO: ¡Caraflema! ¡Arrastracueros! ¡Cebollino! ¡Papirote!
YO: ¡Que alguien me ayudeeeee! ¡Por fa….!
LOCO: ¡Peinaovejas! ¡Zurcefrenillos! ¡Rieleches! ¡Pataliebre! ¡Mangurrián!
YO: ¡Suélteme! ¡Me está asfixiando! Aggggggg.
LOCO: ¡Melón! ¡Gurriato! ¡Lamegurruminas! ¡Muerdesartenes! ¡Paquetón! ¡Soplaguindas! ¡Tiralevitas!
YO: ¿Nadie va a ayudarme?
LOCO: ¡Zarrapastroso! ¡Tagarote! ¡Agilipollado! ¡Sinentraero! ¡Piojoso pollopera!
YO: Aggggggg. Aggggggg. Aggggggg.
LOCO: ¡Te voy a matar, quitahipos! ¡Rastrapajo! ¡Moñón! ¡Rebañasandías!
YO: Si… si me suelta ahora mismo le juro que le perdono…
LOCO: ¡Pillavispas! ¡Manegueta! ¡Patacojo! ¡Ovejo! ¡Morroestufa! ¡Mierdabota!
YO: ¡Cosorrooooo!
LOCO: ¡Yene yene yene! ¡Papirote! ¡Pelagambas! ¡Revientabaúles! ¡Tontaco-tontucio! ¡Zamugo! ¡Perrocostra! ¡Mangarrán! ¡Letrín! ¡Faes-Aznar! ¡Fanfosquero! ¡Escornacabras! ¡Habahelá! ¡Huevón! ¡Lamegapos! ¡Giraesquinas! ¡Meapilas! ¡Metemuertos! ¡Panarra! ¡Metijaco! ¡Longanizas! ¡Mindundi! ¡Pelapatatas! ¡Pinchakiwis! ¡Pitofloro! ¡Sonajas! ¡Tarugo! ¡Zamugo! ¡Tordo! Zascandil! ¡Gorrumino! ¡Lechuguino! ¡Gilipollas y gilipuertas! ¡Lameperineos! ¡Foligoso! ¡Echacantos !Esbaratabailes! ¡Desgarracalzas! ¡Estofrito! ¡Chupóptero! ¡Filimincias! ¡Escobritajo! ¡Desgarraculos! ¡Cierrabares! ¡Culopollo! ¡Cernícalo! ¡Cuerpoescombro! ¡Cenutrio! ¡Estulto! ¡Chiquilicuatre! ¡Espera…! ¡Tú, tú no eres Salvador Satorre! ¡Quién cojones eres tú?
YO: Me… me llamo Grag… Gragorio… Gregorio…
LOCO: ¡Joder! ¡Me he equivocado! ¡Le ayudaré a levantarse! ¡No ha sido nada! Anda, vamos. ¿Se encuentra perfectamente, verdad?
YO: Mara… Maravillosamente bien. Gracias.
LOCO: ¡Por casualidad usted es hermano de SS?
YO: ¿Qui… quién es ese SS… ss… sssss
LOCO: Salvador Satorre. Un hijo de la grandísima puta que me debe 10 euros.
YO: Yo soy Gregorio. ¡López!
LOCO: ¿No conocerá por casualidad a SS?
YO: Co… conozco a un tal Latorre, con ele. Lorenzo Latorre. LL.
LOCO: Bueno. Le tengo que dejar. Ha sido un auténtico placer…

Unos días más tarde me enteré por un testigo del suceso que el infrahumano que me atacó era profesor en la Borsona (¡ni siquiera en la Sorbona!), un internado para jóvenes con problemas de conducta. Cuando le pregunté por qué narices no me había ayudado, este respondió que estaba tan fascinado con la retahíla de insultos que no se dio cuenta de que me estaban poniendo a caldo hasta que el agresor se hubo largado.

Todo esto me lleva a pensar que España es el único país apaisado del mundo. Y que cada vez que alguien compra un kilo de duraznos muere una novicia resquemada. Y que dentro de los testículos de los dromedarios se encuentra la puerta que nos puede llevar a entrar en otras dimensiones desconocidas. Y que mi amiga Wilfrania asesinó a sus padres, a sus hermanos, a sus abuelos, a sus tíos y al abogado de la amante de su estilista. Y que nunca debí votar al PSOE, ya que soy comunista.

Email del 4 de junio 2020 Leer más »