Email del 20 de febrero 2014
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| Courbet. L’origine du monde (1866) |
Hola:
Todo hombre -y no me refiero al ser racional perteneciente al género humano, sino a la persona adulta de sexo masculino- no tiene más que un deseo absoluto: bajar cuantas más bragas sean posibles en el menor lapso de tiempo y con el mínimo esfuerzo mental y energético. Para algunos es una necesidad tan importante como alimentarse. De hecho se nutren imaginando los tesoros que se ocultan debajo de la ropa interior femenina y dibujando mapas imaginarios de cada recoveco anatómico digno de ser acariciado, besado, olido, mordisqueado o absorbido. Sienten un placer indescifrable cuando en su mente se dibuja un cuello, una espalda o unos pechos desnudos. Aunque lo que realmente les hace sentirse supremos dentro de su propio universo es un conducto musculoso que conecta la matriz de las hembras con el exterior y sirve, entre otras cosas, para permitir la cópula. Dios es una vagina. Hay deidades velludas y divinidades rasuradas. Omnipotencias que hablan hasta por los codos y providencias que jamás impiden ninguna clase de acción en la que esté implicada la piel, los sentidos, y las pocas necesarias emociones. Dios es un agujero, pero también es el estímulo que induce a atravesarlo o el principio superior que adormece la conciencia. Dios es parte de la virtud indestructible que concibe la unión carnal y exime al amor de obligaciones sentimentales, morales o incluso circunstanciales.
Para su propia persistencia absoluta, el sexo sin sentimientos nos asegura una posición privilegiada dentro del autoconsuelo que significa subsistir en una sociedad decadentista e intolerante, que valora al individuo según las mentiras que es capaz de fabricar. Es mucho más importante creer que la pasión abre el camino a la vida -lo cual no implica necesariamente felicidad- que ser fiel al espíritu animal que nos dirige. Personalmente, estoy convencido de que esa miasma de sentimientos improductivos que unen una persona a otra -falsamente denominados como amor- no es más que una vulgar conjunción de egoísmo sin límites ni restricciones y una falta total de instinto impulsivo que nos inducen a comportarnos como lo que nunca hemos sido, somos o seremos: naturaleza o esencia lógica, justa y racional.
Un saludo.
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