 |
| Magritte, La clef des champs,1936 |
Hola querida:
Hoy he tenido un sueño fascinante. No ha sido más que una conversación con mi reflejo en el espejo, pero estoy seguro de que, como investigadora del comportamiento humano, puede llegar a interesarte. El problema es que no me acuerdo de todo el diálogo, pero sí de algunas partes, que son las que te transcribiré a continuación:
YO: ¿Para qué? ¿Para qué sirve todo esto? Me refiero a la existencia, por lo menos tal y cómo nos toca vivirla en estos tiempos.
REFLEJO: ¿Consideras que todos los días pasan de la misma forma y percibes la realidad material, la esencia eterna o el predicado lógico de la misma manera?
YO: ¡Exacto! y llega un momento en que todo esto ya no es suficiente…
REFLEJO: Piensas que cada momento que gastas no es más que una especie de sinónimo inenunciable de mortalidad anunciada, de racionalidad equivocada, de ideas ininteligibles que fuerzas con tesón indestructible para autocovencerte de algo que no tiene sentido.
YO: Y posiblemente nunca lo tendrá…
REFLEJO: Ni siquiera los propósitos disteleologícos te ayudan a soportar la carga, el paso del tiempo, la sucesión de repeticiones exactas, el aburrimiento de tu Soy, la hecatombe moral de tu Existo.
YO: Podría poner fin a toda esta maraña de sentimientos encontrados…
REFLEJO: Podrías desvanecerte entre la Teolomía y la retrospección, entre la Teleología y la abstracción, pero no sería justo con tu propia dirección.
YO: La necesidad de permanencia aún posee un gran poder sobre mi cerebro, aunque…
REFLEJO: Aunque afortunadamente ya no te importa la calidad ni la cantidad, sólo el desprecio al comienzo y la intensidad del final. ¿Me equivoco?
YO: ¿Cómo podrías equivocarte si tú eres yo?
YO: Necesito conocer lo que se encuentra en el otro lado.
REFLEJO: Quizá no te guste lo que puedas ver allí.
YO: Correría ese riesgo, tú me conoces, sabes que…
REFLEJO: Sé que tus maniobras destructivas te están costando un alto precio. El precio de seguir existiendo.
YO: ¿Maniobras destructivas? ¿A qué te refieres?
REFLEJO: No estás preparado para morir; el problema es que tampoco estás preparado para vivir. Intentas por todos los medios llamar la atención, pero tu público se empieza a aburrir. Deberías justificar tus tácticas, tus desordenes, tus lamentos. ¿De qué sirve agazaparse en un rincón oscuro, si vas a pregonar a los cuatro vientos que te escondes en un rincón oscuro? Escóndete, pero no te lamentes, y sobre todo, no hagas partícipe a tus amigos, o los pocos que te puedan quedar actualmente, de tus miserias. Todos tienen mierda que arrastrar, algunos, incluso más que tú.
YO: Recuerdo un día en que me levanté feliz. Desconocía la razón, pero en ese momento no me importó demasiado, porque estaba disfrutando de los peligros de la felicidad…
REFLEJO: ¿Y?
YO: ¿No lo entiendes? Por primera vez, podía jugar con la inseguridad sin sentir miedo.
REFLEJO: ¿Y?
YO: Pues que lo disfruté, pero sólo durante unos minutos.
REFLEJO: ¿Y?
YO: Me recuperé de ese estado abstracto y volví a ser el mismo.
REFLEJO: ¿Y?
YO: ¿Por qué existo?
REFLEJO: ¿Quieres una respuesta rápida?
YO: Quiero una respuesta coherente.
REFLEJO: ¿Quieres coherencia y estás hablando con tu propio reflejo? No te voy a explicar la razón por la cual existes, pero sí por qué no dejas de existir. Y no quieres dejar de existir, aunque vayas por la vida como un búfalo herido, por qué si dejaras de existir no podrías hacer que el mundo supiera que te gusta lloriquear, que te gusta lamentarte y sufrir por sufrir, sin motivo. No quieres dejar de Ser, porque si lo hicieras, ese conglomerado de Ego y narcicismo a partes iguales, no podría seguir manipulando a su antojo; no podría predicar el testamento de la fatalidad como dogma de fe, en resumidas cuentas y por no hacerlo largo, si no existieras, otro sujeto menos dañino te sustituiría y eso, al mismo tiempo que te…
YO: Creo que te estás pasando conmigo. No voy a consentir que me hables así.
REFLEJO: ¡Pues pega un puñetazo y rompe el espejo!
Después de meditarlo, he llegado a la conclusión de que no ha sido una pesadilla, pero tampoco un gozo o un deleite. Digamos que ha sido una especie de sueño neutro desesperanzador y bastante hiriente. ¡No me quejo! Prefiero mil veces esta clase de sueños en lugar de los acostumbrados, repletos de animales que hablan, juicios sumarísimos y transformaciones corporales. Por cierto, aunque estoy seguro de que te lo imaginas, al final golpeo con todas mis fuerzas el espejo y su imagen mía reflejada y lo rompo en varios pedazos…
Un beso y un abrazo.