julio 2018

Email del 31 de julio 2018

Gianfranco Baruchello. Cordiali saluti dell’entropia-errore (1963)

Amiga mía:

Conoces mi fascinación por los lugares que no existen y sabes que mi objetividad, de una forma u otra, está completamente supeditada a esos emplazamientos y a sus leyendas imaginarias. Por esa razón he redactado una misiva que mañana pegaré en una pared hipotética con unas chinchetas reales, pero fabricadas con un metal imaginario. Trataré de traducirla y transcribirla aquí para que la analices concienzudamente:

Hola:


Me llamo Deposición Gurruña, aunque algunos me conocen como Gregorio López. Vendo o alquilo varios pedacitos de mi entropía particular. Interesados enviad datos personales por medio de la cognición anómala denominada telepatía. El precio (no negociable) es el mismo tanto para los impecunes como para los cresos, aunque en estos momentos desconozco si la fuerza supranatural que impulsa que me subaste como una ramera se contentará con cualquier nimio peculio. 

Supongo que nadie contestará porque ninguna persona nacida de madre será capaz de leerla. Además de ser absolutamente irreal, la nota está garrapateada en un idioma inventado y sobre un papel translúcido. Pero no me importa, pi pi piiiii. Porque llevo torta, pi pi piiiii.

Greg

Email del 31 de julio 2018 Leer más »

Email del 28 de julio 2018

Adriaen van Ostade. Sense of smell (1635)

Querida:

Hace nueve años escribí un ensayo titulado La necesidad de apestar, que trataba básicamente sobre mi extraordinario olor corporal. En ese tratado explicaba como mi cuerpo desprendía efluvios similares a los que desprenden los frutos del bosque, aunque no me duchara en años. Por alguna razón que todavía desconozco, jamás me atreví a enviárselo a ningún editor y, desde entonces, ha permanecido tirado dentro del mismo cajón donde guardo los calcetines que han de ser zurcidos y que no son zurcidos, más que nada porque todavía no he aprendido a zurcir. No me entiendas mal, soy capaz de remendar o incluso pespuntear, pero no de zurcir. El texto del ensayo está repleto de deíxis y catáforas, quizá esa sea la razón de mi desconfianza a la hora de tratar de publicarlo. Para ser más exactos, hay 7.562 deíxis y 23.008 catáforas en las 325 páginas que comprenden los 14 capítulos que forman la disquisición. Pero mejor -y como hago siempre- te transcribo unos pocos párrafos para que te hagas una idea de los vericuetos por los que deambulaba mi cerebro en aquellos tiempos:

«Los esfuerzos por transpirar como cualquier ser humano fueron temporalmente frenados por la burocracia sanitaria, que me obligó a lavarme las axilas un mínimo de dos veces cada nueve días los meses pares, y tres veces cada siete días los meses impares. Al final se llegó a un acuerdo no demasiado desfavorable y se me permitió estar 28 días sin mojar los sobacos con agua y jabón todos los febreros de cada año bisiesto. Aunque dicho convenio fue funesto para mis ahorros, pues el abogado que curso mis demandas me cobró una minuta desproporcionada y no tuve más remedio que cambiarme de domicilio para no tener que pagarle.»


«Las dificultades durante esa maldita época de transición, tanto en su contenido como en su forma, transformaron mi miedo en pánico y en terror. A partir de esos momentos mis interacciones en el seno de la colectividad pasaron a ser mucho más enrevesadas y obsesivas, y al final acabé ingresado en un hotel de cinco estrellas cuyo director me recordaba a una ablación y con el que me llevé excepcionalmente bien hasta el día que decidí escaparme por la ventana del piso decimotercero.»


«Puede parecer demasiado poético o incluso totalmente inaceptable, pero si la gente quería respirar cerca de mis sobacos o de mi trasero, debía poner un precio simbólico. La verdad es que nunca se me habían dado bien los simbolismos, pero eso de llevar a 30 o 40 personas detrás intentando oler mis exhalaciones, estaba poniendo en peligro mi salud mental y corporal. Por ese motivo decidí cobrar cada inspiración a 50 céntimos, cada retención a 20 céntimos y cada emisión a 45 céntimos. Por supuesto resoplar era gratuito, lo mismo que cada jadeo o sofoco.»


«Si me refiero a la lógica subyacente, no es por parecer un tipo considerado, sino por prorratear de una manera prudente y racional la distribución de la propia desinformación. Claro que en ocasiones la propia transcripción de mi pensamiento deconstruído a la manera «híbrida» se mezcla con los discursos ajenos, usurpados o simplemente atribuibles (un registro estereotipado acerca de este pensamiento deconstruído y extendido se puede encontrar en los capítulos 11, 12 y 14).»


«Por último, he incluido en esta conclusión el sincretismo del «Mí» estudiado en el enunciado anterior que constituye, en mi opinión, una postulación exhortativa de lo que Lopezot-Perezot denominaba «la maldita referencia ilocutiva». Ahora bien, las implicaciones particularmente complejas que cada uno pueda extraer no constituyen ningún ejemplo de enunciado refutativo.»

Greg

Email del 28 de julio 2018 Leer más »

Email del 23 de julio 2018

Vincent van Gogh. Still life with three books (1887)

La afamada editorial Kalachakra acaba de publicar El hombre que pudo asesinar, escrito por el facineroso Gregorio López, alias «Lucerito», famoso en el mundo entero por sus infructuosos intentos de terminar con la necedad y la simpleza por medio de lo que él denominó HRP, es decir, homicidio reiterado premeditado. Editado en un formato de papel especial de la marca Furdellons 21×28 cm, lomeras forradas con papel Curious Metallics color negro indigo. Interior impreso en cuatricromía, pantone dorado y barniz protector. Por supuesto y como es característico en esta empresa editora se trata de una edición limitada a 1000 copias firmadas por la madre y la abuela de Gregorio.

Me gustaría, desde la completa libertad que me proporciona esta bitácora comunal, dar las gracias a Fermín y Matilde, los dueños de Kalachakra, por haberme permitido graciosamente reproducir algunos párrafos procedentes del capítulo 2 y el último párrafo del último capítulo.

«En la naturaleza, un imbécil camina hasta que llega a un precipicio y se cae; sin embargo, en las ciudades no hay abismos y a los cenutrios les es extremadamente difícil despeñarse. Quizá por esa razón creé hace tres años el GAI (con i latina), un grupo de homicidas con el cual combatir el número cada vez más exagerado de cretinos. Al principio el Grupo de Asesinos de Idiotas lo formábamos seis individuos de ambos sexos y de dos países diferentes, aunque residentes en el barrio de Benimaclet, en Valencia capital:


-Diosnelio Fonollar Garci. Nacido en Alicante. 45 años. Experto en resmas. 
-Berenice Brown-Jonsthon. Natural de Chelmsford (Inglaterra). 44 años. Esposa de Diosnello y autora del best seller My mature pussy is hot and tasty.
-Alberto Mantilla Ibars. 49 años. Nacido en alguna parte del macizo de Revolcadores, en Murcia. Primo de Diosnelio. Sin profesión conocida.
-Jesusa Rajado Contreras. Presumiblemente nacida en algún pueblucho de Albacete, aunque no me sorprendería si su madre la hubiese empadronado en Upsilon Andromedae. 42 años. Novia de Alberto y con dos carreras (Horología y Urología), aunque nunca ha pegado golpe en su vida.
-Bernardo Pérez Guarnido. Nacido en Castellón. Catedrático en carpintería metálica y con serios problemas de saciedad sensorial específica. 
-Gregorio «Lucerito» López. Valenciano de 56 años, jefe supremo de la cuadrilla y autor de esta declaración.  


Mientras preparábamos nuestro primer asesinato se unió a la banda un gato de nombre «Trocitos» que había pertenecido al anterior inquilino del piso que ahora hacía de cuartel general. Trocitos tendría unos dos años y medio y era completamente negro excepto por un pequeño lunar negro, pero de otro negro menos negro y del tamaño de media pulga europea, que se encontraba debajo de la oreja derecha. Al final decidimos posponer una semana el atentado, cuando reparamos en que el día que habíamos elegido era el cumpleaños de Alberto. Sin embargo un día antes del homicidio, Berenice se dio cuenta de que no podíamos poner en marcha el plan «matachalados» porque, justo ese día, era el sexto aniversario de su tercer aborto legal y quería llorarlo en el silencio de su habitación. Por lo tanto resolvimos tomarnos unas cuantas jornadas libres y volver a reunirnos en 15 días. Yo me quedaría en el piso y cuidaría de Trocitos y el resto de «protectores de la humanidad» se marcharían hasta la fecha señalada. 


Y la fecha señalada cayó como una nube congelada desde el cielo. La reunión duró tres cuartos de hora y al final llegamos a la conclusión de que el día 12 nos estrenaríamos como criminales. Antes de cerrar el comité -por llamarlo de alguna manera- pregunté nuevamente a todos si ese día alguien tenía algún cumpleaños, boda, entierro, o cualquier otra obligación semejante y nadie respondió, excepto Trocitos que maulló de una manera muy extraña, más parecida a como lo haría una pantera nebulosa a la que le acaban de realizar un cuádruple bypass coronario sin anestesia que a la de un minino casero adicto a la leche Pascual de brik. Lo que ocurrió a continuación lo voy a transcribir tal y como lo recuerdo, pero en modo de diálogo teatral, que es un procedimiento más sencillo y rápido.


YO: Bueno, pues si nadie tiene un plan mejor, el jueves nos desharemos del primer imbécil. En los folios que os he pasado tenéis su historial. Como podéis ver, se trata de Graciano Moscatel Peña.
BERNARDO: Creía que el moscatel era un vino dulce. Jojojojojojo.
YO: A la próxima te vas a la puta calle. ¿Entendido?
BERNARDO: Perdón, jefe. Ha sido algo…
DIOSNELIO: Jefe, siga, por favor…
YO: Bien. Graciano, es un tipo tan «prorrogado» que no sabría distinguir una mesa de caoba de una de roble. 
BERNARDO: Yo tampoco, jefe…
YO: Además es un abusador de pequeños animalillos de compañía.
BERENICE: ¿Cómo?
YO: Hace aproximadamente un año fue pillado infraganti molestando a un hámster de Roborowski.  Anteriormente había sido advertido seriamente por manosear a una chinchilla blanca y por…
BERENICE: ¡Dios santo! ¡Menudo marrano!
JESUSA: ¡Estoy perdiendo el hilo! Queréis dejar terminar a Gregorio. 
YO: Gracias, Jesusa. Prosigo…
ALBERTO: Lo siento, jefe. Me encuentro fatal. Necesito ir a vomitar al baño. No puedo esperar ni un minuto.
YO: Joder. Vete de una vez. Te esperamos. 
DIOSNELIO: ¿Sabéis que Berenice ha terminado de escribir su segundo libro?
JESUSA: ¿En serio? ¿Cómo se titula?
BERENICE: Masturbation in Marina d’Or.
JESUSA: Marina d’Or. ¡Qué guay!
DIOSNELIO: Es un título sensacional.
JESUSA: ¿Y quien se masturba?
DIOSNELIO: El protagonista.
JESUSA: ¿Y para qué se masturba en Marina d´Or?
DIOSNELIO: Porque está allí de vacaciones.
JESUSA: Pero se masturba en el hotel, ¿no?
DIOSNELIO: ¿Qué preguntas me haces? Yo qué sé. Pregúntaselo a a Berenice.
BERENICE: ¿Y qué más da si se masturba en el hotel o en la playa. La acción se desarrolla en Oropesa y se masturba en Marina d´Or. 
BERNARDO: Yo creía que esto era una reunión para planificar nuestro atentado, pero parece que estoy asistiendo a un congreso sobre la masturbacion en la provincia de Castellón.
DIOSNELIO: Bernar, estamos esperando a Alberto.
YO: Ya debería estar aquí.
JESUSA: Igual se ha desmayado. Voy a ver qué cojones está haciendo.
YO: Trae a ese mamón aunque sea arrastrándole de la oreja.
JESUSA: No seas duro, Grego. Alberto lo está pasando fatal. Se medica y casi siempre está medio dormido. No sé qué voy a hacer con él. 
BERNARDO: ¿Qué le sucede?
JESUSA: Todo empezó hace un año, cuando su hermano Pablo se casó con otro tipo. Una especie de polichinela estúpido y muy amanerado que…
BERNARDO: ¿Tienes un hermano maricón? Jojojojojo.
YO: A la próxima te vas a la puta calle. ¿Entendido?
BERNARDO: Pero, jefe, ¿otra vez? ¿He hecho algo malo?
YO: Eres un desgraciado homófobo de mierda. Además no soporto tus risotadas caballunas. 
DIOSNELIO: Yo tampoco.
BERNARDO: Jefe, ¿acaso no recuerda que este desgraciado homófobo cumplió siete años de condena en su lugar?
YO: ¿Recordar? Ni siquiera soy capaz de recordar cuántos años hace que llegué a la conclusión de que la vida es una jodida cloaca. Quizá porque soy un tipo muy poco estructurado y bastante desmesurado. Ya me conocéis. O puede que sea simplemente porque pertenezco a una antigua estirpe de perdedores enrabietados. Poco importa conocer las causas en estos instantes. Lo único que me saca de esta especie de estado semicomatoso inducido es saber que no necesito de la ayuda de la autoeutanasia porque, afortunadamente, algún día moriré. Y cuando eso suceda dejaré de escuchar sandeces y de contemplar a las fábricas andantes de sandeces, que viven, respiran y caminan por todas las calles del planeta, exceptuando las de Chernobyl y Fukushima.
DIOSNELIO: ¡Joder, Gregorio! ¡Qué bonito!
YO: Diosne, por favor, ¿puedes ir al váter y traer a ese cretino de Alberto para que podamos seguir con, ejem, lo nuestro? 
DIOSNELIO: Enseguida, jefe. 
JESUSA: Ya voy yo, Diosne. Y de paso eharé un pipí.
DIOSNELIO: ¿Eharás?
JESUSA: Sí. Un pipí. Ya sabes lo que es eso…
DIOSNELIO: Has dicho eharé. 
JESUSA: ¿Qué es eharé?
DIOSNELIO: Eharé no es nada. Tú has dicho eharé…
JESUSA: No te entiendo, Diosne. Claro que nunca te he entendido. Quizá te comprendía mejor cuando no sabía ni una palabra de español.
BERNARDO: ¡Castellano!
JESUSA: No te entiendo, Diosne. Claro que nunca te he entendido. Quizá te comprendía mejor cuando no sabía ni una palabra de castellano.
DIOSNELIO: Yo solo te decía que habías pronunciado eharé. Nada más. No comprendo por qué razón te pones asina.
JESUSA: ¿Asina?
DIOSNELIO: Sí.
BERNARDO: ¿Asina existe en el español?
JESUSA: ¡Castellano!
DIOSNELIO: Claro que existe. Es un sinónimo de así. Ya no se usa, pero es perfectamente válido. 
YO: ¡Por Dios! ¿Queréis callaros de una puta vez? No sé qué hago planeando un exterminio de idiotas si tengo unos cuantos aquí, conmigo. 
BERNARDO: ¡Yo no soy tan idiota como parezco!
YO: A la próxima te vas a la puta calle. ¿Entendido?
BERNARDO: Pero, jefe…
YO: Diosnelio, ya que Jesusa no va a ir al váter porque prefiere seguir largando y largando sin cesar, ¿Podrías acercarte al puto lavabo y traer a tu mujer y al otro gilipollas, por favor. Esto es de locos. ¿Quién me mandaría meterme en semejante berenjenal? Por cierto, ¿dónde está Berenice?
BERNARDO: Estaba aquí, antes…
YO: Ya sé que estaba aquí antes, imbécil.
BERNARDO: Pero, jefe…
JESUSA: Se fue a la cocina a prepararse un sandwich de queso, pero como solo queda una rebanada igual está pensando en…
YO: Me importa una mierda santificada lo que piense. Lo único que quiero es ver si podemos estar los cinco juntitos y…
BERNARDO: Somos seis, jefe. Jojojojojojo
YO: Ya no puedo más. A la puta calle. Sal de aquí o te juro que te estrangulo.
JESUSA: Creía que querías arrejuntarnos, no separarnos…
YO: Y yo creía que ibas al aseo a traer a esos dos rucios ignorantes.
JESUSA: Y a hacer un pipí. Vuelvo enseguida…
YO: No, ¡espera! Ya hay bastante gente en el váter. Ve a la cocina a por Berenice.
JESUSA: Pero luego iré al aseo a hacer un pipí…
YO: Bernardo, Tú podrías… ¿Bernardo? ¿Caray! ¡Estoy solo! Ese gilipollas de Bernardo se ha largado de verdad a la puta calle. ¡Contrinuaré la reunión sin nadie! ¿Contrinuaré? Creo que debería desarticularme…


Al final, y no sin mucho trabajo, pude reunir a los «chicos» y desarrollar un plan de asesinato perfecto. Lamentablemente, nuestra víctima elegida, el acosador de animalillos, había muerto de un ataque al corazón fulminante y tuvimos que volver a elegir otro tipejo. Eso quería decir que debíamos volver a reunirnos varias veces mas. ¡Y lo hicimos! No soy capaz de relatar lo que tuve que aguantar ni hasta dónde tuve que transigir para no mandar todo a la puta mierda, pero por alguna extraña razón, cada vez que elegíamos a un imbécil, este moría de una forma u otra antes de que pudiéramos matarlo nosotros. Si no recuerdo mal, hasta 15 idiotas fueron elegidos, lo que supuso más de 50 reuniones. En cada una de esas reuniones yo estuve a punto de perder la cabeza en dos o tres ocasiones. Al final llegué a la conclusión de que era una tontería oponerse al destino. Y el mío era aguantar una tras otra reunión y las memeces y las desapariciones súbitas del resto de los componentes de la banda. Llegó un momento en que me sentía como el poso de una taza de té. Estaba claro que una especie de fuerza supranatural disfrazada de efecto nocebo había resuelto que debía perder la cabeza. Pero me opuse con todas mis fuerzas y construí algo semejante a una casamata inexistente donde me ocultaba cuando las cosas no salían como yo creía que debían suceder. Fue en uno de esos momentos cuando decidí que debían morir. Diosnelio, Berenice, Alberto, Jesusa y Bernardo iban a desaparecer para siempre de este mundo. Y yo debía reunirme conmigo mismo para planear sus decesos. Afortunadamente después de cuatro reuniones en solitario fui capaz de determinar que todavía necesitaba otra más, o quizá un par de ellas.»




«He sufrido una recaída. Podría haber sufrido una reelevación o incluso un reacrecentamiento, pero algo no funciona bien en el departamento del destino, sito en la quinta planta de mi cuerpo. Podría enviar una queja pero no serviría de nada. Por esa razón pienso coger a la recaída y atarla en una pata de la mesa camilla, luego pegarle un par de bofetadas y, cuando crea que la tengo totalmente sometida, ordenarle que vuelva al lugar donde esperan el resto de recaídas. Claro que también podría aceptarla, acariciarla y acostarme con ella. Sé de buena tinta que las recaídas no pueden quedarse embarazadas.»

Email del 23 de julio 2018 Leer más »

Email del 22 de julio 2018

Otto Dix. Corpse of a horse (1924)

Hola:

Hoy me he dado cuenta de que cada día me parezco más al marujón que seré si el proceso de envejecimiento sigue su curso predeterminado. No contento con limpiar e higienizar las pilas de la cocina y el aseo con litros y litros de lejía, me he armado de valor y me he propuesto dejar inmaculada la nevera por dentro y por fuera. ¡Y lo he conseguido! Y como después de semejante hazaña, todavía me quedaban fuerzas para seguir limpiando, he llamado al timbre de la vecina y me he ofrecido graciosamente a limpiarle su ropa interior a mano con Norit. Naturalmente mi proposición no le ha gustado demasiado a su amante y no me ha quedado más remedio que lavarle también a él sus calzoncillos. Después de la maratón de fregado, saneamiento y desinfección me he acercado a mi bar favorito y me he tirado un pedo extraordinariamente silencioso en la barra. Al principio los efluvios no se han desplazado demasiado desde el lugar donde fueron expedidos con algazara y garbo, pero al cabo de un par de minutos los clientes han empezado a quejarse y uno ha terminado preguntando a la camarera china si se había muerto su abuela.

Te he contado lo que me ha sucedido esta mañana porque sé que eres la única persona en el mundo capaz de comprender lo que hago, lo que no hago, lo que haré si me tomo unas cuantas anfetaminas y lo que no haré bajo ninguna circunstancia. Y no te cuento lo que pienso hacer por la tarde porque no pienso hacer nada en absoluto. Solo no haciendo nada en absoluto hago algo de una manera relativa. Y si relativizo cualquier cosa, incluidos mis actos más inadmisibles, me siento menos culpable de ser superior al resto de relativizadores absolutistas. ¿Te das cuenta de lo que trato de decirte? Necesito algo por lo que vivir y luchar. Aunque ese algo no sea más que el jodido algo de siempre alterado. Si soy capaz de creer que ese algo de siempre es único y especial, mi vida podría seguir desplazándose hacía atrás sin necesidad de tener que mentirme continuamente, solo para poder sentir que la existencia es justa y yo soy un tipo coherente. Porque ni la existencia es justa ni yo, por supuesto, soy un tipo coherente. Si la existencia fuera justa y yo un tipo coherente, ¿crees que la marca Norit seguiría con el logotipo del corderito o que yo perdería tal cantidad de tiempo meditando sobre la absurdidad sentimental, elemental y excremental? Todo es nada, excepto todo, por lo tanto, todo es todo. Para que todo el todo absoluto llegue a ser algo similar a la nada relativa, todos los pobladores del planeta deberían sufrir una isquemia cerebral. Pero las probabilidades de que todos los pobladores del planeta sufran un ictus a la misma hora son bastante escasas. De esa manera el todo y la nada pueden seguir siendo lo que se supone que son, todo y nada, o nada y todo, aunque en determinadas ocasiones el todo no vale una puta mierda porque tendemos a relativizarlo y la nada es demasiado poco absoluta.

Y mientras las piedras descansen en el suelo y no se utilicen para lo que han sido diseñadas, es decir, para romper cráneos humanos, se me antoja una inmensa tontería insistir con demasiada rigidez acerca de lo que es o no relativo o absoluto. El problema es que soy incapaz de insistir con demasiada flexibilidad. Quizá debería probar a insistir sin insistir, pero entonces no se podría decir que insisto, sino que desisto. Y no conozco a nadie que sea capaz de desistir, ni siquiera existir, ni con la rigidez necesaria ni de una manera más flexible, ya sabes, parecida a la de una ramera sagrada. Pero si no insisto ni desisto, y mucho menos, existo, ¿entonces?, ¡entonces estoy meando fuera del tiesto! Y si meo fuera del tiesto, es que mi trastornado progenitor tenía razón cuando se desgañitaba explicando al resto de la raza humana que yo era un pelele y un pazguato de mil cojones. Y que se arrepentía de haber derramado su delicioso fluido espeso de color blanquecino repleto de espermatozoides campeones sobre el óvulo de mi madre. ¡Es verdad! Soy un gilipollas absoluto, aunque me presente como una omnipotencia relativa. Debería descuartizarme e introducirme en varias fiambreras gigantes repletas de formol. ¿Formol?

Greg

PD:

¡Formol!

Email del 22 de julio 2018 Leer más »

Email del 21 de julio 2018

Dieter Roth. Literature sausage (1974)

Querida:

Estoy escribiendo un cuento largo titulado Superrojiblanco y Azulín contra el profesor Verdiamarillo, que trata sobre lo complicado que resulta comunicarse con alguien por medio de las pedorretas. El título, exageradamente pirrónico en su concepción, me vino a la cabeza después de salir de  una cervecería con varios litros de cerveza negra dentro de mi cuerpo. Es extraño, pero cuando oriné toda esa cerveza varias horas después, el título me pareció una jodida mierda. Por esa razón, desde entonces he estado bebiendo cerveza constantemente, excepto ayer, que bebí armañac solo, armañac con hielo, armañac con leche, zumo de piña con armañac y armañac con zyklon B. Como verás por la redacción de este texto, el alcohol no impide que esta sea exquisita. Mi pregunta es, ¿tú, si fueras yo, cambiarías el título? He pensado en algunos alternativos como Superverdiamarillo y Rojiblanco contra el profesor Azulín, Superazulín y Verdiamarillo contra el profesor Rojiblanco o Superverdiamarillo, Superazulín y Superrrojiblanco contra el profesor Tumbaga Zoza. Espero tu contestación con prontitud. Si no puedes con prontitud, por favor, hazlo con celeridad o premura.

Greg

Email del 21 de julio 2018 Leer más »

Email del 19 de julio 2018

Jean-Michel Basquiat. Jawbone of an ass (1982)

Querida:

La naturaleza, incluso la naturaleza humana, persigue una condición: la perfección. Por esa razón, siempre he intentado distanciarme del género al que se supone pertenezco y situarme en cualquiera de los dos extremos. Y gracias a ese espíritu de contradicción, otorgado quizá por un golpe seco en la cabeza cuando era un bebé, he podido sacar partido a una cualidad que está presente en casi todos los animales, pero que por alguna extraña razón, se ha perdido en el ser humano: tarascar. Y debo tarascar bien porque ya me han detenido 30 veces. La última, por tarascar al poli que intentaba detenerme por tarascar a un sacerdote cojo. Tarasqué a los dos y aún me quedaron ganas de tarascar a quien se pusiese por delante, pero no pude seguir tarascando porque el compañero del poli tarascarado anteriormente me puso un maldito bozal.

Antes de que podamos discutir provechosamente si tarascar es lícito, o por lo menos puede llegar a servir para algo que no sea terminar siendo inyectado con varias dosis de inmunoglobulina antirrábica, me gustaría dejar claro que mi instinto tarascador no es más que el resultado de una elección individual y social, o como yo prefiero denominarlo, un viaje sin retorno a la exquisita belleza de alguna parte. Pero llegados a este punto deberíamos preguntarnos, ¿existe alguien o algo capaz de diferenciar alguna parte de ninguna parte? ¿O de la parte que no está comprendida en ninguna otra parte, porque esa ninguna otra parte está harta de incluir partes de otras partes que ni siquiera son capaces de sentir algo similar a lo que la tía de mi madre, Georgina López, llamaba agradecimiento vil y pernicioso?

Me gusta tarascar, pero también me complace que me peguen un buen tarascamiento, o tarascazo, o como cojones se pueda conjugar semejante verbito. Y si es en alguna de las partes más sensibles de mi anatomía, el gozo y la plenitud puede llegar a un punto en el cual me importe una mierda grasosa cualquier cosa que no esté relacionada, de una manera u otra, con los tarascamientos o incluso con los autotarascamientos. Porque solo tarascando puedo existir sin creer que debo algo a alguien por algún motivo. Tarasco porque no sé como comunicarme sin sentir dolor físico y mental. Tarasco porque cuando miro directamente a los ojos de alguien, sé que en lo más profundo de su limitada confusión me está gritando que necesita ser tarascado o tarascada en ese mismo instante y de la manera más feroz posible. Tarasco porque de alguna forma he de justificar el dinero invertido en los últimos siete implantes.

El jodido Homo sapiens tiene una dimensión intemporal y otra temporal. Yo tengo una dimensión impresionante oculta por la bragueta. Podría haberme dedicado a eyacular por dinero y nunca hubiera acabado entre barrotes, todo lo más, entre flujos vaginales. Pero elegí tarascar. Y esa fue, de alguna forma, mi perdición. Sí, ya sé que esta conclusión puede ser atacada desde diversos puntos de vista. Y sé que ningún hombre puede llegar a ser capaz de tratarse tan neciamente como lo hago yo, pero, como he dejado claro en líneas anteriores, me gusta tarascar y pienso hacerlo hasta que alguien me lo impida para siempre o hasta que el resto de los ciudadanos y esclavos del planeta se decidan a tarascar. Entonces, si eso sucede, quizá vuelva al rol de persona normal, decente y con cuatro hipotecas.

G

Email del 19 de julio 2018 Leer más »

Email del 16 de julio 2018

Fernand Leger. Study for builders (XIX-XX cent.)

Amiga:

En aquella época, yo olía mejor que un kakapo. Y ese aroma embriagante sumado al hermoso bigote estilo Yosemite Sam que lucía, me otorgaban un no sé qué, que ponía a cien a los albañiles y a los alicatadores. Como yo era totalmente heterosexual, siempre que pasaba cerca de una obra tenía que caminar de una manera absurdamente extravagante. Por esa razón, actualmente tengo un andar tan insólito. Afortunadamente, desde hace varias décadas ya no me silban los obreros de la construcción, ni siquiera los poceros, y mis desplazamientos son más relajados y distendidos.

Solo quería que lo supieras.

Greg

Email del 16 de julio 2018 Leer más »

Email del 15 de julio 2018

Edouard Manet. The suicide (1880)

Amiga:

A menudo me pregunto si debería inutilizar mi cerebro hurgando en él con un palo introducido por un ojo. ¡Y sin quitarme las gafas!, lo que dificultaría el proceso, aunque lo haría mucho más interesante. Si quieres que te sea sincero, asquerosamente sincero, me siento como si tuviera un año y medio más de los que tengo en realidad. ¡Me gustaría tanto poder desaparecer sin dolor ni hipo! Según Seppanen Mäkinen, el tipo que ostenta el record de suicidios fallidos en Europa (74 contabilizados), no existe una razón concreta para vivir, sin embargo existen tres razones imprecisas para morir. Lamentablemente se desconocen cuáles son esas tres razones, ya que Seppanen se niega a hacerlas públicas a menos que la República de Finlandia le declare su amor públicamente. Como verás es un enorme lío, porque hasta que la República de Finlandia le declare su amor públicamente, nadie podrá conocer las tres razones imprecisas para morir. Y la República de Finlandia ya se cita en secreto con otro tipo. Y según el periódico Määrittelemätön totuus, ese tipo es celoso, inescrupuloso, nebuloso, escrofuloso y orina con cierta dificultad.

Greg

Email del 15 de julio 2018 Leer más »

Email del 13 de julio 2018

Kurt Schwitters. Something or other (1922)

«María Aurelia tenía 97 años, dos hernias discales y tres gatitos (Rodolfo, Randolfo y Adolfo). Era presidenta del club DTU (damas con tacatá unidas) y bebía a morro de las botellas de Coca-Cola de 1 litro. Pero cuando miraba la foto en blanco y negro de Manuel Fraga en Palomares se transformaba en una especie de anciana ninfómana.»
(Irukandji – Gregorio López Pérez)

Ayer estuve buscando por la red fotos insulsas y sin mensaje subyacente para poner en mi perfil de WhatsApp. El problema es que casi todas las imágenes que encontré -y me gustaron- llevaban consigo subtramas implícitas que podrían hacer que el cerebro de mis amigos agregados estallase en varios pedazos. Por esa razón, al final decidí subir la foto de una pera ercolina. ¿Por qué subí la imagen de una pieza de fruta en lugar de una foto mía? Trataré de explicártelo: aunque sé que soy el hombre más atractivo del planeta, en las fotos suelo salir con la cara amorfa, asimétrica y disforme. Además, mis cejas ajadas, descuidadas y hasta cierto punto con la apariencia de un estropajo Ajax de acero inoxidable, trasmiten una sensación francamente asquerosa y repugnante.

No sé. El mundo es tan grande. Y yo, pese a medir 181 cm, soy tan pequeñajo. ¡Existen tan pocas cosas disfrutables! Quizá las excepciones serían follar, leer y comer huevos fritos. Una vez intenté llevar a cabo las tres acciones a la vez, pero el resultado dejó de ser satisfactorio desde el instante en que parte del aceite del huevo decidió establecerse sobre el coxis de mi compañera de experimentos. Dicen algunos extremeños que el grito que pegó pudo escucharse claramente en Badajoz, aunque creo que no es más que una tonta exageración. ¿Por qué no puedo gritar? Sin palabras. Sin comentarios. Sin aliento. Necesito mi medicación para la hipotensión ortostática o sufriré una pericarditis constrictiva. Y no te digo esto último para que te haga gracia, pues la acepción de «gracia» es el perdón, la benevolencia o incluso el agradecimiento. Yo no puedo agradecer nada a nadie, pero tampoco quiero que nadie me agradezca nada.

Lo único que puedo hacer para no morir de aburricolía, es decir, de aburrimiento y melancolía, es escribir. Y escribo como un poseso. A veces me detengo durante unos instantes y me rasco el culo o bostezo, pero en seguida vuelvo a la hoja de Word y trato de rellenarla con cualquier cosa que escupa mi cerebro. Y cuando mi cerebro no puede escupir, lo ataco sin compasión. Sí, soy un maldito desgraciado, pero tengo motivos. Y parte de esos motivos son los protagonistas de un cuento largo que estoy escribiendo bajo el título Irukandji.

Greg

Email del 13 de julio 2018 Leer más »

Email del 7 de julio 2018

Aubrey Vincent Beardsley. The lacedaemonian ambassadors (1986)

Amiga mía:

Ayer salió a la venta el Catálogo de penes 2018-2019 de la Comunidad Valenciana. En dicha publicación se pueden encontrar, por orden alfabético, los nombres de los propietarios y las fotografías de los 250 penes más fascinantes encontrados en Castellón, Valencia y Alicante. Para familiarizarse con el boletín es muy importante leer con atención las explicaciones de la primera página, aunque puedo adelantarte que los textos no vienen solo en catalán sino también en castellano, inglés, francés, italiano, alemán, japonés, chino o esperanto; y que las fotografías de los penes están clasificadas por orden de tamaño, ciudad de origen y edad del (agraciado) poseedor. Además, debajo de la foto de cada miembro hay una detallada descripción del mismo y la valoración del jurado. Por cierto, me ha sorprendido comprobar que entre los 500 miembros que conforman el jurado solo hay tres que hayan padecido el virus del chikungunya.

La editorial que lo ha publicado y puesto a la venta es famosa en nuestra región por la calidad de sus cuidadísimos catálogos, registros e inventarios. Sin ir más lejos puedo asegurarte que el Catálogo de ajos de La Safor y la Marina Baixa que publicó el año pasado ha sido considerado patrimonio de la agricultura y actualmente se venera en las huertas de medio mundo. Lo mismo sucedió con el Registro suplementario obtuso, publicado en 2003 o el Indice ternario de influencia sinérgica de los espasmos genésicos levantinos, editado en 2009 y que ha sido reeditado en más de 150 ocasiones.

Y a pesar de los fabulosos trabajos de impresión HD que caracterizan a esta editorial única en el planeta, todavía se puede leer en la esquina inferior derecha de la penúltima página un mensaje en el cual nos informa de que «puesto que las técnicas de imprenta no están todavía lo suficientemente avanzadas para reproducir el maravilloso color de los penes con la precisión que nos gustaría, los tonos mostrados pueden variar ligeramente respecto de los miembros originales».

Greg

Email del 7 de julio 2018 Leer más »