 |
| Vincent van Gogh. Still life with three books (1887) |
La afamada editorial Kalachakra acaba de publicar El hombre que pudo asesinar, escrito por el facineroso Gregorio López, alias «Lucerito», famoso en el mundo entero por sus infructuosos intentos de terminar con la necedad y la simpleza por medio de lo que él denominó HRP, es decir, homicidio reiterado premeditado. Editado en un formato de papel especial de la marca Furdellons 21×28 cm, lomeras forradas con papel Curious Metallics color negro indigo. Interior impreso en cuatricromía, pantone dorado y barniz protector. Por supuesto y como es característico en esta empresa editora se trata de una edición limitada a 1000 copias firmadas por la madre y la abuela de Gregorio.
Me gustaría, desde la completa libertad que me proporciona esta bitácora comunal, dar las gracias a Fermín y Matilde, los dueños de Kalachakra, por haberme permitido graciosamente reproducir algunos párrafos procedentes del capítulo 2 y el último párrafo del último capítulo.
«En la naturaleza, un imbécil camina hasta que llega a un precipicio y se cae; sin embargo, en las ciudades no hay abismos y a los cenutrios les es extremadamente difícil despeñarse. Quizá por esa razón creé hace tres años el GAI (con i latina), un grupo de homicidas con el cual combatir el número cada vez más exagerado de cretinos. Al principio el Grupo de Asesinos de Idiotas lo formábamos seis individuos de ambos sexos y de dos países diferentes, aunque residentes en el barrio de Benimaclet, en Valencia capital:
-Diosnelio Fonollar Garci. Nacido en Alicante. 45 años. Experto en resmas.
-Berenice Brown-Jonsthon. Natural de Chelmsford (Inglaterra). 44 años. Esposa de Diosnello y autora del best seller My mature pussy is hot and tasty.
-Alberto Mantilla Ibars. 49 años. Nacido en alguna parte del macizo de Revolcadores, en Murcia. Primo de Diosnelio. Sin profesión conocida.
-Jesusa Rajado Contreras. Presumiblemente nacida en algún pueblucho de Albacete, aunque no me sorprendería si su madre la hubiese empadronado en Upsilon Andromedae. 42 años. Novia de Alberto y con dos carreras (Horología y Urología), aunque nunca ha pegado golpe en su vida.
-Bernardo Pérez Guarnido. Nacido en Castellón. Catedrático en carpintería metálica y con serios problemas de saciedad sensorial específica.
-Gregorio «Lucerito» López. Valenciano de 56 años, jefe supremo de la cuadrilla y autor de esta declaración.
Mientras preparábamos nuestro primer asesinato se unió a la banda un gato de nombre «Trocitos» que había pertenecido al anterior inquilino del piso que ahora hacía de cuartel general. Trocitos tendría unos dos años y medio y era completamente negro excepto por un pequeño lunar negro, pero de otro negro menos negro y del tamaño de media pulga europea, que se encontraba debajo de la oreja derecha. Al final decidimos posponer una semana el atentado, cuando reparamos en que el día que habíamos elegido era el cumpleaños de Alberto. Sin embargo un día antes del homicidio, Berenice se dio cuenta de que no podíamos poner en marcha el plan «matachalados» porque, justo ese día, era el sexto aniversario de su tercer aborto legal y quería llorarlo en el silencio de su habitación. Por lo tanto resolvimos tomarnos unas cuantas jornadas libres y volver a reunirnos en 15 días. Yo me quedaría en el piso y cuidaría de Trocitos y el resto de «protectores de la humanidad» se marcharían hasta la fecha señalada.
Y la fecha señalada cayó como una nube congelada desde el cielo. La reunión duró tres cuartos de hora y al final llegamos a la conclusión de que el día 12 nos estrenaríamos como criminales. Antes de cerrar el comité -por llamarlo de alguna manera- pregunté nuevamente a todos si ese día alguien tenía algún cumpleaños, boda, entierro, o cualquier otra obligación semejante y nadie respondió, excepto Trocitos que maulló de una manera muy extraña, más parecida a como lo haría una pantera nebulosa a la que le acaban de realizar un cuádruple bypass coronario sin anestesia que a la de un minino casero adicto a la leche Pascual de brik. Lo que ocurrió a continuación lo voy a transcribir tal y como lo recuerdo, pero en modo de diálogo teatral, que es un procedimiento más sencillo y rápido.
YO: Bueno, pues si nadie tiene un plan mejor, el jueves nos desharemos del primer imbécil. En los folios que os he pasado tenéis su historial. Como podéis ver, se trata de Graciano Moscatel Peña.
BERNARDO: Creía que el moscatel era un vino dulce. Jojojojojojo.
YO: A la próxima te vas a la puta calle. ¿Entendido?
BERNARDO: Perdón, jefe. Ha sido algo…
DIOSNELIO: Jefe, siga, por favor…
YO: Bien. Graciano, es un tipo tan «prorrogado» que no sabría distinguir una mesa de caoba de una de roble.
BERNARDO: Yo tampoco, jefe…
YO: Además es un abusador de pequeños animalillos de compañía.
BERENICE: ¿Cómo?
YO: Hace aproximadamente un año fue pillado infraganti molestando a un hámster de Roborowski. Anteriormente había sido advertido seriamente por manosear a una chinchilla blanca y por…
BERENICE: ¡Dios santo! ¡Menudo marrano!
JESUSA: ¡Estoy perdiendo el hilo! Queréis dejar terminar a Gregorio.
YO: Gracias, Jesusa. Prosigo…
ALBERTO: Lo siento, jefe. Me encuentro fatal. Necesito ir a vomitar al baño. No puedo esperar ni un minuto.
YO: Joder. Vete de una vez. Te esperamos.
DIOSNELIO: ¿Sabéis que Berenice ha terminado de escribir su segundo libro?
JESUSA: ¿En serio? ¿Cómo se titula?
BERENICE: Masturbation in Marina d’Or.
JESUSA: Marina d’Or. ¡Qué guay!
DIOSNELIO: Es un título sensacional.
JESUSA: ¿Y quien se masturba?
DIOSNELIO: El protagonista.
JESUSA: ¿Y para qué se masturba en Marina d´Or?
DIOSNELIO: Porque está allí de vacaciones.
JESUSA: Pero se masturba en el hotel, ¿no?
DIOSNELIO: ¿Qué preguntas me haces? Yo qué sé. Pregúntaselo a a Berenice.
BERENICE: ¿Y qué más da si se masturba en el hotel o en la playa. La acción se desarrolla en Oropesa y se masturba en Marina d´Or.
BERNARDO: Yo creía que esto era una reunión para planificar nuestro atentado, pero parece que estoy asistiendo a un congreso sobre la masturbacion en la provincia de Castellón.
DIOSNELIO: Bernar, estamos esperando a Alberto.
YO: Ya debería estar aquí.
JESUSA: Igual se ha desmayado. Voy a ver qué cojones está haciendo.
YO: Trae a ese mamón aunque sea arrastrándole de la oreja.
JESUSA: No seas duro, Grego. Alberto lo está pasando fatal. Se medica y casi siempre está medio dormido. No sé qué voy a hacer con él.
BERNARDO: ¿Qué le sucede?
JESUSA: Todo empezó hace un año, cuando su hermano Pablo se casó con otro tipo. Una especie de polichinela estúpido y muy amanerado que…
BERNARDO: ¿Tienes un hermano maricón? Jojojojojo.
YO: A la próxima te vas a la puta calle. ¿Entendido?
BERNARDO: Pero, jefe, ¿otra vez? ¿He hecho algo malo?
YO: Eres un desgraciado homófobo de mierda. Además no soporto tus risotadas caballunas.
DIOSNELIO: Yo tampoco.
BERNARDO: Jefe, ¿acaso no recuerda que este desgraciado homófobo cumplió siete años de condena en su lugar?
YO: ¿Recordar? Ni siquiera soy capaz de recordar cuántos años hace que llegué a la conclusión de que la vida es una jodida cloaca. Quizá porque soy un tipo muy poco estructurado y bastante desmesurado. Ya me conocéis. O puede que sea simplemente porque pertenezco a una antigua estirpe de perdedores enrabietados. Poco importa conocer las causas en estos instantes. Lo único que me saca de esta especie de estado semicomatoso inducido es saber que no necesito de la ayuda de la autoeutanasia porque, afortunadamente, algún día moriré. Y cuando eso suceda dejaré de escuchar sandeces y de contemplar a las fábricas andantes de sandeces, que viven, respiran y caminan por todas las calles del planeta, exceptuando las de Chernobyl y Fukushima.
DIOSNELIO: ¡Joder, Gregorio! ¡Qué bonito!
YO: Diosne, por favor, ¿puedes ir al váter y traer a ese cretino de Alberto para que podamos seguir con, ejem, lo nuestro?
DIOSNELIO: Enseguida, jefe.
JESUSA: Ya voy yo, Diosne. Y de paso eharé un pipí.
DIOSNELIO: ¿Eharás?
JESUSA: Sí. Un pipí. Ya sabes lo que es eso…
DIOSNELIO: Has dicho eharé.
JESUSA: ¿Qué es eharé?
DIOSNELIO: Eharé no es nada. Tú has dicho eharé…
JESUSA: No te entiendo, Diosne. Claro que nunca te he entendido. Quizá te comprendía mejor cuando no sabía ni una palabra de español.
BERNARDO: ¡Castellano!
JESUSA: No te entiendo, Diosne. Claro que nunca te he entendido. Quizá te comprendía mejor cuando no sabía ni una palabra de castellano.
DIOSNELIO: Yo solo te decía que habías pronunciado eharé. Nada más. No comprendo por qué razón te pones asina.
JESUSA: ¿Asina?
DIOSNELIO: Sí.
BERNARDO: ¿Asina existe en el español?
JESUSA: ¡Castellano!
DIOSNELIO: Claro que existe. Es un sinónimo de así. Ya no se usa, pero es perfectamente válido.
YO: ¡Por Dios! ¿Queréis callaros de una puta vez? No sé qué hago planeando un exterminio de idiotas si tengo unos cuantos aquí, conmigo.
BERNARDO: ¡Yo no soy tan idiota como parezco!
YO: A la próxima te vas a la puta calle. ¿Entendido?
BERNARDO: Pero, jefe…
YO: Diosnelio, ya que Jesusa no va a ir al váter porque prefiere seguir largando y largando sin cesar, ¿Podrías acercarte al puto lavabo y traer a tu mujer y al otro gilipollas, por favor. Esto es de locos. ¿Quién me mandaría meterme en semejante berenjenal? Por cierto, ¿dónde está Berenice?
BERNARDO: Estaba aquí, antes…
YO: Ya sé que estaba aquí antes, imbécil.
BERNARDO: Pero, jefe…
JESUSA: Se fue a la cocina a prepararse un sandwich de queso, pero como solo queda una rebanada igual está pensando en…
YO: Me importa una mierda santificada lo que piense. Lo único que quiero es ver si podemos estar los cinco juntitos y…
BERNARDO: Somos seis, jefe. Jojojojojojo
YO: Ya no puedo más. A la puta calle. Sal de aquí o te juro que te estrangulo.
JESUSA: Creía que querías arrejuntarnos, no separarnos…
YO: Y yo creía que ibas al aseo a traer a esos dos rucios ignorantes.
JESUSA: Y a hacer un pipí. Vuelvo enseguida…
YO: No, ¡espera! Ya hay bastante gente en el váter. Ve a la cocina a por Berenice.
JESUSA: Pero luego iré al aseo a hacer un pipí…
YO: Bernardo, Tú podrías… ¿Bernardo? ¿Caray! ¡Estoy solo! Ese gilipollas de Bernardo se ha largado de verdad a la puta calle. ¡Contrinuaré la reunión sin nadie! ¿Contrinuaré? Creo que debería desarticularme…
Al final, y no sin mucho trabajo, pude reunir a los «chicos» y desarrollar un plan de asesinato perfecto. Lamentablemente, nuestra víctima elegida, el acosador de animalillos, había muerto de un ataque al corazón fulminante y tuvimos que volver a elegir otro tipejo. Eso quería decir que debíamos volver a reunirnos varias veces mas. ¡Y lo hicimos! No soy capaz de relatar lo que tuve que aguantar ni hasta dónde tuve que transigir para no mandar todo a la puta mierda, pero por alguna extraña razón, cada vez que elegíamos a un imbécil, este moría de una forma u otra antes de que pudiéramos matarlo nosotros. Si no recuerdo mal, hasta 15 idiotas fueron elegidos, lo que supuso más de 50 reuniones. En cada una de esas reuniones yo estuve a punto de perder la cabeza en dos o tres ocasiones. Al final llegué a la conclusión de que era una tontería oponerse al destino. Y el mío era aguantar una tras otra reunión y las memeces y las desapariciones súbitas del resto de los componentes de la banda. Llegó un momento en que me sentía como el poso de una taza de té. Estaba claro que una especie de fuerza supranatural disfrazada de efecto nocebo había resuelto que debía perder la cabeza. Pero me opuse con todas mis fuerzas y construí algo semejante a una casamata inexistente donde me ocultaba cuando las cosas no salían como yo creía que debían suceder. Fue en uno de esos momentos cuando decidí que debían morir. Diosnelio, Berenice, Alberto, Jesusa y Bernardo iban a desaparecer para siempre de este mundo. Y yo debía reunirme conmigo mismo para planear sus decesos. Afortunadamente después de cuatro reuniones en solitario fui capaz de determinar que todavía necesitaba otra más, o quizá un par de ellas.»
«He sufrido una recaída. Podría haber sufrido una reelevación o incluso un reacrecentamiento, pero algo no funciona bien en el departamento del destino, sito en la quinta planta de mi cuerpo. Podría enviar una queja pero no serviría de nada. Por esa razón pienso coger a la recaída y atarla en una pata de la mesa camilla, luego pegarle un par de bofetadas y, cuando crea que la tengo totalmente sometida, ordenarle que vuelva al lugar donde esperan el resto de recaídas. Claro que también podría aceptarla, acariciarla y acostarme con ella. Sé de buena tinta que las recaídas no pueden quedarse embarazadas.»