julio 2018

Email del 5 de julio 2018

Marc Chagall. Song of songs (1974)

Amiga:

Me gustaría relatarte la historia de una percepción fragmentada que nadaba en círculos por la noche y que acabó ocultándose en la parte más profunda de un resquicio absoluto, pero estoy convencido de que un email no es el lugar adecuado para hacerlo. Por esa razón y por algunas otras más, he tomado la decisión de sustituir el relato por la letra de una canción titulada «Ñaca ñaca» que compuse cuando tenía 15 años y estaba completamente loco por echar un polvo.

Ñaca ñaca, oh, oh, oh.
Ñaca ñaca, oh, oh, oh.
Ñaca ñaca, oh, oh, oh.
Ñaca ñaca, oh, oh, oh.


Oh, oh, oh, ñaca ñaca yeh.
Oh, oh, oh, ñaca ñaca yeh.
Oh, oh, oh, ñaca ñaca yeh.


Ñaca ñaca, oh, oh, oh.
Ñaca ñaca, oh, oh, oh.
Ñaca ñaca, oh, oh, oh.
Ñaca ñaca, oh, oh, oh.


Oh, oh, oh, ñaca ñaca yeh.
Oh, oh, oh, ñaca ñaca yeh.
Oh, oh, oh, ñaca ñaca yeh.


Ñaca ñaca yeh.
Ñaca ñaca yeh.
Ñaca ñaca yeh.

Repasando la letra he llegado a la conclusión de que quizá debí relatarte la historia de la percepción fragmentada que nadaba en círculos por la noche y que acabó ocultándose en la parte más profunda de un resquicio absoluto. Hubiera sido lo más prudente, pero ya es tarde. No es que reniegue de mis ideas adolescentes, pues si lees los cinco versos detenidamente y extraes las conclusiones adecuadas, repararás en que cada «Ñaca ñaca yeh» o cada «Ñaca ñaca oh, oh, oh» no son más que un grito constante de auxilio. Supongo que a esa edad me ahogaba por cualquier cosa. Bueno, en realidad sigo ahogándome por cualquier motivo, pero gracias a la constancia y la obcecación he sido capaz de sustituir el dolor por la aflicción y la angustia por el desconsuelo. Y en estos momentos tan determinantes de mi existencia, puedo elegir de entre todas las formas de mortificación que conozco la que es más deseable en cualquier circunstancia. ¡Resulta tan esperanzador crecer! Y contemplar como unas simples ideas estúpidas de quinceañero trastornado se transforman en sabiduría, energía e iluminación.

Recuerdo que en su día envié la letra de «Ñaca ñaca» a un editor. Me contestó con una amable carta donde me explicaba que tras leer el texto detenidamente había extraído de él la conclusión de que todos los humanos somos simples arrebañaduras. Me pidió permiso para editarlo en una serie limitada y numerada de rollos de papel de váter para coleccionistas. ¡Estuve cerca de 20 años preguntándome qué diantres era una arrebañadura! Y otros 25 hasta que decidí aceptar su propuesta. Lamentablemente, después de dos décadas y media el editor ya no era editor, sino opositor. ¡Y se oponía a todo! Quizá por ese motivo se opuso a mantener una conversación conmigo. Tres años más tarde me enteré de que también se había opuesto a respirar y había fallecido por asfixia. Afortunadamente nunca he necesitado oponerme a nada, aunque he de confesarte que en una ocasión estuve a punto de destejerme en mi inmensa totalidad.

G

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Email del 4 de julio 2018

Kazimir Malevich. Blanco sobre blanco (1918)

Hola:

La parte más flexible de mi cuerpo es el cerebro. En ocasiones fluye como un flujo permanente y se convierte en río. Otras, se dispersa entre arrugadas transparencias. Nunca se resquebraja, ni siquiera cuando lo someto a todo tipo de vejaciones, como escuchar memeces sin sentido de la multitud de idiotas que me rodean. Aunque forma parte de mí, dirige mis emociones y brilla tanto o más que un trozo de jade, siento que está cansado de formar parte de una entidad hipotéticamente indivisible y que lo que más anhela es perdurar como una sustancia propia. Pero creo que va a tener que seguir jodiéndose unas cuantas décadas más. Me importa una mierda su pretendida ansia de libertad y me la renfanfinflan por completo cada uno de los estúpidos motivos que pueda aducir. Y si a modo de venganza decide manufacturar y enviar ideas u órdenes absurdas al resto del cuerpo, se arriesga a una completa lobotomía. Ya estoy hasta los cojones de ofrendas y ceremonias. Lo que es mío, es mío y puedo tratarlo como se me antoje.

Y ahora, para tranquilizarme, voy a esnifar cemento…

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Email del 2 de julio 2018

M.C. Escher. Other world (1947)

El siguiente texto se envió telepáticamente a la señorita Victoria Martínez Rubio, pero por un error de trasmisión fue recibido por un alienígena llamado Sroffff-G residente en algún lugar de Ío. Afortunadamente Sroffff-G reenvió el mensaje a la Tierra. El lugar de recepción, así como el resto de circunstancias son información clasificada. Se me ha permitido -amablemente- transcribirlo en papel y publicarlo en mi blog, siempre que no proporcione detalles y no altere el texto original:

«Victoria:


Me encontraba en el parque jugando al shogi contra mí mismo cuando se me acercó un hobo. Su cara me pareció un duplicado casi exacto de un rostro que vi alguna vez troquelado sobre un quincunx. Cuando se sentó a mi lado y me preguntó de una manera bastante áspera si me atrevía a jugar contra él, cometí uno de los errores más grandes de mi vida y le contesté con una sonrisa un tanto abstracta que le hizo creer que estaba completamente de acuerdo. Lo que sucedió después solo son conjeturas, pues, excepto la pareja que me encontró y me trasladó al hospital, nadie sabía nada, y lo poco que ellos pudieron contar fue que cuando me recogieron del suelo sangrando abundantemente «les pareció ver a un tipo de aspecto desarraigado corriendo como un loco». ¿Los cuerdos corren como cuerdos? ¿Puede un loco correr como un cuerdo? ¿O un cuerdo como un loco?


El número 467 tiene algo. Una especie de nosequé. Desde luego me gusta más que el 466 o el 468. No podría llegar a explicar la razón, pero, ¿qué puede importar eso a un nosecomefobico que no puede moverse de la cama o zafarse del número que le ha sido asignado? A veces me pregunto cómo es posible que en 25 cm de carne quepan 467 puntos de sutura. Pero es lo que sucede cuando intentan destripar a alguien, por lo menos eso me dice el médico que entra una vez al día y me pregunta cómo me encuentro. ¡Qué pregunta más estúpida! ¡Me siento como me siento! Y aunque es una respuesta todavía más estúpida que la propia pregunta, no deja de ser una respuesta concreta. Y en mi estado una concreción es mucho más que una puntualización.


Un policía con aspecto deprimido me visitó hace un par de días. Sus preguntas de niñita oligofrénica de cuatro años obraron una mejoría en mi estado, pues antes que ese tipo llegara no podía moverme sin gritar de dolor y mientras estuvo delante de mí solo pensaba en estrangularlo con el catéter. «¿Pudo verle la cara?». «¿Qué edad diría que tenía?». «¿Qué es un hobo?». «¿Shogui qué?». ¡Joder! ¿Qué es lo que se esconde en el cerebro de los maderos? Aunque la verdad es que las enfermeras que me atienden tampoco están demasiado sobradas de imaginación. «¿Te duele por aquí?». «¿Y por aquí?». «¿Y por aquí?». «¿Sientes algo ahora?». «¿Y ahora?». «¿Y ahora?». «¿Y ahora?». Señora, no siento nada. ¡Ni aquí, ni aquí, ni aquí, ni allí! Y por favor, me hace cosquillas con el bigote, así que aparte su puta cara de mi estómago.


La verdad es que no te escribo para criticar a las diferentes profesiones que por una causa u otra estos días están encima, al lado o debajo de mí. En realidad necesito que me traigas crack y la pipa para fumar crack. ¡Es broma! Necesito que uses las copias de las llaves de mi casa que te di hace años por si alguna vez sucedía algo y me acerques algunas mudas de ropa interior, un pantalón vaquero, una camisa y un par de libros de Marcial Lafuente Estefanía.»

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Email del 1 de julio 2018

Gustav Klimt. Draft for a theater curtain (1883)

ALLÍ (GODOT Y YO). Obra de teatro (sin acotaciones) en un cuarto de acto.

DESCRIPCIÓN: Godot ha llegado.
PERSONAJES: Godot, Greg.

PRIMER Y ÚNICO CUARTO DE ACTO (Dos o más cuartos de acto serían mortales de necesidad)

GREG: Para un despotricador tan intuitivo, tolerante y metódico como yo, las saturaciones son el verdadero veneno. Poco o nada importa si estas son existenciales, emocionales, intelectuales o en forma de un jodido valor numérico porcentual impreso en la etiqueta de un yogurt. Y aunque el vocablo «abarrotamiento» me produzca un asco inmenso, lo prefiero en lugar de «saturación», así que para un despotricador tan intuitivo, tolerante y metódico como yo, los abarrotamientos son el verdadero veneno. Los abarrotamientos y la leche de vaca, que me produce flatos y meteorismo avanzado. Por esa razón solo bebo leche con fitoesteroles.
GODOT: ¿Qué es un fitoesterol?
GREG: No tengo ni la más remota idea, pero cualquier vocablo que comience por fito, como fitoterapeuta, fitófago, fitoplancton, fitolacáceo, fitotomía, fitoftirio, fitocromático o fimetilnitrosamina tiene mi apoyo y mi total consideración.
GODOT: No es fimetilnitrosamina sino dimetilnitrosamina, Greg…
GREG: ¡Vaya, no sabes qué es un fitoesterol y sí lo que es la dimetilnitrosamina! Ya sé que no es fimetilnitrosamina sino dimetilnitrosamina, pero ¿a quién le importa tu cultura en estos momentos? No creo que existan demasiadas personas en este mundo que verdaderamente se sientan fascinadas por la dimetilnitrosamina, si exceptuamos a los dimetilnitrosamínicos, que supongo serán los tipos y tipas cuyo mundo esté totalmente supeditado a valorar en su justa medida los pros y contras de semejante palabreja.
GODOT: Creo que no debería haber venido…
GREG: ¡Pero estás aquí.
GODOT: Desde luego no estoy allí.
GREG: ¿Sabes? Ayer por la tarde me sucedió algo extraño mientras estaba sentado allí.
GODOT: ¿Estuviste allí?
GREG: Desde luego. Tomando un refresco en la terraza de una cafetería superabarrotada. En un momento dado y sin motivo aparente me levanté y grité a todo pulmón la palabra «almeja». De la misma manera en que me levanté, me senté y seguí absorbiendo por la pajita mi zumo de naranja natural. Algunas personas de una mesa cercana me recriminaron «la palabrota» ya que había niños cerca. Una mujer mayor me dijo sin tapujos y al oído, que si no me comía una rosca era porque mi fealdad no estaba más allá de toda duda razonable y que si quería un coño, lo pagase y cerrara la grandísima boca. A los diez minutos, cuando todo parecía que se había calmado un poco, se acercó a mi mesa el camarero y me sirvió un plato de almejas picantes con caldo de setas y me preguntó si deseaba alguna otra cosa. ¿Nunca has sentido la necesidad de gritar «almeja» en cualquier lugar?
GODOT: Pues sinceramente, creo que no…
GREG: Yo sí. No voy a decirte que me sucede a menudo, pero sí en ocasiones. Una vez grité por error «berberechos» y sufrí un cólico hepático. Supongo que Freud se frotaría las manos conmigo.
GODOT: Desde luego.
GREG: ¿Qué te sucede? Te noto muy callado.
GODOT: Prefiero escucharte.
GREG: En mi casa solo tengo un mueble y tres sillas.
GODOT: No puedo decir que me alegre por eso.
GREG: No es bonito, pero es un mueble.
GODOT: ¿Las tres sillas son bonitas?
GREG: Encima de ese mueble hay cosas. Una cosa es una cosa si existe. Igual da que sea algo animado o inanimado. Si se puede ver, es una cosa. Por lo tanto tú eres una cosa. Yo soy una cosa.
GODOT: De cosa a cosa, creo que me voy a ir, Greg. Me espera un resto de día bastante duro.
GREG: El mismo mueble no demasiado bonito que se encuentra en mi casa es una cosa que soporta encima otras cosas, desde luego, mucho más pequeñas. Todo son cosas. Incluso las cosas que no parecen cosas, suelen ser cosas cuando nos ajustamos las gafas.
GODOT: Además han operado a mi tía Avelina y el horario de visitas es bastante restringido.
GREG: Todo son cosas. ¡Todo! Cosas por aquí, cosas por allí…
GODOT: Eso ya me lo habías dicho. En serio, Greg. Mucha otra gente me espera…
GREG: Nacemos en un mundo que no es más que una cosa. Una cosa inmensa, por supuesto. Crecemos, vivimos, intentamos follar y la palmamos siendo cosas que creen que están muy por encima del resto de las otras cosas, pero que saltan de rabia cuando se dan cuenta que no existe ninguna diferencia. Y eso suele ocurrir al final de nuestras existencias como cosas.
GODOT: Y he de pasar por allí. Y por la mercería para que…
GREG: Hay gente que está convencida de que las irrealidades y las abstracciones también son cosas. Si realmente tienen razón, entonces Dios es una cosa. Y si los creacionistas están en poder de la verdad absoluta, una gran cosa omnipotente creó al resto de cosas en seis días y el séptimo se echó una siesta. ¿Una siesta es una cosa?
GODOT: Adios, Greg. Llámame, ejem, pronto ¿vale?
GREG: También hay un número altísimo de cosas que piensan que solo las cosas inanimadas son cosas. Es decir, que todas las cosas que poseen cerebro y se desplazan no son cosas. Y si no son cosas, ¿entonces qué son? Claro que parece que existen algunas cosas con cerebro (llegados a este punto se me antoja que quizá debería existir una relativa diferencia) que son capaces de reflexionar sobre las otras cosas, las que carecen de sesera, aunque sean completamente capaces de desplazarse. No sé si me explico. Intentaré razonarlo de una forma menos… ¡Coño! Estoy hablando solo! ¿Dónde se ha metido este tío? ¿Qué más da? Un tío es una cosa. Y una cosa pueden ser varias cosas, si se juntan lo suficiente. Hay cosas pecadoras, incluso neuróticas, pero no por eso dejan de ser cosas y pertenecer al submundo de las cosas. Una vez, estando yo en…

                                                                  FIN

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