mayo 2014

Segundo email del 30 de mayo 2014

Damien Hirst. Pharmaceuticals (2005)

Hola otra vez:

La primera vez que me ingresaron en un sanatorio psiquiátrico fue por una nimiedad: me pillaron intentando bajarle las bragas con la boca a una mujer que jamás había usado ropa interior. Supongo que si esas bragas hubiesen existido y, sobre todo, hubiesen estado en la parte de la anatomía femenina donde debían estar, yo no habría tenido que pasar seis meses de mi vida bajo estricto control médico. La segunda vez fui internado por contonearme lascivamente delante de una rodaja de mero congelado. Aunque no dispongo de pruebas feacientes, estoy completamente seguro de que me denunció un gato callejero que continuamente se deslizaba por las bajantes del deslunado y entraba a robar comida en mi cocina. La tercera y última vez, quizá la más penosa y prolongada, fui recluido durante siete largos años por fumarme un cenicero light y echar las cenizas sobre un cigarrillo.

Desde que salí a la calle, ya hace unos cuantos años, me cuido mucho de hacer cualquier cosa con testigos delante. Me he agenciado un biombo y voy protegido con él a todas partes. ¡No me fio ni de mis padres! Estoy convencido de que si volvieran a encerrarme acabaría loco de verdad. Necesito protegerme contra el mundo y sus consecuencias. Soy un tipo demasiado «Ble», ya sabes, sensible, lastimable, injuriable y fastidiable. Y todos intentan «Arme», es decir, jorobarme, putearme, fastidiarme y abrumarme. En realidad lo único que necesito es un poco de cariño, pero gratuito y sin intereses. Jamás he hecho daño a nadie a sabiendas, sin embargo he tenido que sufrir todo tipo de canalladas por ser un poquito peculiar.

Si hay algo que he aprendido en cada uno de mis confinamientos por orden médica, es que hay que conservar la dignidad pese a todos los contratiempos, de empos, de capi capi bempos, de pim pam pempos. A veces, noto que mi mente se desliza hacia terrenos poco explorados por la psique humana, de mana, de capi capi bana, de pim pam pana. Pero es algo que no me quita el sueño ni me preocupa, de pupa, de capi capi bupa, de pim pam mupa. Soy una fuerza de la naturaleza que necesita salir hacia afuera, sin temor, pero con seguridad y esperanza, de anza, de capi capi banza, de pim pam panza. ¿Qué importa si algunos, o todos, me consideran un bicho raro del que hay que alejarse lo más deprisa posible? Sí, está claro, soy un tipo «Ble». ¡Y siempre lo seré!

Un besazo

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Email del 30 de mayo 2014

Carl Spitzweg. The Bookworm (1850)

Amiga mía:

Mi ensayo «Exégesis de la aporia» va por buen camino. Ya he escrito el título y las palabras «Se acabó» que, como puedes suponer, irán al final, justo después del último párrafo. Sospecho que nadie que tenga un mínimo de sentido común se atrevería a terminar un texto filosófico con esa expresión, pero en mi caso es diferente: necesito tranquilizar los nervios de los lectores que hayan sido capaces de llegar hasta la última página y notificarles graciosamente que su sacrificio ha terminado. Me siento tan esperanzado con este tratado que tengo miedo incluso de pensar sobre qué va a tratar; pero por lo menos tengo la seguridad de que el título atraerá a algunos intelectuales incautos, y que cuando quieran devolver el volumen y exigir el reintegro de lo que pagaron por él ya será tarde, pues estará descatalogado. Si la memoria no me falla, mi libro anterior dejó de figurar en catálogos editoriales quince minutos después de ser publicado, con lo que conseguí al mismo tiempo salir en el Guinness World Records y provocar una apoplejía a la prostituta a la que había prometido destinar todos los beneficios.

Escribir aumenta mi autoconfianza y algunas erecciones involuntarias e incontroladas. Cuando no estoy delante de una hoja en blanco, experimento una sensación extraña muy parecida a la que siente un constructor de edificios al que le han escondido el casco protector de seguridad dentro de una papelera pública, justo al lado de una compresa sucia y tres paquetes de chicles sin azúcar vacíos. Poco o nada me importa si los editores corren asustados y con el rostro desencajado cuando les presento uno o varios textos. Escribo porque necesito gastar el tiempo. ¡Y porque no sé tocar la batería! Si supiera, te aseguro que dedicaría tres cuartas partes de mi existencia a aporrear sin compasión el bombo, la caja, los timbales y los platos, para regocijo y disfrute de los perroflautas del vecindario.

Claro, que el duro trabajo de escribir se suavizaría enormemente si no existieran las malditas comas, que me sacan de quicio y me provocan sudores fríos y ataques de ansiedad acompañados de diarrea osmótica. ¡Nunca sé dónde ponerlas! Ni siquiera estoy seguro de que desempeñen un papel esencial dentro de la narración o la escritura en general, a no ser el de impedir que los lectores con menos capacidad pulmonar caigan al suelo asfixiados. Pero hay que seguir las normas, aunque éstas sean absolutamente disparatadas e imbéciles. Un día voy a revolucionar el mundillo literario escribiendo una obra de 2000 páginas únicamente con consonantes africadas y oclusivas. Y te aseguro que no perderá un ápice de coherencia textual.

Pero mientras espero que llegue ese gran día, debo seguir justificando las palabras que mi padre Gregorio II me repetía cuando era pequeñín: «Nunca serás nada en la vida.»

Un abrazo (de Gregorio III)

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Email del 26 de mayo 2014

Pablo Picasso. Crane et cruche (1945)

Hola:

Me encuentro un poco deprimido. Hace un rato me ha llamado un buen amigo y me ha dado una horrible noticia: Esteban Pons se ha caído por un precipicio mientras escarbaba entre la basura y se ha matado. Esteban Pons era el nombre de uno de sus cerdos vietnamitas y lo tenía desde hacía 10 años. Desconozco la razón por la que lo bautizó así, aunque si me lo propusiera estoy convencido de que llegaría a una conclusión sólida. Mientras me transmitía la noticia, mi colega no podía dejar de sollozar como un niño. De poco sirvió que le recordara que todavía le quedaban cuatro cerdos más: María Dolores, Javier, Alberto y Cristobal. Está claro que Esteban era su preferido y, por lo que he podido ver durante estos años, el único que le sacaba del estado de conmoción semicomatosa en el que se encontraba desde que se enteró que combinando los colores amarillo y azul se podía obtener el verde.

Nadie como yo es capaz de comprender la pena y el desconcierto que se instala en el corazón y la memoria cuando se pierde a un ser querido. Yo perdí a mi mejor amigo en unos grandes almacenes abarrotados de clientes -de eso hace un par de décadas- y todavía no he podido encontrarlo (recuerda que entonces no existían los teléfonos móviles); y eso que le dibujé un plano detallado del lugar donde deberíamos encontrarnos si esa eventualidad sucedía. Pero supongo que perdió el croquis. Él era así. Una vez perdió el aire que contenían sus pulmones y estuvo a punto de morir asfixiado.

Existen numerosas maneras de combatir la tristeza producida por un fallecimiento inesperado. Algunos optan por sumergir una oreja en vinagre de cayena, otros por organizarse una maratón con films de los hermanos Marx. Personalmente creo que lo mejor es racionalizar la pérdida y extraer conclusiones. La muerte es el el culmen de la perfección biológica. Aunque si hemos de dar crédito al doctor Blas Hurtado Cárdenas, forense retirado, el único inconveniente radica en que estando muerto no te puedes rascar si te pica alguna parte del cuerpo.

Un abrazo

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Email del 25 de mayo 2014

Santiago Sierra

Amiga:

No he votado. En lugar de perder un tiempo valioso esperando mi turno tras las urnas, me he ido a pasear. Mientras caminaba alrededor de un seto maravillosamente infestado de adelfas, no podía dejar de pensar en lo que significa el término «comunista». Porque hay tantos y tantos fascistas disfrazados de marxistas, leninistas, maoistas o incluso estalinistas que uno -por lo menos a mí me sucede- ya no sabe dónde se encuentra el horizonte que separa el cielo de la tierra. Mientras esas disquisiciones absorbian las pocas neuronas funcionales que le quedan a mi cerebro, observé a un mirlo hembra, regordeta y con aspecto de saber demasiado de la vida, que se encontraba debajo de un ciprés jugando con un trozo de cuerda bastante viejo y completamente deshilachado. Tiraba con fuerza de un extremo ayudándose del pico y una de las patas, como si quisiera saber cuál es la cantidad de fuerza en newtons que se necesita para partirla en dos o más bonitos pedazos. De repente, cuando parecía haber llegado a una conclusión satisfactoria, llegó volando su pareja y se la robó delante de las narices -o mejor tendría que decir delante del pico- y se largó dando saltitos desquiciados hasta un extremo del parque, donde con aspecto satisfecho la depositó reverencialmente en el suelo y procedió a bailar una especie de danza triunfal alrededor de ella.

Me encontraba tan absorto en la danza del ladrón que no reparé en lo que sucedía a unos pocos metros detrás de la posición en la que me encontraba, pero pude escuchar un vocerío y algunos insultos, meramente humanos, que me hicieron dar media vuelta inmediatamente. Lo que ví me dejó sin habla: una mujer de unos 60 años vestida del color de las cucarachas estaba propinando una serie de perfectas y bien ejecutadas bofetadas a un tipo esmirriado y aterrorizado que yacía en el suelo. Mientras lo golpeaba no paraba de soltarle improperios, ya sabes, de esa clase que harían avergonzarse a un camionero o un descargador de muelles aguerridos.

-¡Eres un maldito mentiroso! ¡Un hijo de puta! ¡Me juraste que votarias a Cañete!
-Pero lagartijita mía, he votado al PSOE que es casi lo mismo.
-¡Me juraste por nuestros hijos que votarías a Cañete!
-¡Nosotros no tenemos hijos!
-Si no tenemos hijos es porque eres un pichafloja y un putero.
-¿Si soy un pichafloja, cómo puedo ser un putero?
-¿Encima te atreves a cuestionarme? ¡Toma! ¡Toma!

Me hubiera gustado quedarme hasta el final del combate, pero decidí que ya era hora de tomarme un café, así que me dirigí a un bar en el que ya había estado en otras ocasiones y me senté en la terraza. A mi lado, dos idiotas discutían acaloradamente sobre el partido de ayer.

-¡Tenía que haber ganado el atleti!- voceó el mas feo.
-¡Si vuelves a repetir eso te clavo este puñal!
-¿Tú me vas a clavar un cuchillo? ¡Ja!
-¿No me crees?

De repente y como impulsado por un muelle invisible el acólito del Real Madrid se lanzó sobre el otro y le asestó 17 puñaladas en el pecho, 16 de ellas, mortales de necesidad. Como no quise verme involucrado en un crimen futbolístico, me colgué al hombro mi bolso y decidí largarme a casa. Ahora estoy sentado en el sofá con el portátil encima de las piernas y un cigarro haciendo peligrosos equilibrios sobre las comisuras de mis labios. Y he llegado a una terrible conclusión. ¡La vida es una mierda! ¿La vida es una mierda? La vida es una mierda.

Un abrazo

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Email del 22 de mayo 2014

Portia Munson

Amiga:

Está demostrado que existe una relación directa entre la cantidad de ropa interior que posee un individuo y su cociente intelectual. Y esta  teoría no me la he inventado yo. Vete a una librería de lance y agénciate el maravilloso libro de un tal Rupert Huxley que se titula «Algoritmo para detección de gérmenes nocivos en la ropa interior utilizando conceptos concretos» donde se demuestra de una manera feaciente en los capítulos XV, XVI, XVII y XXII que para alcanzar una mayor flexibilidad racional -al mismo tiempo que se generan una serie de ventajas higiénicas en las áreas «compra y almacenaje» de ropa interior a través de la planificación del concepto y la necesidad-, se deben valorar una serie de elementos diseñados especificamente para no tener que llegar a ese punto crítico en el que se puede llegar a cuestionar si es o no razonable una determinada adquisición. La  verdad es que desconozco por qué razón te cuento esto, ya que casi todos (tus amigos) conocemos tu fobia a las bragas y sujetadores, pero me siento tan excitado después de leer este increíble ensayo que sentía la necesidad de contarle a alguien todo lo que he aprendido.

¿Sabias que tanto los slips, los boxers, los calzoncillos largos, los suspensorios o los tangas identifican las carencias emocionales del sujeto que los utiliza? ¿Y que existe una prenda interior inventada en el siglo XV que se llama «descuidado» y que prácticamente nadie conoce porque fue satanizada por el Papa Sixto IV por medio de la encíclica «Ubi periculosum neglegentia»? ¿O que para ponerse de forma correcta una camiseta de manga corta y ceñida, sin dislocarse el «fascia intraespinal» es conveniente trabajar antes los bíceps y los tríceps con unas cuantas series de flexiones?

Si por algún motivo no encuentras el libro en ningún sitio, y supongo que será lo más probable ya que está descatalogado, puedo alquilarte mi copia. Te adjunto lista de precios por hora y las ofertas de la semana. Espero tu contestación.

Beso

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Email del 21 de mayo 2014

Giger. Alien (1978)

Hola:

El administrador de mi comunidad de propietarios me ha enviado un email rogándome que me ponga al día con las cuotas mensuales de gastos de escalera. Como yo no soy un tipo normal y aborrezco abonar mis deudas le he contestado con el siguiente texto:

Señor administrador:




He descubierto restos de partículas extraterrestres migrando hacia Neptuno. Mientras viajaban entonaban antiguas melodías Uranianas, seguramente sin pagar derechos de autor, pero, ¿qué les importa a ellos? Forman parte de lo que algunos denominan vida inteligente, ese conjunto molecular autopoiético que no abunda en nuestro planeta, y por consiguiente, pueden hacer lo que se les antoje sin sufrir la imperiosa necesidad de sentirse satisfechos de sí mismos. Como usted sabe, pues se lo he dejado claro en reiteradas ocasiones, yo vine al mundo en Ío, que es una luna de Júpiter, por esa razón entiendo perfectamente las inquietudes de esos seres avanzados con todo lo que tenga que ver con la Tierra y sus vesánicos habitantes. A veces me gustaría salir a la calle y gritarles mi secreto: «¡Idiotas, no soy un puto mono erguido como vosotros. Mi nombre verdadero es Suahinshiiyyx, que podría ser traducido como Sus-348-x, y nací hace 70024 años terrestres. Lo que sucede es que me conservo muy bien porque me alimento básicamente de ambrosía estelar, ¡ah, y jamás cuento chistes!»


Pero no puedo hacerlo. Me tomarían por un bicho raro. Y es lo que soy. Mi cuerpo es semejante al de un langostino, aunque vosotros sólo contempláis una visión. La visión de un tipo guapo y gallardo. Si me hubiese presentado con mi cuerpo real hubiera acabado en la cazuela, así que decidí mostrarme con apariencia humana. ¡Y no me ha ido nada mal en estos 52 años! Para conseguir engañaros por completo tuve que someterme a innumerables experimentos que no le puedo explicar a usted porque no está dotado con la suficiente capacidad racional. Si me apura (¡apúreme!), puedo adelantarle que no soy el único alien que convive en su sucia y polvorienta ciudad. Pero sí soy el que lleva más años viviendo en el mismo piso. ¡Y el único que baila el kazachok después de hacer de vientre!


Para acabar le voy a dar una oportunidad para que pague de su bolsillo las 65 mensualidades que adeudo con mi comunidad. Si lo hace, prometo llevarle conmigo este verano a Ío y presentarle a mis familiares y amigos. Si por el contrario rehúsa y sigue molestándome con sus tontorrones y muy mal escritos emails, me veré obligado a explicarle lo que hace su mujer con los dos Testigos de Jehová que frecuentemente la visitan cuando usted no está en casa.




Sinceramente




Suahinshiiyyx (Aka Gregory)

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Segundo email del 20 de mayo 2014

Michael Sowa. The last hours of Pompei

Hola otra vez:

He escrito un cuento de 239 páginas titulado «Lars Porsena no nació en Clusium» que trata sobre ese rey etrusco y su lucha contra las tropas romanas de Tarquinio el Soberbio. Bueno, en realidad, trata sobre un callo queratinoso de uno de los pies de Lars y el equívoco tonto que uno de sus oficiales generó al confundirlo con Cayo (Gnaeus), centurión de la segunda cohorte romana. Personalmente estoy convencido de que es de lo peor que he escrito en toda mi vida, por esa razón confío en su posible potencial comercial. Ambos sabemos que un porcentaje muy elevado del vulgo es idiota perdido, y que sólo son capaces de asimilar la literatura barata, repleta de sangre, sexo y algún que otro romance imposible. En mi texto hay de todo. Clunium, el perro del rey etrusco se enamora de una perrita vagabunda con insensibilidad congénita al dolor y que, debido a un trauma infantil, es incapaz de ladrar en señal de alarma, aunque no le cuesta el menor esfuerzo aullar cuando contempla como un soldado le roba la caliga sudorosa a un adversario y la besuquea a la luz de la luna. Podría contarte algunas de las subtramas que incluyen incesto, sodomización y bacanales multitudinarias pero creo que es mejor que lo leas y juzgues por tu cuenta. Si piensas que es horripilante me harás feliz; si crees que es demencial, escribiré una segunda parte. Pero si por algún motivo llegas a la conclusión de que es brillante, dejarás de ser mi amiga ipso facto. Y ya sabes lo que les ocurre a mis enemigos…

Llegados a este punto podría relatarte con todo detalle lo que me ocurrió el 23 de febrero de 1981 mientras intentaba zafarme de los deseos libidinosos insatisfechos de un transexual nigeriano que me perseguía, pero no creo que estés preparada para escucharlos, por lo que voy a tratar de hacerte un par de preguntas sobre razonamientos filosóficos que me tienen preocupado:

1- ¿Eres capaz de pronunciar la palabra «gnoseología» sin que se te suba la falda o se te aflojen los pantalones?
2- Si el Consecuencialismo sostiene que el valor moral de una acción debe medirse únicamente a partir de sus consecuencias, y si éstas son convenientes o inadecuadas, ¿deberíamos ir a comprar el pan completamente desnudos o sería mejor compralo en Ebay pagando con Paypal?

Espero que tus conclusiones, siempre lúcidas y razonables, me ayuden a comprender de una vez por todas algunos de los misterios insondables de la naturaleza de la moral humana. Necesito llegar a dilucidar por qué razón está mal visto sacarse el pene en público y sin embargo se toma como algo completamente normal mostrárselo al urólogo. En ambos casos el emisor es el mismo, sólo cambia él o los receptores. No te molesto más. Espero tus respuestas lo más pronto posible. A veces, sufrir un paroxismo histérico es sólo cuestión de unos pocos minutos. ¡¡Y no me vengas con que es una dolencia femenina, por favor…!!

Besos

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Email del 20 de mayo 2014

Leon Ferrari

Amiga:

El asesinato de Jesús es el crimen más falso de la Historia, sin embargo, y más de dos mil años después, todavía existen innumerables idiotas que se condenan (por voluntad propia) o son condenados (por los estamentos eclesiásticos) para revitalizar el mito. Mientras toda esta locura se propaga como una onda electromagnética, los pocos individuos que aún conservan signos de lucidez perecen lentamente, como lo haría un ratón en la cocina de un tacaño, esperando una imposible toma de conciencia colectiva, que erradique por completo la ilusión que inhabilita sus sentidos. Dios fue muerto por una rama de la filosofía, pero sin embargo, nadie se ha atrevido a matar la idea que prevalece y que retroalimenta a sus descendientes, a sus vasallos, a la infamia que nos tiraniza. Jesús fue crucificado, o por lo menos eso nos gritan los zombies que se sienten superiores por hacer de un invento perfecto su dogma de fe. Mientras su cuerpo repleto de heridas era llorado, su padre, creador supremo y héroe de una las religiones politeistas que más sufrimiento ha traído al desarrollo moral y existencial de los seres humanos, corría asustado por un paraíso específico denominado cielo.

Pero volvamos al crimen en sí mismo y dejemos para otro momento sus vergonzosas repercusiones. Jesús se dejó maltratar y crucificar para que en los textos posteriores, escritos cientos de años después del supuesto asesinato, un puñado de pretenciosos y repelentes estultos pudiera justificar la deuda contraída con Adán. Me entran convulsiones cuando leo que este sujeto, una de las figuras más influyentes de la incultura, fue condenado por un árbol, el árbol del bien y del mal, y que su muerte contribuyó a que el hombre fuera perdonado gracias a otro árbol, el árbol de la cruz. Me reiría hasta caer extenuado si no sintiese pena por los árboles.

Parece que la imaginación de los arrepentidos es la semilla que dibuja el horizonte. Un horizonte repleto de sacrificio, humildad, falso amor y perdón incondicional. Nadie nos juzgará y nunca seremos juzgados. A veces creo que vivo en un mundo creado por el magma que emiten los sueños de los borrachos…

Un abrazo ateo.

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Email del 19 de mayo 2014

Linda Ruthdickinson

Hola:

La estructura de la Nada es dificilmente observable ya que dicho concepto abstracto implica ausencia total o vacío. El único ser que intentó dotar a ese vacío de algo parecido a una realidad más allá del mundo de las experiencias, murió pisoteado por uno o varios entes inexistentes mientras trataba de poner en orden sus ideas irracionales. Ese sujeto no tenía nombre, aunque sus enemigos se sentían aterrorizados simplemente con recordar que en realidad existía. Tendrían que pasar siglos hasta que alguien tuviera el valor de reconocer que la existencia, como experiencia, es una de las más detestables y sobrevaloradas. Curiosamente, ese alguien también carecía de nombre, pero al contrario del anterior, no tenía enemigo alguno, pues estos huyeron hacia el norte de ninguna parte y se establecieron en él. Yo recogí sus enseñanzas y las publiqué en un volumen titulado «Axiomas repelentes» que fue editado el 12 de enero de 1978 y secuestrado por orden gubernativa un día después.

Diez años mas tarde, intenté reeditarlo nuevamente pero la editorial me devolvió el manuscrito junto a una orden de arresto dictada por el ministerio de justicia y tuve que pasar cinco años en una cárcel insalubre, rodeado de criminales de la peor especie y siendo violado reiteradamente todos los martes y jueves por el capellán de la prisión, ayudado en ocasiones por una luz cegadora con forma de triángulo equilátero. Cuando salí del penal juré venganza contra la sociedad, pero desistí en mis intenciones cuando me enamoré de una prostituta que pagaba sus impuestos.

Lamentablemente mi relación con esa fulana honesta acabó cuando descubrí que no sabía bailar y desde entonces vivo sólo, dedicado a mis elucubraciones intrascendentes. Ahora me siento viejo y cansado y por esa razón he renunciado a intentar una nueva re-edición de mi obra. Ya no necesito demostrar mis argumentos deductivos. Me contento con inventar falsedades lógicas y transformarlas en confirmaciones incoherentes. Todo lo demás carece de verdadera importancia, pero jamás olvido que un par de idiotas sin nombre fueron los causantes de mi deformidad social.

G

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Email del 18 de mayo 2014

Gerrit Dou. The cook (1660-1665)

Amiga mía:

Al principio todo era oscuridad, por esa razón, cuando encendí la lámpara de la mesilla de noche empecé a encontrarme mucho mejor. Dormir había sido un acto imposible. No podía dejar de escuchar en mi cerebro las palabras que Adela me escupió dos días antes: «Nunca te quedan jugosas las albóndigas». Adela era una cocinera profesional manca que preparaba unos menús deliciosos con los pies. Pese a su discapacidad física había trabajado como ayudante de cocina para algunos de los chefs más famosos del mundo hasta que decidió retirarse porque su bromhidrosis se volvió insoportable. Como necesitaba una ocupación yo la contraté para que me hiciera la vida imposible y me insultara de vez en cuando. Le pagaba bien y ella estaba contenta, pero meterse con mis albóndigas, un plato que había preparado multitud de veces y que siempre me había proporcionado vítores de satisfacción por parte de los comensales, había superado el límite de mi paciencia. Por eso decidí matarla. Todos sabemos que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Quizá si me hubiese dicho que el pan rallado se descomponía al pincharlas con un tenedor o que las guisaba demasiado tiempo le hubiera perdonado la vida.

Después de dar vueltas y vueltas a la idea, he pensado cuándo y de qué forma llevaré a cabo su ejecución. Será mañana y la quitaré de en medio por inanición. La ataré y la amordazaré cuando esté dormida y me sentaré a su lado leyendo revistas hasta que la palme. Lo tengo todo tan bien meditado que siento escalofríos de gozo cuando lo imagino. ¡Meterse con mis albóndigas! ¡Pero qué se habrá creído esa tullida entrometida! Haré que pague caro su atrevimiento. Te cuento esto porque sé que me guardarás el secreto, y que como asesina profesional -pues no se te podría llamar de otra manera, después de haber dado muerte a tus tres hijos, tu dos maridos y un hamster dorado- valorarás mi método eutanásico, brutal, pero bien concebido. Luego desmembraré su cadaver, lo introduciré en dos cajas plastificadas y lo remitiré a la dirección de una pareja de críticos culinarios que viven en El Cairo y que siempre opinaron que mi contribución a la gastronomía mundial era semejante a la del pato Donald.

Ahora tengo que dejarte. Te seguiré informando. Espero que si todo se tuerce pueda contar con tu ayuda y me seas útil como coartada. Si no es así te recuerdo que como delator no tengo competencia entre mis congéneres. Tú ya me entiendes…

Greg

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