Email del 26 de abril 2016
![]() |
| Francisco Goya. Saturno devorando a su hijo (1819) |
Hola:
Me despertó un ruido extraño. Sonaba como si un pájaro carpintero oligofrénico intentara hacer un agujero en una tubería de metal. Bajé las escaleras con cautela esperando ver a un ladrón desvalijándo la casa, pero lo que descubrí me dejó sin aliento, pues no encontré absolutamente nada. Y no encontrar nada cuando buscas algo, no todo, sino cualquier cosa, siempre me suele dejar aplanado, abatido y con cara de imbécil. Pero, si allí no había nadie, ¿quién hacía esos ruidos curiosos? Subí a mi dormitorio y me acosté nuevamente, pensando en que no era la primera vez que escuchaba sonidos sin motivo. ¿Estarían en mi cabeza? ¿Serían esos ruidos un aviso de alguna enfermedad horripilante? ¿Tal vez esquizofrenia o un tumor cerebral? Como soy un poco hipocondríaco, me levanté de un salto y corrí hacia el cajón donde guardo mi farmacia personal. Dentro había de todo, así que agarré con fuerza cinco pastillas amarillas, tres verdes, ocho de color indefinido y una roja y me las tomé con ayuda de un trago de agua imaginario. Como el líquido elemento no era real, estuve a punto de asfixiarme, pero en el último segundo logré que las cabronas píldoras bajaran a donde tenían que bajar y cogí mi Biblia. La abrí por el Deuteronomio. Intenté leer de un tirón pero como no entendía nada la arrojé por la ventana y me sentí muy satisfecho.
Ahora es de día. Escribo con un pulso realmente irregular, seguramente debido al cóctel de medicamentos. Ya no oigo ruiditos. ¡Y los echo tanto de menos! La soledad es muy dura. A veces basta un simple zumbido para que me sienta acompañado. Supongo que por esa razón escucho murmullos donde no existe más que el silencio. El silencio divino y sagrado que tanta gente busca sin encontrarlo en una sóla vida. ¡Y una vida es demasiado tiempo! Sobre todo si es secreta y tranquila como la mía. Aunque supongo que quizá es mejor así. No creo que al resto de ciudadanos les guste estar a mi lado. Tampoco creo que les complaciera saber que colecciono agujeros. ¡No podrían entenderlo! Siempre he sentido atracción por los agujeros. Los acumulo desde hace dos décadas y tengo tantos que ya no sé dónde meterlos. Algunos son circulares, pero la mayoría carecen de forma. Cuando me aburro los relleno, pero siempre acabo vaciándolos de nuevo. Un orificio lleno no es un orificio. Mi madre decía que esa manía no podía ser buena, por eso me llevó al psiquiatra hace bastantes años, cuando todavía vivía. El loquero me dijo que él coleccionaba grietas y nos hicimos grandes amigos. Y fuimos inseparables hasta que un día abusó de una rendija grande que era bastante vieja y lo encerraron en una prisión-manicomio por abusador gerontofílico. Desde entonces vivo sólo y no recibo visitas.
Tengo tres relojes, dos de ellos de pared. Ninguno funciona, así que nunca estoy seguro de qué hora es. Eso me excita. Tampoco tengo televisión ni radio. Ni ordenador ni teléfono. Sólo me tengo a mí, y desde hace unas semanas ya no me quiero. ¿Cómo podría amarme si cuando me miro al espejo veo una figura imprecisa? ¿Soy yo esa mancha que se refleja en los cristales de las ventanas? ¡Me gustaría tanto parecerme a mi tía! Pero sin rulos en el pelo. Ella era perfecta. Me comprendía y nunca me censuraba. Todavía no comprendo cómo pude comérmela. Pero lo hice. Su carne sabía como la ternera aunque con un ligero regustillo salado. Seguramente porque padecía de fibrosis quística. Creo que todavía guardo en algún sitio alguno de sus dientes. Al principio quería hacerme un bonito collar con ellos, pero como los tenía careados o con fundas juzgué que no era oportuno.
Mañana será otro día. Seguramente parecido o una copia exacta de hoy. Pero mañana no te escribiré porque necesito poner en orden mis ideas. Además, los miércoles suelo limpiar mis agujeros. Toda colección que se precie debe estar limpia. La verdad es que ya no tengo nada que contarte. Te agradezco que no cuentes mis secretos a tus amigos. Y sé que no lo haces por miedo, sino porque me aprecias de verdad.
Email del 26 de abril 2016 Leer más »







