Email del 23 de abril 2016

Albrecht Durer. The whore of Baylon (1497)

Yupiiii. ¡Qué suerte tengo! Soy un esclavo. Y gracias a mí y a otros como yo existe una clase superior. La raza de los que necesitan tener todo el dinero que les sea posible almacenar. Es una lástima que hayan abolido los latigazos, porque cuando me azotan con la fusta se me pone dura. Sólo vivo para hacer lo que ellos me ordenan. Me importa muy poco que mientan, roben o asesinen; tú y yo hemos nacido para venerarlos, votarlos, encumbrarlos, seguirlos por la televisión y hacer que resulten míticos para las próximas generaciones. En un mundo como este se necesitan idiotas para que todo ruede. Para que ruede como ellos desean. Para que ruede de parte de su estrella.

Yupiiii. ¡Qué suerte tengo! Con el sudor de mi trabajo ellos se construyen palacios. Me encanta verlos contentos. A veces incluso me dan una palmadita en la cara y entonces sé que todo lo que he hecho ha merecido la pena. Qué contentos se pondrían mis antepasados si me vieran. ¡Soy un triunfador, propiedad de otros triunfadores! Si me porto bien me han prometido que en cien o doscientos años yo podré ser tan guapo y tan asquerosamente rico como lo son ellos. Y podré tener uno o dos esclavos, por supuesto pagando las comisiones a sus descendientes. Sinceramente, no me merezco tanta suerte. En un mundo como éste se necesitan traidores para que las normas establecidas sean prorrogables. Para que sean prorrogables y justifiquen su pertenencia a una élite.

Yupiiii. ¡Qué suerte tengo! Me han dicho que mañana me dejaran que les ponga el culo. Ardo en deseos de que me la metan. Así podré ir diciendo a todo el mundo que Ellos han pensado en mí y que he sido capaz de proporcionarles un momento de paz espiritual. ¡Me siento un elegido! Me duele un poco el recto pero son gajes del oficio. Supongo que en un par de semanas estaré nuevamente a punto para dejar que descarguen sobre mí…lo que quieran descargar. Y si me cuelgan boca abajo y me vomitan entre varios, mi dicha no tendrá fin. En un mundo como éste se necesitan rameras para que todo funcione. Para que funcione como ellos han dictado. Para que funcione la luz que alimenta cada uno de sus deseos.

Yupiiii. ¡Qué suerte tengo! Nunca he entendido a esos que van diciendo que deberíamos salir a la calle y expulsarlos del país o fusilarlos. ¿Por qué? ¿Acaso no nos alimentan? ¿No nos permiten graciosamente que malvivamos de una forma totalmente perfecta? ¿Correcta? ¿Adecuada y apropiada? ¿Para qué queremos más, si no somos capaces de valernos por nuestros propios medios? En mi opinión, deberíamos dar gracias al Creador, misericordioso y omnisciente, por endosarnos lo que merecemos. En un mundo como éste se necesitan devotos que manifiesten la gloria de Dios. La gloria de ese Dios que los protege. La gloria de Dios, creador supremo de todo lo que somos capaces de alcanzar con la vista. Y de todo lo que somos capaces de comprar.

Yupiiii. ¡Qué suerte tengo! Y pensar que por poco no nazco. Creo que nunca he agradecido lo suficiente a mis padres el haberme traído a sobrevivir a una sociedad que tiene los roles establecidos. Yo trabajo y produzco, ellos me ordenan y subyugan. Mientras me someten, crezco como escoria, pero si soy constante puedo levitar y alcanzar el Nirvana del Gran Hermano. ¡Soy un prisionero feliz y sumiso! En un mundo como éste se necesitan cadena y grilletes. Cadenas y grilletes manufacturados para que la obediencia sea un acto de contrición ineludible. Cadenas y grilletes para que nunca olvidemos que todo sucede por una razón y no atendiendo a un hecho.