Nombre del autor:El despotricador anhedónico

Email del 7 de abril 2025

Querida:

Por favor, pon tus ojos sobre este número: 1000000000000000000000000

Los 24 ceros detrás del primer guarismo natural, el uno (1), significan un billón de billones. Si siempre has pensado que un simple billón (1000000000000) era demasiado, no se me ocurre lo que podrás llegar a pensar sobre la cantidad que últimamente me quita el sueño: un millón de billones o lo que es igual, un trillón.

Ahora deposita de nuevo tus ojos sobre la siguiente cantidad:

20

Mucho más sencilla de asimilar, desde luego. Y si la miras detenidamente, incluso tiene un cierto aspecto sicalíptico que la engrandece. Pues bien, 70 (setenta) es la cantidad -en euros- que he podido ahorrar en estos 45 (cuarenta y cinco) años, es decir desde que cumplí la mayoría de edad y pude sacarme una maldita cuenta en el banco más cercano a mi casa, en este caso Bancaja, más tarde BANKIA y ahora Caixabank. El problema es que Caixabank (antes Bancaja y BANKIA) me cobra 60 (sesenta) euros anuales por gastos de tarjeta, con lo que cada mes de diciembre (fun, fun, fun), el 70 (setenta) se transforma en 10 (diez). Para que ese 10 (diez) vuelva a trocarse en 70 (setenta) tengo que ponerme en contacto con el hijo resucitado de cierta deidad que tiene el poder de multiplicar panes y peces para que multiplique mi peculio. Pero esa sencilla multiplicación divina lleva unos gastos, o mejor dicho, ese primogénito que hace muchos años murió por todos nosotros me cobra un 12.5 % (doce y medio) por cada 15 (quince) euros, que si no me equivoco representa poco más de 4 euros (cuatro) por incrementar mi capital hasta la cifra que representa mi pasado, presente y futuro.

Cambiando de tema, posa tu mirada sobre mi bragueta. Sí, ya sé que estoy lejos en estos instantes pero en el cajón de tu mesita de noche tienes una foto de mi paquete. Abre el jodido cajón, saca la puta foto y mira el bulto que se dibuja incluso en esa imagen oscura y poco nítida. Ahora abre el segundo cajón de tu mesita, saca tu cachibache onánico eléctrico con 17 (diecisiete) velocidades y desmelénate todo lo que puedas, pues al fin y al cabo, no sacarás mucho más que eso de esta saturada y rebosante letrina llamada «existencia».

G

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Email del 13 de febrero 2024

Norman Rockwell. Doctor (1958)

La Editorial Superferolítica ha editado un nuevo número de sus afamados TE (Tratados Empresariales) dedicado al trust ERLA. Con sus 2897 páginas es hasta el momento el más extenso y exhaustivo de la serie. El Despotricador Anhedónico se congratula por haber sido la única bitácora no empresarial autorizada para publicar a continuación un extracto.


El personal de recuperación se negó en redondo a recuperar. El capataz lo achacó a un brote psicótico en masa, sin embargo el doctor Valverde emitió un diagnóstico en forma de frase rimbombante: «pase lo que pase, debería comenzar a pasar ahora». Como nunca sucedió nada, el doctor Valverde fue forzado a abandonar su puesto. Todavía conservo su carta de renuncia voluntaria:

Valencia a 23 de febrero de 1993
Señor Faustino Lázaro Cruzado
ERLA (Empresas levantinas de recuperación asociadas)

Dimito.

Doctor Valverde


Tres días después, el señor Mario Medina Conde, subsecretario en jefe del ERLA se puso en contacto con el doctor Valverde para conminarle a que volviera a redactar la carta de renuncia voluntaria, pero esta vez con un poco más de extensión y de la cual se infiriera un sentimiento genuino de agradecimiento. Es una suerte que gracias a mi incipiente síndrome de Diógenes conserve la misiva, la cual tengo el gusto de reproducir aquí por primera vez desde que sucedieron los hechos:

❝Valencia a 23 de febrero de 1993
Señores Faustino Lázaro Cruzado y/o Mario Medina Conde
ERLA (Empresas levantinas de recuperación asociadas)

Me dirijo a ustedes con el objeto de comunicarles que dimito.

Doctor Valverde❞


Supongo que ni el señor Mario Medina Conde ni su jefe más inmediato quedaron satisfechos, pues el día 9 de marzo de 1993 volvieron a atosigar al doctor Valverde para que remitiera una carta de renuncia «en condiciones». Mientras esto sucedía, en la planta 14 del ERLA sito en el polígono de Vara de Benimaclet el personal de recuperación seguía negándose a recuperar. Lo mismo sucedía en el resto de las filiales, delegaciones y dependencias repartidas por toda la Comunidad. La situación se estaba volviendo insostenible, y por si esto fuera poco, los equipos de limpieza de las plantas 8, 11, 12, 17, 32, 33, 34 y 42 amenazaban con dejar de limpiar si las circunstancias no mejoraban en el curso de media semana y la cuadrilla de matones que generalmente se utilizaba para reprimir sublevaciones desafiaba al comité con una huelga indefinida.

El siguiente intento de carta de renuncia del doctor Valverde es bastante interesante…

Valencia a 23 de febrero de 1993
Señores Faustino Lázaro Cruzado y/o Mario Medina Conde
ERLA (Empresas levantinas de recuperación asociadas)

Por medio de la presente carta, me permito comunicarles mi deseo de renunciar a mi puesto de trabajo en su consorcio por motivos de índole gastrointestinal.

Doctor Valverde


Nadie, y resalto el pronombre indefinido «nadie», de los cerca de 1400 asalariados de la ERLA a los que he entrevistado ha sido capaz de recordar ninguna dolencia gastrointestinal ni ningún tipo de desorden o indisposición relacionado con el doctor Valverde en los casi 20 años que ejerció para el monopolio ERLA. Es más, algunos incluso me contaron que en la mayoría de plantas, sobre todo las alicantinas, se cuchicheaba sobre la salud de titanio enriquecido del galeno. En resumidas cuentas el doctor Valverde era un sujeto fuerte, vigoroso y vital. Siempre que conversaba con alguien o cuando examinaba a un paciente lo hacía ejercitando repetidamente el músculo pubococcígeo. De ahí que la teoría de que en realidad fue obligado a dimitir es la que siempre ha cobrado más fuerza. Lamentablemente el doctor falleció el 24 de  junio de 1998 debido a un repentino desprendimiento del ombligo, por lo que nunca podremos saber qué es lo que ocurrió en realidad.

La última tentativa de carta de renuncia voluntaria del doctor Valverde tiene fecha del 2 de marzo de 1993:

Valencia a 23 de febrero de 1993
Señores Faustino Lázaro Cruzado
ERLA (Empresas levantinas de recuperación asociadas)

Mediante este documento quiero expresarle que desde el día de hoy he tomado la decisión de dar por terminado mi vínculo laboral y contrato con su empresa, teniendo en cuenta lo ocurrido el día 23 de febrero de este mismo año, cuando debido a su incompetencia e ineptitud, el personal de recuperación se negó en redondo a recuperar. Una compañía donde todo el personal de recuperación se niega a recuperar no se puede denominar empresa, quizá proyecto fallido empresarial, pero nunca empresa, entidad, firma o grupo.

Doctor Valverde

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Email del 28 de junio 2022

Winslow Homer, The gulf stream. 1899

Hola:

He encontrado una profesión con la que ganarme la vida honradamente y además muy bien: patatero. ¡Perdón! Quise decir patero o paterero o como diantres se llame. Voy a organizar pateras con destino a África. Tal y como está el panorama laboral en este país (si no se es camarero) me imagino que muchos españoles querrán cruzar el charco para poder establecerse en Marruecos, Argelia o, incluso un poco más abajo, Senegal, Guinea, Nigeria, Camerún o Somalia. Allí no tendrán problemas para encontrar buenos trabajos y con un poco de suerte al amor de su vida. Esta es la lista de profesiones con más futuro en los países subsaharianos:

1 – Cobrero: El cobrero es, como su nombre indica, el cazador de cobras. Para ser un buen cobrero son necesarias ciertas aptitudes como la constancia, la perseverancia y la locura. Existen tres maneras aceptadas por el gremio de cobreros somalíes de cazar vivas a las cobras ocasionándoles el mínimo estrés:

a) Método Cabdulle, por el cual, antes de atrapar al reptil, el cazador ha de invocar a los dioses ofreciendo su taparrabos en sagrada ofrenda. Una vez finalizada ésta, el taparrabos pertenece a los dioses y el cazador tiene que pagar para recuperarlo. Si no hace efectivo el pago antes de media hora, la divinidad que controla la caza le deniega el permiso, lo denuncia por fraude y lo condena a trabajos forzados en una cantera repleta de cobras, a las que, por supuesto, no puede cazar.

b) Método Crahmaal. También denominado método mete y saca o Hurahi horohhi. El cazador sólo puede enfrentarse al ofidio mediante una ramita de palmera seca, así que los cazadores optan por localizar la madriguera donde se esconde la serpiente e introducir dicho palito con ánimo de molestar a la inquilina y que ésta salga cabreada al exterior, momento en que los cazadores aprovechan para correr despavoridos hasta a unos 200 metros. Desde esa distancia suelen recapacitar y pensar en Aarum Crahmaal, inventor de esta modalidad de caza, y las sabias palabras que salieron de su boca mientras fallecía de inanición:  «no caza, no cena». Entonces se intentan armar de valor dándose golpecitos los unos a los otros durante un par de horas. Cuando al fin se sienten reconfortados y su valentía es similar a la de un polluelo de avestruz, vuelven a por el reptil, pero como para entonces éste ya ha desaparecido, su honra (la de los cazadores, no la del reptil) no queda en entredicho.

c) Método cuántico basado en la ondulación de las partículas o Quantum fotónico. Debido a la complicada infraestructura que se precisa para ponerlo en marcha, es el procedimiento menos usado pero el que mayor recompensa proporciona. Los cazadores que usan esta serie de técnicas se muestran muy reacios a comentarlas, por lo cual no se dispone de información suficiente.

2 – Quita-mierda o Ñamme: En algunos países de África existen dos castas tan dispares como la luna y el sol: la casta de los Miahin o diarréicos y la de los Muhana, también llamados «aguanta todo». Los Miahin son famosos desde el siglo XV por su afición a mascar las hojas del arbusto Duhalac y también por ser ricos. Al masticar las hojas de dicho arbusto, el sujeto entra en una especie de trance alucinatorio mediante el cual se contempla a sí mismo rodeado de cabras y ganado vacuno, lo que le proporciona un estatus increíble, aunque le obliga a pagar un alto precio. El arbusto Duhalac contiene una gran cantidad de diarresol, un componente extremadamente tóxico que produce diarreas temibles. Pero como son ricos y adoran sentirse por encima del resto, contratan a los Muhana para que limpien sus heces liquidas e insoportablemente hediondas. Como el trabajo, aunque excelentemente remunerado, es terrible, los Muhana caen como moscas y los nuevos trabajadores siempre son aceptados, sin importar a la casta, secta o país al que pertenezcan.

3 – Oleoducteros o Ulalummhas: Los países ricos explotan a los pobres de innumerables maneras. Enumerarlas todas ocuparía el espacio de 700 emails y me arrancaría varios años de vida, así que voy a abstenerme de hacerlo. Entre todas esas formas de explotación hay una que destaca por encima todos los viernes: los oleoductos. Para limpiar estos instrumentos de opresión y combustión, los holdings contratan mano de obra barata y servil. Y la contratación se hace todos los viernes del año por medio del infalible sistema del 25 +1. El sujeto (o víctima) que quiera trabajar ha de aguantar 25 latigazos sobre la espalda y una corriente eléctrica de 125 voltios en el escroto. Los infelices que superan la prueba son agasajados por medio de escupitajos y se les regala un bonito estropajo de lino con el cual deben limpiar de inmundicias los 175.000 km de oleoductos. Al trabajador del mes se le nombra capataz y se le permite orinar encima de sus compañeros.

4 – Espantabichos o Bihous: Profesión en expansión y que a su vez se subdivide en 75 categorías. Entre las más solicitadas por extranjeros y sodomizadores que huyen de la justicia se encuentran las de espantamoscas, espantacocodrilos y espantasuegras.

5 – Asesor de brujo de tribu o Manbuhtu: Los Manbuhtus viven mejor que los propios brujos ya que disponen de todas las ventajas de estos y sólo 138 inconvenientes. Actualmente existen 23 Manbuhtus y 12.459 brujos por lo que salen a un asesor por cada 541 hechiceros, pero como se da el caso de que uno de estos últimos es un redomado egoísta y necesita cuatro consejeros entre semana y 18 los días que va a visitar a sus 57 mujeres, el resto de brujos no tiene más remedio que aguantarse con lo que les toca. Y a veces no les toca nada, salvo a Babatunde Muranda, de la tribu N’guessan del norte, que el año pasado ganó 23 cabras (¿o fueron cobras?) en la bonoloto de la aldea.

6 – Orinalero o Banthamm: Algunos potentados blancos, ricos y totalitarios contratan a los más débiles mentales de los poblados colindantes a sus mansiones como Banthamms, es decir, orinales humanos. El trabajo es bastante cansado, el sueldo bastante corto y los aspirantes a desempeñarlo lo bastante estúpidos como para mostrar una amplia sonrisa cuando uno de sus amos le sulfata el rostro.

7 – Yaak yaak sehuru: Nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste este empleo, aunque todos están seguros de que es el mejor al que se puede aspirar sin estudios. Según Tanaka Wamaba, cuidador del «Museo de la colonización», dicho trabajo estaría relacionado con los enterramientos de los restos humanos de indígenas con sífilis en paredes no perfectamente verticales o con las múltiples formas de cuajar la mantequilla de oveja, aunque no está del todo seguro.

Podría estar toda la mañana describiéndote con placer las mil y una maneras de forrarse en África, pero creo que no serviría para nada, pues tú tienes un trabajo del que te sientes orgullosa y yo tengo un terrible dolor alopécico. Por cierto, ¿sabes lo que dicen mis amigos cuando les digo que tengo una amiga que trabaja diseñando consoladores? Pues básicamente todos dicen lo mismo, que quieren conocerte, aunque las féminas prefieren que les consiga a buen precio un cacharrito de aluminio cromado con cinco velocidades. Lamentablemente en el continente negro no tienen consoladores, ni siquiera exprimidores de semen o enemas eléctricos. Pero se conforman con lo poco que poseen, que a veces, y eso en el mejor de los casos, es absolutamente nada. ¿Cómo van a tener algo, si se lo hemos robado todo?

Como casi siempre en estos casos, una triada de besitos.

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Email del 27 de junio 2022

Vincent van Gogh. Still Life with French Novels and a Rose (1887)
Amiga:

Estoy escribiendo una novelita titulada El señor de los ratoncillos. Ya sé que el título tiene cierta similitud fonética con uno de Tolkien, pero estoy en condiciones de asegurarte que en mi texto no salen elfos, orcos o ents, solo ratoncillos, ratoncillas y un señor con barba negra y cuidada, aunque rala, que se llama Gondolino. La trama es sencilla: los ratoncillos están eufóricos y el hombre con barba desesperado. Hasta el capítulo 32 no se sabe la razón por la cual los ratoncillos están eufóricos y hasta el 56 por qué Gondolino está tan desesperado. Como todavía estoy trabajando en el capítulo 11 ignoro la respuesta a ambas cuestiones. Supongo que todavía tengo tiempo de pensar una buena razón para llegar a algunas conclusiones aceptables. Si no soy capaz de llegar a algunas conclusiones, espero poder llegar a tiempo de sufrir un ataque cardiaco y así salir del paso de una forma creíble y con cierta gallardía. Claro que siempre podría derivar el texto hacia la propagación proporcional, es decir ¿existe un vínculo entre los ratoncillos y la expansión cuantitativa típica de los roedores miomorfos?

Mi idea inicial fue escribir sobre un asesino psicópata que coleccionaba los hígados de sus víctimas y cuando estaba hambriento se comía alguno encebollado, en salsa de pimientos de piquillos con bulgur o con patatas y tomate. El título de esa idea iba a ser El señor de los higadillos, pero después de un tiempo pensando un desarrollo que fuera al mismo tiempo novedoso y seductor decidí abandonar el propósito o la intención y pasar al plan B que era la historia de un secretario que padecía una severa fobia a las tablas, plantillas o incluso listas. El título, como no, era El señor de los estadillos, pero tuve que aparcarlo porque mientras escribía el prólogo sentía una extraña y terrible sensación en el cuerpo. Era como si mientras iba a alguna parte, no venía de algún lado. Ni siquiera volvía o regresaba, aunque en algunas contadas ocasiones acudía y hasta me trasladaba, pero nunca emigraba o me largaba. Y estaba comenzando a enloquecer, por lo que resolví dirigirme directamente al plan C. Ese plan, por supuesto, sufrió por algunos inconvenientes extemporáneos relacionados con lo que soy o parezco y lo que podría llegar a ser si me compraba una peineta flamenca, por lo que no me quedó otro remedio que aprobar a toda prisa el plan E, que era la historia de los ratoncillos y Gondolino.

Nada más puedo añadir. El proceso de creación de una novela no es más que dolor y castración. A veces pienso que estoy derrochando mi genialidad en repugnancias, asquerosidades y repelencias. ¿Acaso no son repugnantes, asquerosos y repelentes los ratones, las ratonas y los tipos con barba? ¡Y qué puedo decir del nombre Gondolino! ¡Manda huevos! ¿En qué estaría pensando el día en que se me ocurrió llamar de esa manera al protagonista y único humano que aparece en la obra? Creo que debería haber trabajado más en el plan D, que trataba sobre un campanero que padece de encondromatosis y que carecía por completo de ritmo. Hasta el título era grandioso: El señor de los cimbalillos.

P.D.: Ese ruido que ha asustado a los pájaros de tu barrio y de algunos distritos más esta mañana lo han producido mis huesos. Sí, para qué voy a mentirme, ya no estoy tan nuevo como el primer día, pero tú tampoco estás para saltar setos en ambas direcciones. Somos unos pre-abuelitos, y pronto no podremos levantarnos de nuestras respectivas camas sin la ayuda de nuestros nietos. El problema estriba en que ni tú ni yo tenemos nietos, seguramente porque tampoco tenemos hijos. Ni siquiera perros. Solo esa terrible sensación de que todo puede pasar. Ese inquietante desasosiego que antecede a cada inhalación de aire, a cada mirada al vacío sin las lentes progresivas o cada chasquido chirriante que emite el cerebro ralentizado al no ser capaz de instalar las actualizaciones correctamente. Somos carne encarrujada. Fragmentos de fortalezas derribadas. Somos lo que a veces pensábamos que llegaríamos a ser, si con un poco de suerte antes no explosionaba el planeta. Podríamos morirnos ahora mismo y de esa manera evitar la aflicción homicida que nos amenaza.
He descubierto que si me siento en una cerveza y espero a que pase la silla me duele menos el día.

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Email del 26 de junio 2022

Honore Daumier. Theater (XIX cent)

PLASTINUDOS (Pieza teatral en medio acto)

La representación se desarrolla en el dormitorio de un matrimonio cualquiera en alguna ciudad de algún país. La habitación está casi a oscuras. Una lamparita de latón que descansa sobre una mesita produce una débil refulgencia. Al fondo, en dos camas separadas por un biombo, se encuentran nuestros personajes. Se levanta el telón mientras un furioso scherzo en 3/4 adelanta al público la tragedia que se avecina.

 

MUJER: (Apagando el televisor con el mando a distancia): Sin la televisión se está mejor. ¿Recuerdas cuando nos quedábamos hablando hasta altas horas de la madrugada? Tú, yo y dos copitas de vino. Era todo lo que necesitábamos…

MARIDO: Si los hombres no se masturbaran, las fábricas de rollos de papel de cocina entrarían en bancarrota, pues desde que a algún lunático se le ocurrió inventar las toallitas húmedas, el papel higiénico ya sólo se utiliza para matar cucarachas en el aseo o para cogerlas sin tocarlas y tirarlas por el inodoro.

MUJER: Nunca pensé que alguna vez nos instalaríamos en esta especie de vida muda, sin sorpresas ni empatía. Pero así ha sido. No somos muy diferentes de otras parejas. Parece que el tiempo no es más que otra prueba. Quizá la más inquietante de todas.

MARIDO: (Rascándose el trasero con aspecto muy seguro de sí mismo): Recuerdo aquella vez que me comí un huevo por la nariz. Quiero decir, aquella vez que me esnifé un huevo. Alguien dijo que no sería capaz. La verdad es que no consigo recordar si era un huevo frito, duro, escalfado o pasado por agua. Sin embargo recuerdo perfectamente que era un huevo.

MUJER: ¿Sabes? Cuando te conocí sí que valías la pena. Entonces eras todo lo contrario al bufón idiota y cretino en que te convertiste unos pocos años después. Sí, sí, sé que proclamar en voz alta lo que pienso no va a cambiar la situación, pero…

MARIDO: ¡Es curioso! Tu hermana es más fea que la mía. (Poniendo una cara extraña, como una mezcla de asco y pena.) Pienso a menudo en la desproporción física de los miembros de tu familia. El más horroroso fue tu padre. A veces me costaba distinguirlo de un bubón adventicio, pero el sonido a pato «tarro canelo» que salía de su boca acababa por delatarlo.

MUJER: Algunas noches, antes de rendirme a la dulzura de los sueños he pensado que quizá al día siguiente no despertarías. Pero en lugar de alegrarme, dicha ensoñación me perturbaba. Ya me he acostumbrado a tus memeces, a tus salidas de tono, en definitiva, a tus mamarrachadas. Algunas relaciones se convierten en tóxicas. La nuestra ha alcanzado una categoría específica, sin posibilidad de ser valorada o, en el mejor de los casos, analizada.

MARIDO: Los croissants de mantequilla son mucho mas sabrosos que los de hojaldre, pero no dejan de ser bollería para invertidos. Es igual que las camisetas de manga corta, que fueron diseñadas para los gais. Jamás me puse una que no tuviera las mangas hasta la muñeca o que incluso me ocultara las manos.

MUJER: ¿Nunca te cansas de hablar contigo? ¿Te has llegado a escuchar alguna vez? ¿Cómo se puede llegar a convertirse en algo, que no tiene nombre? Por lo menos yo no alcanzo a bautizarlo. Me da grima todo lo que sale de tu bocaza. Me produce arcadas ver cómo te crees imprescindible. No tengo ni idea por qué…

MARIDO: Me encanta pensar en pelotitas. (Moviendo los brazos de forma brusca, como si estuviera espantando moscas, o demonios.) No en balones o bolas, no. En pelotitas. ¡Una pelotita tiene tal poder de persuasión! La gente se ha domesticado. Ya no piensan en pelotitas. En vez de eso intentan acercarse a cualquier cosa que tenga una forma esférica. Pero una esfera no siempre puede ser una pelotita. No sé si me entiendes. A veces no puedo expresarme como pienso. Mis neuronas se adelantan a los impulsos nerviosos. ¿Es posible eso?

MUJER: Quizá debería volver a poner la tele. Por lo menos todas las idioteces que salen de la pantalla están diseñadas para lavarnos el cerebro. Cada uno es libre de dejar que le manipulen una o varias ondas hertzianas. Otra cosa es que el ser -y digo ser porque no se me ocurre otro vocablo- que prometió ser un compañero fiel y educado por siempre y para siempre, se comporte como si estuviera a punto de sufrir un derrame cerebral. Un accidente cerebrovascular que nunca llega, pero que continuamente avisa de su inminencia.

MARIDO: La última vez que chupé un coño sufrí lo indecible. Ya sabes, la barriga que molesta cuando se intentan ciertas posturas. Por cierto, fue el coño más jugoso que he comido en mi vida. Hubo un instante en que tenía la boca tan llena de fluidos que casi me ahogo. Ahora me arrepiento. Me arrepiento de no haberme ahogado con esos fluidos. Por lo menos hubiera pasado a la posteridad como la única persona en el planeta que murió a causa de los fluidos vaginales. Fluidos acuosos y en ningún caso viscosos o con colores extraños.

MUJER: (Mirando desde el catre a través de los cristales de la ventana.) No puedo ver a la gente que anda por la calle. Pero sé que hay gente caminado. Algunos tienen un destino establecido, pero la mayor parte se comportan como autómatas. Van de aquí para allá empujados por la misma fuerza motriz que a ti y a mí nos separa. Creo que voy a intentar dormir.

MARIDO: Estoy preparado para capturar a Dios. He diseñado una trampa con un pecador como cebo. La omnipotencia olerá los pecados del infractor y se acercará a explorar. Entonces, una tapa metálica compuesta por una rejilla electrosoldada y acero galvanizado se cerrará con fuerza y lo atrapará. Después me haré rico mostrándolo en ferias y circos.

MUJER: Buenas noches. ¡Ojalá todo fuera un sueño…!

MARIDO: Somos como esos pequeños alambres que se utilizan para cerrar las bolsas de pan de molde. ¡La parte más imprecisa de una manufacturación gloriosa! Porque cada una de esas partes son fragmentos de una totalidad comercial. Puede que algunas se parezcan a otras que existen desde hace décadas, pero las que nos interesan son nuevas, y lejos de querer innovar, se contentan con permanecer hasta que sean desalojadas. Para siempre.

TELÓN

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Email del 25 de junio 2022

George Stefanescu. Harlequin’s sadness (1978)
Cierto día, un cuervo se posó sobre el hombro de un campesino. Era el mensaje que esperaba. Lo que sucedió a partir de ese momento lo convirtió en alguien distinto. Se proclamó rey de todos los campos y terrenos baldíos que le pertenecían y rehusó seguir viviendo con el resto de su familia. Rodeó sus posesiones con cuerdas hechas con hierbas y bautizó a cada uno de sus súbditos, que no eran más que serpientes, lagartos e insectos, con nombres rimbombantes. Talló sobre un tocón podrido que yacía en el suelo un aviso que serviría, según él, para ahuyentar a cualquier ser bípedo que osará acercarse a sus dominios. Pero para que esa especie de broquel sirviera para algo, debería traspasar sus límites y depositarlo a unos cuantos cientos de metros más allá de su cercado. Eso le asustó. Primero, no tenía la fuerza suficiente como para arrastrar el tronco y trasladarlo. Segundo, le aterraba la idea de salir de su extraño paraíso. Así que no tuvo más remedio que reducir sus propiedades para que la advertencia pudiera ser interpretada debidamente. En unas cuantas horas su universo exclusivo mermó en la mitad aproximadamente, lo que no impidió que siguiera sintiéndose dichoso. Pasaron varios años. Las lluvias, el sol y los vientos del norte tejieron en su piel un indicio de lo que significa la edad. Una tarde de agosto murió mientras contaba piedrecillas en el lado sur. Ninguna de sus serpientes, lagartos o insectos derramaron una sola lágrima. Su cuerpo se pudrió en siete meses y los despojos resultantes fueron absorbidos por la tierra.

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Email del 24 de junio 2022

William Turner. Snow storm (1842)

Querida:

Para algunos la felicidad representa encontrar a alguien, sin embargo para otros significa deshacerse de todos. En mi opinión, yo creo que la felicidad consiste en sacar afuera todo lo que está dentro y de alguna u otra forma te oprime y esclaviza. ¡Y eso es lo que hizo en su día Heriberto Ferrontes Ferrontes! Por esa razón en su casa no había nada. Absolutamente nada. Todo estaba afuera, repartido entre en el rellano, la escalera y el patio. Y cuando digo todo me refiero a los electrodomésticos, los enseres domésticos, los muebles, entre ellos, su maravilloso sofá de piel de cinco plazas compuesto por un módulo izquierdo de tres plazas y otro rinconera y chaise longue a juego tapizados en piel de vacuno y con un exquisito diseño de líneas. Afortunadamente para Heriberto, el edificio, con excepción de su vivienda y la mía, estaba completamente deshabitado. El resto de inquilinos fueron dejando sus pisos poco a poco, sobre todo cuando la convivencia se tornó insoportable. Supongo que te preguntarás por qué no denunciaron a ese sujeto. Lo hicieron, pero no sirvió de nada. Además Ferrontes² era el propietario del edificio. Yo aguanté todo lo que pude, pues no es fácil subir y bajar la escalera saltando armarios, vadeando sillas, reptando por debajo de mesas y rodando por encima del sofá de piel de cinco plazas compuesto por un módulo izquierdo de tres plazas y otro rinconera y chaise longue. No olvides que ese inmueble, influenciado por el estilo Guastavino, fue construido a finales de los años treinta y carecía de ascensor.

Pero… la verdad, no sé por que te he hablado de Heriberto Ferrontes. Yo solo quería despotricar sobre esa ilusión emocional llamada felicidad. A Ferrontes² que le den por… En realidad le dieron por… Alguien, nunca se supo quién, le descerrajó un pedrusco de más de 15 kilos en la cabeza. Por supuesto murió en el acto. Durante un par de meses yo fui uno de los sospechosos de su asesinato.

Ser feliz implica deficiencia e imbecilidad, pero ser o parecer un desgraciado nunca trae nada bueno, sobre todo si intentas pasar desapercibido. ¡Recuerdo a Elisa Mufrina Surrabuca! Siempre que salía de su casa intentaba por todos los medios que no la reconociesen. Como casi nunca se dejaba ver, prácticamente nadie sabía que existía. Cuando quería pensar en sus cosas se sentaba en un banco solitario de un parque alejado y abandonado de la mano de esa entidad ficticia y adocenada llamada Dios. A veces incluso se imaginaba que era una mujer normal, pero pronto le entraban los temblores y regresaba a casa corriendo asustada, como si le persiguieran el hombre del saco, el cuélebre, la corrupia y el tragaldabas juntos. Ser su amigo durante año y medio me desgastó por completo. Todavía me siento ajado y deslucido, y eso que hace siete años que no la he vuelto a ver. Lo último que supe de ella es que pretendía convertirse en un anaquel convencional.

Cada día que pasa, siento que mi mundo se hace más y más pequeño. Si esta sensación sigue su curso natural, acabaré viviendo en el borde de un precipicio ficticio. Afortunadamente no existen las caídas imaginarias, por lo que todavía me siento algo seguro, pero ¿y sí ese margen irreal sólo es un indicio? A menudo me acomodo a contemplar la nada. Me encanta su absoluta inexistencia  y su función lógica. ¿Por qué no puedo vivir allí? Yo también me opongo a cualquier tipo de principio. ¡Y a cada uno de los posibles finales! Por esa razón el tiempo carece de valor intrínseco. Confirman mis sospechas un montón de hechos, acciones, incidentes. ¿Debería comerme las últimas palabras? Quizá sería útil que en lugar de dibujar trazados difusos me decantara por agujerear cada una de las notas, blancas y negras, que me transforman en un imbécil idealista. Joder, ¡me estoy convirtiendo en un jodido bufón!

Auxibio Badaloro Cantrabo, trabajaba de payaso los lunes, martes, miércoles y jueves. Los viernes y sábados escribía cada uno de los hechos extraños que se ocultaban en su cabeza. Pensaba, escrutinizaba y liberaba ese torbellino formado por casualidades, miedos inconscientes y tiempo desperdiciado. O tiempo masacrado. O tiempo liquidado, arrollado, trepanado, y en numerosas ocasiones, entregado, devuelto y archivado. Los domingos… los domingos y fiestas de guardar se tumbaba sobre la alfombra del salón y contaba cada una de las columnas de fuego que le cerraban el paso…

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Email del 23 de junio 2022

Philip Moss, Buntys’ Knickers (1994)

Querida:

Si a cada número le asignamos una letra, el resultado es un código. Supongamos que la «A» es el 1 y la «Z» el 27, algo extremadamente sencillo de entender a menos que uno sea un retrasado mental o un político. Ahora, tomemos un texto sencillo, por ejemplo, el siguiente:

«Cuando fumo me siento más sexual».

El resultado de traducir estas palabras al código anterior sería algo así:

3 22 1 14 4 16  6 23 13 16  13 5  20 9 5 14 20 16  13 1 19  20 5 25 22 1 12

Ahora vayamos más lejos. A cada número par de un dígito le asignaremos la palabra «braga» o su equivalente en plural. Lo mismo haremos con los impares, aunque cambiando la braga por «calzoncillo». Si lo hacemos correctamente, la frase quedaría de esta manera:

3 calzoncillos 22 bragas 1 calzoncillo 14 bragas 4 bragas 16 bragas
6 bragas 23 calzoncillos 13 calzoncillos 16 bragas
13 calzoncillos 5 calzoncillos
20 bragas 9 calzoncillos 5 calzoncillos 14 bragas 20 bragas 16 bragas
13 calzoncillos 1 calzoncillo 19 calzoncillos
20 bragas 5 calzoncillos 25 calzoncillos 22 bragas 1 calzoncillo 12 bragas

Si analizamos concienzudamente el resultado, podemos llegar a una conclusión arrolladora:

Hay más bragas que calzoncillos. Para ser exactos 52 más, por lo que se deduce que el número de usuarias de prendas íntimas es superior, o que varios usuarios se han puesto por error dos calzoncillos cada uno.

Pero compliquémoslo todavía más. A cada número de calzoncillos con un dígito le añadiremos otra palabra: «limpio-a» o «limpios-as» y a los de 2 dígitos «sucio-a» o «sucios-as». Lo mismo haremos con la palabra «bragas» y su número correspondiente:

3 calzoncillos limpios 22 bragas sucias 1 calzoncillo limpio 14 bragas sucias 4 bragas limpias 16 bragas sucias
6 bragas limpias 23 calzoncillos sucios 13 calzoncillos sucios 16 bragas sucias
13 calzoncillos sucios  5 calzoncillos limpios
20 bragas sucias 9 calzoncillos limpios 5 calzoncillos limpios 14 bragas sucias 20 bragas 16 bragas sucias
13 calzoncillos sucios 1 calzoncillo limpio 19 calzoncillos sucios
20 bragas sucias 5 calzoncillos limpios 25 calzoncillos sucios 22 bragas sucias 1 calzoncillo limpio 12 bragas sucias

El resultado es avasallador: la mayor parte de usuarios de ambos sexos son unos guarros. Sólo 36 sujetos han pasado la prueba de limpieza presentando sus prendas inmaculadamente higiénicas. Por lo que se deduce que:

a) Las lavadoras resultan caras. Los fabricantes de las mismas deberían replantearse una bajada sustancial de los precios de venta al público.
b) No vale la pena perder el tiempo lavando la ropa interior. Es preferible usarla hasta que se caiga a pedazos y ahorrar dinero.

Llegados a este punto me gustaría dejar claro que este estudio completo sobre la higiene, y que empezó como un mero ejercicio de codificación, sólo representa a individuos menores de 95 años, por lo que no se puede generalizar la conclusión de que toda la población europea es marrana. En próximas entregas, analizaré exhaustivamente otras posibilidades. Pero hasta entonces, creo que deberíamos meditar los resultados y llegar a una conclusión que nos satisfaga a todos.

Email del 23 de junio 2022 Leer más »

Email del 22 de junio 2022

Dieter Roth. Rabbit-shit-rabbit (1972)

Amiga:

Cada vez que entro en mi banco, lo hago por mi propio pie, pero al salir siempre tienen que ayudarme entre varios empleados. Mientras dos o tres de ellos me sacan en volandas, uno me aplica compresas frías en la cara y otro me masajea el pecho, a la altura del corazón, con movimientos rítmicos bien estudiados. Una vez me vieron tan mal que incluso la directora del banco se ofreció a acostarse conmigo si en lugar de desmayarme en la sucursal lo hacía en la calle. Por supuesto no acepté, ya que tengo cierta tirria al vello facial femenino y sufro serios problemas de erección al ver desnudo a cualquier subalterno que trapichee con dinero. Pero esta mañana ha sido diferente…

DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, espero que hoy no irá a montar un numerito.
YO: No se preocupe. Le doy mi palabra de honor.
DIRECTORA SUCURSAL: Bueno, vamos a ver. Hum, veo que sigue en números rojos.
YO: Sí, es mi color preferido.
DIRECTORA SUCURSAL: A día de hoy usted nos debe 84.284,50 euros. Como cobra una mierd…Quiero decir, como su sueldo es bastante bajo, calculo que habrá liquidado su deuda en febrero del año 3027.
YO: Necesito un nuevo crédito para tapar el resto de préstamos.
DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, si de mí dependiera le concedería uno ahora mismo, pero no está en mis manos. Yo sólo soy una empleada sin poder de decisión.
YO: ¿Le puedo hacer una pregunta?
DIRECTORA SUCURSAL: Por supuesto.
YO: Si me niego a pagar de ahora en adelante…
DIRECTORA SUCURSAL: Si se niega a cumplir sus responsabilidades nos veríamos obligados a tomar medidas severas contra usted y su familia.
YO: ¿Qué quiere decir?
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Sabe dónde se encuentra Colombia?
YO: Creo que entre Venezuela y Ecuador.
DIRECTORA SUCURSAL: ¡Bravo! Así es. ¿Y sabe qué abunda en ese país?
YO: ¿Colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Efectivamente. Y la mayoría de ellos trabajan duro para llegar a fin de mes. Algunos incluso demasiado duro, diría yo.
YO: No entiendo dónde quiere ir a parar.
DIRECTORA SUCURSAL: Le seré franca. Si usted no cumple, nosotros nos enfadamos.
YO: Cabrearse no es bueno para la salud.
DIRECTORA SUCURSAL: Por eso detestamos enfadarnos. Si usted se niega a liquidar su compromiso, nosotros le enviamos uno o varios de esos colombianos que trabajan duro para que le convenzan.
YO: ¿Y si no me dejo convencer?
DIRECTORA SUCURSAL: Le aseguro que esos tipos tienen un poder de persuasión espeluznante.
YO: A ver si le entiendo. ¿Me está diciendo que si no pago, cobro?
DIRECTORA SUCURSAL: Le estoy diciendo que usted tiene un compromiso y que debe satisfacerlo.
YO: Supongamos que me niego. Supongamos que me cambio de residencia. ¿Cómo iban a encontrarme sus amigos colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Quizá no le encontraran a usted, pero seguro que darían con alguien de su familia.
YO: No tengo familia.
DIRECTORA SUCURSAL: Vaya, veo en mi ordenador que usted tiene padres, hermanos, tíos…
YO: ¿Le parezco atractivo?
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Cómo?
YO: ¿Sabe? Yo fui actor porno. Se me da muy bien satisfacer a las mujeres.
DIRECTORA SUCURSAL: ¡Gregorio! ¡Por favor! Está perdiendo los papeles. ¿Qué le hace suponer que usted es mi tipo?
YO: ¡Necesito un crédito! Soy capaz de cualquier cosa por conseguirlo.
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Cualquier cosa?
YO: Cualquier cosa.
DIRECTORA SUCURSAL: Verá. Yo no necesito sexo, y menos de un tipo como usted. Conozco a varias personas que me…
YO: ¿Colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Colombianas
YO: ¡Entiendo! Dicen que hago el cunnilingus como una mujer…
DIRECTORA SUCURSAL: ¿En serio?
YO: No le defraudaré.
DIRECTORA SUCURSAL: Supongamos que acepto su proposición. ¿Sabe a cuánto está un cunnilingus en el mercado?
YO: No tengo ni idea.
DIRECTORA SUCURSAL: A 50 euros, aunque en Colombia te lo hacen por 3 pesos.
YO: Estamos en España.
DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, a 50 Euros por, ejem, servicio, usted liquidaría su deuda en el año 46.025. Y eso si me hiciera uno diario.
YO: ¡No puedo creerlo! ¡Debe existir una solución!
DIRECTORA SUCURSAL: La solución es que usted satisfaga sus compromisos.
YO: Me voy a suicidar. Me voy a suicidar aquí mismo. En su oficina. Delante de todos los clientes.
DIRECTORA SUCURSAL: Tenemos otros amigos colombianos que harían desaparecer su cadáver y el de los testigos en un periquete.
YO: Me estoy empezando a hartar de Colombia.
DIRECTORA SUCURSAL: Pues no debería. Es un país precioso.
YO: Me estoy poniendo enfermo. Quiero irme a casa.
DIRECTORA SUCURSAL: Enseguida ordeno a tres compañeros que le ayuden a llegar a la puerta. No se preocupe. Nosotros vivimos para complacer…
YO: Son unos santos.
DIRECTORA SUCURSAL: Recuerde nuestra conversación.

Después de pensar seriamente en mis posibilidades de supervivencia he llegado a la conclusión de que debo largarme lo más rápidamente posible a Colombia, hacerme miembro de una mara y trabajar directamente para el banco. Podría ser su enlace o intermediario. Claro que antes tendría que convencer a esa especie de dóberman bancaria para que me concediese un mini crédito para pagar el pasaje. Y eso no lo veo factible. Tengo que ser sensato. Necesito mantener el cerebro ocupado o acabaré viniéndome abajo. ¿Y si atracara a un ancianita en la calle? Creo que definitivamente he perdido el rumbo.

Email del 22 de junio 2022 Leer más »

Email del 21 de junio 2022

Odd Nerdrum. Shit rock (2001)

Hola:

Como no me ha sucedido nada que pueda considerarse interesante desde que te envié el último email, voy a tratar de contarte lo poco que conozco sobre un tipo irrepetible dotado de una mente privilegiada que, aunque trabajó toda su vida para tratar de facilitarnos el futuro, prácticamente nadie conoce. En resumidas cuentas, este texto no es mas que otro capítulo de esa serie de mini-biografías que de vez en cuando escribo para demostrarte la abundancia de conocimientos que he adquirido desde que decidí afeitarme la cabeza.

A finales de la década de 1830, el gran escatólogo armenio Anoushavan Gasparián (1767-1849) realizó un descubrimiento sorprendente: la materia fecal huele. Hasta ese momento se pensaba que las heces sólo atufaban, por lo que dicha teoría causó un gran revuelo. Para acallar el escándalo, el rector del Colegio Nacional de Escatología Armenia se vio obligado a publicar un desmentido oficial que tranquilizó hasta cierto punto el ánimo del sector más reaccionario de la corporación oficial, constituida por el resto de colegiados y sus ex amantes. En dicho texto se intentaba demostrar la nulidad del verbo «oler» con respecto a cada una de las funciones corporales excrementales y, si bien se aceptaban los sinónimos «apestar» y «heder», se resaltaba con especial énfasis que la palabra correcta era «atufar», y que cualquier signo de cambio sería tomado como una intromisión inmoral y ultrajante. Ante esta disyuntiva Anoushavan decidió realizar un experimento que demostrara de una vez por todas que él tenía razón y el resto de vetustos colegas nadaban en la inopia del conocimiento. Lamentablemente su examen práctico fracasó y se vio obligado a admitir que su teoría era errónea.

A partir de este punto, la biografía de Anoushavan se vuelve confusa. Se sabe que solicitó el divorcio de su mujer pero que le fue denegado porque no estaba casado y que poco antes de morir se tatuó un epitelio intestinal en la espalda, pero ni siquiera se conoce el lugar ni la fecha exacta de su defunción, aunque se sitúa en la ciudad de Yeranos, en el verano de 1849. El resto son conjeturas.

Me gustaría que este minúsculo texto sirviera de reconocimiento a esa mente extraordinaria, ese heterodoxo incomprendido que intentó luchar con todas sus fuerzas contra la maquinaria establecida, corrompida por los designios de la estrechez racional más retrógrada y tradicionalista, apegada como una lapa a un inmovilismo pervertido repleto de contradicciones e incoherencia que, lejos de impulsar la inteligencia como prodigio meramente humano y casi divino, la arrastró hasta unas cotas de vileza decadente de la que tardaría décadas recuperarse.

Saludos

Email del 21 de junio 2022 Leer más »