Email del 14 de octubre 2015
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| Jamie Wyeth. Angus (1974) |
Hola:
Ciertos individuos -entre los que podríamos estar tú y algunos de mis numerosos yoes- están tan obsesionados por el pasado que se olvidan que existe un ahora. No es un presente ciertamente sencillo o asequible, ya que nos obliga a replantearnos ciertas paradojas existenciales. Y usando los términos «paradoja» y «existencial» no me refiero al mero hecho de sobrevivir más o menos dignamente, sino a… (¿A qué? ¿Qué diantres estoy escribiendo?)
Marcelo era el lugarteniente de Fermín. Este a su vez cumplía a rajatabla las ordenes de Salustio, que era bizco y tenía una hermana que trabajaba depilando ingles. Federico trataba de entrometerse en la vida de Cosme. Cosme escondía un arquetipo de brecha con rebaba en el bolsillo. Un día de hace unos cuantos años, Salustio envió a dos sicarios, entre los que se encontraban Marcelo y Fermín, a robarle el arquetipo de brecha con rebaba a Cosme. Éste, imaginando lo que le esperaba, se adelantó a la situación e intentó deshonrar a la hermana de Salustio, aunque debido a los nervios acabó desflorando a Bernardo, el joven sevillano que trabajaba para Federico. Cuando se enteró de lo sucedido Sergio, el amante albino de Bernardo, prometió debajo de un árbol centenario que se vengaría de Cosme de una manera brutal y perversa. (¡Caray! ¿Pero esto qué es? ¿Los Soprano en versión folclórica? No sé lo que me sucede hoy que no puedo concentrarme).
Era el día de la competición vacuna de Sagunto. Las vacas, toros y terneros se dejaban acicalar por sus dueños. Uno de ellos, el ganador de los anteriores cuatro años -viendo que aún faltaban dos horas para el concurso- se fue a tomar una cerveza al bar del gremio. Allí, entre trago y trago habló demasiado y confesó que se acostaba con uno de sus animales. Cuando el camarero cojo le preguntó qué placer podía obtener practicando la zoofilia, el campeón le contestó escupiéndole un gargajo bastante verde entre las cejas. El camarero atónito se sentó en una silla mientras trataba de dilucidar la manera en que debía proceder. (¡No! Esto es una nulidad totalmente provocativa y fuera de contexto. ¡Tengo que estrujarme la sesera!)
En las laderas del monte sin nombre existía una carretera sin tierra. Nadie paseaba por allí, ni siquiera el caminante sin rumbo. Cuando el sol se escondía tras el horizonte, los sapos salían de sus escondrijos y entonaban canciones monótonas mientras el viento trataba de llevárselos por delante. Los arbustos eran amigos por conveniencia y las plantas reptantes mezquinas. Incluso la pequeña ciénaga, que casi se escondía tras el dosel de piedras repletas de musgo, maquinaba a todas horas sobre la manera más conveniente de atraer a sus oscuras aguas a algún gamo despistado y, de esa forma, procurarse un poco de alimento. (Ajá, estas líneas prometen). Una mañana cualquiera, pero mucho mas amarilla que de costumbre, sucedió algo que cambió la percepción que hasta entonces tenía de ese paraje el hermano del caminante sin rumbo, el único que una vez había intentado deambular sobre el zigzagueante trayecto que, por miedo o superstición, estaba vetado a cualquiera que hubiera adquirido con el transcurso del tiempo la habilidad de un caminar bípedo. (¡Lo he vuelto a hacer! La he vuelto a fastidiar al intentar ponerme falsamente poético. Está claro que hoy no es mi día.)
Mi hermano no tiene dinero. Yo no tengo dinero. Mi vecino no tiene dinero. ¿Dónde está la pasta? Mi hermano es calvo. Yo soy calvo. Mi vecino es calvo. ¿Dónde se esconde el pelo? Mi hermano tiene un Apple. Yo tengo un Samsung. Mi vecino tiene un Nokia. (Infumable. Ciertamente infumable.)
Ser humano es un drama; ser animal, otro. Los animales tienen ciertos privilegios, como la nula capacidad racional, lo que les da cierta aureola mágica y transgresora que hace imposible una comparación lógica. Conscientes de su singularidad intelectual, los seres humanos se atreven a traspasar continuamente la línea. Esa línea que delimita lo que está bien de lo que no es aceptable. (¿Pero quién me creo que soy, el limpiabotas de Nietzsche?)
Handa ospusit un dal acacitin. Unde elein uf dasha ista lah dumecilin. Bastiaba uf ti lagain dashbitana un dal metronilla. ¿Anga uf jini flexa? ¿Anga uf matranoil sid bacatura? Nin. Nin og di turasa dam baterina. Nin og di nasabaza. Gunta is lamasarafida. (Me encanta. ¡Además nadie lo va a entender así que no podrán juzgar su calidad literaria!)
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