abril 2020

Email del 30 de abril 2020

Charles-Francois Daubigny. Edge of the pond (1873)

Amiga:

Ayer, a última hora de la tarde, mientras esperaba que el enema que me había aplicado hiciera efecto, escribí tres cuentecitos existenciales. El primero, titulado La poza del infierno trata sobre un pobre tipo que un día, mientras pasea por la calle, se encuentra un prepucio disecado que tiene voluntad propia y que le obliga a cantar el coro de la canción de los años sesenta de Miguel Ríos titulada El río, ya sabes el «masiu masiu masiu siu siu siu». El segundo, La charca del cielo relata las tribulaciones por las que tuvo que pasar un joven poco atribulado cuando se entera de que su madre en realidad no es su padre, y que a su padre, que aunque es madre, no es su madre, le encanta succionar. ¡Succionar! No sorber o absorber. Ni siquiera chupar o chupetear.  Y durante los últimos 25 años ha succionado y succionado sin llegar a expulsar y expulsar. El tercero, El cenagal del purgatorio, trata sobre una anciana de 19 años, es decir, sobre una anciana que ya lleva 19 años siendo anciana. Por supuesto para escribir este último relato me he basado en la obra del doctor Ramírez Ramírez Ramírez, también conocido como Ramírez³, geriatra afamado y coleccionista de campos magnéticos, cuyos ensayos sobre la vejez Náusea y Náusea repugnante causaron furor entre los adolescentes rebeldes hace unos pocos años.

Greg

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Email del 29 de abril 2020

Jehan Georges Vibert. La distraction (1888)

“Que nadie le toque las pelotas a alguien que ya ha decidido que se las han tocado en demasía.”
(Proverbio benimacletero)

Hace algunos años me distraje de lo que estaba haciendo, aunque no recuerdo qué estaba haciendo. Supongo que meditando sobre la imbecilidad o algo parecido. El caso es que me distraje de lo que estaba haciendo. Ah, ya recuerdo qué es lo que estaba haciendo: recitaba una poesía bastante tristona. Por lo tanto no meditaba sobre la imbecilidad o algo parecido, aunque supongo que al mismo tiempo que recitaba una poesía bastante tristona podía estar meditando sobre la imbecilidad o algo parecido. Sea como fuere, me distraje de lo que estaba haciendo. El resultado de la distracción cambió mi vida. En realidad cambió la vida de todos los que me rodeaban en aquel momento. Y la vida de todos los que rodearon en un momento u otro a aquellos que me rodeaban en aquel momento. Y la de los hijos e hijas de todos los que rodearon en un momento u otro a aquellos que me rodeaban en aquel momento. Por supuesto, también a los hijos e hijas de los que me rodeaban en aquel momento. Y a sus padres y madres. Y a sus suegros y suegras. Y a sus yernos y nueras. Y a sus amantes de ambos sexos. Y a sus perros o perras y gatos o gatas. Incluso al hámster de sexo indefinido de la sobrina de uno de ellos. Supongo que a esa sobrina también. Por lo tanto ese resultado cambió la vida de todos los sobrinos y sobrinas de todos los que me rodeaban en aquel momento. Y la vida de todos los sobrinos y sobrinas de todos los que rodearon en un momento u otro a aquellos que me rodeaban en aquel momento. ¡Fue un verdadero desastre! Todo por haber intentado hacer dos cosas a la vez, es decir, recitar una poesía bastante tristona (aunque no está contrastado) y meditar sobre la imbecilidad o algo parecido.

Desde ese instante de hace algunos años en que me distraje de lo que estaba haciendo, no ha pasado ni un minuto en que no piense que quizá debería haber estado más atento. Es posible que si en lugar de recitar una poesía bastante tristona hubiese estado interpretando una canción de Jacques Brel, quizá «On n’oublie rien» o «La ville s’endormait», no me hubiera distraído de esa manera y por lo tanto el resultado final hubiera sido diferente, al igual que la vida de todos los que me rodeaban en aquel momento. Y la vida de todos los que rodearon en un momento u otro a aquellos que me rodeaban en aquel momento. Y la de sus familiares y la de sus mascotas, hámster incluido. El problema es que mi acento valenciano me delata claramente cuando canto en francés, ya sean temas de Jacques Brel, Édith Piaf o incluso George Brassens. Sin embargo no me sucede lo mismo cuando entono melodías de cantantes filipinos como Rubén Tagalog, Fred Panopio u Otoniel Gonzaga. O cuando canto al mismo tiempo que bailo grandes éxitos de la música senegalesa, principalmente de Yandé Codou, Pape Diouf o Baaba Maal. O cuando silbo arrastrándome sobre el suelo. O cuando toco el birimbao arrastrándome sobre el suelo. O cuando imito a una garcilla bueyera apesadumbrada por la pena mientras me arrastro por el suelo. Me gusta arrastrarme por el suelo. Desgraciadamente nadie puede arrastrarse por el techo. Pero si pudiera, estad seguros de que silbaría arrastrándome por el techo, tocaría el birimbao, ya fuera del tipo urucungo o berra-boi, mientras me arrastrara por el techo, o imitaría a una jodida garcilla bueyera (del género Bubulcus) completamente apesadumbrada por la pena mientras continuara arrastrándome y arrastrándome y arrastrándome por el techo.

El abstraído Greg

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Email del 28 de abril 2010

Martiros Sarian. Mules, laden with hay (1910)

Recordarás la fecha del 11 de septiembre. ¡Pero del 2019, no del 2001! Ese día te envié un email en el que te explicaba que mi cuento Teresito, el tío Bandurrio y la mula Ranrán había sido elegido para representar a España en el XXI CILE (21º Concurso Internacional de Lecturas Extraordinarias) que tendría lugar durante el tercer intermedio de la quinta Asamblea de Relajación Progresiva, también conocida por el acrónimo ARP. Pues bien, he escrito una continuación de dicha narración en la cual el tío Bandurrio fallece debido a la Covid-19, Teresito se hace un harakiri fállido con una zanahoria de la variedad Chantenay y la mula Ranrán es selecionada para representar a España en el IX Festival Acemilar del Roznido Zoosemiótico (FARZ). Estoy completamente seguro de que cuando lo publique será (nuevamente) seleccionado para representar a España en el XXII CILE (22º Concurso Internacional de Lecturas Extraordinarias) que tendrá lugar durante el segundo, o quizá el quinto intermedio de la séptima u octaba Asamblea de Relajación (o Cuasirelajación) Progresiva o (Cuasiprogresiva), conocida por las siglas ARP o ACP o ARC o ACC.

Greg

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Email del 27 de abril 2020

André Masson. No name (XX cent.)

A Encarnación la llamaba Descarnación porque era una gran descarnadora, aunque también desollaba o desplumaba si era necesario. Trabajaba en una empresa cárnica descuartizando ovejas, cerdos y vacas. Cuando llegaba a casa después de una dura jornada de trabajo apestaba a cadáver, sin embargo yo tenía que hacerle el amor, ya que era mi pareja. Mientras vivía con Encarnación, me veía a escondidas con Sibila, a la que por hacerme el gracioso una vez llamé Pilila y que para castigarme dejó de acostarse conmigo durante ocho meses, lo que me indujo a liarme con la amante marroquí del cura de mi barrio, Waussila. Como no se me ocurría un apodo distorsionando su nombre, la llamé simplemente Wau. El problema es que cada vez que me dirigía a ella un número indeterminado de perros callejeros ladraban, aullaban o incluso gimoteaban mientras nos seguían como si esperasen algo más de nosotros.

Recuerdo a Descarnación hurgándose continuamente la nariz. Cuando no se hurgaba la nariz hurgaba en mis bolsillos o escarbaba entre sus recuerdos. Algunas veces los removía o los agitaba, como si de esa manera pudiera transformarlos a su antojo. Sin embargo también recuerdo a Sibila y su fastidiosa manera de dirigirse a los objetos inanimados, gritándoles mientras intentaba convencerles de que eran lo peor de lo peor y que si por ella fuese dejarían de existir para siempre. ¡Ah, Waussila! Waussila nunca llevaba bragas. Recuerdo el día en que expulsó el DIU mientras tosía. Intenté agacharme para cogerlo del suelo pero uno de los perros fue más rápido y se lo llevó en la boca como si fuera un pequeño tesoro, no sé, quizá una taba, una chita o un astrágalo.

Por las mañanas esperaba a Encarnación, pues trabajaba en el turno de noche. Por las tardes me iba con Sibila, pues trabajaba en el turno de mañana. Por las noches siempre me quedaba solo. ¡Hasta que puse mis ojos sobre Waussila! Como ella no trabajaba podía determinar sus movimientos a mi antojo. Hacía y deshacía y volvía a deshacer para luego hacer y rehacer. Y aunque a menudo tenía que espantar a los malditos chuchos, mi recompensa eran los trozos de pan ácimo consagrados y el vino de la eucaristía fuera de las horas de la conversión llamada transubstanciación.

PRESENTE DE INDICATIVO
Yo transubstancio
Tú transubstancias
Él transubstancia
Nosotros transubstanciamos
Vosotros transubstanciáis
Ellos transubstancian

PRETÉRITO PLUSCUAMPERFECTO DE INDICATIVO
Yo había transubstanciado
Tú habías transubstanciado
Él había transubstanciado
Nosotros Habíamos transubstanciado
Vosotros habíais transubstanciado
Ellos habían transubstanciado

IMPERATIVO
Transubstancia
Transubstancie
Transubstanciemos
Transubstanciad
Transubstancien

GERUNDIO
Transubstanciando

GERUNDIO COMPUESTO
Habiendo transubstanciado

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Email del 26 de abril 2020

Fernand Leger. Lovers (XIX-XX cent.)

Siempre he confiado en los «santo y seña» más o menos complicados para que mis amantes pudieran yacer conmigo sin temor a sus maridos o prometidos. He de señalar, no sin cierta satisfacción, que en cuatro décadas solo he sido pillado in fraganti, y por lo tanto apaleado con alevosía, en cuatro ocasiones. ¡Una por decenio! La primera ocurrió en un hotel situado a 35 kilómetros de la vivienda de la afortunada barragana y aunque el santo y seña ahora me parece un poco estrafalario y tontorrón («Mi culito está limpito»), en aquel momento creí que era único e indescifrable. En la segunda ocasión no falló la contraseña, que aunque no era de mi invención resultaba bastante sofisticada, pues debía toda justificación al asesino del zodiaco norteamericano («Por fuego, por arma, por cuchillo, por soga»). En realidad la cita fue un completo éxito. El problema surgió cuando ella se quitó el disfraz de ella y se convirtió en él. Y él no era otro que su marido que desde hacía unos meses sospechaba algo. La tercera vez que fui apaleado por un delito de «faldas y satiriasis» ocurrió en un momento de mi vida en el que todo me importaba una deyección. Supongo que el santo y seña de mi total autoría era demasiado largo («Las ideas arrastran a la displicencia, mientras esto sucede, el maelstrom de la memoria restablece la estructura del nimbo interior, destruyendo las ramificaciones aportadas por el desenlace cenestésico. Entonces es cuando se intuye que lo que fue quizá ya nunca vuelva a ser; que lo que se intentó jamás se volverá a pretender, en definitiva, que los sucesos que proyectaron y definieron el júbilo de la moderación desaparecerán para siempre. Y mientras la perpetuidad inconsciente presume de sus victorias y de sus fracasos, la gloria que delicadamente forja el caos incontrolado emerge a la superficie desde lo más profundo de la zona de subducción, en el abismo de la desesperanza».) Estoy convencido de que mi amante se hartó de mis contraseñas profundas y decidió que lo mejor era llamar a su esposo para que me hiciera un lifting facial rápido y sin cirugía. Y es lo que me hizo, aunque yo hubiera preferido que me realizara una liposucción de papada. En la cuarta ocasión la contraseña era corta y directa («Chupetéamela»), aunque con las prisas se la escribí en un papelito a un camionero en lugar de a la mujer despampanante con la que retozaba en aquella época. Por supuesto terminé en el hospital mientras que la mujer despampanante, su pretendiente oficial y el camionero batían varias plusmarcas sexuales.

Actualmente ya no me dedico al sexo. Obtengo mucha más satisfacción coleccionando cromos de jugadores de futbol de segunda y tercera división. Antes de que comenzara la pandemia cambié un cromito de Nicolás Gorosito por ocho, y estuve muy cerca de alcanzar el éxtasis inconmensurable antes de llegar a casa. Afortunadamente mis orgasmos callejeros son inapreciables para el resto de coleccionistas, colectores y recopiladores.

G

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Email del 25 de abril 2020

Vincent van Gogh. Willows at sunset (1888)

«La asimetría parcial en el vello ubicado en el monte de venus pélvico le provocaba una serie de trastornos somatomorfos que incluían dolores en las papilas gustativas e inflamación del crux hélix, antihélix, trago y meato auditivo. Los dolores en las papilas gustativas e inflamación del crux hélix, antihélix, trago y meato auditivo le ocasionaban una severa dismorfofobia de la cual solo se podía recuperar inyectándose varios mililitros de sedantes de uso veterinario como Butomidor o Dexmopet. Por supuesto, cuando esto sucedía, sus posibilidades de lograr una postura erguida se veían seriamente mermadas y en ocasiones permanecía en posición semiprona durante días. Al verse afectadas sus posibilidades de lograr una postura erguida y tener que permanecer en posición semiprona durante varias jornadas, sus probabilidades de convertirse en algo parecido a un viejo aparador sin ruedas ni puertas aumentaban de forma exponencial sus temores a morir olvidado por todos y todas. Los todos nunca le importaron demasiado, pero las todas a las que alguna vez amó, preñó y pagó el aborto en varias clínicas privadas se entrometían en sus sueños dexmedetomidínicos». 

El párrafo anterior pertenece a mi última novela titulada Hombre aquejado de histeria, neurastenia y furor uterino mirando por la ventana. Todos los lectores del blog que deseen poseer un ejemplar firmado por su autor, es decir yo, Greg López Pérez, solo tienen que cerrar los ojos con todas sus fuerzas y desear un volumen firmado. Sé que algunos no podrán llegar al final con el ejercicio volitivo y se tendrán que contentar con un apestoso libro de Javier Marías o Juan Manuel de Prada, aunque eso les obligará a cerrar los ojos en el futuro con mayor energía y a desear algo de una manera mucho más sólida y constante. Porque solo siendo firme se llega a mi corazón frío, calculador, codicioso y literariamente aliterante. Sin embargo, los pocos leyentes y seguidores de mi bitácora que consigan desear con todas sus fuerzas una copia firmada, la recibirán en sus domicilios previo pago íntegro de su importe.

Greg

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Email del 23 de abril 2020

Karlo Zvirynsky. Small things (1966)

Amiga:

El talante paradójico de Olegaria podía resultar frustrante. ¡Me imagino que como el de cualquier caja vieja de metal! No, no creas que estoy enfermo. Te juro por el bigote que me dejé en la mili que Olegaria fue la única caja a la que puse nombre. Ya han pasado más de 40 años desde que la bauticé y 30 desde que desapareció del cajón donde residía, sin embargo en numerosas ocasiones me acuerdo de ella. Y recuerdo todas las veces que guardé microcositas en su interior. Porque en una caja tan extremadamente pequeña (1 centímetro de largo por 0,5 de ancho) solo cabían microcositas. Una microcosita es como una cosita pero mucho más pequeña. Algunos estudiosos de los afijos, ya sea de los prefijos, sufijos o infijos, creen que una cosita poseé el triple de volumen que una microcosita, aunque en realidad nunca se han dado los números de teléfono los unos a los otros y para ponerse de acuerdo han tenido que comunicarse gritando desde los balcones y las terrazas. Lo cierto es que si una microcosita es tres veces más pequeña que una cosita, entonces, ¿cuántas veces más grande es una cosa que una cosita? ¿Y que una cosa enorme, inmensa o descomunal? Según los tipos de antes, los eruditos de los afijos, una cosa demencialmente exorbitante no necesariamente tiene ser más grande que una microcosita, no obstante para llegar a alguna conclusión conceptual, sería necesario vivir todos en la misma calle o por lo menos poseer algunos megáfonos de alta o altísima potencia. Un megáfono de altísima potencia es cinco veces más potente que un megáfono de alta potencia. ¡Afortunadamente no existen micromegáfonos! Pero si existiesen, se supone que serían de cinco a nueve veces menos potentes que un megáfono de alta potencia. Y eso… no lo digo yo, lo dicen los especialistas de los afijos de los que he hablado con anterioridad. Algo anterior, es previo a algo posterior y algo posterior es más anterior a cualquier cosa ulterior o subsiguiente.

Greg Rottenmeier

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Email del 19 de abril 2020

Jean-Michel Basquiat. Six crimee (1982)

Querida:

Hoy no tengo ganas de escribir. Ni siquiera de reescribir, sobreescribir, manuscribir, trascribir, prescribir o subscribir. Sin embargo voy a prepararte una especie de pequeña recopilación de párrafos fallidos o autocensurados de textos anteriores -como he hecho en alguna ocasión en el pasado- y esperar que de alguna manera cuele y justifique el día, literariamente hablando, por supuesto.

1-
Debido a mi avanzada edad, a veces tengo verdaderos problemas para ponerme los calzoncillos, sin embargo no me cuesta ningún esfuerzo quitármelos y tratar de lanzarlos sobre la canasta de baloncesto desde la línea de 6,75 metros. Siempre me pongo los gayumbos en casa nada más levantarme y ducharme, pero me los quito en el polideportivo delante de todos los tipos y tipas que puedan estar en esos momentos entrenándose y cuatro o cinco horas después de haberme dopado de lo lindo. Por esa razón, por haberme dopado y por exhibicionismo, suelo ser arrestado y confinado en una celda de 2 X 3 metros hasta que mi abogado abona la fianza y yo, en pago a sus servicios, permito que le haga el beso negro al amante de mi exmujer.

2-
En estos instantes sujeto con mi mano derecha la jeringuilla que hace solo dos minutos contenía cinco mililitros de clorpromazina de la marca Largactil, mientras que con la mano izquierda sujeto a la derecha. Me pesa todo el cuerpo. También me pesa el cuerpo de mi burro de la raza zamorano-Leonesa que descansa plácidamente sobre mí. Y de la misma forma me pesa el cuerpo de mi perro mestizo que descansa sobre el burro de la raza zamorano-leonesa. Y el gato siamés que descansa sobre el cuerpo de mi perro mestizo que a su vez descansa sobre el cuerpo de mi burro de la raza zamorano-Leonesa. Y me pesa el cuerpo de mi gallo criollo que descansa sobre el cuerpo de mi gato persa que a su vez descansa sobre el cuerpo de mi perro mestizo, que a su vez descansa sobre mi burro de la raza zamorano-Leonesa, que a su vez descansa sobre mí. ¡A veces me siento como Jakob Grimm!

3-
Mañana voy a distribuirme una mascarilla a mí mismo. Sin embargo estoy casi seguro de que la rechazaré. Por algún motivo que desconozco, siempre me ha gustado rechazar lo que se me ofrece. Aunque la persona que lo ofrezca sea yo. Pero si en lugar de ofrecerme una mascarilla me ofrezco 6000 euros, lo más seguro es que los acepte sin preguntar el origen de los mismos. Con esa cantidad de dinero puedo comprarme a mí mismo y todavía me sobrarían 5990 euros.

4-
Dios quiere ponerse en contacto conmigo telemáticamente. Según tengo entendido está hasta los cojones de mis opiniones ateas. Por lo tanto he llegado a la conclusión de que Dios tiene testículos. En el pasado he llegado a otras increíbles conclusiones. Y a unas pocas oclusiones… ¡intestinales! Las conclusiones las recopilo en una libreta de tapa dura. Las oclusiones… las oclusiones no son más que una mezcla compacta de materia fecal y por esa razón resulta imposible compendiarlas. Gracias a los enemas o a la pomada Lubristesic, antes llamada lubricante urológico Organón, que es mano de santo, puedo deshacerme de las heces fácilmente y con relativo sufrimiento. Pero eso no parece importarle a Dios, también llamado El Shaddai, El Yisrael, El Elyon, el Asintomático o Yahveh (es decir, yo soy el que soy), que sigue empeñado en leerme la cartilla.

5-
Vivimos en un planeta donde el 99% de sus habitantes son expertos. Expertos en coronavirus, expertos en biología molecular, expertos en forúnculos anales, expertos en colchones, en nutrición, en finanzas, en redes sociales, en alteraciones del sueño, en fisioterapia pediátrica, en micología, en ciberseguridad, en sexo, en gastronomía, en logística, en barbacoas, en microinjertos capilares, en terapias contextuales, en zoología y botánica, en ecografías musculoesqueléticas, en hipnosis, en kárate o taekwondo, en neuropsicología, en corte y confección, en fimosis, en protocolo, en rehabilitación de edificios, en urbanismo, en inteligencia emocional, en ñoñería, en ventilación mecánica no invasiva, en derecho laboral, genética, orfebrería, dislexia, papiroflexia, en cataplexia, anorexia, pirexia e incluso en cortinas, estores y visillos. En lugar de Tierra, este planeta debería denominarse ¡Expertia! Ya sabes… Nací en Expertia. Viví en Expertia. Concebí a mis hijos en un puticlub, quiero decir, en Expertia. Fallecí por COVID-19, pero, ojo, en Expertia.

6-
Sigo intentando destruir España…

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Email del 18 de abril 2020

Kazimir Malevich. Three heads (XIX-XX cent.)

PRIMERA INTERPRETACIÓN.
La interpretación teorética que se podría extraer de mis treinta y pico días de confinamiento anticoronavírico es bastante subjetiva. Sobre todo si la información proviene del BOE (Boletín Oficial de la Escalera), que es la gacetilla semanal publicada por los vecinos del patio donde vivo, y que incluye los últimos chismes y cotilleos. Te pondré algún ejemplo moderado: en la página 13 del número 102 de dicho semanario, es decir, el periodo que abarcó la semana del uno al siete de marzo, se publicó una foto del vecino del tercero A vestido con un mankini de color aguamarina que desató la furia de algunos inquilinos. Incluso uno de ellos, la vecina del segundo C, amenazó con prender fuego al edificio si dicho «marrano cian» no abandonaba su vivienda en un plazo de cinco minutos. Afortunadamente, y sobre todo, debido a la rápida intervención de algunos inquilinos poco propensos al homicidio incontrolado -entre los que me encontraba yo- el suceso no pasó a mayores, pero Remigio, el Borat del inmueble, tuvo que ser convencido de la idoneidad de correr sus cortinas cada vez que sintiera deseos de «trajearse» de esa manera en un futuro más o menos cercano, o por lo menos, hasta que dicha vecina muriera por el (o la) COVID-19.

SEGUNDA INTERPRETACIÓN.
La interpretación teorética que se podría extraer de mis treinta y pico días de confinamiento anticoronavírico es bastante subjetiva. Sobre todo si se centra en algunas de mis denominadas «noches plutonianas» y en los extraños archiperres que utilizo para hacer menos insoportable la soledad sexual. Ayer me equivoque al introducirme, ejem, ¡cosas…!, y casi termino atravesado, o mejor dicho, empalado, pues me costó más de dos horas extraer esas… ¡cosas…! ¡Creo firmemente que el renglón anterior no debería ser leído por el populacho no preparado intelectualmente! Digamos que vivir en soledad me está pasando fractura (nota: en realidad me refería a factura). Ya ni siquiera me afeito. Tampoco me ducho. No me corto las uñas de los pies ni los pelos de la nariz o las orejas. Si esto sigue así, cuando acabe el periodo de alarma pareceré un cerdo mangalica.

TERCERA Y ÚLTIMA INTERPRETACIÓN.
La interpretación teorética que se podría extraer de mis treinta y pico días de confinamiento anticoronavírico es bastante subjetiva. Sobre todo cuando me dedico a contar las horas que dedico al día a contar las horas. O cuando me dedico a contar los minutos. O cuando me dedico a contar los minutos que dedico al día a contar los minutos. O cuando en lugar de contar, enumero. O especifico. O clasifico. O simplemente me contento con etiquetar cada movimiento circunstancial. ¿A qué denomino movimiento circunstancial? Por ejemplo, a todos los desplazamientos pasillo arriba o pasillo abajo. O a todos los desplazamientos pasillo arriba seguidos de una serie imperfecta de saltitos acompasados que efectúo antes de reiniciar el pasillo abajo. O los desplazamientos progresivos desde la cocina al cuarto de baño o del cuarto de baño al primero de los cinco armarios empotrados. O al desplazamiento sin desplazamiento que ejecuto con la mente y en la que mi cuerpo cambia de lugar con la misma facilidad que yo cambiaba mis tontas ideas juveniles cuando tenía 54 años.

EPÍLOGO ELEMENTAL A LAS TRES INTERPRETACIONES:
Según puedo leer en mi diario personal, el último día que me afeité los testículos fue el 23 de noviembre de 1997. Desde entonces he pagado a una afeitadora de testículos profesional para que me los dejase aseaditos e higiénicos. Sin embargo, con motivo del estado de alarma debido al jodido bichejo, me he visto obligado a aplicar un ERTE a dicha afeitadora de testículos profesional.

EPÍLOGO ADJUNTO AL EPÍLOGO ELEMENTAL A LAS TRES INTERPRETACIONES:
Acabo de ensillar mi caballo. ¡Regreso a Moscú!

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Email del 17 de abril 2020

Arturo Souto. Slums (1932)

Antaño, el conocido barrio de Los Difuminaditos fue famoso por sus perfilamientos. Sin embargo, desde hace unos años pertenece a los adoradores pseudoeucarísticos, la banda seudocreyente, seudodevota y seudopracticante que hace y deshace siguiendo las órdenes de su líder, Pluribus Ex Ex. Como profundo conocedor de la mayor parte de malos rollos pseudovalencianos, hace unas semanas decidí ensanchar un poco más mis conocimientos solicitando una entrevista a Vultus Vestigĭum, también llamado Gallicum Gallicum por su doble ascendencia francesa, y lugarteniente de Pluribus Ex Ex, que me la concedió con una rapidez y amabilidad que me dejaron patidifuso, aunque poniendo como condición sine qua non que estuviera presente su propio lugarteniente Famŭlus Oris, es decir, el lugarteniente del lugarteniente del jefazo supremo. Resolvimos reunirnos en lo que hace varias décadas fue el bar Esquivo y que ahora hace de sala de intendencia. Cuando estuve a menos de un metro de Vultus (o Gallicum) pude observar que su rostro blanquecino era inusitadamente bello, aunque un tanto cuadrado, lo que le daba un toque a otárido repudiado que me produjo una especie de antipatía molesta que duró hasta el final del rendez-vous.

YO: Antes de empezar, me gustaría darte las gracias por la amabilidad y confianza que has demostrado desde que confirmamos esta reunión.
VULTUS: Vultus siempre es amable.
YO: Y ahora mi primera pregunta… Cuál es el principal motivo por el cuál Pluribus Ex Ex nunca concede entrevistas. He oído por ahí que la razón primordial es que es sordomudo, aunque para algunos simplemente no existe y todo forma parte de un enmarañado bulo inventado por ti, Vultus, y por tu hermano mayor, Senectus Senis.
VULTUS: Vultus siempre dice la verdad.
YO: ¿Y cuál es la verdad?
VULTUS: Vultus afirma que Pluribus Ex Ex existe.
YO: ¿Entonces por qué no da nunca la cara?
VULTUS: Vultus es el encargado de dar la cara. Vultus está ahora dando la cara.
YO: ¿Por qué no existe ni una sola foto de Pluribus?
VULTUS: Vultus cree, aunque no está seguro, que Pluribus Ex Ex no se deja fotografiar porque es muy poco fotogénico.
YO: ¡Entiendo! Pero, aparte de ti, ¿existe más gente que lo conozca? Físicamente, quiero decir…
VULTUS: Vultus lo conoce. Mi hermano Senectus Senis lo conoce. Famŭlus Oris, aquí presente, lo conoce. Virgo Inis lo conoce. Socius Heres lo conoce. Avis Penna lo conoce. Vinum Pocŭlum lo conoce. Ratis Navis no lo conoce, pero lo conocerá próximamente. Humus Ruris lo conoce. Su prima Terra Pratum también lo conoce. Cibus Arum lo conoce. Ovis Cornu lo conoce. Mulier Fēmina lo conoce…
YO: Perdona que te interrumpa, Vultus. Ya veo que parte de vuestra congregación lo conoce pero, aparte de ellos, es decir de su círculo cerrado, creo que nadie más ha podido verlo nunca.
VULTUS: Vultus está convencido de que eso es algo irrelevante. ¿No lo crees así, Famŭlus?
FAMULUS: Famŭlus lo cree así.
VULTUS: Vultus y Famŭlus creemos que es una apreciación inconsistente.
YO: ¿Podrías tú, Valtus, o tú, Famŭlus, presentarme a Pluribus?
VALTUS: Vultus piensa que tu petición está mal formulada y Famŭlus no puede responder porque se está hurgando la nariz.
YO: Me parece tan extraño todo. Porque si tú, Valtus, fueras el caudillo de todo este invento callejero inframístico no tendrías ningún motivo para ocultarlo, ¿verdad?
VALTUS: Valtus solo es un jefe menor. Valtus ayuda y da consejos a su superior, que es Pluribus Ex Ex. Valtus no tiene nada que decir al respecto.
YO: Tus padres eran franceses, mi pregunta es, ¿qué hace un galo atractivo y muy educado siendo el segundo de abordo de una logia pía, o impía, según se mire…
VALTUS: Los padres de Vultus eran franceses, sí, pero hablaban en flandre française. Los abuelos de Vultus eran franceses y nunca conversaban con nadie, por esa razón los llamaban les flamants français silencieux. Valtus entró en España de contrabando en 1970 y como le gustó lo que vio, decidió quedarse para siempre.
YO: ¿Cómo conociste a Pluribus Ex Ex?
VALTUS: Fue presentado a Valtus por Aevum Aetas cuando todavía se llamaba Pepe García Núñez.
YO: ¿Quieres decir que el verdadero nombre de Pluribus Ex Ex es Pepe? ¿José García Núñez?
VALTUS: Valtus quiso decir que Aevum Aetas antes de convertirse en Aevum Aetas era Pepe García Núñez. Valtus desconoce quién fue Pluribus Ex Ex antes de convertirse transformarse en Pluribus Ex Ex.
YO: Está claro que hay una especie de velo en torno a quién es Pluribus Ex Ex. Valtus, o Gallicum, o como quieras ser llamado, estoy llegando a la conclusión de que los que afirman que en realidad tú eres Pluribus Ex Ex tienen razón. Lo que no entiendo es por qué no quieres admitirlo.
VALTUS: Valtus es Valtus, como Senectus Senis es Senectus Senis o Famŭlus Oris, aquí presente, es Famŭlus Oris. Valtus está convencido de que todos somos quienes somos. ¡Valtus dice que la entrevista ha finalizado!
FAMULUS: ¡Valtus ha hablado!

Y eso fue todo lo que pude sacar de ambos tipos. Cada cuál puede extraer sus propias conclusiones. O adoptar las de los que estén más cerca. La mía es que echo de menos el barrio de Los Difuminaditos cuando todavía era un suburbio famoso por sus perfilamientos.

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