abril 2020

Email del 16 de abril 2020

William Michael Harnett. Still life writing table (1877)

Querida:

No existe ninguna duda de que el crujido que oigo cada vez que me levanto de cualquier silla proviene de cada una de esas sillas y no de mis huesos. Lo que verdaderamente me extraña es que hasta hace unos pocos años esas sillas no hacían el menor ruido. Acomodado en algunos de esos asientos he escrito los tres libros que me han catapultado a lo más alto del panorama literario plutoniano cosmoenergético: Cumpleaños desliz, Metedura de lata y No tengo pelos en la tregua. Sin embargo creo que ha llegado la hora de visitar la tienda de muebles más cercana a mi hogar para comprar otro conjunto de sillas modernas de comedor, pues es en esa estancia donde suelo pensar, desarrollar y escribir mis plutonianos cosmoenergéticos textos.

Recuerdo cuando manuscribí mi primer ensayo de juventud titulado Palitos en casa de mis padres. Tenía 17 años y el mundo por delante. A esa obra le siguieron Piedrecitas y Palitos y piedrecitas. Una vez abandonado el nido familiar me sumí en una etapa de creación realmente fructífera y en un periodo de tres meses escribí cuatro novelas, dos poemarios, siete libros de cuentos y nueve ensayos pertenecientes a lo que llamé «mi periodo geométrico». De todo ese conjunto de volúmenes destacaría Dodecagonal imperfecto y Balsameras cuadriformes. Pero no fue hasta que se publicó mi siguiente libro, que en realidad era una recopilación de párrafos pertenecientes a Palitos y piedrecitas y Balsameras rectangulares, cuando pasé de ser un completo desconocido a un perfecto ignorado. Para celebrar mi fracaso como hombre y artista escribí Bálano sampaku, que se convirtió en un escándalo internacional por el que fui vetado sin compasión durante una larguísima década.

Afortunadamente supe reinventarme y en el año 2002 desarrollé y perfeccioné el movimiento plutoniano cosmoenergético. Mi primer tratado titulado Gato por fiebre se convirtió en un éxito arrollador. En los años sucesivos publiqué Tener la sartén por el fango, En menos que canta un callo, No está el horno para chollos, Al pie del muñón, Contigo pan y bambolla, y los anteriormente mencionados, Cumpleaños desliz, Metedura de lata y No tengo pelos en la tregua.

En estos momentos estoy escribiendo mi primera novela en inglés a la que seguramente titularé Mr. Nathaniel Cooper, chairman of the New Hampshire Agricultural Committee, has been slaughtered and his entrails used to make sausages. Por supuesto, se trata de una historia de terror tanatológica, nosológica, criminológica y ontológica repleta de pasiones prohibidas, desbordadas e irrefrenables. El argumento es tan sencillo que por momentos resulta extremadamente complicado, no obstante voy a intentar enmarañarlo hasta el paroxismo para que al final parezca asequible y francamente elemental.

Te mantendré enjalmada…

Greg

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Email del 15 de abril 2020

Rudolf von Alt. The banking and stock exchange building in the Lord (XIX-XX cent)

INFORMACIÓN IMPORTANTE:
Desde hace varios años gran parte de los usuarios que leen este blog me escriben expresando su admiración por mi espantoso trabajo. Algunos de ellos llegan un poco más lejos y me exigen que les proporcione un número de cuenta bancaria en el que puedan ingresar sus donaciones para que yo pueda vivir rodeado de todos los lujos que me merezco y, que por un motivo u otro, actualmente no están a mi alcance. ¡Y la verdad es que creo que tienen toda la razón! Por ese motivo, voy a transigir y aceptar todos los donativos superiores a 1000 euros que reciba a partir de mañana. ¡Y todos los estupefacientes, bebidas alcohólicas, mascarillas FFP3 y prostitutas de alto standing que quieran enviarme!

Cuenta bancaria (Iban):
ESÑ7 210W 5X53 4100 POO3 7771

Dirección del pabellón Despotricador S.L.:
Bulevar del luético don Escolástico Coles.
Número 259. Escalera J. Puerta 33
46020 – Valencia

Gregorio López Pérez (administrador de la bitácora)

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Email del 14 de abril 2020

Camille Corot. Old man seated on corot´s trunk (1826)

El siguiente texto fue encontrado pespunteado sobre la portañuela de un mini slip masculino adquirido a través de una tienda online en Internet.

«Les llamaban «los bauleros», pues traficaban con baúles, cofres, arcas y maletones. Antes de dedicarse a esos menesteres trabajaron un tiempo aromatizando productos para un perfumista reconcomido por sus propias circunstancias. Entonces eran conocidos como «los balsamizadores trasudadores», ya que transpiraban copiosamente cada vez que destilaban esencias a partir de sustancias aromáticas procedentes de algunas variedades de plantas y arbustos. Por las calles de mi ciudad se comenta que dentro de siete años y medio serán bautizados como «los alfombreros», por lo que se supone que se dedicarán en cuerpo y alma al negocio de las alfombras, moquetas y esteras, aunque cabe la posibilidad de que terminen sus días garrapiñando frutos secos.

Yo soy calzoncillero. Diseño y confecciono algunos de los calzoncillos personalizados más deseados del mundo. ¡Y no son baratos! Aunque trabajo completamente solo, puedo llegar a fabricar tres piezas al día del modelo «Apodíctico» con patrón a crochet o siete del modelo «Chorroborro» con patrón a la virulé. Sin embargo, aunque estoy muy satisfecho con mi profesión, me desagrada que se dirijan a mi con un «Hey, señor calzoncillero», «Por favor, señor gayumbero» o «Señor gayumbeiro» (esta última forma, cuando visito Lugo o Pontevedra).

Mi hermano era un vago. Dicen que uno de los más grandes de los últimos dos siglos. Hace una década intentó montar un pequeño negocio, pero al final terminó montándose en un penco atezado que le llevó directamente hacia el final de su existencia. Jamelgo y humano perecieron juntos cuando estaban a punto de llegar a su ansiada alguna parte. Poco se supo si esa parte fue la elegida por alguno de ellos para su consumación. En realidad poco importa ahora. Yo sigo con mis agujas y dedales intentando bordar un muflón verde helecho sobre un calzón amarillo Nápoles.

Los bauleros han recurrido la sanción del ayuntamiento. Ayer se reunieron en comandita y acordaron no abonar ninguno de los recargos. Espero que por lo menos me paguen los siete calzoncillos con alces, ciervos, rebecos, íbices, muflones, uriales y corzos que me encargaron bordar en sus prendas interiores customizadas. Es curioso, a mi hermano no le gustaban los bichos pertenecientes a la subfamilia Caprinae. Él prefería las mangostas, civetas y meloncillos. Sin embargo, yo… ¡yo soy más de mamíferos marinos! Todos los calzoncillos y slips que confecciono para mí mismo llevan unos preciosos rematados rústicos con figuritas de ballenas, marsopas, delfines, otarios, dugongos y similares. El que llevo en estos instantes es el que yo llamo calzón bóxer beluga, perteneciente al modelo «Chorroborro» con patrón a la virulé, que en realidad es un falso chorroborro o una variación de chorroborro adocenado».

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Email del 13 de abril 2020

Autor desconocido. Je suis une merde et je compte bien le rester (Soy un pedazo de mierda y pretendo seguir siéndolo)

AVISO IMPORTANTE:

Hoy he lanzado la actualización 7.0 – 7.1.2 de la app que desarrollé en 2017 bajo el larguísimo nombre de Conjunto de mierdas psicóticas claramente estructuradas y mañana pondré a la venta mi segunda app -desarrollo avanzado de la anterior- con el título de Conjunto de mierdas psicóticas claramente desestructuradas. Ambas aplicaciones se complementan, y aunque todavía estoy trabajando en una posible unificación, o por lo menos una compatibilidad elemental entre las mismas, a partir de las 24:00 horas de hoy será absolutamente necesario tener instaladas ambas para poder sacar el máximo partido a dichos programas.

Ventajas de usar ambas apps:
-Interfaz más fácil de usar.
-Ganancia de resolución de las imágenes de las mierdas, tanto las estructuradas como las desestructuradas.
-Se podrá compartir mierdas en forma de documentos con cualquier persona que use ambos programas.
-La app permanecerá de forma continua en el smartphone del usuario.
-Nuevos emoticonos de mierdas estructuradas felices y de mierdas desestructuradas enamoradas.
-Copia de seguridad para tus más preciadas mierdas.
-Posibilidad de encriptar las mierdas (solo las estructuradas) más importantes.
-Nueva función de búsqueda.
-Acceso remoto para teletrabajo.
-Acceso total a contenido y ofertas.

Instalación del software de «Conjunto de mierdas psicóticas claramente estructuradas» en menos de dos minutos.
-Descargar la aplicación «Conjunto de mierdas psicóticas claramente estructuradas» para Mac o Windows
https://eldespotricadoranhedonicodelasmierdasestructuradasparamacowindows.blogspot.com
-Descargar la aplicación «Conjunto de mierdas psicóticas claramente estructuradas» para iPad:
https://eldespotricadoranhedonicodelasmierdasestructuradasparaipad.blogspot.com
-Descargar la aplicación «Conjunto de mierdas psicóticas claramente estructuradas» para tabletas Android
https://eldespotricadoranhedonicodelasmierdasestructuradasparatabletsandroid.blogspot.com

Instalación del software de «Conjunto de mierdas psicóticas claramente desestructuradas» en menos de dos minutos.
-Descargar la aplicación «Conjunto de mierdas psicóticas claramente desestructuradas» para Mac o Windows
https://eldespotricadoranhedonicodelasmierdasdesestructuradasparamacowindows.blogspot.com
-Descargar la aplicación «Conjunto de mierdas psicóticas claramente desestructuradas» para iPad:
https://eldespotricadoranhedonicodelasmierdasdesestructuradasparaipad.blogspot.com
-Descargar la aplicación «Conjunto de mierdas psicóticas claramente desestructuradas» para tabletas Android
https://eldespotricadoranhedonicodelasmierdasdesestructuradasparatabletsandroid.blogspot.com

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Email del 11 de abril 2020

C. R. W. Nevinson. The unending cult of human sacrifice (1934)

Querida:

Todos los primates, entre ellos el delicadísimo y disminuido intelectualmente ser humano, poseen un pulgar oponible en cada mano. Personalmente no termino de sacarle provecho a ninguno, pues son demasiado gordos para metérmelos en las narices y demasiado delgados para introducírmelos por el culo. Sí, vale, me sirven para asir las manzanas fuji o los cruasanes y evitar que se me caigan al suelo, no te lo discuto. ¡Pero hubiese preferido nacer con menos dedos y más bienes herenciales! ¿Crees que soy un tipo egoísta por expresarme de esta manera? En realidad soy una curiosidad viviente repleta de virtudes y cualidades. ¡Y como tal debería ser reverenciado!

Sé que jamás he hecho nada para demostrar mi admiración por cualquier tipo o tipa perteneciente a los homínidos bípedos y (supuestamente) pensantes. Supongo que la principal razón es que nunca he sido capaz de respetarlos. Ni siquiera me he doblegado a acatar los consejos, acciones y reacciones de los que han intentado convertirme en algo semejante a ellos. Siempre me he conformado con interactuar con guitarras, películas, discos, libros, animales y plantas, aunque en unas pocas ocasiones he tratado de que mi contacto obligatorio con los «grandes salvadores (y salvadoras) de la humanidad» no fuera demasiado intenso. En realidad solo he estado cerca de otras personas en cinco ocasiones desde 1978…

Primera ocasión (14 de enero de 1979).
Segunda ocasión (3 de marzo de 1983).
Tercera ocasión (19 de mayo de 1990).
Cuarta ocasión (11 de septiembre de 2001)
Quinta ocasión (1 de febrero de 2005)

En la primera ocasión me reuní con mis padres, mis hermanos y el resto de mi familia, tal y como solía hacer a menudo, y les comuniqué mi transformación en Pthirus pubis. Al principio no me creyeron y se cachondearon de mí, pero cuando modifiqué mi estructura corporal hasta convertirme en ese insecto anopluro brutalmente irritante y me dirigí e instalé durante 20 minutos en el monte de Venus de mi abuela Rosenda todo cambió. En la segunda ocasión fui invitado por error a una demostración de vasallaje y en lugar de… ¿Sabes? No creo que sirva para nada contarte mis cinco secretos en forma de ocasiones. Supongo que la culpa es mía por intentar demostrarte que existen. ¡En ocasiones peco de estólido y turro!

Para terminar, me gustaría que te quedara clarito que sigo considerándome el sujeto más DD (decadente y degenerado) del continente. No foolin’! Y aunque creo firmemente que algo está cambiando ahí afuera, (el incremento en el número de fallecidos, por ejemplo), todavía sigo sin esperar nada de nadie. Ni siquiera de ti.

Greg «Ñam ñam» López (también llamado Gregory «Miam miam» Lopez Pérez o Gori «Yum yum » López de Cemetery)

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Email del 8 de abril 2020

Dorrit Black. The string quartette (1935)

Escucha:

Chin chin chin chiiiiin chin chof
Chin chin chin chiiiiin chin chof chof
Chin chin chin chiiiiin chin chof
Chin chin chin chiiiiin chin chof chof

Es la nueva melodía que he compuesto para que cuatro sin techo con estudios musicales me la interpreten como cuarteto de cuerda cada mañana cuando me levante. A cambio de sus servicios les he prometido regalarles una botella de paraquat por cabeza.

Ahora presta atención:

Chin chin chiiiiin chof
Chin chin chiiiiin chof chof
Chin chin chiiiiin chof
Chin chin chiiiiin chof chof
Rechof rechof rechof

Aunque pueda parecerte similar a la melodía anterior tiene algunas diferencias que la hacen claramente distinguible y, a mi juicio, superior. Y qué puedo decir de los tres «rechofs» finales, salvo que creo que proporcionan a la línea melódica principal cierta atonalidad circunspecta que eleva el nivel compositivo hasta una cota difícil de superar. Pues bien, esta melodía será interpretada por dos de los anteriores músicos mendigos y por sus exnovias entre las 22:00 y las 23:00 horas, justo antes de ponerme los peucos y el pijama y meterme en la piltra.

También he compuesto otra armonía que será cantada a capella por varias exviudas mientras me ducho. Como en estos instantes no dispongo de exviudas he aplazado el estreno mundial de dicha obra, aunque estoy en condiciones de adelantarte un poquito…

Chin chin chiiiiin rechof rechof
Chin chin rechof rechof chin chin
Chin chin chiiiiin rechof rechof
Chin chin rechof rechof chin chin
Rechof rechof rechof

Greg

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Email del 7 de abril 2020

Andy Warhol. Telephone (1961)

Ma très chère: 

Esta mañana me he asomado a la taza del inodoro, pues no me atrevía a sacar la cabeza por la ventana. Imaginaba que si lo hacía un bichito perteneciente a la estirpe COVID-19 saltaría los 25 metros que me separan del suelo y se agarraría a mi cara como la protérvica larva del xenoformo parasitoide del alien de Ridley Scott. Sí, lo sé, a veces puedo llegar a ser más maniático que un picozapato. Pero qué se puede esperar de un neurasténico hidrópico, medroso, fullero, asocial, disocial, antisocial y, en ocasiones, pestilencial.

Después de cerrar la tapa del váter y asegurarme de que nadie desde el interior podría abrirla, me he dedicado a jugar conmigo mismo a la pizpirigaña hasta que una perspicua llamada de teléfono me ha devuelto a la realidad…
-¿Hola?
-Buenos días. ¿El señor Gregorio, por favor?
-Sí. Soy yo. ¿Qué desea?
-¿Es usted Gregorio López Pérez?
-¡El mismo!
-¿El hijo de Gregorio López García?
-Por desgracia, sí, ejem… quiero decir que sí, soy su hijo. ¿Me va a decir qué es lo que quiere?
-¿Gregorio, el hijo de María del Carmen?
-Sí, soy Gregorio López Pérez, el hijo de Gregorio y Mari Carmen…
-¿El mismo Gregorio que vive en el distrito postal 46020?
-¡No! Lo siento. No soy Gregorio López, sino su amante Eberarda. Si nota mi voz demasiado grave es porque trago mucho semen…
-¿El mismo Gregorio que se hace pasar por un despotricador anhedónico en un blog que no lee nadie?
-¿Esto es una broma, verdad?
-¿El nieto de Vicente y Narcisa?
-¡Que le den! Voy a colgar…
-¿El bisnieto de Tomás y Hortensia? ¿El tataranieto de Fabriciano y Pánfila? ¿El chozno de Regino y Salvadora? ¿Sus trastatarabuelos fueron Victoriano y Melchora? ¿Y sus pentabuelos, Sandalio y Otilia? ¿Y sus hexabuelos, Herminio y Lorenza? ¿Y sus heptabuelos, Custodio y Epigmena? ¿Y sus octabuelos, Amalio y Feliciana? ¿Y sus nonabuelos, Expiración y Heriberto? ¿Y sus decabuelos, Floro y Jacoba?
-Pero… ¿Pero esto qué es?
-Si usted es ese Gregorio López Pérez, entonces creo que me he equivocado. Lo siento. ¡Adiós!

Como comprenderás tas, quiero decir, tras… ¡Todavía sigo conmocionado! Tras la llamada me senté sobre mi perro Gongo y me fumé una reproducción de un músculo digástrico de metal que hasta ese momento me había servido de pisapapeles. Luego, inspiré, espiré y a punto estuve de expirar, con equis. Sin embargo traté de recomponerme anímicamente haciendo 1700 flexiones declinadas sin interrupción. Cuando terminé de ducharme tras el machacamiento intensivo me entraron ganas de socializar con un policía, así que saqué la testa por la ventana, esta vez la de verdad, y a punto estuve de gritarle a los dos agentes que vigilaban los confinamientos que iba a bajar a la calle desnudo para que puntuaran del 0 al 10 las exquisitas redondeces de mis glúteos.

Greg

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Email del 6 de abril 2020

Trophime Bigot. A physician with a urine sample (1633)

Hola:

Cuando mezclo azul y rojo obtengo una tonalidad violácea que me recuerda al vómito producido por la inhalación reiterada de formaldehído. Sin embargo cuando mezclo azul y verde el resultado es un azul verdoso y francamente sucio similar a la pulpa del stridojoso, el fruto deletéreo que solo existe en mis más horripilantes pesadillas. Por esa razón, desde hace algún tiempo solo mezclo vodka Stolichnaya y vodka Tsarskaya. Algunas veces a la mezcla resultante le añado unos centilitros de alcohol etílico y un chorrito de poitín. El resultado casi siempre es el mismo: pérdida total de conciencia.

Cuando me encuentro en esa lamentable condición suelo mearme encima. Afortunadamente mi orina huele a savon de Marseille, aunque a decir verdad, eso me ha traído bastantes problemas, pues en cuantiosas ocasiones, después de despertarme de una cogorza realmente impresionante he tenido que separar a numerosos individuos de ambos sexos que se encontraban como drogados y alucinados respirando alrededor de mis orinientas partes íntimas.

Se han hecho un par de estudios (off the record) sobre las propiedades de mis micciones, pero los resultados no han sido determinantes. En la segunda investigación, que todavía no se ha dado por finalizada, los ánimos de los científicos están por los suelos. Algunos creen que en lugar de estudiar las meadas de un alcohólico putero deberían estar junto a sus mujeres e hijos y el resto cree que también deberían estar junto a las mujeres (pero sin los hijos) del grupo anterior, ya que sus propias parejas han envejecido de una manera extraordinariamente dramática y cuando apagan las luces de sus dormitorios sienten miedo cerval.

Sea como fuere, mis tajadas obedecen a un acto de fe suprema. Cada vez que cojo una melopea, lo hago porque como prosélito humanista estoy obligado a distribuir parte del amor que atesoro. Poco importa que las porciones de ese amor salgan de mi cuerpo transformadas en sales minerales y urea. Supongo que como partidaria incondicional de la parafilia denominada lluvia dorada estarás completamente de acuerdo.

Greg «Vejiga» Pérez

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Email del 5 de abril 2020

Roberto Bernardi. Supermarket (21st century)

Amiga:

El viernes pasado fui a comprar a un supermercado. Como carezco de mascarilla me protegí la boca y la nariz con una rebanada de pan Bimbo con corteza, ya sabes, el clásico de toda la vida. Cuando me puse delante de la cajera dispuesto a pagar mi compra se acercó uno de los de seguridad, y con cara de trasgo íngrimo me recriminó mi actitud, según él, excesivamente socarrona. Estaba claro, aunque él nunca se dio cuenta, que después de más de un mes soportando al patarata COVID-19 mi paciencia había llegado a un punto sin retorno, así que sin mediar palabra saqué de uno de los bolsillos mi varita mágica telescópica y transformé al segurata en una faja moldeadora y contenitiva de color crema. A los pocos segundos del acontecimiento mágico dos tipas que hacían cola se arrojaron de cabeza a por la prenda. Te juro por Cosme Engracia, el amante ágrafo y egótico de tu tía Esmeralda, que cuando salí del establecimiento todavía se peleaban por el delusivo ceñidor, más o menos elástico.

Después de aprovisionarme de víveres me dirigí a la farmacia. Al entrar el farmacólogo me pidió que que me quitara la rebanada porque no entendía lo que le decía. Yo le respondí que acababa de decir «hola», sin embargo él seguía en sus trece y cuando le pedí Hemorrane me trajo Vagisil. Como creía que me estaba vacilando volví a sacar la varita y lo transformé en una estatua de arenisca que representaba al furor uterino desquiciado. Al percatarme de que era el único boticario en esos momentos, salté el mostrador y me llevé todos los geles hidroalcóholicos, guantes de látex y laxantes que pude conseguir. Tuve mucha suerte porque justo cuando salía hacia la calle entró una anciana con aspecto de lambrucia superferolítica que me miró durante casi un minuto de una manera asquerosamente despectiva.

Antes de subir la escalera para dirigirme a mi domicilio me senté sobre el suelo del cuarto de los contadores, pues sabía que allí estaba seguro de que no me vería ni la poli ni el ejército, y llegué a una extraordinaria conclusión que no debería dejar indiferente a nadie: aunque suenen fonéticamente similares, «Bochinche» y «Buchinche» tienen significados totalmente diferentes.

Greg «Silueta integral» López

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Email del 4 de abril 2020

Theodor Severin Kittelsen. Spider (XIX-XX cent.)

Querida:

Cada vez que llego a una determinada fase de la existencia, y créeme, en mi caso hay un número considerable, acabo llegando a la misma conclusión. ¿Cuál es? ¿Cuál es? No puedo decírtelo. ¡Pero podría ofrecerte algunos buenos indicios! Si no te gusta jugar a las pistas podría invitarte a un bocadillo de anchoas, por supuesto cuando termine el estado de alarma. Si es que termina alguna vez, pues siempre que me asomo a la ventana escucho toses, estornudos y carraspeos. Claro que dentro de mi casa también escucho toses, estornudos y carraspeos. Y eso que vivo solo. Bueno, me refiero a que soy el único humano. ¡Aunque no siempre he vivido solo! En el pasado tres lustrosos arácnidos de patas largas se ocultaban detrás de mi ataúd. Déjame que te explique…

Hace un par de años me tocó un féretro en un concurso de pensamientos fúnebres. Se lo ofrecí a mis amigos, pero ninguno quiso quedárselo, así que terminé llevándomelo a casa y arrimándolo a una pared. Con el tiempo fui almacenando bebidas y vasos hasta acabar transformándolo en algo parecido a un mueble bar, eso sí, bastante tétrico aunque con un toquecito chic. Y era en ese enser donde vivían mis arañas. Generalmente se ocultaban entre la parte posterior y el tabique, aunque en ocasiones se aventuraban y emprendían pequeñas excursiones hacia el sofá de tres plazas.

A la más vieja la llamaba Vieja. A su pareja la llamaba, Pareja. Y a la más pequeña, Pequeña, aunque a veces, sobre todo cuando me enfadaba, me refería a ella como la «jodida renacuaja con ocho ojos convexos y ocho patas filamentosas». En realidad nunca supe si fue la hija de Vieja y Pareja o solo una prima lejana. De una cosa estoy seguro: Pequeña era retrasada mental. La primera vez que me di cuenta fue el 13 de febrero de 2018. Me acuerdo porque ese mismo día llegué a una de esas considerables conclusiones existenciales sobre las que te hablé en el primer párrafo. Recuerdo que estaba tumbado sobre una alfombra estrujándome la sesera e intentando mentirme a mí mismo acerca de la manera de soportar la estulticia moral y el cretinismo emocional de esta infecta sociedad, cuando de repente escuché unos ruiditos semejantes a los que haría un bedel cojo golpeando con una muleta sobre un colchón de látex. Cuando acerqué mi ojo y mis narices hacia el lugar de donde provenían dichos crujidos, aunque creo que sería mejor llamarlos estridencias o chasquiditos, observé a Pequeña restregándose sobre sí misma de la misma forma que se restregaría un psicótico intersexual sobre sí mismo para obtener interplacer. Cuando puse uno de mis dedos sobre ella, más que nada para saber si se encontraba bien o por el contrario estaba teniendo algo semejante a un ataque de pánico arañil, Pequeña me mordió cerca de la lúnula. Para ser exactos a tres centímetros del eponiquio. Si no la aplasté allí mismo fue porque cuando giré la cara 37 grados pude ver a Pareja que me miraba como diciendo «muchacho, si la revientas me demostrarás que no eres lo que yo creía que eras», así que terminé perdonándole la vida y preguntándome a mí mismo en voz baja cuál era la verdadera definición de calzonazos.

Algunos días más tarde sucedió algo semejante, solo que en esa ocasión, Pequeña me mordió una oreja. Cuando me disponía a mandarla con el gran creador de las arañas, el dios Chelicerata, volví a reparar en Pareja, que desde un intersticio poco parecido a un resquicio me observaba. Y tres meses después me mordió en la frente. Y dos semanas más tarde en el ano. Desde luego no voy a contarte por qué me mordió en esa parte tan alejada de la cara, pero seguramente iría borracho (yo, no Pequeña).

El tiempo pasaba y cada vez que era mordido por la «jodida renacuaja con ocho ojos convexos y ocho patas filamentosas» mi ira se desbordaba. Sin embargo la cuádruple mirada de Pareja me hacía retroceder. Hasta que un día contraté a una asistenta y al final de la primera jornada le pegó fuego al edificio. Murieron la asistenta, nueve vecinos, tres perros, siete gatos y Vieja y Pequeña. Cuando me senté sobre un escalón chamuscado tratando de reponerme de la pérdida de todos los enseres que había atesorado durante mi vida, noté una presencia en la lejanía del peldaño: era Pareja. ¡Y cuando enfoqué mis ojos sobre los suyos pude entender lo que me decía! ¿Qué me decía? ¿Qué me decía? No puedo contártelo. ¡Pero podría ofrecerte algunos buenos indicios! Si no te gusta jugar a las pistas podría invitarte a un bocadillo de anchoas, por supuesto cuando termine el estado de alarma. Si es que termina alguna vez, pues cada vez que me asomo a la ventana escucho toses, estornudos y carraspeos.

G

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