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| Andy Warhol. Telephone (1961) |
Ma très chère:
Esta mañana me he asomado a la taza del inodoro, pues no me atrevía a sacar la cabeza por la ventana. Imaginaba que si lo hacía un bichito perteneciente a la estirpe COVID-19 saltaría los 25 metros que me separan del suelo y se agarraría a mi cara como la protérvica larva del xenoformo parasitoide del alien de Ridley Scott. Sí, lo sé, a veces puedo llegar a ser más maniático que un picozapato. Pero qué se puede esperar de un neurasténico hidrópico, medroso, fullero, asocial, disocial, antisocial y, en ocasiones, pestilencial.
Después de cerrar la tapa del váter y asegurarme de que nadie desde el interior podría abrirla, me he dedicado a jugar conmigo mismo a la pizpirigaña hasta que una perspicua llamada de teléfono me ha devuelto a la realidad…
-¿Hola?
-Buenos días. ¿El señor Gregorio, por favor?
-Sí. Soy yo. ¿Qué desea?
-¿Es usted Gregorio López Pérez?
-¡El mismo!
-¿El hijo de Gregorio López García?
-Por desgracia, sí, ejem… quiero decir que sí, soy su hijo. ¿Me va a decir qué es lo que quiere?
-¿Gregorio, el hijo de María del Carmen?
-Sí, soy Gregorio López Pérez, el hijo de Gregorio y Mari Carmen…
-¿El mismo Gregorio que vive en el distrito postal 46020?
-¡No! Lo siento. No soy Gregorio López, sino su amante Eberarda. Si nota mi voz demasiado grave es porque trago mucho semen…
-¿El mismo Gregorio que se hace pasar por un despotricador anhedónico en un blog que no lee nadie?
-¿Esto es una broma, verdad?
-¿El nieto de Vicente y Narcisa?
-¡Que le den! Voy a colgar…
-¿El bisnieto de Tomás y Hortensia? ¿El tataranieto de Fabriciano y Pánfila? ¿El chozno de Regino y Salvadora? ¿Sus trastatarabuelos fueron Victoriano y Melchora? ¿Y sus pentabuelos, Sandalio y Otilia? ¿Y sus hexabuelos, Herminio y Lorenza? ¿Y sus heptabuelos, Custodio y Epigmena? ¿Y sus octabuelos, Amalio y Feliciana? ¿Y sus nonabuelos, Expiración y Heriberto? ¿Y sus decabuelos, Floro y Jacoba?
-Pero… ¿Pero esto qué es?
-Si usted es ese Gregorio López Pérez, entonces creo que me he equivocado. Lo siento. ¡Adiós!
Como comprenderás tas, quiero decir, tras… ¡Todavía sigo conmocionado! Tras la llamada me senté sobre mi perro Gongo y me fumé una reproducción de un músculo digástrico de metal que hasta ese momento me había servido de pisapapeles. Luego, inspiré, espiré y a punto estuve de expirar, con equis. Sin embargo traté de recomponerme anímicamente haciendo 1700 flexiones declinadas sin interrupción. Cuando terminé de ducharme tras el machacamiento intensivo me entraron ganas de socializar con un policía, así que saqué la testa por la ventana, esta vez la de verdad, y a punto estuve de gritarle a los dos agentes que vigilaban los confinamientos que iba a bajar a la calle desnudo para que puntuaran del 0 al 10 las exquisitas redondeces de mis glúteos.
Greg
