 |
| Nikolay Bogdanov-Belsky. At the Hospital (1910) |
Querida amiga:
Conocí a Bernardo en segundo de primaria. Ya entonces era un fárrago de desestimación, negatividad y oposición. Desde ese momento hemos sido amigos, aunque si quieres que te sea asquerosamente sincero, ser colega suyo nunca fue una tarea sencilla. Bernardo era un tipo extraño que era incapaz de ver las cosas buenas de la vida. Aunque era extraordinariamente perjudicial para la salud mental de sus allegados, estos le apreciaban de la mejor forma que sabían, es decir, intentando coincidir lo menos posible y dibujando sonrisas de granito. Solo una vez le pregunté cuál era la razón de su negatividad. Recuerdo que me contestó que así la existencia le resultaba más sencilla. Y luego añadió que como no esperaba nada de nadie, ni siquiera de su familia, amigos e incluso hados, jamás se llevaba chascos.
El domingo 21 de septiembre de 1997 sucedió algo. Me encontraba tumbado en el sofá de mi casa viendo la tele cuando recibí una llamada de teléfono. Era Rosa, la hermana de Bernardo que bastante afectada me comunicó que su «tete» estaba en el hospital y que parecía que no saldría de esta. Por supuesto yo le pregunté qué es lo que había sucedido. En resumen: Bernardo había sufrido una especie de ictus apoplético y estaba luchando por su vida. Afortunadamente ganó la batalla y tras cinco semanas de estancia hospitalaria fue dado de alta. Aunque mientras estuvo ingresado le visité en varias ocasiones, en realidad me fue imposible mantener una conversación coherente con él. Por esa razón me encontraba exultante aquel día, pues por la tarde iba a visitarlo en su casa. Cuando llegué me llamó la atención que su hermana me llevara a la cocina y me explicara que su «tete» no era el mismo.
YO: ¿Cómo que no es el mismo? ¿Qué quieres decir?
ROSA: Greg, no es mi hermano. Bueno, sí que es él, pero…
YO: Rosa, por favor, explícame…
ROSA: ¡Es el cénit de la positividad!
YO: ¿Es el cénit de la positividad?
ROSA: ¡Sí! ¡Es el cénit de la positividad!
YO: Ya me has dicho que es el cénit de la positividad…
ROSA: Todo es perfecto para él. Ayer cuando regresamos del hospital… quiero decir… sus primeras palabras fueron «¿No vivimos en la casa más bonita del mundo?
YO: Bueno, llevaba un montón de días hospitalizado y sin poder hablar. Seguramente estaría muy conten…
ROSA: Y luego dijo «¡Siempre me ha parecido que nuestra calle es una vía muy muy especial».
YO: Te repito lo que te he dicho antes…
ROSA: Y luego susurró que mi rostro era de porcelana y que nuestra madre fallecida hace ocho años era un ángel del cielo. Y que si alguna vez habíamos visto un timbre tan precioso? Y una cama tan perfecta. Y unas sábanas tan perfumadas. Y un bidé tan simétrico. Y una…
YO: Me reafirmo en mis palabras…
ROSA: Desde que está otra vez aquí no ha dicho nada que no sea positivo. ¡Incluso hace un rato me ha preguntado si en alguna ocasión había escuchado unos gritos más maravillosos. Se refería a los berridos que emitían los vecinos en plena refriega matrimonial.
YO: Bueno, voy a verlo y a charlar con él.
ROSA: No se te ocurra decir nada… ejem… negativo…
Cuando entré en su habitación sus ojos se alegraron. Me incliné sobre la cama y le di un cachete amistoso en un hombro. Lo siguiente que ocurrió me dejó francamente tocado.
BERNARDO: Greg, siempre he pensado que eres el hombre más guapo que he conocido. ¡Cómo me gustaría que fueses mi amigo eternamente!
YO: Siempre seré tu amigo. Lo sabes.
BERNARDO. Rosa, ¿habías visto alguna vez una persona tan maravillosa como Greg?
ROSA: No, ejem, nunca.
YO: Dime, ¿cómo te encuentras, tío?
BERNARDO: Me encuentro como nunca. Rodeado de mis seres queridos que me aprecian por lo que soy, no por lo que debería ser. Y sin llegar a ser lo que debería ser, sigo siendo yo. ¿No es extraordinario? Por esa razón no puedo más que cantar alabanzas sobre la existencia. ¡De los seres humanos! ¡De los animales! ¡E incluso de las cosas! Rosa, Greg, ¿habíais visto alguna vez un enema tan perfecto como el que descansa encima de la mesita? No puedo hacer de vientre. El admirable médico que me atendió ya me lo dijo. Me dijo, Bernardo, te estamos dando unos medicamentos que puede que te produzcan estipticidad. Y yo le respondí, doctor Ramírez, cualquier cosa que usted me recete es por mi bien. Poco me importan sus efectos secundarios. Pero… cambiando de tema, ¿habíais visto alguna vez en vuestras vidas unos peucos más divinos. Mirad, acercaos que os los voy a enseñar…
YO: Por favor, Bernardo. Te puedes hacer daño. Ya nos lo enseñarás otro día.
BERNARDO: Pero es que en otro día llevaré otros peucos diferentes. Me gusta cambiármelos cada 24 horas, sabes? De todas formas, todos mis peucos son magníficos. Los compraba en la mercería de Paqui. Ah, Paqui, que señora tan fascinante…
ROSA: Bernardo, ¿quieres estar solo.? Te noto cansado. Greg y yo podemos retirarnos para que duermas un poco…
YO: Por supuesto. Creo que es lo mejor.
BERNARDO: Me gustaría tanto que os quedáseis un ratito más… Rosa, ¿nunca te he dicho que además de bonita eres la mejor hermana que uno puede tener?
ROSA: Sí, me lo has dicho unas doscientas veces desde esta maña… quiero decir, que de la misma forma, o de otra diferente… yo… tú eres el mejor hermano que he tenido. Claro que solo te he tenido a ti. Jijiji…
YO: Por cierto, me encanta esa planta.
ROSA: Se la ha regalado el portero. Creo que es una…
BERNARDO: Es una Gregoriosa lopezpereziana. La he bautizado así para ti, Greg, amigo mío. Mi hermano. Gregoriosa de Gregorio. Lopezperiana de López Pérez.
YO: Bernardo, te lo agradezco enormemente. ¡Me vas a hacer llorar!
BERNARDO: Os quiero a todos. A vosotros dos. A los otros tres que viven enfrente. Y a los cinco que viven abajo. Sin olvidarme de los siete millones y medio de pobladores del planeta. Os amo. Os amo tanto. Este corazoncito que hago con las manos es para todos vosotros, estéis donde estéis.
ROSA: Bernardo, el médico dijo que deberías descansar todo lo que pudieses. Tanto Greg como yo te vamos a dejar solito. Descansa, cielo. Mañana Greg volverá a visitarte, ¿verdad, Greg?
YO: Desde luego. Cuídate y descansa, Bernardo.
BERNARDO: ¿Qué he hecho yo para mereceros? Que tengáis el mejor resto del día que se pueda tener… por supuesto sabiendo que como no existe un medidor universal de restos de días o incluso días completos no es sencillo llegar a definir lo que realmente es el mejor resto de día que se pueda tener. Os quiero. Hasta mañana, Greg.
Cuando Rosa cerró la puerta de la habitación me miró a los ojos. Yo le devolví la mirada y acabamos sentados en la cocina. Al principio ninguno quiso empezar una conversación y el tiempo pasaba de la misma manera que lo suele hacer en las películas de ciencia ficción de serie B. De repente decidí que debía ser yo el que comenzara:
YO: Si llego a estar con él cinco minutos más acabo con diabetes 2. ¿Pero qué es lo que le ha pasado? ¿Es una reacción de los medicamentos o es que el ataque…?
ROSA: Llevo desde ayer preguntándome lo mismo.
YO: Más que Bernardo parece un perro San Bernardo… Perdona por el chiste.
ROSA: Greg, estoy asustada. Si sigue tan dulzón conmigo acabaré estrangulándolo con el enema…
YO: Joder, te comprendo. ¿Y si le provocamos otro accidente cerebrovascular?
ROSA: ¡Pero que salvaje eres, Greg!
YO: Bueno si todo comenzó con una apoplejía, igual podría revertirse con otra. No sé. Solo era una idea…
ROSA: Pues imagínate yo que vivo con él.
Hoy es jueves. Para ser más exactos, jueves 17 de junio de 2021. Bernardo lleva 24 años de positividad extrema. Algunos de sus amigos se han cambiado de barrio y el resto teme encontrárselo por la calle. Pero no es eso lo que me preocupa. Hace 15 minutos me ha llamado Rosa. ¡Su «tete» está en el hospital! Ayer por la noche había sufrido un ictus apoplético. ¡Otro ictus apoplético! Tanto Rosa como yo tememos su recuperación, pues desconocemos cuál será su nuevo rol. Es posible que vuelva a la negatividad de sus primeros años. También es posible que siga siendo un santo meloso, dulzón y almibarado. Pero es totalmente factible que despierte como párroco provincial o asesino en serie. Te mantendré informada.
Gregorioso lopezpereziano