junio 2021

Email del 30 de junio 2021

No importa ni el título ni el autor, pues este cuadro es una putísima mierda (¿eterna?)

 

Cuando le preguntaron a Yahveh Pérez cuál era la razón por la que decidió abrir las puertas, él simplemente contestó que porque estaban cerradas. Luego añadió «yo soy Yahveh Pérez, la imagen de la percepción, la sensación de placer inhibido, ese influjo nervioso semejante a un polímero de emociones mecánicas y recuerdos inconscientes. Y justo por ser quien soy, en realidad no soy porque no estoy. Sí, acabo de abrir la puerta. ¿Es necesario explicar las razones? ¿Acaso no sois capaces de escuchar el chisporroteo abyecto e infame que produce la lluvia cuando penetra en el interior de mi cabeza? Hermanos, acercaos. ¿No comprendéis que…? Oh, ¡Padre! Estoy llegando a ese puntito en el que ya no me atengo a teorías manufacturadas o manipulaciones discursivas que de una u otra manera transforman y transfiguran cualquier deseo nostálgico, cualquier imposibilidad exhalada en el aire, en impulsos erráticos escrupulosamente patológicos de inspiración claramente demoniaca».

Tras sonreír a cada uno de nosotros, Yahveh Pérez desapareció. Mientras la mayor parte de sus adeptos nos dirigíamos a ofrecer dos litros de leche de burra por cabeza al monumento que solemnizaba a la familia Pérez, alguien comentó que quizá la evaporación instantánea de Yahveh había sido producida gracias al anillo mágico de Giges. Pero como en esos instantes no estábamos para resoluciones platónicas, decidimos obviar el comentario y comenzamos a canturrear la Oda 24 perteneciente a la serie XI de los Cánticos Armónicos y Espirituales compuestos por el propio Yahveh Pérez en conmemoración de su propio ser.  

Email del 30 de junio 2021 Leer más »

Email del 29 de junio 2021

 

Alfred Kubin. Epidemic (1901)

En febrero de 1935 Borohah Azanusi, el brujo-curandero del pueblo (otrora llamado tío Sisebuto), se amputó el dedo medio del pie izquierdo cuando intentaba cortar en pedacitos proporcionados unas raíces que acababa de recolectar. Dicen que como el dolor era tan inmenso, Borohah se transformó en alpargata rosigada para no tener que sufrir en vano. Lamentablemente un perro desgalichado y astuto que pasaba por allí la agarró con las mandíbulas y la enterró al lado de un nogal achacosamente longevo. Por supuesto nunca más se supo de él. De Borohah. Pero tampoco del chucho. Pasaron un número indeterminado de años…

Un día me encontraba sentado en una terraza intentando tragar unos éclairs de chocolate que tenían el sabor y la apariencia de unos chuños lígrimos, cuando de repente experimenté una especie de oscilación espasmódica en el ano. Al principio me pareció un orgasmo marrado, pero más tarde, cuando se volvió a repetir, llegué a la conclusión de que era justo la misma sensación que había conocido el día que, siete años antes, logré arrugar una hoja de papel sin producir ninguna clase de ruidito. 

En mayo de 1947 Prudencio, el hijo del tío Sisebuto, caminaba arrastrando los pies por la vereda del río Capcioso. Cuando se cansó de remolcar sus sandalias se sentó frente a un agujero que había pertenecido a la cepa de una planta bulbosa. De repente sus ojos se posaron sobre una especie de esparteña maltratada. Se incorporó con un saltito anuro y recogió el calzado con las manos. Obviamente no lo iba a agarrar con la boca. Cuando enfocó bien la vista reconoció a su papá. Lo limpió con un pañuelo repleto de mucosidad verdiamarilla y se lo llevó reverencialmente al pueblo.

Una noche me toqué los huevos. Pero no fue un tocamiento rijoso o libidinoso. En realidad fue un sobamiento telúrico, es decir, relativo a la Tierra como satélite. El manoseamiento duró 34 minutos y me dejó francamente estratificado, aunque emanando un fulgor efímero y perezoso. Intenté regresar a mi casa pero cada vez que andaba un metro hacia delante levitaba dos metros y medio hacia las nubes. Al final decidí que nunca volvería a meterme ambas manos, ni siquiera una, dentro de la bragueta. Y así lo cumplí. Desde entonces me paso la mayor parte del tiempo epatando fulgorosamente.

En enero de 1962…

Email del 29 de junio 2021 Leer más »

Email del 26 de junio 2021

 

Pierre Alechinsky. Gymnastique matinale (1949)

Distinguidos miembros de CVFEDD:

Yo, Gregorio López, como fofisano senescente cuya cretina simplicidad ha sido seriamente puesta en duda, me siento obligado a desmentir mi participación como murmurador y refunfuñador en el pasado Congreso de Vigoréxicos con Fobias Específicas sin Diagnósticos Diferenciales. Al mismo tiempo, y aprovechando el espacio que me brinda el Din A4, expreso mi total disconformidad con la simpleza y frialdad manifestada por cada uno de los ponentes en sus conclusiones finales, así como el asqueamiento y la displicencia que sentí al utilizar las letrinas comunitarias dispuestas por la organización del evento.

Reciban ustedes un cordial saludo,

Leónidas de Rodas López

Email del 26 de junio 2021 Leer más »

Email del 22 de junio 2021

 

Luca Giordano. Cynic philosopher (1653)

Querida:

Según el excéntrico, solitario, misántropo y maniático filósofo islandés Gregorius Lopézsdóttir Péreztursson, el ser humano es la única especie de homínido que nace con el gen de la imbecilidad instalado «de serie». Y aunque algunas madres y padres hubieran preferido que alguno de sus retoños hubiera venido al mundo con navegador con tráfico en tiempo real o sensores y cámara de visión trasera, la existencia es intrépidamente arrogante y contradictoria. Por esa razón, a los tipos como yo, cínicos, invectivos y repletos de fobias, y cuya información genética contenida en el ácido desoxirribonucleico implica una visita obligatoria al manual de instrucciones manufacturado por la multinacional DIOS S.A., la mayor parte de las sinrazones nos la pelan, nos la refanfinflan o simplemente, nos la traen al pairo. Ya sabes: el cínico evalúa; rara vez propone una valoración. Sin embargo, ¡me gustaría tanto recordar las medidas de mi miembro viril en cada una de mis anteriores reencarnaciones! 

Tú sabes que yo soy, pues casi siempre estoy. Lo que no sabes es que a menudo finjo que soy o que estoy aunque en realidad ni soy ni estoy. No siendo ni estando me acerco un poco a eso que algunos definen como «gloriosa y bendita inexistencia», aunque en realidad debería llamarse «desustanciamiento hipnagógico del Yo patológico». 

Ahora debo dejarte, pues me siento marcadamente confuso y tan inquieto como un zombi al que le han practicado una incisión quirúrgica. Podría no haber vuelto, incluso podría haberme alejado hasta la otra línea del horizonte, pero nunca se me ha dado demasiado bien jugar a saltar a las gomas.

Greg

Email del 22 de junio 2021 Leer más »

Email del 20 de junio 2021

 

William-Adolphe Bouguereau. Dante et Virgile au enfers (1850)

Ederabujiaaaaaah se dirigió hacia mí y me confirmó que, efectivamente, ella era Ederebujiaaaaaah, pero que podía llamarla Edera si me apetecía. Después de darle un tímido beso en la mejilla le contesté que me gustaba mucho Ederabujiaaaaaah, por lo menos más que su contracción Edera, y que si ella me lo permitía la llamaría Ederabujiaaaaaah. Cuando le pregunté si le había costado reconocerme, ella me contestó que no, y que aunque la foto que le había mandado estaba demasiado oscura como para hacerse una idea, reparó en uno de mis granos de la frente que usó como referencia. Cuando nos miramos de arriba abajo decidimos que debíamos ir a una cafetería a conocernos mejor. Yo opté por el pub Displacer pero ella prefirió el bar Rataplán. La conversación resultó bastante divertida, pero pronto advertí que llevaba una cruz de oro colgada en su precioso cuello. Debía inventar una excusa para que se la quitara y poder morderle la garganta. Obviamente no allí, a la vista de todo el mundo. Cuando terminamos la charla, Ederabujiaaaaaah me preguntó por qué yo había querido quedar de noche a lo que le respondí que era un ave nocturna. Y que francamente no me gustaba la luz del día. 

Mientras caminábamos sin seguir ninguna ruta preestablecida volvió a su deporte favorito: disparar preguntas. ¿Por qué utilizaba el nick Conde López en la web de citas? ¿Por qué tenía pelo en las palmas de las manos? ¿Por qué me gustaban tanto los murciélagos? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Llego un momento en que me hartó tanto que le dije: «mira, maldita mucama con nombre imposible, tú has venido aquí para saciar mi sed y convertirte en una de mis siervas, por y para siempre». Luego le arranqué el puto crucifijo con la mano derecha que me empezó a arder y le clavé los colmillos en la yugular con tan mala suerte que me desperté con la vejiga repleta y de muy mala gana. Me hubiera gustado saber cómo continuaba el sueño. Cuando regresé a la cama miré en derredor y detuve la vista sobre las cortinas opacas que cubrían las dos ventanas y daban un toque de hospital psiquiátrico para esquizofrénicos a mi habitación. En ese instante sonó el teléfono de mi cabeza y escuché la voz de la madre del conde López pidiendo dos hamburguesas con carne de vaca española muy poco hechas.

Email del 20 de junio 2021 Leer más »

Email del 19 de junio 2021

 

Felix Vallotton. Still Life with Red Peppers on a White Lacquered Table (1915)

Hola:

¿Quién tiene conciencia? ¿Tú? ¿Quizá alguien que conoces? ¿Un ser humano que obviamente «es» y «está», por lo tanto existe, aunque quizá prefiere que nadie pueda encontrarlo? Imagina una grieta en una planicie. Ahora imagina dos grietas en la misma planicie, justo a un costado de la primera grieta. ¿Has llegado a la misma conclusión que yo? Demasiadas grietas en la misma planicie. Vuelve a intentarlo, pero esta vez imagina una planicie dentro de una grieta. Ahora imagina dos planicies dentro de la misma grieta, justo al lado de la primera planicie. Intenta llegar más lejos, imagina esas tres planicies dentro de esa grieta que al mismo tiempo está en el interior de otra planicie que a su vez se halla dentro de una grieta. Es difícil, lo sé. Imagina que todas las planicies son ínfimas aunque infinitas, pero las grietas miden exactamente lo que tú quieres. Y tú siempre querrás que midan lo suficiente como para albergar varias planicies, recuerda: ínfimas aunque infinitas. Ahora borra de tu mente todas las planicies y todas las grietas e imagina un pimiento. Siente el pimiento. Proyecta ese pimiento sobre cada una de las paredes que te rodean y sospecha de él. Del pimiento. Ahora imagina otro pimiento exactamente igual al primero. Como no has borrado el inicial, deberías tener dos pimientos exactamente idénticos. Suficientes para prepararte un par de pimientos asados rellenos de cuscús. Sí, lo sé, no habías imaginado el cuscús. Borra de tu cabecita los pimientos, o mejor, déjalos de momento aparcados e imagina unos 40 gramos de granos de sémola de trigo duro. Pero ojo, es extraordinariamente importante que sean gramos de granos y no granos de gramos. Ahora espera unos segundos, he de comenzar el segundo párrafo:

¿A quien le gustan los pimientos rellenos? ¿A ti? ¿Quizá a alguien que conoces? ¿Un ser humano que obviamente prefiere elaborar guarniciones en lugar de platos principales? Bueno, ya tienes la sémola y los pimientos. Ahora necesitas imaginar un horno precalentado a 200 grados. Y aceite de oliva extra virgen, sal y pimienta negra recién molida, por lo cual es necesario que también imagines un molinillo de especias. Y ya puestos, no estaría de más imaginar unas hojitas de hierbabuena o perejil. Joder, me está entrando hambre. Borra todo lo que has imaginado y piensa por un momento sobre la conciencia. ¿Qué es la conciencia? La RAE la define como «el conocimiento que un ser humano posee sobre sí mismo, sobre su existencia y su relación con el mundo». Imagina otro mundo. Ahora imagina medio mundo. Sitúa el mundo completo a tres centímetros de la mitad del mundo. Debes ser muy puntillosa durante dicho acercamiento o podrías ocasionar una catástrofe. ¿Qué es eso? Veo uno de los pimientos. Te dije que borraras todo. No importa. Junta ese pimiento con el medio mundo. Si lo has hecho bien ahora tendremos un mundo completo y un mundo pimiento. ¿Estás de acuerdo?

¿Estás de acuerdo conmigo en que este mundo en el cual sobrevivimos es un jodido pimiento? ¿Conoces a alguien que pudiera unirse a nosotros sin pedir demasiado a cambio? Bueno, en realidad este mundo dista mucho de ser perfecto. Para algunos es una deforme patata. Para otros una preciosa mierda. Conozco a un tipo que está totalmente convencido de que el mundo no existe. Por lo tanto él tampoco existe. Por esa razón, la mayor parte de las veces en que coincidimos en la calle se tapa los ojos con las manos mientras responde mis preguntas con monosílabos. Cuando le digo que me recuerda a un niño de siete años, suele arrodillarse en el suelo y tiende a llorar y maldecir a sus antepasados en una representación magistral que deja claramente en pañales a la de Heston como Taylor frente a la estatua semienterrada de la libertad en el film de Schaffner de 1968. Sin embargo, no puedo culparle. Yo también padezco serios y repetidos ataques de aversión, desprecio y fobia hacía el pimiento, la deforme patata o la hermosa mierda. 

En realidad todos esos ataques van dirigidos a mí…

G

Email del 19 de junio 2021 Leer más »

Email del 17 de junio 2021

 

Nikolay Bogdanov-Belsky. At the Hospital (1910)

Querida amiga:

Conocí a Bernardo en segundo de primaria. Ya entonces era un fárrago de desestimación, negatividad y oposición. Desde ese momento hemos sido amigos, aunque si quieres que te sea asquerosamente sincero, ser colega suyo nunca fue una tarea sencilla. Bernardo era un tipo extraño que era incapaz de ver las cosas buenas de la vida. Aunque era extraordinariamente perjudicial para la salud mental de sus allegados, estos le apreciaban de la mejor forma que sabían, es decir, intentando coincidir lo menos posible y dibujando sonrisas de granito. Solo una vez le pregunté cuál era la razón de su negatividad. Recuerdo que me contestó que así la existencia le resultaba más sencilla. Y luego añadió que como no esperaba nada de nadie, ni siquiera de su familia, amigos e incluso hados, jamás se llevaba chascos. 

El domingo 21 de septiembre de 1997 sucedió algo. Me encontraba tumbado en el sofá de mi casa viendo la tele cuando recibí una llamada de teléfono. Era Rosa, la hermana de Bernardo que bastante afectada me comunicó que su «tete» estaba en el hospital y que parecía que no saldría de esta. Por supuesto yo le pregunté qué es lo que había sucedido. En resumen: Bernardo había sufrido una especie de ictus apoplético y estaba luchando por su vida. Afortunadamente ganó la batalla y tras cinco semanas de estancia hospitalaria fue dado de alta. Aunque mientras estuvo ingresado le visité en varias ocasiones, en realidad me fue imposible mantener una conversación coherente con él. Por esa razón me encontraba exultante aquel día, pues por la tarde iba a visitarlo en su casa. Cuando llegué me llamó la atención que su hermana me llevara a la cocina y me explicara que su «tete» no era el mismo. 

YO: ¿Cómo que no es el mismo? ¿Qué quieres decir?
ROSA: Greg, no es mi hermano. Bueno, sí que es él, pero… 
YO: Rosa, por favor, explícame…
ROSA: ¡Es el cénit de la positividad!
YO: ¿Es el cénit de la positividad?
ROSA: ¡Sí! ¡Es el cénit de la positividad!
YO: Ya me has dicho que es el cénit de la positividad…
ROSA: Todo es perfecto para él. Ayer cuando regresamos del hospital… quiero decir… sus primeras palabras fueron «¿No vivimos en la casa más bonita del mundo?
YO: Bueno, llevaba un montón de días hospitalizado y sin poder hablar. Seguramente estaría muy conten…
ROSA: Y luego dijo «¡Siempre me ha parecido que nuestra calle es una vía muy muy especial». 
YO: Te repito lo que te he dicho antes…
ROSA: Y luego susurró que mi rostro era de porcelana y que nuestra madre fallecida hace ocho años era un ángel del cielo. Y que si alguna vez habíamos visto un timbre tan precioso? Y una cama tan perfecta. Y unas sábanas tan perfumadas. Y un bidé tan simétrico. Y una…
YO: Me reafirmo en mis palabras…
ROSA: Desde que está otra vez aquí no ha dicho nada que no sea positivo. ¡Incluso hace un rato me ha preguntado si en alguna ocasión había escuchado unos gritos más maravillosos. Se refería a los berridos que emitían los vecinos en plena refriega matrimonial.
YO: Bueno, voy a verlo y a charlar con él.
ROSA: No se te ocurra decir nada… ejem… negativo…

Cuando entré en su habitación sus ojos se alegraron. Me incliné sobre la cama y le di un cachete amistoso en un hombro. Lo siguiente que ocurrió me dejó francamente tocado.

BERNARDO: Greg, siempre he pensado que eres el hombre más guapo que he conocido. ¡Cómo me gustaría que fueses mi amigo eternamente!
YO: Siempre seré tu amigo. Lo sabes.
BERNARDO. Rosa, ¿habías visto alguna vez una persona tan maravillosa como Greg?
ROSA: No, ejem, nunca.
YO: Dime, ¿cómo te encuentras, tío?
BERNARDO: Me encuentro como nunca. Rodeado de mis seres queridos que me aprecian por lo que soy, no por lo que debería ser. Y sin llegar a ser lo que debería ser, sigo siendo yo. ¿No es extraordinario? Por esa razón no puedo más que cantar alabanzas sobre la existencia. ¡De los seres humanos! ¡De los animales! ¡E incluso de las cosas! Rosa, Greg, ¿habíais visto alguna vez un enema tan perfecto como el que descansa encima de la mesita? No puedo hacer de vientre. El  admirable médico que me atendió ya me lo dijo. Me dijo, Bernardo, te estamos dando unos medicamentos que puede que te produzcan estipticidad. Y yo le respondí, doctor Ramírez, cualquier cosa que usted me recete es por mi bien. Poco me importan sus efectos secundarios. Pero… cambiando de tema, ¿habíais visto alguna vez en vuestras vidas unos peucos más divinos. Mirad, acercaos que os los voy a enseñar…
YO: Por favor, Bernardo. Te puedes hacer daño. Ya nos lo enseñarás otro día.
BERNARDO: Pero es que en otro día llevaré otros peucos diferentes. Me gusta cambiármelos cada 24 horas, sabes? De todas formas, todos mis peucos son magníficos. Los compraba en la mercería de Paqui. Ah, Paqui, que señora tan fascinante…
ROSA: Bernardo, ¿quieres estar solo.? Te noto cansado. Greg y yo podemos retirarnos para que duermas un poco… 
YO: Por supuesto. Creo que es lo mejor.
BERNARDO: Me gustaría tanto que os quedáseis un ratito más… Rosa, ¿nunca te he dicho que además de bonita eres la mejor hermana que uno puede tener?
ROSA: Sí, me lo has dicho unas doscientas veces desde esta maña… quiero decir, que de la misma forma, o de otra diferente… yo… tú eres el mejor hermano que he tenido. Claro que solo te he tenido a ti. Jijiji…
YO: Por cierto, me encanta esa planta.
ROSA: Se la ha regalado el portero. Creo que es una…
BERNARDO: Es una Gregoriosa lopezpereziana. La he bautizado así para ti, Greg, amigo mío. Mi hermano. Gregoriosa de Gregorio. Lopezperiana de López Pérez. 
YO: Bernardo, te lo agradezco enormemente. ¡Me vas a hacer llorar!
BERNARDO: Os quiero a todos. A vosotros dos. A los otros tres que viven enfrente. Y a los cinco que viven abajo. Sin olvidarme de los siete millones y medio de pobladores del planeta. Os amo. Os amo tanto. Este corazoncito que hago con las manos es para todos vosotros, estéis donde estéis. 
ROSA: Bernardo, el médico dijo que deberías descansar todo lo que pudieses. Tanto Greg como yo te vamos a dejar solito. Descansa, cielo. Mañana Greg volverá a visitarte, ¿verdad, Greg?
YO: Desde luego. Cuídate y descansa, Bernardo.
BERNARDO: ¿Qué he hecho yo para mereceros? Que tengáis el mejor resto del día que se pueda tener… por supuesto sabiendo que como no existe un medidor universal de restos de días o incluso días completos no es sencillo llegar a definir lo que realmente es el mejor resto de día que se pueda tener. Os quiero. Hasta mañana, Greg.

Cuando Rosa cerró la puerta de la habitación me miró a los ojos. Yo le devolví la mirada y acabamos sentados en la cocina. Al principio ninguno quiso empezar una conversación y el tiempo pasaba de la misma manera que lo suele hacer en las películas de ciencia ficción de serie B. De repente decidí que debía ser yo el que comenzara:

YO: Si llego a estar con él cinco minutos más acabo con diabetes 2. ¿Pero qué es lo que le ha pasado? ¿Es una reacción de los medicamentos o es que el ataque…?
ROSA: Llevo desde ayer preguntándome lo mismo. 
YO: Más que Bernardo parece un perro San Bernardo… Perdona por el chiste.
ROSA: Greg, estoy asustada. Si sigue tan dulzón conmigo acabaré estrangulándolo con el enema…
YO: Joder, te comprendo. ¿Y si le provocamos otro accidente cerebrovascular?
ROSA: ¡Pero que salvaje eres, Greg!
YO: Bueno si todo comenzó con una apoplejía, igual podría revertirse con otra. No sé. Solo era una idea…
ROSA: Pues imagínate yo que vivo con él. 

Hoy es jueves. Para ser más exactos, jueves 17 de junio de 2021. Bernardo lleva 24 años de positividad extrema. Algunos de sus amigos se han cambiado de barrio y el resto teme encontrárselo por la calle. Pero no es eso lo que me preocupa. Hace 15 minutos me ha llamado Rosa. ¡Su «tete» está en el hospital! Ayer por la noche había sufrido un ictus apoplético. ¡Otro ictus apoplético! Tanto Rosa como yo tememos su recuperación, pues desconocemos cuál será su nuevo rol. Es posible que vuelva a la negatividad de sus primeros años. También es posible que siga siendo un santo meloso, dulzón y almibarado. Pero es totalmente factible que despierte como párroco provincial o asesino en serie. Te mantendré informada.

Gregorioso lopezpereziano

Email del 17 de junio 2021 Leer más »

Email del 13 de junio 2021

 

Gregorio López. Puta lista de los quehaceres (2021)

Hola:

Nunca tuve demasiado miedo al butoni, la tarasca, ni siquiera al moro Mussa. Por supuesto me refiero a cuando era submongoloide y pequeñajo. Ahora que soy tan astuto como una raposa veterana y tan viejo como el conde de Albrit, sólo me atemoriza pensar que si no hago algo, y tan rápidamente como sea posible, abandonaré intelectual, emocional y físicamente el planeta sin haber llegado a gozar ni un jodido minuto de lo que algunos llamarían una vida plena y justa. Por esa razón he escrito Regularidad intestinal, mi nuevo ensayo de 701 páginas que trata sobre la anhedonia y la disposofobia cuando se padecen a la vez en un mismo cuerpo (o mejor, en una misma mente). 

Aunque en realidad he llegado a un punto en que ya no necesito… Bueno, iba a escribir que no necesito absolutely nothing para sobrevivir sin morirme de asco, pero estaría faltando gravemente a la verdad. Yo, yo necesito… quiero decir, ¡siempre he querido tener una isla! Pero no en los mares del sur y alejada de cualquier cosa que oliera a civilización, sino en la cocina. Una isla en la cocina, con un sistema de almacenaje multifuncional donde pudiese guardar la vajilla, los cubiertos y los botes de cristal, ya estuviesen llenos o vacíos. De esa manera podría almacenar mi extraordinaria colección de vibrisas animales en los armarios donde antes guardaría dichos cacharros, pues ahora descansan en sus tarritos correspondientes dentro de cinco inmensas cajas de cartón en una esquina de un trastero de Bluespace alejado 15 km de mi domicilio. 

Pero, volviendo a Regularidad intestinal, mi última defecación textual, dedicada sobre todo a ese inmenso grupo de gente que dice ser plenamente dichosa… ¿Sabías que escribí las 701 páginas de un tirón durante 14 días? Ni siquiera me levanté a orinar o defecar, y por supuesto no comí ni dormí. Cuando al fin lo terminé estuve ingresado en esa especie de ashram llamada UCC (no confundir con la Universidad Católica de Córdoba) otros 14 días, en los cuales se me negó repetidamente la contratación de una stripper de ascendencia antananarivesa. Recuerdo que lo primero que hice cuando me dieron el alta médica fue arrodillarme en una de las plazas del aparcamiento reservado para el personal sanitario e imitar a una oropéndola cabecicastaña.

Te echa de menos,

Greg, ese tipo amargado, divertido, excéntrico y maniaco depresivo que tú crees que conoces.

Email del 13 de junio 2021 Leer más »