Email del 30 de Octubre de 2011
Hola:
PARTE TRISTE
Ni siquiera la fuerza que intento trasmitir a las diferentes partes del cuerpo detiene la apatía, el miedo y la falta de entusiasmo que me trasmiten mis ojos devorados por millones de lágrimas imperceptibles. No existe ninguna duda, el calendario se estrecha y mientras trato de prever los próximos movimientos, desatiendo las causas, las razones, los motivos. Trato de salir del trance, pero el cerebro está emponzoñado y durante ese largo e inconexo proceso, la esperanza se desvanece. Es sumamente difícil resistir las tentaciones, pero estoy completamente seguro de que en un corto periodo de tiempo deberé tomar esa decisión ruin que alterará la vida de algunos, pero que proporcionará paz definitiva a alguien, el más desesperado, el menos confiado, el villano inocente que nunca quiso asomarse.
Los sueños sólo son gestos del subconsciente, a veces resultan aterradores y otras, no significan absolutamente nada. Mis sueños no tienen significado porque son tan oscuros que es imposible intentar comprender lo que se esconde dentro. Pero son repetitivos y sé que están poblados porque advierto movimientos. Los sueños me estrangulan; mientras aprietan, ensayo sonrisas que se prostituyen a cambio de tiempo para resultar definitivas, concluyentes y rotundas.
Las madres del mundo conciben, los hijos de la tierra mueren. Mientras esto sucede, los movimientos de rotación, traslación y precesión siguen su curso.
PARTE ALEGRE
Después de escribir las líneas anteriores me he situado al lado de una de mis Dracaenas y por unas horas he sido una planta. Todo ha ido perfectamente hasta que una hembra de pulgón, alada y bastante rolliza, se ha posado en mi brazo-hoja y ha empezado a chuparme la salvia. Debía ser de una calidad suprema porque a la media hora el insecto ha pegado un silbido y han acudido unos cuantos miles de congéneres que no han parado de chuparme hasta que la negrilla ha afeado mis seis extremidades, perjudicando la fotosíntesis y dándome el aspecto de un minero del carbón, sucio y desaseado.
Como mi experiencia como vegetal no resultó lo positiva que podía esperarse, decidí ducharme y ya completamente limpio, me convertí en una camiseta de manga larga e intenté doblarme para descansar junto al resto, pero al hacerlo, un ruido parecido al de la madera cuando se quiebra me hizo gritar de dolor, por lo que que decidí volver a comportarme como un humano. Lo primero que hice en mi renovada condición de animal racional fue limpiar el inodoro, aunque lo ensucié enseguida vomitando.
Los anos del mundo defecan, las heces de la tierra apestan. Mientras esto sucede, los movimientos de rotación, traslación y precesión maldicen el Big Bang.
Besos
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