octubre 2011

Email del 30 de Octubre de 2011

 Arnold Böcklin, «Capilla» (1898)

Hola:

PARTE TRISTE

Ni siquiera la fuerza que intento trasmitir a las diferentes partes del cuerpo detiene la apatía, el miedo y la falta de entusiasmo que me trasmiten mis ojos devorados por millones de lágrimas imperceptibles. No existe ninguna duda, el calendario se estrecha y mientras trato de prever los próximos movimientos, desatiendo las causas, las razones, los motivos. Trato de salir del trance, pero el cerebro está emponzoñado y durante ese  largo e inconexo proceso, la esperanza se desvanece. Es sumamente difícil resistir las tentaciones, pero estoy completamente seguro de que en un corto periodo de tiempo deberé tomar esa decisión ruin que alterará la vida de algunos, pero que proporcionará paz definitiva a alguien, el más desesperado, el menos confiado, el villano inocente que nunca quiso asomarse.

Los sueños sólo son gestos del subconsciente, a veces resultan aterradores y otras, no significan absolutamente nada. Mis sueños no tienen significado porque son tan oscuros que es imposible intentar comprender lo que se esconde dentro. Pero son repetitivos y sé que están poblados porque advierto movimientos. Los sueños me estrangulan; mientras aprietan, ensayo sonrisas que se prostituyen a cambio de tiempo para resultar definitivas, concluyentes y rotundas.

Las madres del mundo conciben, los hijos de la tierra mueren. Mientras esto sucede, los movimientos de rotación, traslación y precesión siguen su curso.

PARTE ALEGRE

Después de escribir las líneas anteriores me he situado al lado de una de mis Dracaenas y por unas horas he sido una planta. Todo ha ido perfectamente hasta que una hembra de pulgón, alada y bastante rolliza, se ha posado en mi brazo-hoja y ha empezado a chuparme la salvia. Debía ser de una calidad suprema porque a la media hora el insecto ha pegado un silbido y han acudido unos cuantos miles de congéneres que no han parado de chuparme hasta que la negrilla ha afeado mis seis extremidades, perjudicando la fotosíntesis y dándome el aspecto de un minero del carbón, sucio y desaseado.

Como mi experiencia como vegetal no resultó lo positiva que podía esperarse, decidí ducharme y ya completamente limpio, me convertí en una camiseta de manga larga e intenté doblarme para descansar junto al resto, pero al hacerlo, un ruido parecido al de la madera cuando se quiebra me hizo gritar de dolor, por lo que que decidí volver a comportarme como un humano. Lo primero que hice en mi renovada condición de animal racional fue limpiar el inodoro, aunque lo ensucié enseguida vomitando.

Los anos del mundo defecan, las heces de la tierra apestan. Mientras esto sucede, los movimientos de rotación, traslación y precesión maldicen el Big Bang.

Besos

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Email del 29 de octubre 2011

Richard Stenhouse, «Selfportrait as a cockroach»  (2001)

Habari (Hola en suajili):

Existe un libro (y si no existe, yo lo escribiré) titulado «El masticador de correosos» en el que se relata la vida de un tipo vulgar que se pasa las 24 horas del día sodomizando dátiles, hasta que en un momento dado un dátil violento se revela y le clava un hueso en una arteria del pene, provocándole una septicemia que en un corto espacio de tiempo le lleva a la muerte. Así creo que es nuestra existencia: nos pasamos la vida desvirtuando nuestros propias emociones hasta que llega un momento en que estas, totalmente distorsionadas, conspiran a nuestras espaldas una rebelión que puede llegar a trastornar el mapa anímico de nuestro futuro. Pero como de momento no pretendo dármelas de psicólogo cristiano voy a cambiar de tema y contarte lo que me sucedió ayer cerca de las once de la noche.

Me encontraba tumbado en mi sofá favorito de tres (incomodas) plazas, pensando en la vida de las lechugas y su especial interacción con el aceite de oliva virgen, cuando de repente una cucaracha albina apareció por debajo de la puerta. Como les tengo un asco especial a esos bichos, me levanté e intente pisarla sádicamente, pero antes de que pudiera levantar el pie, el insecto se transformó en Heidi y me cantó 60 veces seguidas la canción «Abuelito dime tú» de los títulos de crédito de la serie y yo sufrí una alteración diabética que me hizo perder el conocimiento. Cuando lo recobré, enseguida supe que alguien me había forzado sexualmente pues tatuada en la piel de mi escroto podía leerse la frase «Baja calidad espermatozóica». Mientras te escribo estas líneas estoy esperando impaciente que den las nueve, hora en que abren sus puertas los analistas seminológicos, aunque también los bursátiles.

Últimamente me ha dado por bautizar a todos los cigarrillos que me fumo; este que tengo en la boca en estos momentos se llama Savanna Rose y el que me he fumado hace quince minutos Obdulio García. Desconozco la causa de mi desvarío pero lejos de incomodarme hace que me sienta mejor. ¡Incluso estoy pensando en poner nombre a las paredes! Nadie jamás se ha atrevido a bautizar a las paredes; en esto seré un precursor y si al final me da buenos resultados, pienso hacerlo con cada baldosa de gres de la casa, y me importa un pepino clorhidrótico si me tachan de loco furioso.

Bueno, corazón, creo que voy a tomarme un valium triple. Si no recibes noticias mías en un plazo de 24 horas, mándame tu próximo regalito al manicomio.

Besos

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Email del 28 de octubre 2011

Angeles Santos, «Un mundo» (1929)

Hola querida terrícola:

Acabo de tener un sargasmo, es decir, un orgasmo sarcástico. Te preguntarás y no sin razón cómo se puede experimentar uno de estos. Te lo explicaré: se trata de experimentar una especie de convulsión siendo irónico y mordaz con un zopenco. Y eso es lo que me acaba de suceder. En mi escalera no abrimos a ningún repartidor de publicidad, por muy guapo o atractiva que sea. Esta mañana, cerca de las ocho, un tipo ha llamado a varias puertas con una voz etílicamente comatosa y se ha hecho pasar por el cartero. Como a esas horas no estoy de humor para idiotas le he contestado que si él era un cartero, yo era una almorrana sangrante; como era de esperar, el sujeto ha respondido improperios típicos de un yonki analfabeto con síndrome de Down y, maldiciendo a mis padres, supongo que se ha dirigido a otro patio a investigar si allí reciben con los brazos abiertos a inmundicias de su clase. Ese ha sido mi sargasmo y, si quieres que te sea completamente sincero, me ha alegrado el día, por cierto, cubierto, triste  y gris como el de ayer. Esa cosa posthumana, además de no saber leer, puesto que en la puerta hay pegado un cartel de un tamaño bastante respetable en el que explica las razones por las cuales no abrimos a ninguna clase de propaganda, ha mentido descaradamente haciéndose pasar por el verdadero cartero y todo para ensuciarnos los bonitos buzones con octavillas del Pizza Hut. ¡Si por lo menos hubieran sido de un club de alterne de alto standing!

Ahora, mientras son cerca de las diez, estoy pensando si volver a la cama para disfrutar mentalmente con imágenes de cenutrios saltando vallas en todas direcciones o ponerme las pilas y salir a verlos al natural, en su ecosistema. Me interesa aprender sobre esta clase de papanatas y sobre todo me cautiva investigar qué eslabón ocupan dentro de la cadena trófica. Si es verdad que Dios existe y creó al hombre a su imagen y semejanza, entonces me gustaría saber qué es lo primero que le pasó por la cabeza cuando contempló la cara de algunos de los primeros descendientes de Adán y Eva. Un buen número de historiadores dicen que vomitó y se sintió indispuesto durante 2011 años, pero eso sólo son suposiciones… ¡Lilith!, ¡Lilith!, ¿dónde te escondes?…

Hoy es viernes, la jornada de la semana que dedico a la autoflagelación como alivio al sufrimiento psicológico que me produce haberme reencarnado en humano y no en mero o atún. Suelo dedicar tres horas por la mañana y dos por la tarde y si quieres que te sea sincero, obra milagros en mí. A veces utilizo uno de mis muchos cilicios de colección, pero otras simplemente golpeo una puerta de canto con la cabeza mientras contengo la respiración y canto mantras mortuorios con la mente. Ya sabes, cada uno hace lo que creé que es necesario para producir calma adictiva y sosiego retraído en su propia vida.

Bien, es hora de retirarme y no se me ocurre una frase ingeniosa para acabar el mail. Podría contarte un chiste sobre penes o algo parecido, pero creo que no es un buen momento. Los penes me recuerdan a sus dueños y como una cosa invariablemente lleva a otra, acabaría volviendo a despotricar sobre mi tema preferido, ese que escojo siempre que puedo o cuando mi ilustre cabeza no puede inventar otra cosa.

Muchos besos y pocos abrazos.

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Segundo email del 27 de octubre 2011

Jean Dubuffet, «Vache au nez subtile»  (1954)

Hola nuevamente:

La vida es bastante dura, eso lo sabemos todos -o quizá no todos, pues para a algunos es una maravillosa experiencia que debe ser disfrutada-, lo que no tenemos tan claro es si vale la pena vivirla despiertos o bajo la serenidad narcótica que producen los tranquilizantes. Personalmente, opino que es preferible la tortilla de patatas con Diazepam antes que un tournedó de solomillo de ternera con milhojas de patatas y cebolla caramelizada. Claro que es la opinión de un perdedor neurótico, hipocondriaco  e inadaptado, pero al mismo tiempo psicológicamente avanzado.

Las pocas veces que he intentado mantener una conversación con otras personas sin estar más o menos dopado, he sentido que era mucho más reconfortante golpearme en el estomago con un menhir que escuchar las memeces que tenían que contar y que yo no supiera de antemano. Por supuesto que he tenido el placer de conversar con gente maravillosa, culta y sensible, pero la proporción entre unos y otros es tan desigual que si lo pienso detenidamente, el asunto se vuelve preocupante. Eso jamás me ha sucedido con los animales. Todos mis diálogos con perros o gatos han sido impresionantemente satisfactorios y no ha habido ni uno sólo en el que no haya aprendido algo que hasta entonces desconocía por completo. Incluso una conversación que mantuve con una vaca mientras pastaba -la vaca, no yo-, fue muchísimo más enriquecedora que cualquiera de las miles que he mantenido hasta el día de hoy con humanos. Charlamos durante cuarenta y cinco minutos y en un momento dado me ofrecio un poco de hierba fresca que yo acepté agradecido. Cuando nos despedimos, intercambiamos direcciones y prometimos escribirnos asiduamente. Lamentablemente, nuestro prometedor intercambio epistolar nunca llegó a producirse ya que poco tiempo después fue descuartizada y su carne vendida al por menor, seguramente para que algunas familias pudieran comerse un estofado mientras, reunidas en varias mesas y con caras especialmente amables para la ocasión, se imaginaban unidas por unos instantes.

Si a estas alturas de mi vida no me fugo con otra  ternera es simplemente porque a su lado no podría pasar inadvertido, y para mí es esencial que nadie sepa mi nombre o donde vivo. Pero no te equivoques, no es una preferencia zoofílica, sino intelectual. Cuando converso con un perro, aunque no sea de raza, me siento como un árbol recién regado y eso es algo que no me sucede demasiado cuando interactúo con abogados, albañiles, pizzeros o incluso artistas, por poner algunos ejemplos rápidos. Por eso prefiero perfeccionar mi autismo y ver películas de «autor» de directores extraterrestres como Sokurov o Kieslowski, antes que someterme al tercer grado de una conversación estéril con mi primo, la tía de tu abuela, o el presidente del FMI.

El tiempo vuela y no es cuestión de desperdiciarlo con cosas que no te llenen y al lado de gente que no te enseñe o aporte algo. Hace unos cuantos años tuve una visión -que yo sepa, a parte de mi, sólo Martin Luther King o Santa Teresa de Jesús las tenían-, y fue tan reconfortante y explícita que desde ese momento lo tengo todo bastante claro.

Besazos místicos

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Email del 27 de octubre 2011

Gregory Thielker, «In between» (2008)

Hola:

Normalmente suelo levantarme de la cama con un salto atlético, pero hoy lo he hecho en ocho movimientos pausados y aún así me ha costado una eternidad. La razón de ese cambio la tiene el otoño y sobre todo los días lluviosos y apagados como el de hoy. No me molesta que llueva, es necesario para que los niños se ensucien los zapatos en el barro e importante para asegurar los suministros de agua, reducir en el aire el número de partículas contaminantes y otras muchas razones que todos conocemos. En general estas jornadas lluviosas me producen sopor y aletargamiento neuronal, motriz y anal, pero algunas veces acentúan mi neurosis e hipocondría hasta niveles impredecibles y alarmantes. Te pondré un ejemplo: ahora mismo me duele el musculo interóseo dorsal del tercer metacarpio de la mano derecha. Si el día fuera soleado no le prestaría ninguna importancia y seguiría con mis obligaciones habituales, pero en un día triste y apagado como el de hoy, no puedo dejar de pensar en un posible cáncer de dedo, en el dedo que más uso y el único actualmente preparado para rascar los picores de mi piel vieja y arrugada sin producir un desgarro epidérmico de consecuencias irreparables.

Hoy es jueves, es decir, el día en que suelo salir a la calle a insultar mentalmente a las farolas de hierro forjado que hicieron ganadora de otra legislatura a nuestra alcaldesa. Las injurio mentalmente porque no quiero que me encierren en un frenopático de la seguridad social y, sobre todo, porque tengo una imagen de maduro amable que mantener a toda costa. El problema estriba en que soy totalmente incapaz de maldecir a cualquier metal y sujetar un paraguas al mismo tiempo sin sufrir una apoplejía, por lo tanto no sé de qué manera voy a gastar las cuatro horas que dedicaba a ese menester. ¿Se puede aprender a bailar el twist por internet en doscientos cuarenta minutos?

Acabo de consultar las predicciones meteorológicas para el resto de la semana y son tan deprimentes como las de hoy. Mañana lluvia débil, pasado mañana lo mismo y el domingo chubascos con posibilidad de tormentas. ¡Y yo que quería poner una lavadora el viernes! Ya no me quedan leotardos limpios, bueno sí, me queda un par, pero están agujereados y me niego en rotundo a coserlos, pues si lo hago perdería toda mi autoridad sobre ellos y eso es algo para lo que no estoy preparado de momento.

Bueno, querida, no me enrollo más, voy a intentar meditar acerca de los fenómenos atmosféricos y la manera en que estos influyen en los marujos como yo. Si me animo, igual te envío otro mail desquiciado esta tarde, justo antes de la hora que dedico a la oración y al arrepentimiento.

Besos

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Email del 25 de octubre 2011

Benjamin Anderson, «Liquidation» (2007)

Hi, my dear friend:

Este es mi mail mas tempranero, puesto que me acabo de levantar, eso sí, bastante animado y cantando el Kumbayá con parte de la letra en spanglish. Sinceramente, estoy convencido de que es mejor contemplar el amanecer con cara sonriente y espíritu bondadoso en lugar de cagarse en el Supremo, creador y regidor implacable de todos los futuros, pues para esto último ya hay tiempo durante el resto del día. Personalmente, prefiero maldecir a las fuerzas celestiales a partir del mediodía, que es cuando me siento un poco más fuerte y cuando creo que los insultos están más justificados. Me es indispensable interactuar con por lo menos un par de cretinos para sentir esas náuseas imposibles de reprimir que yo bautizo como cenutriofobia y que, generalmente, suelen tener consecuencias letales sobre mi caracter. En resumidas cuentas, este texto es anterior en el tiempo diario a mi suprema transformación en huraño, insociable o misántropo despreciable, así que creo que deberías valorarlo como se merece. Eso no quiere decir que vaya a estar repleto de florecillas silvestres multicolores, jilgueros cantando posados suavemente en una ramilla o cielos color turquesa, pues hasta el momento no he llegado a ese extremo de sencillez anímica, pero sí que, de alguna forma, será menos cruel con el ser humano, sus valores enfermizos y lo que estos pueden llegar a representar en una sociedad justa, libre y perfecta (¡Ja!).

De todas las palabras que alguna vez han salido de mi despiadada boca destacaría una: algolágnico. Según mi diario, este magnífico y poco usado vocablo fue escupido por mi bocaza el 17 de abril de 1981 a las 15:47 horas mientras un colega me atizaba en la cabeza con una tortuga carey disecada y yo me descuajeringaba como un autentico poseso idiota. Personalmente, creo que es un término o voz fonéticamente perfecto y animaría al personal que todavía utiliza más de cincuenta palabras en una conversación habitual, a emplearlo de una forma precisa, cabal y correcta. Al fin y al cabo todos somos algolágnicos, activos o pasivos de alguna forma, aunque el 90% no sepan lo que quiere decir la dichosa palabreja.

Después de mi anterior clase de vocabulario raro y poco usado, voy a permitirme el lujo de cambiar de tema, demostrándote al mismo tiempo la rapidez innata de mis pensamientos contemporizados y la poca credibilidad que tienen para las neurasténicas neuronas que se ufanan en fabricarlos. Como aún no he desayunado ni me he duchado, voy a hablarte sobre las ovejas y la forma correcta de acariciarlas en el bajo vientre sin herir sus sensibilidades o las de sus dueños. Pero antes, permíteme un corto mensaje comercial:

«Todos los proxenetas están de acuerdo. Utiliza el látigo Josef Mengele, confeccionado con cuero porcino de primera calidad y demuestra a tu esclava para qué sirve un macho fascista y reprimido.»

¿Te has parado a pensar detenidamente en la cantidad de suciedad que hay en las calles y lo guarra y cochina que es la mayor parte de la gente? Hasta el momento había visto tirados al lado del contenedor colchones, muebles viejos, neveras desvencijadas, inodoros mugrientos, ropa ensangrentada y cosas así, pero ayer vi algo que me dejó alucinado. Al lado del cubo de basura municipal que hay en la calle contigua a la mía, había tirada una Angraecum Equitans perfecta y saludable en su pequeño tiesto de plástico. Caray, ya tiran hasta las orquídeas más raras, preciosas, caras y difíciles de conseguir. Alguien que se atreve a arrojar a un cubo de desperdicios una planta de ese calibre es alguien que no valora la belleza de los seres vivos falsamente llamados «inferiores». ¿Cómo se puede llegar a un punto de bajeza moral tan ruin y despreciable? Puedo llegar a comprender que se pueda acabar tirando al cubo de los desperdicios a una suegra o un niño que berrea demasiado, pero no estoy preparado para contemplar a un hermoso vegetal yaciendo inerte al lado de compresas hinchadas, servilletas de papel repletas de mierda verde o inmundicias semejantes. El mundo, o lo que creemos que queda de él está llegando a su fin. Puedo ver los títulos de crédito finales cada vez que salgo a la calle. Y quizá es lo mejor para todos…..

Ha llegado el momento de que vaya a relajarme mientras un montón de agua con cloro y cal cae sobre mi cuerpo perfecto en la ducha. Por cierto, un agua que nos cobran a precio de oro y que tiene una calidad ínfima y que puede llegar a lisiarnos de por vida si no la utilizamos correctamente. Yo, generalmente me ducho con un traje de neopreno, que al mismo tiempo que realza la silueta de mi oronda y magnífica barriga, protege mi piel suave y libre de impurezas de las afecciones que puede producir semejante H2O.

Besos (haz con ellos lo que te plazca)

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Email del 24 de octubre 2011

Cecily Brown, «Guys and dolls» (1997)

Hola:

Hace apenas dos horas, un cura me ha silbado en la calle, parece que ahora les gustan maduritos. Mi primera reacción frente a su libido infrahumana ha sido cruzar las piernas pero al hacerlo la próstata ha vuelto a molestarme, por lo que he optado por arrancármela y tirarla a un contenedor. Mientras me alejaba del sacerdote rijoso y alborotador he observado con cierta impresión como este se acercaba a la basura y se la guardaba en un bolsillo. Al principio no le he dado demasiada importancia, pues he imaginado que sería coleccionista de próstatas, pero cuando se ha largado a trote hacia la iglesia y ha entrado en ella, he sentido una especie de intranquilidad emocional que todavía me inquieta.

Llevo todo el día pensando en la muerte y he llegado a la conclusión de que los muertos no necesitan mechero, pues los cadáveres no fuman. Es increíble el poder de razonamiento del cerebro humano cuando se exprime al máximo. Incluso el mío, bastante aburrido y apático por naturaleza puede llegar a deducciones inusitadas y de un valor filosófico sin igual cuando se lo exijo. En esos instantes de lucidez psíquica es cuando realmente le doy cierto valor a la existencia, por otra parte bastante predecible, pero de obligada experiencia. A veces me pregunto cuál es la razón por la que el cerebro se aloja en la cabeza y no en el ano, pues allí, envuelto en perfúmenes esenciales y rodeado de un esfínter vigorexico, tendría más posibilidades a la hora de razonar de una manera más productiva. Lo que está claro es que ningún órgano o apéndice importante se encuentra donde debería estar. Por cierto y hablando de zonas corporales, ¿podrías explicarme para qué diantres sirven los sobacos? Además de para criar golondrinos,  acrocordones y hacer ricos a los fabricantes de desodorantes no creo que tengan una función útil, aunque puedo equivocarme.

Te habrás dado cuenta de que este es un mail visceral y vulgar, con pequeños toques de humor tabernero y mínimas dosis de inteligencia. No me importa en absoluto. Como no me pagan por aforismo, ni por chiste, ni siquiera por palabra, puedo permitirme el lujo de escribir memeces de calibre superior al normal sin herir mi dignidad. Eso es lo bueno de ser anormal, nunca tienes que dar explicaciones a tu «yo» interior, más que nada, porque ese «yo» a ciertas alturas de la vida se debe haber mudado a otro país para escapar de la vergüenza.

Besos

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Email del 23 de octubre 2011

Lucian Freud, «Nude with Leg Up (Leigh Bowery)» (1992)

Querida:

Últimamente estoy ocupadísimo en no hacer absolutamente nada y me falta tiempo para seguir haciendo lo mismo. ¡Cómo me gustaría que un día tuviera 37 horas! Podría seguir haciendo nada pero mucho más rato seguido y aprovecharía mejor la jornada. Me molesta tener que dejar de estar tumbado dejando pasar las horas para ponerme a dormir, pues dormir implica calzarse un pijama. Además, si duermo no vagueo y como ya te escribí hace algunas semanas, el único sentido que le veo a esta existencia es estar relajado y con la mente en blanco, aunque algunas veces yo la pongo en rosa. Mientras permanezco inmóvil no gasto calorías, por lo tanto no he de comer demasiado y me evito tener que hacer cola frente a la caja del Día o Mercadona. Los únicos alimentos que ingerí ayer fueron un par de migas de pan integral mostoso y un mosquito tigre que entró por error en mi boca mientras babeaba.

No te creas que siempre hago lo mismo, a veces en lugar de hacer prácticamente nada, me pongo las pilas y hago casi nada. Entonces me siento cansado y vuelvo a quedarme quieto, sin mover un sólo musculo, aunque otras veces tiro la casa por la ventana e incluso dedico algunos segundos a pensar en algo, generalmente en no hacer nada. Como verás mi vida está muy planificada y, si te he de ser sincero, no cambiaría mi modus operandi ni siquiera por un gramo de felicidad improvisada. Sé que alguna vez tendré que mover los brazos y las piernas para que no se anquilosen, pero de momento no quiero amargarme pensando en el futuro y vivo el hoy con orgullo y responsabilidad.

Incluso he reducido la ingestión de líquidos para evitar tener que desplazarme al orinal que reposa a 23 cm de mi cuerpo, por eso estoy convencido de que valorarás el esfuerzo que estoy haciendo mientras pienso estas palabras y se las dicto con voz susurrante al sin techo que he contratado para la ocasión. Se llama Jonás y, según me contó esta mañana antes de que le prohibiera decir una sola palabra, vive en la caja de cartón 4 derecha del cajero del Bankia y su perro se llama Obsolescencio, aunque generalmente y para abreviar se dirige a él voceándole con el vocablo Programado.

No sé porque te cuento esto, es posible que mi cerebro necesite interactuar de alguna forma con otros cerebros, relatándoles mis inquietudes más profundas, o igual es que me he acostumbrado a mandarte un mail diario para justificar mi paso por el planeta tierra. Sea lo que fuere, espero que no me imites, más que nada por que como tú haces todo mejor que yo, odiaría tener que pensar que incluso haciendo nada me superas. ¡Déjame ser el primero en algo!

Besos cansados

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Email del 22 de octubre 2011

Gerhard Richter, «Demo» 1997

Apreciada amiga:

La ausencia de varias horas de luz natural empieza a afectarme. La melatonina segregada en grandes cantidades me deja totalmente letárgico y una especie de somnolencia narcótica inducida, que no beneficia para nada mi estado de ánimo, me impide concentrarme con la atención requerida en los asuntos que me interesan y son primordiales. Si se presentara a un concurso de compases desastrosos, seguramente saldría vencedor mi ritmo circadiano, actualmente más parecido al de un bote de kétchup que al de un ser humano. Me imagino que una gran cantidad de gente sufrirá de las mismas patologías en las estaciones de otoño e invierno y no se quejan tanto, la diferencia es que esas personas y toda la población mundial, exceptuando no muchas más de veinte, me importan bastante poco y además los mails que te escribo tratan sobre la persona que más conozco y quiero: yo. Me complace conocerte bien, pues sé que no tengo que darte excesivas explicaciones sobre esa última frase que dejaría sudorosos y escandalizados a cierto tipo de gente que pretendidamente quiere a todo el mundo, excepto a sí misma. ¿Cómo se puede querer a alguien si uno no se quiere por encima de todo? Desde luego no soy Charles Manson, pero tampoco la madre Teresa de Calcuta; soy, como la mayor parte de zombis que pululan sin rumbo por este planeta, una víctima social, no demasiado peligrosa pero potencialmente irrecuperable. No pienso como se supone debemos pensar; no creo en las cosas que nos obligan a creer, incluso no me alimento de los mismos manjares que la mayoría, pues me gusta devorar las emociones y los sentimientos de los idiotas que permiten a la involución sacar provecho de cualquier cosa. Existen tipos que se nutren de niños, ancianas, perritos y cualquier ser indefenso que se les cruce en el camino. Yo sólo ingiero imbéciles y reprimidos; como existe tal superávit de existencias en este mundo, conservo el resto congelados en un frigorífico que posee las dimensiones que yo deseo en cualquier momento. No necesito conciencia ni creo en lo moralmente correcto; mis escrúpulos están encerrados en una fortaleza de muros resistentes y ya no hay nada que me detenga. Si no asesinamos a la estulticia, esta nos poseerá como un demonio hasta el fin de los días…….

Me siento cansado de esperar algo que no sucede. No soporto las repeticiones, las reincidencias, las reanudaciones. El flagrante sinsentido sólo crea monstruos susceptibles que espontáneamente modifican las circunstancias, las desorganizan o las transforman en miedo y ofuscación simple. Los individuos portadores de dicha enfermedad contaminan a los espíritus libres y entonces comienza la pandemia. Si este es el mejor de los universos conocidos, ¿cómo serán los que todavía faltan por descubrir?

Un beso y un abrazo

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Email del 21 de Octubre 2011

Martin Kippenberger, «Portrait of Paul Schreber»  (1994)

My dear:

Me duele la cabeza y ya me he tomado 4 dolalgiales sin resultado. Cada vez que cavilo me ocurre lo mismo, por lo que barajo la posibilidad de dejar de hacerlo sine die, así extirparé el dolor de un golpe y al mismo tiempo dejaré de sonrojarme con mis pensamientos, cada vez más confusos y utópicos. Tengo un amigo que se jacta continuamente de que la última vez que puso a funcionar el cerebro fue el día de su decimotercer cumpleaños, y ahora tiene cerca de los 60. También es cierto que si lo ponemos cerca de un ficus no es posible notar la diferencia, pero es algo que no le afecta lo más mínimo; él se considera un abanderado de la felicidad hecha carne y su máxima siempre ha sido «Pensar no proporciona felicidad y sí inflamación meningítica o tumores cerebrales.»

A veces, cuando me encuentro aburrido o apático, siento la imperiosa necesidad de mirar mi viejo álbum de fotos, pues me encanta verme con pelo largo y raya en medio, pero siempre llega un momento en que mis ojos se niegan a seguir con el suplicio y tengo que cerrarlo, con gran disgusto para mi corteza cerebral pero con un regocijo inusitado para el sentido de la vista, que lejos de agarrarse a los tiempos pasados, prefiere leer epitafios esculpidos en lápidas de mármol. ¡Todo es tan difícil! Incluso respirar se me antoja un acto de constricción y a veces incluso me olvido de hacerlo, por eso mi piel ha pasado de la preciosa tonalidad olivácea que la caracterizaba a un azul apnea que causa pavor y desasosiego.

Te voy a contar algo que espero mantengas en secreto cósmico hasta el final de tus días: esta noche he soñado que me casaba con Doraemon, no ha sido un sueño especialmente doloroso aunque al final él se divorciaba de mí al descubrir que no soy una gatita. Mi primer impulso nada más despertarme ha sido ponerme a ronronear, pero una ráfaga fugaz de inteligencia concentrada unida a cierta sensación de hambre, sed y asco me han devuelto a la realidad. ¡Si pudiera sentir el estado de felicidad, aunque sólo fuera un instante o incluso tuviera que pagar por ella!

Acabo de liarme un cigarrillo con la súper máquina enrolladora y me niego a fumármelo, ha salido tan magnífico que pensar en pegarle fuego me produce angustia. Creo que voy a colgarlo con una chincheta en la pared y a dedicarle lo que pueda quedarme de vida. Jamás he visto algo tan bello y tan maravillosamente confeccionado y, aunque carezca de importancia, lo he fabricado yo. Ya no me siento un inútil incapaz de crear algo que no provoque, directa o indirectamente, negatividad infinitesimal. ¿Es esto lo más parecido a la dicha que experimentarán mi cuerpo y mente?

Bueno, con tres párrafos y medio es suficiente para contarte mis «ultimas noticias» directamente desde la redacción sita en algún lugar de mi bóveda craneal. Si deseas conocer los resultados de la quiniela siempre puedes conectar conmigo en la edición de las nueve.

Kisses

Email del 21 de Octubre 2011 Leer más »