Email del 21 de Octubre 2011

Martin Kippenberger, «Portrait of Paul Schreber»  (1994)

My dear:

Me duele la cabeza y ya me he tomado 4 dolalgiales sin resultado. Cada vez que cavilo me ocurre lo mismo, por lo que barajo la posibilidad de dejar de hacerlo sine die, así extirparé el dolor de un golpe y al mismo tiempo dejaré de sonrojarme con mis pensamientos, cada vez más confusos y utópicos. Tengo un amigo que se jacta continuamente de que la última vez que puso a funcionar el cerebro fue el día de su decimotercer cumpleaños, y ahora tiene cerca de los 60. También es cierto que si lo ponemos cerca de un ficus no es posible notar la diferencia, pero es algo que no le afecta lo más mínimo; él se considera un abanderado de la felicidad hecha carne y su máxima siempre ha sido «Pensar no proporciona felicidad y sí inflamación meningítica o tumores cerebrales.»

A veces, cuando me encuentro aburrido o apático, siento la imperiosa necesidad de mirar mi viejo álbum de fotos, pues me encanta verme con pelo largo y raya en medio, pero siempre llega un momento en que mis ojos se niegan a seguir con el suplicio y tengo que cerrarlo, con gran disgusto para mi corteza cerebral pero con un regocijo inusitado para el sentido de la vista, que lejos de agarrarse a los tiempos pasados, prefiere leer epitafios esculpidos en lápidas de mármol. ¡Todo es tan difícil! Incluso respirar se me antoja un acto de constricción y a veces incluso me olvido de hacerlo, por eso mi piel ha pasado de la preciosa tonalidad olivácea que la caracterizaba a un azul apnea que causa pavor y desasosiego.

Te voy a contar algo que espero mantengas en secreto cósmico hasta el final de tus días: esta noche he soñado que me casaba con Doraemon, no ha sido un sueño especialmente doloroso aunque al final él se divorciaba de mí al descubrir que no soy una gatita. Mi primer impulso nada más despertarme ha sido ponerme a ronronear, pero una ráfaga fugaz de inteligencia concentrada unida a cierta sensación de hambre, sed y asco me han devuelto a la realidad. ¡Si pudiera sentir el estado de felicidad, aunque sólo fuera un instante o incluso tuviera que pagar por ella!

Acabo de liarme un cigarrillo con la súper máquina enrolladora y me niego a fumármelo, ha salido tan magnífico que pensar en pegarle fuego me produce angustia. Creo que voy a colgarlo con una chincheta en la pared y a dedicarle lo que pueda quedarme de vida. Jamás he visto algo tan bello y tan maravillosamente confeccionado y, aunque carezca de importancia, lo he fabricado yo. Ya no me siento un inútil incapaz de crear algo que no provoque, directa o indirectamente, negatividad infinitesimal. ¿Es esto lo más parecido a la dicha que experimentarán mi cuerpo y mente?

Bueno, con tres párrafos y medio es suficiente para contarte mis «ultimas noticias» directamente desde la redacción sita en algún lugar de mi bóveda craneal. Si deseas conocer los resultados de la quiniela siempre puedes conectar conmigo en la edición de las nueve.

Kisses