agosto 2012

Email del 31 de agosto 2012

Fragmento anónimo en Hoshangabad (India) 8.000 A.C

Hola:

Hace unos años una serie de numerosos y extraños robos puso en jaque a la policía. El ladrón entraba por las noches en almacenes farmacéuticos y farmacias y sólo se llevaba una marca de medicamento: Dermovagisil crema. Como los hurtos se perpetraban sobre todo en el Levante, los cuerpos de seguridad del Estado pensaron que el cuatrero podía pertenecer a la mafia rusa afincada en esta zona soleada, aunque no sabían para qué diantres podían querer tal cantidad de lidocaína, que es el componente esencial del potingue. Hubo un momento en el que hasta los brujos y adivinos metieron sus garras en el pastel y según uno de ellos bastante conocido porque salía en televisión a todas horas, el ladrón era una mujer sexualmente enferma que adoraba masturbarse con ortigas. Para la prensa sensacionalista se trataba de un caso de guerra farmacéutica entre empresas y para Venancio Martínez, un saltimbanqui cojo y en paro, todo era una mentira inventada por los medios de comunicación para ocultar la información política y económica verdaderamente importante. Los robos siguieron durante 4 años y el precio de este compuesto subió como la espuma, pero de repente y para sorpresa de todos, cesaron y no volvieron a repetirse nunca más. La policía, por medido de su portavoz, un sujeto alto, calvo, desgarbado y con un tic nervioso en un ojo, proclamó que, después de 452 robos, la mafia de los países del este estaba totalmente acojonada gracias al excelente trabajo policial y había decidido largarse de nuestro país y establecerse definitivamente en Groenlandia. Por su parte, el adivino de la ortiga estaba seguro de que la enferma libidinosa se había cansado de esa forma de onanismo desmesurado y había sustituido la urticácea por el berro, mientras que Venancio el volatinero sufría un ataque de herpes labial y prefirió cerrar la boca y no decir ni pío.

Actualmente, y con la perspectiva que proporciona el paso del tiempo, se tiende a menospreciar esa serie de atracos perfectos con pequeñas reseñas, todas ellas despreciables y falseadas, en revistas del corazón y periodicuchos locales, obviando que el autor de los mismos fue un autentico genio. Porque una de las pocas cosas que se descubrieron en su día fue que el bandido era un sólo tipo, quizá hasta tipa, y que tenía un perro blanco, pues fueron hallados numerosos pelos de chucho en la mayor parte de los locales «graciosamente visitados». Personalmente, siempre he creído que el caco fue un extraterrestre procedente de HD85512b, un planeta situado a 36 años luz de la tierra, y que necesitaba ese fármaco para eliminar los callos de los pies de su esposa. Es posible que mi teoría te parezca digna de un sanatorio mental, pero si la meditas te darás cuenta de que es muy plausible. Ten en cuenta que en ese planeta los alienígenas deben medir cerca de los 27 metros de alto, por lo que sus pies podrían ser del tamaño de un bisonte americano. Imagínate el volumen de unos callos y multiplícalos por 5, que es el número de piernas que, según mis cálculos, deberían poseer, y te harás una idea de la cantidad de mejunje que se necesitaría. En cuanto a lo de los pelos de can recogidos, bueno, simplemente es una gilipollez suprema. ¡Cómo un supuesto ladrón y genio del mal va a llevarse a su mascota al trabajo! Es de locos, pero no me extraña la teoría viniendo de los maderos.

Si volviera a nacer -yo, no el extraterrestre-, me gustaría ser detective especializado en asuntos siderales. Como no hay muchos investigadores especializados en esa rama, estoy seguro de que podría llegar a ser el Sherlock Holmes del espacio exterior; eso sin contar con que me forraría, pues mi minuta no sería nada barata; además cobraría en Pleffens X1, que es la moneda que se usa fuera de nuestro planeta, con lo cual, al cambio, mis honorarios se triplicarían. Con la fama que adquiriese y el dinero ganado me construiría un chalecito diseñado por Juan Ripollés en Urano e intentaría vivir una vida plena, plácida y coherente. Lamentablemente no voy a volver a nacer, ni siquiera a reencarnarme, así que voy a intentar seguir malviviendo en esta única existencia de la mejor forma que conozco: acostado.

Un beso, un saludo afectuoso y una súplica de perdón, por haberme atrevido a enviarte semejante imbecilidad.

PD:

Se me olvidó contarte lo que me pasó ayer a las 7 de la tarde, pero no lo he hecho porque no me sucedió nada de nada. Si me hubiese ocurrido algo diferente, ten por seguro que no te lo hubiera contado, pues si te relatara todos los sucesos que acaecen en mi vida, ésta pasaría a ser tuya y yo me quedaría solo y pagando las deudas de los recuerdos, que invariablemente ya no me pertenecerían. Como soy bastante agarrado en cuestiones existenciales, te recomiendo que te compres un yo-yó, que ahora vuelven a estar de moda, y dejes de escuchar las historias de los demás, pues si no lo haces, llegará un momento en que los que ahora te narran sus extraordinarias vivencias emigrarán a HD85512b y tú te quedarás solita con el yoyó y vacía (por dentro y por fuera).

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Email del 28 de agosto 2012

Odd Nerdrum, Man in a Boat, 1997

Amiga mía:

Se me hace increíble pensar en la cantidad de información que recojo y asimilo cada día y que de alguna forma me resulta positiva, aunque como nos sucede a casi todos, no me libro de los estímulos aversivos, esos que a pesar de resultar desagradables, reptan como serpientes cósmicas, o por lo menos a la misma velocidad que se mueven los taquiones, y explosionan con una fuerza absolutamente avasalladora en el córtex, permitiéndonos diferenciar lo bueno de lo malo, lo que nos gusta y lo que detestamos. De todas esas informaciones que se almacenan en el disco duro cerebral, por llamarlo de una forma moderna, hay unas cuantas que ciertamente nos encaminan hacia la verdadera sabiduría: las negativas, ya que con cada latigazo de advertencia crecemos en experiencia, mientras que las indicaciones positivas tienden a sumirnos en un estado de aletargamiento satisfecho que nos impide alcanzar una valoración realista y sensata de cada una de las situaciones, fases o condiciones que en un principio deberían formar parte del aprendizaje.

La atención, la percepción y la memoria, junto con el pensamiento, y por supuesto, el lenguaje, o, nombrándolas de una manera más clínica y precisa, las funciones psicológicas o psicológico-cognitivas forman parte de un proceso en el cual influye la disciplina individual, dentro de un gran esfuerzo conductual colectivo en el que la información se trasmite e intercambia, generalmente infectada o alterada desde su inicio. Todo ese trasiego de información desordenada, revuelta o modificada, acumulada de forma veloz pero confusa, es lo que nos diferencia del resto de conjuntos integrados por átomos y moléculas denominados seres vivos. Una vez llegado a este punto, yo, como humano evolucionado aunque perteneciente a una raza mutada y salvaje destinada a acabar con cualquier forma de vida, me pregunto: la información, el conocimiento, el aprendizaje, ¿realmente son sinónimos axiomáticos de conducta positiva, exenta de influencias dañinas -o lo que culturalmente entendemos como dañino o perjudicial- y claramente evolucionadas? ¿O son simplemente un modo, método o forma de liberarnos del estigma de la conciencia de que no somos más que unos animales, funestos y malignos, y todo lo que eso comporta, sobre todo para ese lastre de falsa honorabilidad o «dignidad sapiens» y que algunos, -muchos, demasiados- atesoran como evangelio supremo o fe condicionada aunque absoluta, por la cual se acercan aletargados de esperanza y credo a conceptos tan cenutrios como Creacionismo, Panspermia o, dentro de lo especialmente retrógrado, la Abiogénesis?.

No trato, aunque pueda parecerlo en este apresurado email, eximirme de la parte de responsabilidad que me corresponde. Me arrancaron del útero de mi madre y sólo por esa circunstancia ya pertenezco inequívocamente a la familia Hominidae. Pero como tú sabes, mi esencia pertenece al espacio exterior, donde los acontecimientos tienen una posición y dirección relativa. Si tuviera que definirme en términos humanos, lo haría con cinco palabras: soy un negativista algo positivo; pero al mismo tiempo también soy parte de la Nada, y cuando acepto que pertenezco a esa Nada tan absoluta y perfecta es cuando realmente siento que de alguna manera soy una insignificante partícula dentro de un infinito contínuo denominado espacio-tiempo.

En estos instantes tengo ganas de llorar, pero no puedo hacerlo porque las lágrimas, todas y cada una de ellas, acaban en el suelo. Mientras intento terminar este texto que no fluye como tenía pensado, me siento como un helecho recién trasplantado en el desierto. ¡De acuerdo, sí! Han tenido la delicadeza de enterrar mi cepellón cerca de una gran piedra y así, ésta me proporciona sombra y limitada humedad, pero han olvidado que necesito riegos constantes para mantenerme vivo, crecer y repartir al viento mis esporas. Y me estoy marchitando sin conocer el argumento o las razones que alguien tuvo, en algún lugar de este increíble y desconcertante Todo, único y definitivo, para extraerme sin permiso de mi confortable maceta, en la que prosperaba y era algo parecido a lo que tú y otros sujetos como tú calificaríais como «feliz». Aunque esa palabra es tan tramposa, tan indefinible y tan poco justificable que simplemente de escribirla o pronunciarla me entran ganas de no ser, ni existir.

Un abrazo.

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Email del 26 de agosto 2012

Yves Tanguy, Phantoms. 1928

Amiga:

Como sé que te gusta que te cuente mis sueños por muy dementes que sean y aun sabiendo que éste te va a repugnar y que incluso puede que pienses que estoy verdaderamente desquiciado, voy a arriesgarme y relatártelo:

Me acaban de crucificar como penitencia por haber mordido el escroto al presidente del gobierno mientras hacía la siesta en una hamaca de algodón anudada entre un tejo y una sabina, en la Moncloa (naturally). Como según el código penal morder o masticar las partes íntimas de un mandatario está totalmente prohibido, salvo que el agresor sea la primera dama, el juez ha sido extremadamente severo conmigo y me ha condenado a morir crucificado. El problema es que como se les han acabado las cruces de madera de nogal, me han crucificado sobre una furgoneta destartalada que no ha pasado la ITV y eso me deprime, así que a su pesar, pero siguiendo las órdenes del psiquiatra jefe, me desatan y me internan en un zoo. Cuando me quejo y grito que lo único que necesito es amor y Valiums, un osa bezuda que se aloja en la jaula contigua a la mía me adopta, cambia mi precioso nombre de Gregorio López por el más salvaje Uaaaaarrrrgggggg López y me prepara unos canapés de salmón; pero lamentablemente el pescado es de lata y esta está caducada desde 1978, asi que me contagio de botulismo y muero convencido de que soy un corsé con encajes.

Si te dijera que esta pesadilla ha sido una de las más terribles y desquiciantes de cuantas he soñado en esta insoportable vida y en las tres anteriores, sería quedarme corto. Pero por lo menos es mejor que la que tuve el día que mi abuela decidió bailar break dance sin el tacatac. ¿Nunca te has preguntado si los sueños, o por lo menos esta clase de sueños, responden a una anomalía cerebral? Porque me imagino que tú, como el resto de humanos fósiles también los tienes. ¿No fuiste tú quien soñó que una gran berenjena proveniente de otro planeta te perseguía a todas partes intentando que te dieras de baja de » El circulo de lectores»? Es posible que no fueras tú, ya sabes que mi menoría es semejante a la de un macetero (el músculo de la cabeza, no el sujeto que fabrica macetas y las vende en el mercado). Según un articulo que leí en una revista científica, soñamos para pagar menos impuestos, pues durante el tiempo que dormimos (y por lo tanto soñamos) no somos capaces de pagar ninguna factura. Lo cual me lleva a una terrible duda: ¿las mujeres gordas se sienten atraídas por los poceros? Si, ya sé que esta pregunta no tiene nada que ver con la cuestión, pero ¿y qué más da? Si mis preguntas fueran racionales, ¿crees que tendría esta clase de facturas psicopáticas y los sueños se acumularían los unos sobre los otros encima de mi escritorio?

Mientras intento ser coherente, sobre todo para que no creas que tratas con un chalado, una gota de sudor baja por mi espalda. En estos momento se ha detenido cerca del coxis y creo que está decidiendo si baja o por el contrario, y contrariando todas las leyes físicas, sube otra vez hacia arriba y se establece definitivamente en un hombro. Mientras toma una trascendental decisión, asimila su paso por mi epidermis como una de las cosas más excepcionales que ha tenido el placer de experimentar desde que nació como transpiración salada e incolora hace ahora 3 minutos. Por el momento y expectante ante el rumbo que tome, me despido hasta mañana, o pasado mañana, o quién sabe cuando, pues al fin y al cabo, el futuro es impenetrable, osea, ni tú, ni yo, ni nadie, puede follárselo, lamentablemente.

Un besazo.

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Email del 23 de agosto 2012

Marc Chagall, Clock. 1914

Querida:
¿Cuánto tiempo dura un suspiro? Yo te lo diré, pues lo he cronometrado: 2 segundos aproximadamente, 3 si acabas de comer queso y te sientes fortalecido, es decir, el mismo tiempo que un abogado dedica a su aseo personal diario y el doble de lo que le dura a un sacerdote la fe en Dios. Claro que estos datos no son más que una conjetura, pues nunca me he acercado a un picapleitos y desde que tomé la comunión jamás un cura ha osado situarse a menos de 150 metros de distancia de mi. Pero el dato de los segundos al suspirar es real. Como te dije, está cronometrado en mí mismo y validado por un notario al que soborné con un «vale por 3 sodomizaciones y 1 orgía» en un club de alterne gay. Como tú eres una mujer que usa el cerebro, quizá pienses que definitivamente mi locura ya se ha vuelto peligrosa, pero no te preocupes, todavía puedo pasar delante de un cuchillo jamonero sin sentir deseos irrefrenables de cortar yugulares. Simplemente, me cronometro para matar el tiempo. Si tuviera curare lo asesinaría envenenándolo, pero mi otra personalidad no me deja tener productos químicos peligrosos en casa, salvo leche de burra, que es la que uso para bañarme (ahora ya sabes porqué mi cutis es tan suave).
Desde que empecé a computar y a anotar mis tiempos he llenado 2 libretas de anillas y voy por la tercera. A continuación te transcribo algunos datos interesantes acerca de algunos de mis tiempos o marcas personales:
Pedorretas: De 3 a 38 segundos.
Eructos: Entre 4 y 7 segundos.
Orinar: Datos no concluyentes. 
Defecar: Datos indeterminados o no confirmados.
Dolores flatulentos: De 5 minutos a 16 días.
Ataques epilépticos: 38 segundos aproximadamente.
Lumbalgia: Un espasmo cada 6 meses de una duración cercana a las 2 horas por ataque.
Cunnilingus: Sin chicle hasta 1 hora, con chicle, un sopapo.
Fornicar: De 4 horas en adelante.
Cantar: Aunque tengo una voz semejante a la de Enrico Caruso, no canto nunca. Algunas veces toso y carraspeo, pero nada, de ahí no paso.
Planchar ropa:
a) Camisa, 7 minutos y un ataque de nervios.
b) Calzoncillo, 2 minutos cada slip, 15 minutos los bóxer.
c) Leotardo, 1 minuto, aunque la única vez que lo intenté, éste desapareció sin dejar rastro. 
Mis insultos duran entre 2 a 3 minutos, según quién sea la victima. Si es humana generalmente la cifra no baja de 2.68, aunque mi marca está en 9 horas seguidas (con una parada de 45 segundos para que mi trainer personal me secara el sudor).
Cocinando tengo algunos records difíciles de superar:
a) Albóndigas de Könisberg, 25 minutos, 27 si se me cae la sal al suelo .
b) Tortilla de patata, 4.34 minutos aunque generalmente no me complico la vida y la suelo robar en Alcampo.
c) Ñoquis con Ragú de Ternera, 33 minutos pero sustituyendo la ternera por berenjenas.
Tengo un amigo que incluso cronometra el tiempo que necesita su mujer para quitarse la faja sin golpear al perro con las gomas elásticas y otro que baila sevillanas disfrazado de almorrana, aunque esto no venga al caso. Computar el tiempo es un hobby enfermizo, pero también una forma de controlar la inevitable decadencia que produce el incesante fluir de una hora tras otra. Además, si no pudiera controlar mi propio tiempo, ¿en qué malgastaría las putas horas? Hablando de malgastar las horas y putas, tuve una novia que malgastaba el dinero, pero nunca las horas, pues con la pasta compraba tiempo al taxidermista que la dejaba como nueva y a veces incluso le quitaba la ropa con la boca. Pero creo que estoy divagando. Caray, ahora que lo pienso nunca he cronometrado mis divagaciones, ni mis purgaciones, ni siquiera…. ¡Basta ya! No puedo seguir así. Necesito algo de paz mental o acabaré suicidándome (¿podría cronometrar mi propio suicidio?). A veces pienso que no me queda tiempo que gastar, otras que este es infinito y que puedo usarlo, odiarlo, malgastarlo, acoplarlo, conquistarlo, amarrarlo, ajustarlo, acotarlo, afinarlo, alquilarlo, apretarlo, asegurarlo, autorizarlo, combinarlo, confiarlo, cortejarlo, enfadarlo, ensartarlo, forzarlo y violarlo, pero también gestionarlo, hechizarlo, honrarlo, juzgarlo, marcarlo, llorarlo, mostrarlo, infectarlo, multiplicarlo, motivarlo, personalizarlo, pisarlo, podarlo, vomitarlo, traicionarlo y amueblarlo. ¿Amueblarlo? ¿Amueblar el tiempo? Bueno, todo es cuestión de intentarlo. En Ikea venden unos armarios de aglomerado que quitan el hipo (NOTA: cronometrar las contracciones espasmódicas involuntarias) y unas chaiselongues cómodas hasta el punto de provocar orgasmos mortales en el que se sienta.
Ahora debo dejarte, amiga mía. Mientras te escribía este penoso email mi crono ha estallado. Uno de sus muelles ha golpeado al ficus que a su vez ha caído encima de mis zapatillas ensuciándolas con compost y tierra. Si no las lavo ahora, no lo haré nunca, sobre todo porque en los chinos las venden a 2.50 euros. Por cierto, tardo 12 minutos con 45 segundos en recorrer los 984 metros que me separan del «todo a 1 euro» a la pata coja y 9 minutos si lo hago a la manera tradicional. 
Un saludo.

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Segundo email del 16 de agosto 2012

Max Ernst, La vierge corrigeant l’enfant Jésus devant trois témoins: André Breton, Paul Eluard et le peintre, 1926

Hola otra vez, cielo:

Hace unos días recibí por Gmail un correo de un supuesto lector de mi blog en el que entre otras cosas me explicaba lo mucho que se ríe con mis textos divertidos y bla bla bla, y el enorme desprecio y asco que siente por bastantes emails, sobre todo los graves e introvertidos o aquellos en los que arremeto contra la religión y la vida. En su atolondrada misiva compara ese tipo de escritos con los de un suicida en potencia y me pregunta cuál es la razón por la que no me cuelgo de una viga para bien de los que realmente están convencidos de que vivir es un auténtico regalo de Dios.

Al principio, nada más leer ese conjunto de malas interpretaciones y extrapolaciones de mis humildes emails (dirigidos a ti) decidí no hacerle ni puto caso y, por supuesto, no enviarle una respuesta. Pero como el cerebro de los primates es volátil, contradictorio y la mayor parte de las veces, extremadamente cambiante a conveniencia, esta madrugada he decidido contestarle y he preparado una respuesta. Te la copio:

Querido anónimo:


Al leer tu email he sentido unas repentinas ganas de viajar a cierto lugar lejano y en otro continente donde veneran a Herodes el grande y destrozar su altar por no haber extendido su hobby a Europa y más concretamente a España y al pueblo valenciano donde entre terribles esfuerzos viniste al mundo. Me imagino la cara de tus progenitores cuando contemplaron la santidad de tu cuerpo y la luz que resplandecía cuando sonreías a tu tremenda fortuna, la suerte de haber nacido para abrazar la inútil creencia de que todo lo que sucede es por un solo motivo (Dios). 


Puede o no que exista ese estúpido ser todopoderoso que juega con nuestros futuros, pero lo que está tremendamente claro es que tu Dios y el Dios de los católicos no es el mismo. El tuyo es incluso más fascista y peligroso. Ellos veneran una figura que les proporciona consuelo y dolor al 50 %. Tú, sin embargo, o mejor dicho, tu Dios sólo tiene un motivo para existir: dotar de autoritarismo concentrado a ciertos individuos trastornados. Porque eso eres tú, amigo sin nombre, un pingajo de carne con una cabeza repleta de odio y tontería a partes iguales, que desea de una forma totalmente irracional que ese maldito Dios inventado por sus miserias y terrores le regale cada día la perpetua razón. 


En una de tus más graciosas ocurrencias me dices que debería suicidarme por el bien de la gente que piensa que vivir es un regalo de Dios. Tu Dios. El Dios de los cenutrios. Un Dios asesino y cruel que no duda en propagar odio disfrazado de enseñanza. Pues bien, querido, me suicidaré cuando tú seas lo suficientemente valiente como para comerte a tu madre guisada con alcaparras en un Wok, es decir, nunca. Porque aunque mis escritos sean pesimistas con los seres racionales, no dejan de ser textos libres, con más o menos ficción, pero sobre todo, son míos; y yo, al contrario que tú y tu Dios omnipotente, supremo y absoluto, sólo doy MI opinión, que puede ser o no correcta y que, como nos sucede a los que verdaderamente pensamos, puede cambiar de un día para otro según las circunstancias, aunque a veces, no voy a mentirte, intervienen otros factores que ni en un millón de millones de años podrías llegar a entender.


No voy a extenderme más, mi tiempo es valioso y tú no te mereces ni un segundo. Sigue malinterpretando a tu antojo, sigue creyéndote un ángel misericordioso. A mi me la refanfinfla.



Tuyo:



Greg


PD: Me alegra saber que mis textos graciosos te divierten. Me apuesto un céntimo a que no los comprendes y que simplemente te ríes por inercia. La inercia de los zoquetes, que en su gran conjunto nos transporta a la involución final.

No sé si creerás que he sido demasiado benevolente con él, pero no tenía ganas ni tiempo para extender mi desprecio. De todas formas, y tú bien lo sabes, ya nada será igual, porque todo cambia y al mismo tiempo todo sigue un rumbo establecido, para bien o para mal.

Un besazo.

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Email del 16 de agosto 2012

M.C. Escher, Snakes.1969

Querida amiga:

Existen unas cuantas especies de serpientes, no demasiadas, que como estrategia de conservación ante un enemigo superior por el que podrían ser devoradas pausadamente o engullidas de una sóla pieza, han desarrollado una curiosa estrategia: comportarse como cobardes fingiéndose muertas. Incluso se ponen de espaldas contra el suelo y sacan la lengua. Si durante este acto de achantamiento y disimulo, alguien les da la vuelta y las devuelve a su posición original, es decir, vientre contra el suelo, ellas vuelven a adoptar la postura acoquinada exponiendo las escamas ventrales al cielo y volviendo a sacar la lengua para demostrar que lo suyo no es una farsa o una pantomima y que realmente están muertas y remuertas. Lo curioso del asunto es que cuando el presunto agresor se retira a un par de metros de distancia, éstas de repente recobran la vida y emprenden una repentina y rauda retirada.

Mi táctica ante el devenir de los días en este juego amañado al que llamamos supervivencia es la misma. Cuando una conversación no me interesa, dejo volar la mente y la dirijo hasta confines inexplorados de la psique humana más o menos demente, mientras mi boca sigue hablando como una máquina programada, mis oídos hacen como que escuchan y las arrugas de mi rostro demuestran al emisor-receptor de dicha conversación estúpida, irrelevante y cansina hasta la extenuación que sus sabias palabras son el culmen del raciocinio y de la inteligencia y que sin una dosis masiva de ellas a la semana yo no podría estar vivo y sentirme tan completamente satisfecho y feliz.

Idéntica maniobra sucede con las horas. Las noto pasar sumido y paralizado en una falsa actitud de expectación, silencioso pero al acecho, Las comprendo como unidad de tiempo, pero me repele su extrema frialdad y su absoluta falta de delicadeza. ¡Un puñado de esas infames equivale a toda una vida! y durante toda esa vida, corta y alegre o larga y extenuante, cada individuo nacido de madre ha escrito sin proponérselo una autobiografía; un conjunto de semblanzas y sucesos que nunca servirán para absolutamente nada y que de alguna forma definirán su breve paso y su efímera gloria por y en el Universo. ¡Nunca una porción de la nada ha sido tan exaltada! ¡Nunca un trozo de carne corrupto ha sido tan solemnizado! Vivimos desconociendo la causa por la que lo hacemos, pero moriremos desconociendo la razón de la muerte. Entre esos dos puntos tan opuestos como distantes, sufriremos vejaciones, martirios y violaciones, nos insultarán, nos amedrentarán y en última estancia seremos vilmente traicionados, apaleados y asesinados. Y todo con el mismo fin: demostrar que la vida sigue un curso señalado que conduce hasta donde las circunstancias y la casualidad desean.

Pero seamos claros por un instante: ¿si pudiéramos elegir, optaríamos por la agonía como medio de reacción biológica evolutiva? La mayor parte de los amigos y conocidos que durante un tiempo encuesté sobre el asunto me respondieron afirmativamente. ¡Despreciables mentirosos! Sólo un demente o adicto al dolor puede responder semejante falacia. Vivir es un proceso por el cual todo individuo se prostituye por un único y exclusivo propósito: acabar con el juego lo más rápido posible. El verdadero problema comienza cuando para cierta clase extremadamente numerosa de sujetos, el juego implica saltarse por completo las normas establecidas por una invisible inconsciencia superior y hacer trampas para auto demostrase su eterno (¡Ja!) e imparcial poder. Durante ese proceso que dura un tiempo infinito, la raza se adultera y entonces ocurre el falso final, que surgió del falso principio, de ese falso y deshonesto juego al que estamos obligatoriamente invitados a participar.

Si en esa absoluta totalidad que forman el espacio y el tiempo, desde el comienzo de lo que llaman Big Bang hasta lo que, sin meditar demasiado los conceptos, podríamos llamar Destino final y que los científicos más resabiados y pedantes bautizan como Big Crunch o Big Rip, el proceso físico ha seguido un curso vagamente definido pero imparcial en sus circunstancias. El Universo, mucho más velozmente de lo que se intuía en un principio, se expande. Cuando una estrella masiva ha consumido su energía explota con una violencia inimaginable en forma de supernova y acelera el proceso. La energía oscura, que impregna al Universo, actúa oponiéndose a la atracción gravitatoria, y hace que éste crezca más deprisa.

Somos nada y aun así queremos nuestra parte en el desarrollo y final del Todo; necesitamos convencernos de que en nuestra maravillosa grandeza divina, etérea  y celestial, todavía tenemos poderío y fuerza como para acabar con el principio verdadero y convertirlo en algo que nunca será, básicamente porque nunca debió existir.

Besos y abrazos.

PD: En las últimas dos semanas estoy llevando a cabo una especie de purga, por llamarlo de alguna manera, entre un gran número de falsos amigos y conocidos en general, de esos que en lugar de aportar beneficios sólo traen consigo perdidas de tiempo, problemas y dolores de cabeza. La lista de los que he borrado de mi teléfono móvil, redes sociales, y sobre todo de mi vida, es considerable y me siento totalmente orgulloso, aunque si he de ser sincero, no es la primera vez que lo hago, y supongo que tampoco será la última. Sin mentirosos, interesados, tacaños y trastornados de ambos sexos, el futuro, o lo que pueda quedar de él se vislumbra menos horrible.

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Email del 13 de agosto 2012

Richard Prince, Killer Nurse. 2005

Hey:

De entre todas las flatulencias dolorosas que se han formado en mi tracto gastrointestinal, hay una que destaca sobre las demás. Dicha ventosidad, a la que llamé Fifí, que me amargó durante una semana y que al final fue destruida gracias a un montón de comprimidos de Flatoril, transformó mi carácter y me convirtió en un maldito cínico despreciable, incapaz de interactuar con humanos guapos y, sobre todo, un negativista recalcitrante. Pero no te escribo para disertar sobre mis gases estomacales, aunque la verdad es que el asunto daría para varias páginas y al final estoy seguro de que te resultaría una lectura reconfortante, sino para quejarme enérgicamente sobre el desodorante Deliplus y su fama inmerecida. Creo que fue el lunes de la semana pasada cuando por alguna razón completamente ilógica decidí cambiar de marca y adquirir el de Mercadona; ya sabes que esa es su marca blanca en droguería y perfumería. No me voy a detener a expresarte con cuanta emoción llegue a casa y con qué ilusión lo deslicé por mis axilas, por supuesto después de destaparlo. Al principio y por mucho que intenté meter la nariz entre el sobaco izquierdo (sabes que soy rojo hasta para este tipo de cosas) no percibí ningún olor agradable; la verdad es que tampoco reconocí ni siquiera mi olor corporal viril, recio y súper masculino, pero no me alarmé, pues es de todos sabido que algunos de estos potingues, sobre todo los que son en barra, tardan un rato en hacer efecto. El problema surgió cuando de repente y sin previo aviso mi oreja derecha se desprendió por completo, cayó al suelo y fue mordida por mi perro. Tampoco me hizo sentirme del todo bien el hecho de que de uno mis sobacos empezase a crecer una mano y tratara de estrangularme. Pero lo que de verdad trastornó mi atractiva seguridad en mí mismo fue lo que ocurrió pasadas las doce y cuarto de la noche. Como sé que eres fácilmente impresionable voy a omitir por completo la serie de transformaciones increíbles que afectaron a algunas partes de mi cuerpo.

Mientras te escribo estas líneas, una enfermera grande y gorda, pero que por razones incomprensibles sólo pesa cuarenta y dos kilos, me está cambiando el catéter; mientras su asquerosa sonrisa demuestra que debería visitar al odontólogo más a menudo, no para de contarme la suerte que tuvo su tío-abuelo Alfredo en la guerra civil cuando unos fascistas lo confundieron con un salmón de rio y Superman lo salvó de ser cocinado y engullido en el último instante. Sinceramente, no sé si estoy en el hospital, en un sanatorio mental o simplemente en un sueño, pero no me importa. He llegado a un punto en mi vida en que lo único verdaderamente importante es sobrevivir sin pasar por la consulta del urólogo. Y creo que lo estoy consiguiendo. Poco importa que el noventa y cinco por ciento de mis antepasados masculinos murieran de cáncer de próstata, gangrena de Fournier o tuberculosis urogenital. De momento estoy vivo, no demasiado cuerdo, eso está claro, pero todavía soy capaz de gritar piropos obscenos en las manifestaciones y consignas políticas a las tías buenas y macizas.

Si quieres que te sea sincero, desconozco cuándo se terminará este sueño, o cuándo me darán el alta en el frenopático. Si como yo espero sucede antes de que el anticristo regrese a la tierra y someta a suplicios considerables a los políticos, jueces y ninfómanas, te avisaré con un silbido anagramático soplado debajo de tu ventana. Si por el contrario no sucede nunca, te recomiendo que sigas con tus estudios de sociología neoconductista zulú y con la clase de inexistencia que llevas ahora.

Querida, tengo que despedirme, pues si no lo hago la gorda de la que ya te he hablado y que me cambia los pañales me asfixiará con ellos. Te deseo lo mejor de lo mejor en esta vida, y lo peor de lo peor en la otra vida, ya sabes, esa que algunos imbéciles creen que existe pero que realmente sólo existe cuando uno está verdaderamente jodido.

Un besazo.

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Email del 11 de agosto 2012

Julien Chaves, Grande métamorphose. 2008

Hola querida:

Esta mañana he estado trabajando en un guion cinematográfico de ficción sobre un tipejo repelente. Al final lo he dejado sin acabar porque me he dado cuenta de que sólo era una estúpida forma de perder el tiempo. Y mi tiempo, aunque casi siempre acaba por costarme dinero, es mío, y puedo hacer con él lo que me venga en gana. Puedo retorcerlo, cercenarlo o agotarlo por completo; pero también soy capaz de dirigirlo, de canalizarlo o adiestrarlo a mi conveniencia.

Mientras trataba de pensar en qué final ponerle a esos folios repletos de líneas innecesarias he sentido la tentación de pensar. Y he pensado. ¿Ha valido la pena? Sinceramente, lo ignoro, pero  he llegado a varias (¿inevitables?) conclusiones:

1 – Me llamo Gregorio (Gregory para los amigos). Tengo 50 años de edad y las condiciones mentales seriamente mermadas (vivir rodeado de cenutrios tiene un precio). Aunque hay momentos en que soy consciente de que existo, la mayor parte del tiempo lo gasto intentando atar mi libertad individual a una puerta. Pero no sirve de nada. Una y otra vez me la roban, la violan, la desprecian,  la golpean, la pisan y, a veces, incluso defecan sobre ella. Cuando me la devuelven completamente gastada tengo que volver a utilizar ese valioso tiempo que tanto me cuesta, tranquilizándola, curándola, limpiándola y acariciándola.

2 – Mis necesidades emocionales e intelectuales no son tan diferentes de las de cualquier ser humano al que la naturaleza del sentido común haya dotado de libre albedrío. Y como ser humano, inteligente, capaz y temeroso de los demonios de la estulticia, nunca me cansaré de glorificar a los perdedores que gastan sus horas alimentándose de frases coherentes, fusas y semifusas o planos subjetivos. El resto, los incondicionales yonkis de la involución y toda esa gran caterva de ignorantes prescindibles, simplemente ya no existen, aunque a veces, cuando me lamento y sollozo tirado en el suelo, les oigo respirar calladamente mientras esperan una posible y poco probable oportunidad.

3 – Como no tengo el conocimiento etimológico suficiente para discernir si la muerte en sí es un estado de perfección absoluta o simplemente un descanso involuntario, forzoso, imprescindible pero inevitable y auténticamente necesario, he decidido seguir viviendo. Viviendo o sobreviviendo de la única forma que conozco: esperando algo. Y esperaré por lo menos hasta que comprenda el significado oculto y la diferencia fundamental entre ambos vocablos: vida y muerte.

No quiero despedirme de ti sin antes copiarte un par de hojas del guion inacabado, francamente mediocre pero con cierto sentido perverso rastreable, que ha obrado en mí las anteriores reflexiones. Se titula «El éxtasis de Mariano» y trata sobre el poder y el sinsentido. Todos conocemos a algún Mariano. Todos hemos sentido sus alientos rancios calentándonos los cogotes. Hasta tú, amiga incondicional y competente, estarás de acuerdo conmigo en que, exceptuando la mordedura de una víbora en plena arteria carótida, no existe nada tan siniestro como esa clase de tipos; y poco importa que esos sujetos en su par 23 sean XX o XY.

1 NEGRO

VOZ EN OFF:
(Sobre fondo negro con los títulos de crédito, sin ninguna clase de música)

Se llama Mariano y en estos momentos debería estar muerto.

(Imagen de un helicóptero volando sobre el cielo)

Es tremendamente feo; su mente está podrida y malformada. Cuando habla cecea e inventa mentiras a una velocidad increíble para un humano. Pero bueno, eso no es verdaderamente importante.

(Otra vez fondo negro.)

Tiene un puñado de amigos de ambos sexos que lo ensalzan continuamente. Algunos son incluso más feos que él, otros más mentirosos; pero ninguno cecea. No les hace falta. Cuando están juntos son tan peligrosos que la gente se aparta cuando los siente cerca. Quizá es porque huelen.  Bueno, eso no es verdaderamente importante, por lo menos en estos momentos.

(Imagen de cielo, tomada desde el helicóptero)

Este individuo ruin y despreciable se siente como un elegido enviado por el Dios redentor para exterminar cualquier clase de idea contraria a la que se pudre en su cerebro. Pero eso no es importante en este momento y en estas circunstancias; ya nada es importante. Sólo Mariano.

2 INTERIOR DE UN VATER (DÍA)
(Un tipo barbudo está sentado sobre un retrete con cara pensativa. De repente suena el teléfono y una mano blanca, bastante grande y que riela surge desde la nada y le entrega un auricular. Es la mano de Dios.)

MARIANO: Gracias, altísimo. Espera…no te vayas….(Hablando por el teléfono) ¿Eres tú? Sois unos capullos. Dile al fotógrafo que está despedido. Despedido. ¿Me oyes? A la puta calle con él. ¿Cómo que por qué? Me ha sacado feo. ¿No lo comprendes? ¿Qué van a pensar los borregos que me votan si ven esa foto? Despídelo ya y no le pagues un céntimo. ¡Que nos denuncie!. ¿Entendido? Vale. Adiós. (Dirigiéndose a la mano de Dios) Y tú, a ver si eres más rápido. Ha sonado tres veces.

DIOS: Le pido perdón. Estaba limpiándole el carnet del partido.

MARIANO: Oh sí, ayer lo utilicé para otras cosas y seguramente estaría manchado. Muchas gracias, altísimo. Me satisface que pienses por ti mismo.

DIOS: Sus deseos son órdenes para mi, su servidor…

MARIANO: No me gusta hablar con un brazo. Quiero verte entero.

DIOS: (Apareciéndose completo) ¿Desea algo mi señor?

MARIANO: Sí, necesito sentirme querido por todos.

DIOS: A usted le quieren todos. Cualquier votante de su PARTIDO daría la vida si usted se lo pidiera…

MARIANO: Pero yo quiero que me quieran los rojos. Y que sientan escalofríos cuando me vean por la calle, o por la televisión…

DIOS: Le aseguro que ya sienten escalofríos cuando le ven…

MARIANO: Pero son de odio. Quiero que me amen y que se postren a mis pies. ¿Vas a hacer algo por mí? ¿Vas a obrar ese pequeño milagro por mi?

DIOS: Sus palabras son órdenes para mí. Pero debo recordarle que cada ayudita mía tiene un precio. Usted ya lo sabe.

MARIANO: ¿Cómo no voy a saberlo. Ya me has ayudado veinte veces…

DIOS: Veintiuna…

MARIANO: Lo del helicóptero no cuenta, al fin y al cabo también la ayudaste a ella.

DIOS: Y me cobré el precio estipulado.

MARIANO: Bueno, menos cháchara. ¿Qué me vas a cobrar esta vez? Ya casi no me queda pasta…

DIOS: Mi señor, ese no es mi problema. Que todos los rojos españoles se arrodillen ante ti y te rindan alabanzas te costará trescientos millones de euros al mes.

MARIANO: ¿Estás loco? Las cosas están muy mal. Ya no puedo delegar en nadie. ¿De dónde quieres que saque tanto dinero?

DIOS: Todo lo nacido de la corrupción perece, como hijo que es de la corrupción. Mas lo nacido de incorruptibilidad no perece, sino que permanece incorruptible, como hijo que es de la incorruptibilidad.

MARIANO: Oh, qué espeso. ¿De quién es esa mierda?

DIOS: De mi hijo Jesús.

MARIANO: (Estornudando) ¡Ay! ¡Atchiiiiis!

DIOS: Jesuuuuuus.

MARIANO: Vaya, ¿qué eres? ¿Un graciosillo?

El texto del guión inconcluso tiene unas ochenta páginas, pero no voy a provocar tu aburrimiento transcribiéndote ni una más. Ahora me despido de ti, afligido (como siempre) por lo que nunca será, aunque cada uno de todos nosotros lo intente una y otra vez.

Email del 11 de agosto 2012 Leer más »

Email del 8 de agosto 2012

Frantisek Kupka, I do not care. 1902

Hola querida:

Ayer por la tarde decidí visitar a una amiga a la que no veía desde hacía ocho o nueve meses y que lo está pasando ciertamente mal a causa de su divorcio. Nada más llegar y después de darle un efusivo abrazo nos sentamos en un cómodo sofá y me presentó a su loro africano gris de cola roja Mojadito, que altanero y desafiante se balanceaba en su percha de metal a unos tres metros de nosotros. Aunque sabía que mi amiga tenía un loro, nunca antes lo había visto, pues su marido me caía francamente mal y las pocas veces que nos reuníamos era en algún bar del centro de la ciudad, en terreno neutral. Antes de empezar nuestro coloquio, Aurora me previno de algunas pequeñas peculiaridades de Mojadito, enseñadas pacientemente por su ex-marido en el pasado y que lo hacían, como mínimo, un ave excepcional.

AURORA: ¿Al final has vendido muchos ejemplares de tu libro?
YO: Pocos, la gente no se quiere gastar un duro, básicamente porque no tiene un duro y menos si el autor es un desconocido…
AURORA: Es cierto. No sé cómo vamos a acabar…
YO: De todas formas, que venda o no, no va alterar mis emociones…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
AURORA: Ya te expliqué la reacción que le producen al loro algunos finales de palabra. Olvídalo y continúa…
YO: Si, ejem.  Qué gracioso es.  Te decía que aunque no venda muchos ejemplares, no pienso alterar mis emo…, quiero decir, que aunque no venda ninguno más eso no va a trastocar mi dignidad.
AURORA: ¡Eso está bien! Cada uno debe ser cada uno, pase lo que pase.
YO: Cierto. No importa que nada salga bien. Lo verdaderamente importante es sobrevivir sin dar demasiados trompicones…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: ¡Vaya! Había olvidado la peculiaridad de tu loro.
AURORA: No te preocupes de Mojadito y continúa. Por cierto, ayer tuve el juicio con mi ex-marido y el muy capullo no se presentó. ¡Menudo pedazo de hijo de puta!
YO: Bueno, este mundo está repleto de cabrones…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: Sí, claro, ejem. Te decía que el mundo está repleto de gilipollas. De nosotros depende no caer en sus juegos.
AURORA: No sé cómo llegué a enamorarme de un tipo así. Debía estar pasando por un momento psicótico.
YO: Ese no es el problema, pero por lo menos tú te has dado cuenta. La verdad es que a mí siempre me pareció un completo mamón.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: Ah, sí. Olvidé contarte que las terminaciones en «on»…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: ¡Cállate ya Mojadito! Las terminaciones esas también le afectan. ¿Te das cuenta en qué perdía el tiempo mi ex?
YO: ¡Podía haberle enseñado a patinar!
AURORA: Sí, tienes razón.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: Debemos tener cuidado con cómo formamos las oraciones…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: …gramaticales….
AURORA: Bueno, se trata de sustituir las palabras que acaban en lo que tú ya sabes…
YO: Sí, pero entonces la conversación…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: ¡Mierda! Decía que si hacemos eso, la conversación…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: ¡Joder!
AURORA: No te pongas nervioso. Da igual que nuestra conversaci….. se ralentice. No te preocupes.
YO: ¿Y no sería más sencillo estrangularlo?
AURORA: No seas animal.
YO: Era broma, mujer. ¿Por dónde íbamos? Ah, sí. Tu marido. ¿Y piensas que el juez te concederá una asignación?
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: Si no lo hace, para qué diantres me servirá la anulación…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: También tienes razón…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: Por lo menos espero quedarme con el coche, que vale una pasta, aunque odio a muerte sus feísimos alerones…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: Pues se los quitas o mejor lo vendes. Es un Audi: por lo menos sacarás un pastón…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: No tanto….ya tiene cinco años. Los coches de gama media o alta también sufren devaluación.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: ¿Y qué no se degrada en un mundo como este? Somos humanos y como tales necesitamos de la destrucción…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: … para poder volver luego a la construcción…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: Bueno, no te pases colega, hay algunas excepciones…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: ¿Excepciones?
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
AURORA: Quiero decir que, bueno….yo no soy tan negativa como tú. Todavía pienso que una gran porción…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: … de la humanidad es verdaderamente buena y no alberga malas vibraciones.
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: Ese es un pensamiento estúpido y claramente demencial. Y perdona que te lo diga. Nada en lo que tenga que ver el ser humano está libre de enajenación…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: … alteraciones y…
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: … profunda aflicción.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: Hay que ver lo tremendamente negativo que eres. Y con la edad vas a más. Deberías buscar una solución a…
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: ¿Solución?
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: ¿Puedo preguntarte algo? ¿Eres feliz? ¿Podrías vivir sin imaginarte continuamente confabulaciones…?
MOJADITO: ¡Me tocas los cojones!
YO: ¡Caray! Ya son las seis y media. He quedado a las siete con mi hermano en el chalet de su urbanización.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
AURORA: Como siempre, ha sido un placer charlar contigo. Dame un par de besos, corazón.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!
YO: Hasta la próxima. Adiós Mojadito, espero que lo tuyo no tenga continuación.
MOJADITO: ¡Me tocas un cojón!

Mientras regresaba a mi hogar en autobús, no pude dejar de pensar en Mojadito y su repetitivo repertorio. Era un loro, sí, pero la verdad es que tenía toda la razón en sus afirmaciones. A todos y cada uno de nosotros, los monos erguidos que cierto funesto día de la evolución desarrollamos nuestro cerebro, nos importa una mierda cualquier cosa. Todo o absolutamente nada nos toca los cojones. Básicamente porque somos una infinidad en un todo. Criaturas desproporcionadas malviviendo en un planeta robado a los animales y vegetales. ¡Y pese a eso aún queremos colonizar otros mundos! No tenemos suficiente con matar, violar, robar, emponzoñar, avasallar, trastocar lo que nos rodea, que tenemos que inventar y gastar dinero en costosas naves para que difuminen nuestra maravillosa ingratitud en cualquier astro habitable del cosmos. No tenemos suficiente con tanta mierda. ¡Queremos mucha más! Somos invasores peligrosos, usurpadores depravados y aborrecibles. Pero por mucho que nos creamos con ciertos derechos y obligaciones, somos insoportables e imperfectos. Y pensar eso me hace feliz y, al mismo tiempo, me toca un cojón (o ambos).

Besazos

Email del 8 de agosto 2012 Leer más »