Email del 31 de agosto 2012

Fragmento anónimo en Hoshangabad (India) 8.000 A.C

Hola:

Hace unos años una serie de numerosos y extraños robos puso en jaque a la policía. El ladrón entraba por las noches en almacenes farmacéuticos y farmacias y sólo se llevaba una marca de medicamento: Dermovagisil crema. Como los hurtos se perpetraban sobre todo en el Levante, los cuerpos de seguridad del Estado pensaron que el cuatrero podía pertenecer a la mafia rusa afincada en esta zona soleada, aunque no sabían para qué diantres podían querer tal cantidad de lidocaína, que es el componente esencial del potingue. Hubo un momento en el que hasta los brujos y adivinos metieron sus garras en el pastel y según uno de ellos bastante conocido porque salía en televisión a todas horas, el ladrón era una mujer sexualmente enferma que adoraba masturbarse con ortigas. Para la prensa sensacionalista se trataba de un caso de guerra farmacéutica entre empresas y para Venancio Martínez, un saltimbanqui cojo y en paro, todo era una mentira inventada por los medios de comunicación para ocultar la información política y económica verdaderamente importante. Los robos siguieron durante 4 años y el precio de este compuesto subió como la espuma, pero de repente y para sorpresa de todos, cesaron y no volvieron a repetirse nunca más. La policía, por medido de su portavoz, un sujeto alto, calvo, desgarbado y con un tic nervioso en un ojo, proclamó que, después de 452 robos, la mafia de los países del este estaba totalmente acojonada gracias al excelente trabajo policial y había decidido largarse de nuestro país y establecerse definitivamente en Groenlandia. Por su parte, el adivino de la ortiga estaba seguro de que la enferma libidinosa se había cansado de esa forma de onanismo desmesurado y había sustituido la urticácea por el berro, mientras que Venancio el volatinero sufría un ataque de herpes labial y prefirió cerrar la boca y no decir ni pío.

Actualmente, y con la perspectiva que proporciona el paso del tiempo, se tiende a menospreciar esa serie de atracos perfectos con pequeñas reseñas, todas ellas despreciables y falseadas, en revistas del corazón y periodicuchos locales, obviando que el autor de los mismos fue un autentico genio. Porque una de las pocas cosas que se descubrieron en su día fue que el bandido era un sólo tipo, quizá hasta tipa, y que tenía un perro blanco, pues fueron hallados numerosos pelos de chucho en la mayor parte de los locales «graciosamente visitados». Personalmente, siempre he creído que el caco fue un extraterrestre procedente de HD85512b, un planeta situado a 36 años luz de la tierra, y que necesitaba ese fármaco para eliminar los callos de los pies de su esposa. Es posible que mi teoría te parezca digna de un sanatorio mental, pero si la meditas te darás cuenta de que es muy plausible. Ten en cuenta que en ese planeta los alienígenas deben medir cerca de los 27 metros de alto, por lo que sus pies podrían ser del tamaño de un bisonte americano. Imagínate el volumen de unos callos y multiplícalos por 5, que es el número de piernas que, según mis cálculos, deberían poseer, y te harás una idea de la cantidad de mejunje que se necesitaría. En cuanto a lo de los pelos de can recogidos, bueno, simplemente es una gilipollez suprema. ¡Cómo un supuesto ladrón y genio del mal va a llevarse a su mascota al trabajo! Es de locos, pero no me extraña la teoría viniendo de los maderos.

Si volviera a nacer -yo, no el extraterrestre-, me gustaría ser detective especializado en asuntos siderales. Como no hay muchos investigadores especializados en esa rama, estoy seguro de que podría llegar a ser el Sherlock Holmes del espacio exterior; eso sin contar con que me forraría, pues mi minuta no sería nada barata; además cobraría en Pleffens X1, que es la moneda que se usa fuera de nuestro planeta, con lo cual, al cambio, mis honorarios se triplicarían. Con la fama que adquiriese y el dinero ganado me construiría un chalecito diseñado por Juan Ripollés en Urano e intentaría vivir una vida plena, plácida y coherente. Lamentablemente no voy a volver a nacer, ni siquiera a reencarnarme, así que voy a intentar seguir malviviendo en esta única existencia de la mejor forma que conozco: acostado.

Un beso, un saludo afectuoso y una súplica de perdón, por haberme atrevido a enviarte semejante imbecilidad.

PD:

Se me olvidó contarte lo que me pasó ayer a las 7 de la tarde, pero no lo he hecho porque no me sucedió nada de nada. Si me hubiese ocurrido algo diferente, ten por seguro que no te lo hubiera contado, pues si te relatara todos los sucesos que acaecen en mi vida, ésta pasaría a ser tuya y yo me quedaría solo y pagando las deudas de los recuerdos, que invariablemente ya no me pertenecerían. Como soy bastante agarrado en cuestiones existenciales, te recomiendo que te compres un yo-yó, que ahora vuelven a estar de moda, y dejes de escuchar las historias de los demás, pues si no lo haces, llegará un momento en que los que ahora te narran sus extraordinarias vivencias emigrarán a HD85512b y tú te quedarás solita con el yoyó y vacía (por dentro y por fuera).