 |
| Pascal Fessler. A day in the life (2011) |
Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El caso Montoya.
Todas las cosas realmente importantes -o por lo menos las más interesantes- me suceden en miércoles, por esa razón no me extrañó demasiado que Fernando Carrasco, el director y propietario de la editorial Verba me telefoneara un miércoles de diciembre del año 1997 para ofrecerme un trabajito. Fernando, que es un tipo muy afable, y yo coincidimos por vez primera en una presentación literaria un lustro antes de esa fecha y desde entonces somos muy buenos amigos.
FERNANDO: Greg, ¡quiero encargarte algo!
GREG: ¡Dizpara!
FERNANDO: ¿Dizpara?
GREG: Perdona, es esta maldita prótesis dental. Tengo que llevarla hasta que me implanten dos dientes. A veces no puedo articular los sonidos como yo desearía.
FERNANDO: Ah, comprendo. ¿Dizparo entonces?
GREG: ¡Dizsspara!
FERNANDO: Vamos a editar toda la obra perteneciente a Los casos del churrero castañero ambulante García Pérez del escritor tailandés Sunan Weerasethakul y queremos que tú te encargues de las traducciones. Son 647 casos diferentes.
GREG: Coozco… ¡Mierda! Conozco a ese tipo. He leído varios de sus textos, o mejor, sus mini textos, pues ninguno de los casos que coozco, ejem, que conozco de ese detective churrero alcanza los 6000 caracteres. ¿Pero por qué yo?
FERNANDO: Bueno, él vivió en España, concretamente en Cullera, durante 35 años y tú residiste en Bangkok casi dos décadas, ¿me equivoco?
GREG: No, no te equivocas. La verdad es que me parece un trabajo interesante. ¿Cuándo murió ese tipo?
FERNANDO: Hace varios años. Era muy viejecito. Creo que le falló el corazón.
GREG: Ezssplícame un poco qué es lo que quieres hacer exactamente.
FERNANDO: Pues eso. Quiero editar toda su obra correspondiente al churrero castañero. Aunque vivía en nuestro país, Sunan escribía en un tailandés bastante influenciado por el jemer. Vamos a presentar su obra por todo lo grande, con unas ediciones de auténtico lujo. Como tú bien decías, sus relatos son muy cortos. La mayor parte están entre los 5000 y los 12000 caracteres, aunque hay unos 50 que llegan o se quedan cerca de los 70000 caracteres. Queremos editar todos los relatos, los 447, en 10 volúmenes.
GREG: ¿De cuánto tiempo dispongo?
FERNANDO: Hasta finales de septiembre.
GREG: ¡Cuenta conmigo!
FERNANDO: Luego te llamará mi secretaria, Cristina, para informarte de algunas cosillas y para cerrar el trato.
GREG: ¡Percescto! ¡Joder!
FERNANDO: Greg, ¿puedo preguntarte algo?
GREG: Por supuesto… ¡Dizpara!
FERNANDO: ¿Es verdad eso que cuentan, que durante tu larga estancia en Tailandia estuviste enrollado sentimentalmente con un transexual camboyano?
GREG: ¡No! ¡Ya estoy harto de explicarlo! Viví con un transexual birmano, pero no era mi pareja. Yo soy heterosessxsual. Viví con él y su primo en la misma casa, pero para ahorrar en gastos. ¡Caray, cómo es la fente!
FERNANDO: ¿La fente?
GREG: ¡La fgente! ¡Puta prótesis! Se mueve muso… ¡Muso!
Sunan Weerasethakul nació en Chiang Mai en 1921. No se sabe gran cosa de él hasta que se trasladó a España en 1965. Al principio fijó su residencia en un pueblecito cercano a Toledo, pero dos años más tarde se trasladó a Cullera, en la Comunidad Valenciana, donde conoció y se casó con una cullerense que le dio 12 hijos. Mientras trabajaba en un molino y almacén de arroz, Sunan desarrolló en su cabeza algunas de las historias que le harían famoso en el mundo entero bastantes décadas después. La primera narración de su serie de El churrero castañero García Pérez fue escrita en junio de 1978 y se tituló El caso Montoya, aunque en algunos países se la conoce como El caso del inocente asno Cantabrín.
Me satisface enormemente presentar dicho texto por primera vez a los lectores españoles y emplazarles afectuosamente a que compren sus 10 volúmenes o los roben de alguna biblioteca pública. Su cerebro se lo agradecerá.
Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El caso Montoya.
El churrero castañero García Pérez acababa de secarse la boca con una servilleta de papel cuando se le acercó el camarero gritando.
-¡Señor García, Señor García! ¡Han matado a Fermín! Acaban de encontrarlo con la cabeza partida en dos, como si fuera un melón tendral.
-¿Quién es el señor Gar-cí-a? -preguntó el churrero castañero García Perez.
-¿Cómo dice? -contestó perplejo el camarero- ¿Usted no es el señor García Pérez? ¿El detective aficionado?
-Sí, tiene razón. Soy el señor Gar-cí-a. No me sientan bien las cervezas. Pero hijo, yo soy castañero. ¡Cas-ta-ñe-ro! ¿Ha llamado a la policía?
-Mi jefe ya lo ha hecho pero dicen que tardarán por lo menos media hora en llegar.
-Muchacho, acompáñame hasta el cadáver. ¿Está muy lejos?
-Aquí al lado. A menos de 300 metros. Sígame señor García.
El churrero castañero ambulante García Pérez siguió al camarero hasta un pequeño cobertizo fabricado con cañas y ramas bastante mal dispuestas y que parecía que hubieran sido abandonadas más que colocadas. Ambos lo atravesaron como si de una selva devastada se tratara y llegaron hasta un pequeño descampado donde un burro con aspecto aburrido y cuatro ovejas amarillentas nos miraban. Un tipo gordo y con la cara enrojecida que estaba sentado sobre el suelo se levantó y se acercó a ellos.
-Este es el señor Montoya, hermano del fallecido- exclamó el camarero tratando de representar lo que realmente no era- Señor Montoya, le presento al señor García, churre…
-Buenos días señor Mon-to-ya -prosiguió García- O mejor triste día. Usted acaba de perder a su hermano. Le acompaño en el sen-ti-mi-en-to.
García se arrodilló sobre la víctima y se dio cuenta de que su dedo índice había intentado escribir sobre la arena antes de fallecer lo que parecía el inicio de un nombre.
-Um, parece una C ¿No te parece, muchacho?
-No sé señor, yo solo soy camarero.
-¿Cómo se llama usted, señor Mon-to-ya? -preguntó el castañero al hermano del muerto que no dejaba de llorar ni por un momento.
-Carlos. Carlos Montoya Galán. Para servirle a usted.
-Carlos, ¿cuánta gente suele trabajar o venir por aquí normalmente?
-Pues yo, mi hermano Fermín… pobrecito, mi otro hermano, Calixto, su hijo, Cosme y un señor que nos ayuda con la faena.
-¿Cómo se llama ese señor?
-Carmelo, creo que Carmelo Cienfuegos.
-Vaya, todos los que pasan por aquí habitualmente tienen nombres empezados por C. ¿Cuál es el nombre del burro y de las ovejas?
-Las ovejas no tienen nombre, señor García, pero el burro se llama Cantabrín, pues fue adquirido en un cambio por dos cerdos en Santander.
-¿En Santander, eh?
El castañero García se alejó diez metros de la escena del crimen y se puso a meditar. No pasaron ni tres minutos cuando de repente se sintió satisfecho de sí mismo y volvió a acercarse junto al camarero y a Montoya, que como estatuas mal trabajadas solo se movían para rascarse.
-Señor Mon-to-ya, ¿cómo se llamaba su hermano?
-Fermín. Fermín. Mi pobre hermano Fermín… Montoya…
-Ya sé quién es el asesino de Fermín Mon-to-ya.
Tanto el camarero como el señor Montoya dibujaron sobre sus rostros unas líneas mal definidas que manifestaban extrañeza y asombro a partes iguales.
-Señor Mon-to-ya. Y tú, mu-cha-cho. ¿No os habéis preguntado la razón por la cuál la víc-ti-ma, el señor Fer-mín Mon-to-ya, tratante de animales de granja lleva el cinturón des-a-bro-cha-do? ¿Y por qué una de sus manos está tan cerca de su pen… quiero decir de su mi-em-bro? Os contaré cómo sucedió todo: Fermín, su hermano, y tu vecino, muchacho, -prosiguió el detective aficionado y churrero castañetero mirando alternativamente a uno y otro- quiso be-ne-fi-ci-ar-se a Cantabrín, el burro que fue obtenido hace varios años por dos cerdos en un tru-e-que más o menos legal. ¡Observad cómo nos mira Cantabrín! ¡Fermín! Fer-mín Mon-to-ya, llevado por la arrebatadora fuerza sexual que destila ese pequeño borrico intentó acallar sus ins-tin-tos, seguramente como ya había hecho en varias ocasiones, pero esta vez con tan mala fortuna que -seguramente- cayó al suelo y fue pateado, desde luego sin querer, por Cantabrín. Mientras se le escapaba la vida, su hermano, su vecino, intentó escribir el nombre de su a-se-si-no, pero no pudo pasar de la letra C. Así es como sucedió todo y así es como se lo relataré a los agentes de po-li-cí-a cuando aparezcan. Yo, el chu-rre-ro castañero ambulante Mon-to-ya, perdón, quiero decir, García Perez… Yo, el churrero castañero ambulante García Pérez he resuelto el caso en menos de veinte mi-nu-tos.
-Es usted mi héroe, señor García Pérez -confesó el camarero- Por cierto, ¿Por qué separa algunas palabras al pronunciarlas?
-¿Quieres que te sacuda un ca-che-te, chaval? No seas in-so-len-te.