Email del 21 de noviembre 2018

Rembrandt Harmenszoon van Rijn. The anatomy lesson of Dr. Nicolaes Tulp (1632) 

«Mis células senescenteeeeeeeeees son unas unidades microscópicas excelenteeeeeeeeees.
Mis células senescenteeeeeeeeees son unas unidades microscópicas excelenteeeeeeeeees.
Mis células senescenteeeeeeeeees son unas unidades microscópicas excelenteeeeeeeeees.
Y siempre lo seráaaaaaaaaan.
Y siempre lo seráaaaaaaaaan.
Y siempre lo seráaaaaaaaaan.»
(Apotegma personal)

Esa terrible enfermedad en la que las jodidas células comienzan a dividirse sin parar y se dispersan sobre los tejidos más próximos, también denominada cáncer, carcinoma, sarcoma, granuloma y otros horripilantes nombres -la mayoría terminados en «oma»- está afectando a un gran número de la población humana y animal mundial. Pero como a mí la población mundial, sobre todo la humana, me importa una puta mierda neoplásica, voy a centrarme exclusivamente en lo que esa dolencia está afectando a algunos de mis más queridos amigos y a sus familiares.

Ya. Ya me he centrado. ¿Qué más puedo decir? Lo siento. Siento que en esta maldita lotería que es la existencia hayan sido los castigados. Siento todo por lo que están pasando y, lo que aunque no quieran, están haciendo pasar a la gente que los quiere. Y siento que a aquellos malditos desgraciados, que todavía creen que allí arriba existe un dios que escribe nuestros guiones, no les revienten las almorranas. Todo es un sufrimiento constante. Desde el instante en que nos pinzan el cordón umbilical, pasando por las espinillas, orzuelos y forúnculos, hasta llegar a las varices -ya sean exofágicas, pélvicas o en las piernas- las fascitis plantares o los múltiples problemas rectales. Por esa razón canto todos los días y todas las noches el adagio que encabeza este cortísimo y lamentable texto. À bon entendeur