Email del 30 de noviembre 2017
![]() |
| Gerard Fromanger. Existe (1976) |
Querida amiga:
El lunes se publica mi libro «Cómo distinguir casi nada de casi todo» y me empiezo a sentir nervioso. Y cuando me pongo nervioso tiendo a cometer algunas locuras que invariablemente terminan por destruir todo lo que he construido con ahínco en el pasado. La última vez que me puse ansioso asalté la Biblioteca Nacional y borré con un típex todas las consonantes fricativas de los dos únicos ejemplares que se conservan de la primera edición de la primera parte (impresa en 1614) de «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha» con lo que el texto perdía ingenio y originalidad de una manera considerable. La broma me costó tres años de cárcel y una orden de alejamiento temporal durante18 años a cualquier papelería o establecimiento dedicado a la venta de objetos de escritorio. Dos años antes fui detenido, apalizado y recluido en la clínica psiquiátrica San Jacinto y Santa Almudena por haber intentado intentar en repetidas ocasiones y fallar en todos los intentos. La fallida intentona me costó cuatro años y ochenta y nueve meses de reclusión y el juez que dictó sentencia me escupió en los botines. Desde entonces soy incapaz de calzarme unas botas de ante o tejidas en croché sin santiguarme once veces.
Todo empezó después de que un crítico literario escribiera acerca de mi tratado sobre la repugnancia viril titulado «Mi semen contiene gluten» y explicara cómo le habían diagnosticado cáncer de próstata tras leer los tres primeros capítulos que, según ese tipejo, fueron los únicos que aguantó antes de ir a hacerse un chequeo megacompleto (sic). Aunque para Valentina Sofía, mi primera mujer, eso no es cierto. Según ella mis miedos irrefrenables comenzaron tras verla practicar con leotardos tigrinos la postura de yoga llamada Tittibhasana. Sea lo que fuere, soy un tipo lloriqueante y blandito dentro de un cuerpo musculoso y multideseable. Y no se me ocurre qué hacer para ser un tipo aguerrido y dinámico dentro de un cuerpo musculoso y multideseable. Porque según las últimas encuestas de Metroscopia las mujeres prefieren a los tipos aguerridos y dinámicos dentro de cuerpos musculosos, pues son más multideseables.
Hace cinco días mis convicciones eran más fuertes de lo que son en estos instantes. Necesito volver a tener confianza en mí mismo. O por lo menos, si no soy capaz de tener confianza en mí mismo, me gustaría tener confianza en ti misma. Entonces me quedaría tu armario ropero y todos los trapitos que malviven en su interior y los ofrecería en un mercadito de perroflautas. Luego vendería tu casa y todos los enseres que contiene al mejor postor. Pero creo que vuelvo a divagar. Deben ser los 5 Tranxiliums que me he tomado para desayunar. Sin medicación todo se me hace un todo. Claro que si todo se me hiciera un nada, debería proclamar al mundo mi nueva condición de Illuminati hiperestésico, y eso, me acarrearía un montón de inconvenientes.
Para terminar este correo con salero y garbo, voy a pegarte una parte de un diálogo que escribiré en mi lecho de muerte dentro de 87 años. Quiero que lo leas muy concentrada y extraigas algunas conclusiones.
YO: Me gustan tus zapatos.
MUJER INVISIBLE: A mí me gusta no existir. Si no existo no tengo que aguantarte.
YO: Pero me estás aguantando, luego existes. Yo te he inventado. Soy tu creador.
MUJER INVISIBLE: No quiero deprimirte doctor Lopezstein, pero yo no estoy aquí. Algo que comiste te ha sentado fatal. Eso es todo. Deberías ir corriendo a urgencias.
YO: Me gustan tus zapatos.
MUJER INVISIBLE: Te repites. Ahora comprendo tu afición a la bebida y a los fármacos. Te hacen sentirte alguien totalmente diferente. Ni mejor ni peor. ¿No has pensado nunca en sumergirte hasta la muerte?
YO: ¿Sumergirme hasta la muerte?
MUJER INVISIBLE: Sumergirte hasta la muerte, sí.
YO: Me gustan tus zapatos.
Email del 30 de noviembre 2017 Leer más »


