Email del 5 de noviembre 2018
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| Banco Central Europeo. Mil euros (2011) |
Querida:
Este es el texto número mil que escribo para mi bitácora. Quizá debería celebrarlo por todo lo alto, pero como soy un tipo francamente refutante he decidido celebrarlo por todo lo bajo. Podría haber invitado a mi único lector a visitar las instalaciones del blog, pero vive en Villanueva del Rebollar de la Sierra y con el dinero que tengo en la cuenta corriente no me llega para pagarle el viaje a Valencia. Además mi váter es demasiado pequeño. Por esa razón he decidido resignarme a rememorar los festejos que celebré cuando escribí la despotricación número quinientos. Entonces nadaba en euros y mis lectores se contaban por cientos de miles.
La primera jornada de festejos se inició con algunos de los lectores más mayores amasando y concluyó con los mismos seguidores rodeados de sus nietos ayudándoles a amasar. ¿Qué amasaban? A día de hoy todavía no estoy seguro, pero nada más marcharse los amasadores sin las masas, cogí lo amasado, que tenía una pinta repugnante, y lo tire por el inodoro. El segundo día de festejos estuvo dedicado a la patrona del blog, Santa Escolástica de la Aparcería. Las mozas, los mozos, algunos clavarios de sexo indeterminado y un buen número de visitantes atraídos por mi atractivo físico y talento literario, participaron en un recital de lecturas de los mejores pasajes escritos por mí durante los últimos veinticinco años. El acto, que duró aproximadamente un minuto, fue aplaudido con devoción por los asistentes y por un exconvicto manco. Por la noche el conjunto Greg fish and the anhedonics amenizaron la verbena que se extendió hasta el amanecer. El tercer y último día de celebraciones fue dedicado a correr delante de las vaquillas y los torillos, aunque me consta que no todos asistieron al espectáculo vacuno, pues los seguidores que amasaron el primer día se tiraron horas intentando encontrar las masas para continuar amasándolas. Obviamente no pudieron encontrarlas, por lo que decidí adelantar mi discurso que según me consta fue descrito como «algo tan sublime e incrustante como el escorbuto» por uno de los académicos asistentes, y dar las gracias de corazón a todos mis admiradores y al exconvicto manco.
G
P.S.
Sí, ya sé que este texto de celebración no es gran cosa, pero tampoco mis lectores son unas lumbreras.
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