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| Poulami Banerjee. An autarchy (2017) |
Amiga:
Bajo mi punto de vista autárquico, no existe ninguna evidencia crítica que me sugiera que considerarse teísta y, al mismo tiempo, cafetero sea una contradicción. Y si lo es, entonces no tengo más remedio que mandar a la porra ese sistema económico basado en el autoabastecimiento y volver a la maravillosa dependencia o subordinación. Una cosa son las ideas, otra poder tomarse un jodido café moka caramelo macchiato o un té chai en casita, lejos de las incongruencias desproporcionadas de los bobalicones y badulaques que se multiplican a un ritmo imposible de controlar. Pero no es sobre los imbéciles de lo que te quería hablar, sino de mi próstata Mari. La bauticé así un día que me levanté triste hace unos cuarenta años tras leer el día anterior que un porcentaje muy serio de hombres la palman gracias a dicha glándula sexual. Mari es una campeona fabricando líquido prostático de primerísima calidad que, como tú sabes, sirve para proteger a los espermatozoides, ya los conoces, esos pequeñísimos mamones fabricados a toda prisa en las gónadas con el único propósito de fecundar óvulos y, de esa manera, seguir trayendo a este mundo muchos más idiotas.
Pero de un tiempo a esta parte, Mari me está jorobando de una forma inaceptable. No solo me obliga a levantarme varias veces por la noche a orinar o me regala esa horripilante sensación de que la jodida vejiga está llena, cuando en realidad no lo está o lo está en muy pequeña cantidad, sino que se permite el lujo de amenazarme con un bonito cáncer si no voy todos los años a que el matasanos urólogo me introduzca un dedo por el ojete. Y si conoces bien a los hombres sabrás que aunque nos encanta que nos metan uno o dos dedos -según el esfinter interno del ano de cada uno- mientras practicamos sexo, nos asquea hasta la santísima repulsión regurgitadora que un tipo o una tipa ataviados con una bata blanca y con la mano abusadora resguardada bajo un guante de látex fabricado en China o Taiwan… Lo siento, no puedo seguir, es demasiado pornografico-concupiscente-lúbrico-escabroso y este texto podría ser leído por un muchachito o muchachita demasiado cándidos.
Además se me está haciendo tarde. Siempre se me hace tarde. Incluso cuando voy con tiempo suficiente. Solo una vez en toda mi vida se me hizo pronto. Pero estás apañada si crees que te voy a contar lo que sucedió ese día.
G
