Email del 29 de noviembre 2018

Pablo Picasso. The piano (1957)

Querida:

Acabo de terminar de componer una canción en el piano. Se titula El rock del instante en el que varias inconsistencias sospechosas de no ser demasiado efímeras se desvituaron frente a mis ojos legañosos. Te pegaré la letra del primer párrafo para que te hagas una idea del trasfondo social del texto:

«Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.»

Ahora te adjuntaré la totalidad el segundo párrafo que, a mi parecer, posee mucho más fuerza que el inicial:

«Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.»

Pero si quieres que te sea sincero -y yo siempre trato de serlo- de lo que más satisfecho me siento es del estribillo, que se repite dos veces tras el segundo párrafo, una nada más terminar el puente y cuatro antes del acorde final.

«Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Ouaaaahhhhhhhhhh.
Rock, rock, rock.
Rock, rock, rock.
Ouaaaahhhhhhhhhh.»

Greg