Email del 11 de agosto 2012

Julien Chaves, Grande métamorphose. 2008

Hola querida:

Esta mañana he estado trabajando en un guion cinematográfico de ficción sobre un tipejo repelente. Al final lo he dejado sin acabar porque me he dado cuenta de que sólo era una estúpida forma de perder el tiempo. Y mi tiempo, aunque casi siempre acaba por costarme dinero, es mío, y puedo hacer con él lo que me venga en gana. Puedo retorcerlo, cercenarlo o agotarlo por completo; pero también soy capaz de dirigirlo, de canalizarlo o adiestrarlo a mi conveniencia.

Mientras trataba de pensar en qué final ponerle a esos folios repletos de líneas innecesarias he sentido la tentación de pensar. Y he pensado. ¿Ha valido la pena? Sinceramente, lo ignoro, pero  he llegado a varias (¿inevitables?) conclusiones:

1 – Me llamo Gregorio (Gregory para los amigos). Tengo 50 años de edad y las condiciones mentales seriamente mermadas (vivir rodeado de cenutrios tiene un precio). Aunque hay momentos en que soy consciente de que existo, la mayor parte del tiempo lo gasto intentando atar mi libertad individual a una puerta. Pero no sirve de nada. Una y otra vez me la roban, la violan, la desprecian,  la golpean, la pisan y, a veces, incluso defecan sobre ella. Cuando me la devuelven completamente gastada tengo que volver a utilizar ese valioso tiempo que tanto me cuesta, tranquilizándola, curándola, limpiándola y acariciándola.

2 – Mis necesidades emocionales e intelectuales no son tan diferentes de las de cualquier ser humano al que la naturaleza del sentido común haya dotado de libre albedrío. Y como ser humano, inteligente, capaz y temeroso de los demonios de la estulticia, nunca me cansaré de glorificar a los perdedores que gastan sus horas alimentándose de frases coherentes, fusas y semifusas o planos subjetivos. El resto, los incondicionales yonkis de la involución y toda esa gran caterva de ignorantes prescindibles, simplemente ya no existen, aunque a veces, cuando me lamento y sollozo tirado en el suelo, les oigo respirar calladamente mientras esperan una posible y poco probable oportunidad.

3 – Como no tengo el conocimiento etimológico suficiente para discernir si la muerte en sí es un estado de perfección absoluta o simplemente un descanso involuntario, forzoso, imprescindible pero inevitable y auténticamente necesario, he decidido seguir viviendo. Viviendo o sobreviviendo de la única forma que conozco: esperando algo. Y esperaré por lo menos hasta que comprenda el significado oculto y la diferencia fundamental entre ambos vocablos: vida y muerte.

No quiero despedirme de ti sin antes copiarte un par de hojas del guion inacabado, francamente mediocre pero con cierto sentido perverso rastreable, que ha obrado en mí las anteriores reflexiones. Se titula «El éxtasis de Mariano» y trata sobre el poder y el sinsentido. Todos conocemos a algún Mariano. Todos hemos sentido sus alientos rancios calentándonos los cogotes. Hasta tú, amiga incondicional y competente, estarás de acuerdo conmigo en que, exceptuando la mordedura de una víbora en plena arteria carótida, no existe nada tan siniestro como esa clase de tipos; y poco importa que esos sujetos en su par 23 sean XX o XY.

1 NEGRO

VOZ EN OFF:
(Sobre fondo negro con los títulos de crédito, sin ninguna clase de música)

Se llama Mariano y en estos momentos debería estar muerto.

(Imagen de un helicóptero volando sobre el cielo)

Es tremendamente feo; su mente está podrida y malformada. Cuando habla cecea e inventa mentiras a una velocidad increíble para un humano. Pero bueno, eso no es verdaderamente importante.

(Otra vez fondo negro.)

Tiene un puñado de amigos de ambos sexos que lo ensalzan continuamente. Algunos son incluso más feos que él, otros más mentirosos; pero ninguno cecea. No les hace falta. Cuando están juntos son tan peligrosos que la gente se aparta cuando los siente cerca. Quizá es porque huelen.  Bueno, eso no es verdaderamente importante, por lo menos en estos momentos.

(Imagen de cielo, tomada desde el helicóptero)

Este individuo ruin y despreciable se siente como un elegido enviado por el Dios redentor para exterminar cualquier clase de idea contraria a la que se pudre en su cerebro. Pero eso no es importante en este momento y en estas circunstancias; ya nada es importante. Sólo Mariano.

2 INTERIOR DE UN VATER (DÍA)
(Un tipo barbudo está sentado sobre un retrete con cara pensativa. De repente suena el teléfono y una mano blanca, bastante grande y que riela surge desde la nada y le entrega un auricular. Es la mano de Dios.)

MARIANO: Gracias, altísimo. Espera…no te vayas….(Hablando por el teléfono) ¿Eres tú? Sois unos capullos. Dile al fotógrafo que está despedido. Despedido. ¿Me oyes? A la puta calle con él. ¿Cómo que por qué? Me ha sacado feo. ¿No lo comprendes? ¿Qué van a pensar los borregos que me votan si ven esa foto? Despídelo ya y no le pagues un céntimo. ¡Que nos denuncie!. ¿Entendido? Vale. Adiós. (Dirigiéndose a la mano de Dios) Y tú, a ver si eres más rápido. Ha sonado tres veces.

DIOS: Le pido perdón. Estaba limpiándole el carnet del partido.

MARIANO: Oh sí, ayer lo utilicé para otras cosas y seguramente estaría manchado. Muchas gracias, altísimo. Me satisface que pienses por ti mismo.

DIOS: Sus deseos son órdenes para mi, su servidor…

MARIANO: No me gusta hablar con un brazo. Quiero verte entero.

DIOS: (Apareciéndose completo) ¿Desea algo mi señor?

MARIANO: Sí, necesito sentirme querido por todos.

DIOS: A usted le quieren todos. Cualquier votante de su PARTIDO daría la vida si usted se lo pidiera…

MARIANO: Pero yo quiero que me quieran los rojos. Y que sientan escalofríos cuando me vean por la calle, o por la televisión…

DIOS: Le aseguro que ya sienten escalofríos cuando le ven…

MARIANO: Pero son de odio. Quiero que me amen y que se postren a mis pies. ¿Vas a hacer algo por mí? ¿Vas a obrar ese pequeño milagro por mi?

DIOS: Sus palabras son órdenes para mí. Pero debo recordarle que cada ayudita mía tiene un precio. Usted ya lo sabe.

MARIANO: ¿Cómo no voy a saberlo. Ya me has ayudado veinte veces…

DIOS: Veintiuna…

MARIANO: Lo del helicóptero no cuenta, al fin y al cabo también la ayudaste a ella.

DIOS: Y me cobré el precio estipulado.

MARIANO: Bueno, menos cháchara. ¿Qué me vas a cobrar esta vez? Ya casi no me queda pasta…

DIOS: Mi señor, ese no es mi problema. Que todos los rojos españoles se arrodillen ante ti y te rindan alabanzas te costará trescientos millones de euros al mes.

MARIANO: ¿Estás loco? Las cosas están muy mal. Ya no puedo delegar en nadie. ¿De dónde quieres que saque tanto dinero?

DIOS: Todo lo nacido de la corrupción perece, como hijo que es de la corrupción. Mas lo nacido de incorruptibilidad no perece, sino que permanece incorruptible, como hijo que es de la incorruptibilidad.

MARIANO: Oh, qué espeso. ¿De quién es esa mierda?

DIOS: De mi hijo Jesús.

MARIANO: (Estornudando) ¡Ay! ¡Atchiiiiis!

DIOS: Jesuuuuuus.

MARIANO: Vaya, ¿qué eres? ¿Un graciosillo?

El texto del guión inconcluso tiene unas ochenta páginas, pero no voy a provocar tu aburrimiento transcribiéndote ni una más. Ahora me despido de ti, afligido (como siempre) por lo que nunca será, aunque cada uno de todos nosotros lo intente una y otra vez.