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| Gerhard Richter, «Demo» 1997 |
Apreciada amiga:
La ausencia de varias horas de luz natural empieza a afectarme. La melatonina segregada en grandes cantidades me deja totalmente letárgico y una especie de somnolencia narcótica inducida, que no beneficia para nada mi estado de ánimo, me impide concentrarme con la atención requerida en los asuntos que me interesan y son primordiales. Si se presentara a un concurso de compases desastrosos, seguramente saldría vencedor mi ritmo circadiano, actualmente más parecido al de un bote de kétchup que al de un ser humano. Me imagino que una gran cantidad de gente sufrirá de las mismas patologías en las estaciones de otoño e invierno y no se quejan tanto, la diferencia es que esas personas y toda la población mundial, exceptuando no muchas más de veinte, me importan bastante poco y además los mails que te escribo tratan sobre la persona que más conozco y quiero: yo. Me complace conocerte bien, pues sé que no tengo que darte excesivas explicaciones sobre esa última frase que dejaría sudorosos y escandalizados a cierto tipo de gente que pretendidamente quiere a todo el mundo, excepto a sí misma. ¿Cómo se puede querer a alguien si uno no se quiere por encima de todo? Desde luego no soy Charles Manson, pero tampoco la madre Teresa de Calcuta; soy, como la mayor parte de zombis que pululan sin rumbo por este planeta, una víctima social, no demasiado peligrosa pero potencialmente irrecuperable. No pienso como se supone debemos pensar; no creo en las cosas que nos obligan a creer, incluso no me alimento de los mismos manjares que la mayoría, pues me gusta devorar las emociones y los sentimientos de los idiotas que permiten a la involución sacar provecho de cualquier cosa. Existen tipos que se nutren de niños, ancianas, perritos y cualquier ser indefenso que se les cruce en el camino. Yo sólo ingiero imbéciles y reprimidos; como existe tal superávit de existencias en este mundo, conservo el resto congelados en un frigorífico que posee las dimensiones que yo deseo en cualquier momento. No necesito conciencia ni creo en lo moralmente correcto; mis escrúpulos están encerrados en una fortaleza de muros resistentes y ya no hay nada que me detenga. Si no asesinamos a la estulticia, esta nos poseerá como un demonio hasta el fin de los días…….
Me siento cansado de esperar algo que no sucede. No soporto las repeticiones, las reincidencias, las reanudaciones. El flagrante sinsentido sólo crea monstruos susceptibles que espontáneamente modifican las circunstancias, las desorganizan o las transforman en miedo y ofuscación simple. Los individuos portadores de dicha enfermedad contaminan a los espíritus libres y entonces comienza la pandemia. Si este es el mejor de los universos conocidos, ¿cómo serán los que todavía faltan por descubrir?
Un beso y un abrazo
