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| Gregory Thielker, «In between» (2008) |
Hola:
Normalmente suelo levantarme de la cama con un salto atlético, pero hoy lo he hecho en ocho movimientos pausados y aún así me ha costado una eternidad. La razón de ese cambio la tiene el otoño y sobre todo los días lluviosos y apagados como el de hoy. No me molesta que llueva, es necesario para que los niños se ensucien los zapatos en el barro e importante para asegurar los suministros de agua, reducir en el aire el número de partículas contaminantes y otras muchas razones que todos conocemos. En general estas jornadas lluviosas me producen sopor y aletargamiento neuronal, motriz y anal, pero algunas veces acentúan mi neurosis e hipocondría hasta niveles impredecibles y alarmantes. Te pondré un ejemplo: ahora mismo me duele el musculo interóseo dorsal del tercer metacarpio de la mano derecha. Si el día fuera soleado no le prestaría ninguna importancia y seguiría con mis obligaciones habituales, pero en un día triste y apagado como el de hoy, no puedo dejar de pensar en un posible cáncer de dedo, en el dedo que más uso y el único actualmente preparado para rascar los picores de mi piel vieja y arrugada sin producir un desgarro epidérmico de consecuencias irreparables.
Hoy es jueves, es decir, el día en que suelo salir a la calle a insultar mentalmente a las farolas de hierro forjado que hicieron ganadora de otra legislatura a nuestra alcaldesa. Las injurio mentalmente porque no quiero que me encierren en un frenopático de la seguridad social y, sobre todo, porque tengo una imagen de maduro amable que mantener a toda costa. El problema estriba en que soy totalmente incapaz de maldecir a cualquier metal y sujetar un paraguas al mismo tiempo sin sufrir una apoplejía, por lo tanto no sé de qué manera voy a gastar las cuatro horas que dedicaba a ese menester. ¿Se puede aprender a bailar el twist por internet en doscientos cuarenta minutos?
Acabo de consultar las predicciones meteorológicas para el resto de la semana y son tan deprimentes como las de hoy. Mañana lluvia débil, pasado mañana lo mismo y el domingo chubascos con posibilidad de tormentas. ¡Y yo que quería poner una lavadora el viernes! Ya no me quedan leotardos limpios, bueno sí, me queda un par, pero están agujereados y me niego en rotundo a coserlos, pues si lo hago perdería toda mi autoridad sobre ellos y eso es algo para lo que no estoy preparado de momento.
Bueno, querida, no me enrollo más, voy a intentar meditar acerca de los fenómenos atmosféricos y la manera en que estos influyen en los marujos como yo. Si me animo, igual te envío otro mail desquiciado esta tarde, justo antes de la hora que dedico a la oración y al arrepentimiento.
Besos
