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| C. R. W. Nevinson. The unending cult of human sacrifice (1934) |
Querida:
Todos los primates, entre ellos el delicadísimo y disminuido intelectualmente ser humano, poseen un pulgar oponible en cada mano. Personalmente no termino de sacarle provecho a ninguno, pues son demasiado gordos para metérmelos en las narices y demasiado delgados para introducírmelos por el culo. Sí, vale, me sirven para asir las manzanas fuji o los cruasanes y evitar que se me caigan al suelo, no te lo discuto. ¡Pero hubiese preferido nacer con menos dedos y más bienes herenciales! ¿Crees que soy un tipo egoísta por expresarme de esta manera? En realidad soy una curiosidad viviente repleta de virtudes y cualidades. ¡Y como tal debería ser reverenciado!
Sé que jamás he hecho nada para demostrar mi admiración por cualquier tipo o tipa perteneciente a los homínidos bípedos y (supuestamente) pensantes. Supongo que la principal razón es que nunca he sido capaz de respetarlos. Ni siquiera me he doblegado a acatar los consejos, acciones y reacciones de los que han intentado convertirme en algo semejante a ellos. Siempre me he conformado con interactuar con guitarras, películas, discos, libros, animales y plantas, aunque en unas pocas ocasiones he tratado de que mi contacto obligatorio con los «grandes salvadores (y salvadoras) de la humanidad» no fuera demasiado intenso. En realidad solo he estado cerca de otras personas en cinco ocasiones desde 1978…
Primera ocasión (14 de enero de 1979).
Segunda ocasión (3 de marzo de 1983).
Tercera ocasión (19 de mayo de 1990).
Cuarta ocasión (11 de septiembre de 2001)
Quinta ocasión (1 de febrero de 2005)
En la primera ocasión me reuní con mis padres, mis hermanos y el resto de mi familia, tal y como solía hacer a menudo, y les comuniqué mi transformación en Pthirus pubis. Al principio no me creyeron y se cachondearon de mí, pero cuando modifiqué mi estructura corporal hasta convertirme en ese insecto anopluro brutalmente irritante y me dirigí e instalé durante 20 minutos en el monte de Venus de mi abuela Rosenda todo cambió. En la segunda ocasión fui invitado por error a una demostración de vasallaje y en lugar de… ¿Sabes? No creo que sirva para nada contarte mis cinco secretos en forma de ocasiones. Supongo que la culpa es mía por intentar demostrarte que existen. ¡En ocasiones peco de estólido y turro!
Para terminar, me gustaría que te quedara clarito que sigo considerándome el sujeto más DD (decadente y degenerado) del continente. No foolin’! Y aunque creo firmemente que algo está cambiando ahí afuera, (el incremento en el número de fallecidos, por ejemplo), todavía sigo sin esperar nada de nadie. Ni siquiera de ti.
Greg «Ñam ñam» López (también llamado Gregory «Miam miam» Lopez Pérez o Gori «Yum yum » López de Cemetery)
