Email del 23 de abril 2020

Karlo Zvirynsky. Small things (1966)

Amiga:

El talante paradójico de Olegaria podía resultar frustrante. ¡Me imagino que como el de cualquier caja vieja de metal! No, no creas que estoy enfermo. Te juro por el bigote que me dejé en la mili que Olegaria fue la única caja a la que puse nombre. Ya han pasado más de 40 años desde que la bauticé y 30 desde que desapareció del cajón donde residía, sin embargo en numerosas ocasiones me acuerdo de ella. Y recuerdo todas las veces que guardé microcositas en su interior. Porque en una caja tan extremadamente pequeña (1 centímetro de largo por 0,5 de ancho) solo cabían microcositas. Una microcosita es como una cosita pero mucho más pequeña. Algunos estudiosos de los afijos, ya sea de los prefijos, sufijos o infijos, creen que una cosita poseé el triple de volumen que una microcosita, aunque en realidad nunca se han dado los números de teléfono los unos a los otros y para ponerse de acuerdo han tenido que comunicarse gritando desde los balcones y las terrazas. Lo cierto es que si una microcosita es tres veces más pequeña que una cosita, entonces, ¿cuántas veces más grande es una cosa que una cosita? ¿Y que una cosa enorme, inmensa o descomunal? Según los tipos de antes, los eruditos de los afijos, una cosa demencialmente exorbitante no necesariamente tiene ser más grande que una microcosita, no obstante para llegar a alguna conclusión conceptual, sería necesario vivir todos en la misma calle o por lo menos poseer algunos megáfonos de alta o altísima potencia. Un megáfono de altísima potencia es cinco veces más potente que un megáfono de alta potencia. ¡Afortunadamente no existen micromegáfonos! Pero si existiesen, se supone que serían de cinco a nueve veces menos potentes que un megáfono de alta potencia. Y eso… no lo digo yo, lo dicen los especialistas de los afijos de los que he hablado con anterioridad. Algo anterior, es previo a algo posterior y algo posterior es más anterior a cualquier cosa ulterior o subsiguiente.

Greg Rottenmeier