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| Leon Ferrari |
Amiga:
El asesinato de Jesús es el crimen más falso de la Historia, sin embargo, y más de dos mil años después, todavía existen innumerables idiotas que se condenan (por voluntad propia) o son condenados (por los estamentos eclesiásticos) para revitalizar el mito. Mientras toda esta locura se propaga como una onda electromagnética, los pocos individuos que aún conservan signos de lucidez perecen lentamente, como lo haría un ratón en la cocina de un tacaño, esperando una imposible toma de conciencia colectiva, que erradique por completo la ilusión que inhabilita sus sentidos. Dios fue muerto por una rama de la filosofía, pero sin embargo, nadie se ha atrevido a matar la idea que prevalece y que retroalimenta a sus descendientes, a sus vasallos, a la infamia que nos tiraniza. Jesús fue crucificado, o por lo menos eso nos gritan los zombies que se sienten superiores por hacer de un invento perfecto su dogma de fe. Mientras su cuerpo repleto de heridas era llorado, su padre, creador supremo y héroe de una las religiones politeistas que más sufrimiento ha traído al desarrollo moral y existencial de los seres humanos, corría asustado por un paraíso específico denominado cielo.
Pero volvamos al crimen en sí mismo y dejemos para otro momento sus vergonzosas repercusiones. Jesús se dejó maltratar y crucificar para que en los textos posteriores, escritos cientos de años después del supuesto asesinato, un puñado de pretenciosos y repelentes estultos pudiera justificar la deuda contraída con Adán. Me entran convulsiones cuando leo que este sujeto, una de las figuras más influyentes de la incultura, fue condenado por un árbol, el árbol del bien y del mal, y que su muerte contribuyó a que el hombre fuera perdonado gracias a otro árbol, el árbol de la cruz. Me reiría hasta caer extenuado si no sintiese pena por los árboles.
Parece que la imaginación de los arrepentidos es la semilla que dibuja el horizonte. Un horizonte repleto de sacrificio, humildad, falso amor y perdón incondicional. Nadie nos juzgará y nunca seremos juzgados. A veces creo que vivo en un mundo creado por el magma que emiten los sueños de los borrachos…
Un abrazo ateo.
