Email del 25 de mayo 2014

Santiago Sierra

Amiga:

No he votado. En lugar de perder un tiempo valioso esperando mi turno tras las urnas, me he ido a pasear. Mientras caminaba alrededor de un seto maravillosamente infestado de adelfas, no podía dejar de pensar en lo que significa el término «comunista». Porque hay tantos y tantos fascistas disfrazados de marxistas, leninistas, maoistas o incluso estalinistas que uno -por lo menos a mí me sucede- ya no sabe dónde se encuentra el horizonte que separa el cielo de la tierra. Mientras esas disquisiciones absorbian las pocas neuronas funcionales que le quedan a mi cerebro, observé a un mirlo hembra, regordeta y con aspecto de saber demasiado de la vida, que se encontraba debajo de un ciprés jugando con un trozo de cuerda bastante viejo y completamente deshilachado. Tiraba con fuerza de un extremo ayudándose del pico y una de las patas, como si quisiera saber cuál es la cantidad de fuerza en newtons que se necesita para partirla en dos o más bonitos pedazos. De repente, cuando parecía haber llegado a una conclusión satisfactoria, llegó volando su pareja y se la robó delante de las narices -o mejor tendría que decir delante del pico- y se largó dando saltitos desquiciados hasta un extremo del parque, donde con aspecto satisfecho la depositó reverencialmente en el suelo y procedió a bailar una especie de danza triunfal alrededor de ella.

Me encontraba tan absorto en la danza del ladrón que no reparé en lo que sucedía a unos pocos metros detrás de la posición en la que me encontraba, pero pude escuchar un vocerío y algunos insultos, meramente humanos, que me hicieron dar media vuelta inmediatamente. Lo que ví me dejó sin habla: una mujer de unos 60 años vestida del color de las cucarachas estaba propinando una serie de perfectas y bien ejecutadas bofetadas a un tipo esmirriado y aterrorizado que yacía en el suelo. Mientras lo golpeaba no paraba de soltarle improperios, ya sabes, de esa clase que harían avergonzarse a un camionero o un descargador de muelles aguerridos.

-¡Eres un maldito mentiroso! ¡Un hijo de puta! ¡Me juraste que votarias a Cañete!
-Pero lagartijita mía, he votado al PSOE que es casi lo mismo.
-¡Me juraste por nuestros hijos que votarías a Cañete!
-¡Nosotros no tenemos hijos!
-Si no tenemos hijos es porque eres un pichafloja y un putero.
-¿Si soy un pichafloja, cómo puedo ser un putero?
-¿Encima te atreves a cuestionarme? ¡Toma! ¡Toma!

Me hubiera gustado quedarme hasta el final del combate, pero decidí que ya era hora de tomarme un café, así que me dirigí a un bar en el que ya había estado en otras ocasiones y me senté en la terraza. A mi lado, dos idiotas discutían acaloradamente sobre el partido de ayer.

-¡Tenía que haber ganado el atleti!- voceó el mas feo.
-¡Si vuelves a repetir eso te clavo este puñal!
-¿Tú me vas a clavar un cuchillo? ¡Ja!
-¿No me crees?

De repente y como impulsado por un muelle invisible el acólito del Real Madrid se lanzó sobre el otro y le asestó 17 puñaladas en el pecho, 16 de ellas, mortales de necesidad. Como no quise verme involucrado en un crimen futbolístico, me colgué al hombro mi bolso y decidí largarme a casa. Ahora estoy sentado en el sofá con el portátil encima de las piernas y un cigarro haciendo peligrosos equilibrios sobre las comisuras de mis labios. Y he llegado a una terrible conclusión. ¡La vida es una mierda! ¿La vida es una mierda? La vida es una mierda.

Un abrazo